30 dic. 2007

Déjeuner de poilu (Paul Castelnau, 1917)



Mítica fotografía realizada por el fotógrafo francés Paul Castelnau en 1917. La instantánea fue tomada en la Place Royale de Reims el 1 de abril de 1917. El famoso almuerzo del poilu forma parte de la serie Autochromes de la guerre 1914-1918 que realizó Castelnau y que actualmente forman parte de los Archives photographiques de la Médiathèque de l'Architecture et du Patrimoine del Ministère de la culture de Francia. La fotografía muestra a un poilu con la mirada perdida en medio de la Place Royale de Reims cortando un pedazo de pan y descansando de las terribles experiencias del frente. Un momento de tranquilidad en medio de la barbarie absurda de la guerra. Un minúsculo remanso de paz.

http://www.mediatheque-patrimoine.culture.gouv.fr/fr/archives_photo/index.html

Mapa de la batalla de Verdún (6) Progresión global


Progresión global de la batalla de Verdún

Frente del Próximo Oriente (Mesopotamia, 1915)

Frente del Próximo Oriente (Mesopotamia 1915)

Fuente: The United States Militar Academy

29 dic. 2007

Antes de la batalla : Senderos de gloria (Paths of glory, 1957)

video


Considerada una de las escena míticas de la historia del cine. El coronel Dax se dirige al lugar desde donde dirigirá el ataque a la Colina de las Hormigas. La escena, de profunda tensión y solemnidad, refleja con absoluta veracidad los dramáticos instantes previos a un ataque desde las trincheras. Kubrick, con genial maestría, intercala primeros planos de Dax -con un gesto de profundo vigor- con un recorrido por la trinchera donde a banda y banda de los parapetos se refugian los soldados que van a saltar de la trinchera. El miedo, el sentido de lo absurdo, lo humano se entremezclan en las caras de los soldados franceses. Impresionante.

28 dic. 2007

Pétain según Alistair Horne (1)


"El Mariscal Pétain ha escrito en las páginas de nuestra historia algunos pasajes que permanecen luminosos mientras que otros permiten elucubrar interpretaciones que enconan pasiones encontradas. Debemos celebrar los primeros. No podemos olvidar los segundos."

Así se expresaba André François Poncet cuando sustituyó a Pétain en la Académie française.
Cuando se recibieron las primeras noticías de la designación de Pétain en su cuartel general, la consternación hizo acto de presencia en Noailles. Pétain debía presentarse a las ocho de la mañana en el despacho de Joffre, pero al general no se le encontraba en ningún lugar. Serrigny, el capitán de su estado mayor, intuía donde localizarlo. Rápidamente subió a un coche que lo llevó a París, al hotel Terminus. Eran las tres de la mañana, y después de estar discutiendo con la dueña del establecimiento le indicó la habitación del general. Al poco, ambos mantuvieron una breve conversación el pasillo del hotel, al día siguiente los dos irían a ver a Joffre.
Pétain, en ese momento era un soltero de sesenta años de envidiable vigor y estado físico. Al observar juntos a De Castelnau y a Pétain, se podía observar que el aristócrata era Pétain y De Castelnau un hijo de campesinos. La realidad era inversa.
Jean Pierrefeu en una de sus observaciones sobre Pétain:

"Tenía la impresión que era una estátua de mármol, un senador romano en un museo. Grande, vigoroso, de imponente figura, gesto impasible y con una mirada directa y reflexiva."

Poncet lo describía así:

"... un porte mayestático, noble... sus ojos azules contenían cierto misterio. Uno podía pensar que estaban hechos de hielo, todo él emanaba un aire de majestad. Donde iba, imponía... Una vez se veía su figura era imposible olvidarla."

Muchas de las características del terruño de Pétain permanecieron toda su vida. Una era su simplicidad, rasgo que compartía con Joffre, quizás el único. Gustaba de acostarse tarde y levantarse temprano. Acostumbraba a pasear a menudo por jardínes, y comentaba que cuando se retirase se iría al campo a vivir. Uno de sus pasatiempos predilectos por las noches era hojear álbumes de personajes históricos del último medio siglo. Raramente se acostaba antes de medianoche, solía releer a los clásicos franceses hasta las dos o las tres de la madrugada. En contraste con la presunción de Foch, Pétain no gustaba de ser fotografiado o retratado, la única fotografía oficial es la que apareció en 1918 en The Times, aparece mirando fijamente a la cámara.
Enemigo a ultranza de diplomacia de corredores y de colaboración e intrigas con políticos, no seguía la costumbre de sus compañeros de armas de adular a los políticos. Como recuerdan algunos, Pétain hizo detener a un diputado de la Asamblea por un pequeño delito relacionado con la Res militaria. Era notorio su desprecio por la clase política, una de sus ocurrencias dirigida al mismo Poincaré: en 1917, Pétain culpó a los políticos y sus continuas visitas al frente de ser parte de las causas de los motines que incendiaron parte de l’Armée ese mismo año. El disgustó entre partes era mutuo: uno de los políticos más notorios de la época, Abel Ferry, comentaba del general:

“Pétain es un bastardo. Tiene el mando, pero se cierra a todo aquello que no sea militar. Sólo se fija en los defectos de la política y los políticos.”

La desconfianza en sus relaciones con los políticos se podían deber a su timidez procedente de sus humildes orígenes. Pétain permanecía detrás de un inexpugnable muro de hiriente y fría ironía. En muchos aspectos, Pétain fue una especie de outsider dentro de la jerarquía militar francesa de la Primera Guerra Mundial. Mientras Joffre, Foch y De Castelnau eran de raíces pirenaicas y meridionales, Pétain procedía de una familia campesina del Pas-de-Calais y tenía todas las características de la gente del norte. Los Pétain no tenían pedigrí castrense. Pétain tenía quince años cuando finalizó la Guerra Francoprusiana, en cambio Joffre y De Castelnau sí participaron en ella. En su decisión de entrar en el ejército influyeron, parece ser, las batallitas que le contaba un tío-abuelo que había formado parte de la Grande Armée de Napoleón. Durante su espartana estancia en St. Cyr trabajó muy duramente y al final de este periodo optó por unirse a los recién creados Chausseurs alpins (Cazadores alpinos). Los cinco años que pasó entre ellos le proporcionaron el excepcional estado físico que le acompañaría el resto de su vida. Después de los Chaussseurs fue destinado a un regimiento de infantería en Besançon donde trabaría amistad con el entonces teniente Herr, y que reencontraría en una situación muy diferente el año 1916, en Verdún. Pétain era enormemente trabajador, aunque su avance en el escalafón militar fue demasiado lento, incluso para tiempos de paz: cinco años para subteniente, siete para teniente y diez para capitán. No fue hasta los cuarenta y cuatro años que tuvo su primer batallón. Cuando estalló la guerra tenía cincuenta y ocho años y la graduación de coronel. Su jubilación después de una mediocre carrera militar estaba próxima. Para su retiro ya había comprado una casa solariega en St. Omer.
Los caprichos del destino. En el espacio de tiempo de dieciocho meses, pasó de comandar un regimiento de unos miles de hombres a ser elevado a comandante en jefe de un cuerpo de ejército de más de medio millón de soldados.
Pétain intentó siempre permanecer alejado de promociones y méritos gratuitos. Cuando se le ofreció el puesto de jefe de la Escuela de tiro se negó a tener un cargo que lo encumbrase por encima de oficiales más veteranos. No obstante, una de las características más genuinas de Pétain era su firme voluntad y su peculiar idea de lo castrense. Al contrario de sus colegas Joffre, Foch y De Castelnau, Pétain permaneció firme en sus ideas de la estrategia militar y no se dejó llevar por las tesis de la ofensiva a ultranza de Grandmaison. Mientras los demás permanecían obsesionados con el desastre de 1870, Pétain estudiaba conflictos más modernos y próximos, la guerra de los Boers o el conflicto ruso-japonés de 1905, en los cuales la estrategia defensiva jugó un crucial papel. Incluso el nuevo armamento, que los Grandmaisonitas desestimaban, como las ametralladores, los obuses e incluso el rifle moderno eran objeto de admiración de Pétain. El principal foco de atención de Pétain era la llamada potencia de fuego mortal. Sus teorías se basaban en que el attaque à outrance podía ser aniquilado y desmontado por una organizada defensa.
Sus ideas contrarias a las tesis de Grandmaison le condujeron a una especie de ostracismo, hasta que en 1906 obtuvo un puesto como instructor en l’École de guerre. Allí se enfrentó a las tesis de sus colegas. Sus estudiantes lo bautizaron el mote de Précis-le-sec. Tenía, no obstante, sus discípulos. Uno de ellos era un joven llamado Charles de Gaulle. Éste, impresionado por las teorías de su maestro, decidió incorporarse al regimiento que fue destinado como comandante Pétain, el 33º. La guerra, su desarrollo y el estrepitoso fracaso del Plan XVII le ofrecieron una inesperada oportunidad de probar sus teorías.

Continua en: Pétain según Alistair Horne (2)

27 dic. 2007

Senderos de gloria (Paths of glory, 1957) (1)



Senderos de gloria (1957)

Director: Stanley Kubrick
Guionistas: Stanley Kubrick, Jim Thompson, Calder Willingham y Humphrey Cobb como autor del libro Paths of glory
Productores: Kirk Douglas, James B. Harris y Stanley Kubrick
Director de fotografía: Georg Krause
Música: Gerald Fried
Dirección artística: Ludwig Reiber
Asesor militar: Barón von Waldenfels

Reparto:
Coronel Dax: Kirk Douglas
Cabo Paris: Ralph Meeker
General Broulard: Adolphe Menjou
General Mireau: George Macready
Teniente Roget: Wayne Morris
Capitán Saint-Auban: Richard Anderson
Soldado Arnoud: Joseph Turkel
Soldado Ferol: Timothy Carey
Juez: Peter Capell
Cura: Emile Meyer
Capitán Nichols: Harold Benedict
Capitán Rousseau: John Stein

Sinopsis:


En el marco del estancamiento de la guerra de trincheras, el alto mando francés decide romper esta situación con la toma de la colina de las hormigas, famosa por su inexpugnabilidad. El general Broulard, miembro de estado mayor francés, visita a su amigo y homólogo el general Mireau. Mireau es el comandante en jefe de la división que está frente a la colina de las hormigas. Broulard le propone tomar al coste que sea la Colina de las Hormigas, confiando en el firme mando de Mireau y en su ambición, ya que le propone ascenderle si consigue algún avance. Mireau, primeramente reacio al ataque, al oír los cantos de sirena de un ascenso transige y confía ciegamente en las posibilidades de su división. Al efecto, el general visita las trincheras para observar el estado anímico de las tropas y comunicarle al coronel Dax los deseos del Estado mayor. Las primeras impresiones que recibe Mireau son de claro decaimiento, baja moral y desmoralización de las tropas. En la entrevista con Mireau, el coronel Dax le plantea serias dudas sobre un posible éxito de la misión, aparte de exponerle que las bajas serán terribles, ya que la posición de la Colina de las hormigas es prácticamente inexpugnable. El ataque además de llevarse a cabo con tropas exhaustas y desmoralizadas no tendrá la cobertura artillera deseada, ya que eliminaría el factor sorpresa. A pesar de la contrariedad que supone para el coronel Dax el ataque, esa misma noche decide enviar una patrulla de reconocimiento del terreno para preparar la estrategia a llevar a cabo. Para la misión, Dax elige al teniente Roget, al cabo Paris y al soldado Lejeune. La misión fracasa, y a la vuelta, el cabo Paris acusa al teniente de ineptitud, cobardía y asesinato, a lo cual Roget responde que en caso de llegar a mayores es su palabra contra la del cabo Paris. La enemistad entre ambos tendrá consecuencias futuras.
Dia h, hora cero. El coronel Dax recorre las trincheras para observar el estado de sus tropas antes de saltar fuera de las trincheras. El panorama es desolador. Suena el silbato y el coronel Dax desde lo alto de la trinchera, a la vista del enemigo, exhorta a los soldados a salir hacia la Tierra de nadie y dirigirse hacia las trincheras enemigas. El ataque, con Dax a la cabeza, se salda con un fracaso estrepitoso. La compañía que comanda Dax apenas llega a la trinchera enemiga. La compañía B no se ha movido de las trincheras. Se produce una escena de desconcierto en la trinchera de observación desde donde el estado mayor observa el desarrollo de la ofensiva. Mireau, fuera de si, al observar la negativa de sus tropas a salir ordena al jefe del grupo artillero bombardear sus propias trincheras. El capitán Rousseau, jefe de las baterías, comunica al general Mireau que no puede llevar a cabo esa orden sino le llega por escrito y firmada por él. Contrariado amenaza con llevar delante de un consejo de guerra a todos aquellos que se han negado a obedecer. Fracasada la operación, el general Mireau propone al general Broulard un gran escarmiento, le plantea pasar por las armas a más un centenar de soldados. Dax, en la misma reunión, es informado de la decisión sumaria. Consternado, Dax propone suavizar o anular esa decisión draconiana. Al final, después de un regateo se decide escoger un hombre de cada compañía. Tres hombres pasarán por un consejo de guerra: el soldado Ferol, el soldado Arnaud y el cabo Paris. La elección del cabo Paris por el teniente Roget se debe a causas personales, arrastran un enfrentamiento desde su localidad natal.
El juicio es sumarísimo, y una mascarada. No tiene las mínimas garantías legales. El coronel Dax, que en su vida civil es un eminente abogado, asume la defensa de los encausados. Dax no tardará en comprobar que la puesta en escena del juicio es pura fachada y que no tiene las mínimas garantías legales. Los acusados son condenados a muerte.
El fusilamiento se llevará a cabo a la mañana siguiente. Dax es informado del controvertido enfrentamiento que tuvo lugar en el puesto de mando y de la agria discusión entre el general Mireau y el capitán Rousseau sobre el bombardeo de las propias trincheras. Dax visita a Broulard en su château, donde se está celebrando una fiesta. Dax quiere interceder por los acusados, pero Broulard le comunica que estos procesos son necesarios para la moral de la tropa y del ejército. En ese momento, Dax decide utilizar la información sobre el asunto del bombardeo para presionar a Broulard. Éste, indignado, decide dar la reunión por terminada, aunque se guarda los testimonios por escrito que le ha dado Dax sobre el caso.
Las escenas en el calabozo donde están los acusados son dramáticas. La idea de ser ajusticiados a pesar de ser inocentes corroe a los condenados. La compañía de un sacerdote no logra hacer llevaderos los últimos momentos. Faltan pocas horas para el fusilamiento, y la llamada procedente del cuartel general con la orden de clemencia no llega. Con una parafernalia propia de las grandes ocasiones castrenses, los acusados son llevados al paredón. Uno de ellos es llevado en parihuelas ya que se roto el cráneo en un accidente dentro del calabozo, a pesar de su estado también será ajusticiado, según el deseo del general Mireau. El coronel Dax contempla la situación con estoica resignación, su gesto es patético. Dax, conocedor de la sucia artimaña del teniente Roget con el cabo Paris, lo designa jefe del escamote de ejecución. La escena de los tres condenados en el paredón congratula al general Mireau. El indulto no ha llegado.
Después del fusilamiento, el general Mireau y el general Broulard mantienen un cordial almuerzo. Broulard llama Dax a su presencia. Después de un amargo diálogo, el general Broulard insinúa al general Mireau que su actuación en el suceso del bombardeo de las trincheras será investigado. Mireau encolerizado y sintiéndose traicionado por el general Broulard abandona la comida. Broulard aprovecha la situación para insinuar el ascenso de Dax al puesto del general Mireau, como su sustituto. Después de un duro enfrentamiento verbal, Dax acusa al general Broulard de falta de humanidad y de maquiavélico. Broulard, cínicamente, le responde que es un iluso idealista. Dax abandona el château abatido, al llegar al acantonamiento oye el griterío de la soldadesca en la cantina como si nada hubiese pasado. Absorto y escuchando el rumor del jolgorio, un sargento le comunica que su regimiento se ha de incorporar al frente en seguida. Dax le responde que espere un poco antes de comunicarlo a los soldados.

25 dic. 2007

Paul Dubrulle (Verdún, 1916)

Los sufrimientos y padecimientos soportados por los soldados en Verdún durante los largos y prolongados bombardeos eran enormes y terribles. El testimonio de Paul Dubrulle, jesuita de treinta y cuatro años y sargento de infantería en Verdún es estremecedor:

"Cuando uno oía el silbido en la distancia, todo el cuerpo se contraía para resistir las potentes vibraciones de las explosiones. Y cada repetición era un nuevo ataque, una nueva fatiga, un nuevo sufrimiento. Bajo este régimen, los nervios más sólidos no pueden resistir mucho; el momento llega cuando toda la sangre sube la cabeza, la fiebre hace arder todo el cuerpo y los nervios, exhaustos son incapaces de reaccionar. Es como un mareo… uno se abandona y no tiene ni la fuerza para cubrirse de los francotiradores tras un parapeto, ni tampoco para elevar una plegaria a Dios… Morir de un disparo no significa nada, las partes de uno mismo permanecen intactas. Pero ser desmembrado, despedazado, reducido a una masa informe de carne, ese es un temor que la carne no puede soportar, convirtiéndose en la mayor preocupación de los bombardeos."

Dubrulle sobrevivió a Verdún, pero murió el año siguiente en Chemin des Dames.

24 dic. 2007

El Coronel Dax pasando revista antes del ataque (Paths of glory)


Fotograma de la película Senderos de gloria donde el Coronel Dax (Kirk Douglas) pasa revista a sus tropas antes del ataque a la Colina de las hormigas.

Forges, después de la guerra

Forges (sector de Verdún) después de la guerra

Ofensiva en el flanco izquierdo del Mosa (Verdún, marzo 1916) (2)

A la mañana del seis de marzo de 1916, cuando la artillería alemana abrió fuego sobre las posiciones francesas, el general Bazelàire tenía cuatro divisiones en el margen izquierdo, y una quinta de reserva. Se trataba del sistema defensivo más coherente y inédito hasta el momento en Verdún. No obstante, el nuevo empuje alemán obtuvo algunos éxitos sin demasiado esfuerzo, y sin demasiadas bajas. Con una intensidad artillera comparable a la del 21 de febrero, los proyectiles alemanes de gran calibre llovieron sobre las posiciones de la 67ª división francesa, una unidad mediocre cuya experiencia era limitada. En menos de media hora, todas las comunicaciones y líneas telefónicas eran inexistentes. La moral francesa volvía a estar por los suelos. Con menos demora que otras veces la infantería alemana atacó. En medio de una tormenta de nieve, los hombres de la 77ª brigada de infantería alemana cruzaron el caudaloso Mosa por Brabant y Champneuville, redimiendo sus anteriores fracasos. Ingeniosamente, el general von Zwell había dispuesto un tren blindado que contenía la artillería protegida para ofrecer una eficaz cobertura al avance de la infantería al cruzar el río. Los observadores artilleros franceses situados en el Bois Bourrus localizaron el tren por la columna de humo de sus calderas y lo hostigaron de tal forma que finalmente tuvo que retirarse. El daño, no obstante, estaba hecho. Los hombres de von Zwell habían cruzado el margen izquierdo del Mosa y se habían situado detrás de la primera línea francesa. A ello se añadió una inesperada calamidad en el bando francés: la artillería situada en el Bois Bourrus planeó y ejecutó una monstruosa cortina artillera para frenar el ataque germano, pero en el suave y fangoso terreno en que se había convertido los márgenes del Mosa por efecto de las lluvias y la nieve los obuses y proyectiles no explotaban. Un gran desaliento se cernió sobre los defensores.
Con un movimiento rápido a lo largo del margen izquierdo del río, la 22ª división de reserva del general Riemann se unió a las tropas de von Zwell estableciendo una pinza contra las tropas francesas que se encontraban entre el margen del rio y Regneville. La defensa fue débil. A la noche los alemanes habían tomado los pueblos de Forges y Regneville y la importante cota 265 de la Côte de l’Oie. Al oeste de esta cresta estaba o emergía el Bois des Corbeaux que a su vez flanqueaba Le Mort Homme por su vertiente nordeste.
Un rápido movimiento de la infantería alemana se introdujo en el Bois des Corbeaux, el bosque más cercano a Le Mort Homme, y desde el cual se podían aplicar las técnicas de infiltración alemanas con gran excelencia. No obstante, el ataque frontal hacia Le Mort Homme apenas se había movido del punto inicial, fue frenado por un verdadero muro de fuego procedente de la artillería francesa que se había anticipado a este movimiento desde hacía ya días. Repetidamente los suboficiales animaban a los soldados a proseguir el avance, pero el esfuerzo era en vano. Ya se había establecido sangrienta premisa en Verdún: la artillería predeterminaba y condicionaba los éxitos o los fracasos de la artillería.Del lado francés, consternación. La división 67ª había cedido terreno demasiado fácilmente. Al finalizar el segundo día de lucha, más de 3.000 soldados franceses se habían rendido, más de 1.200 sólo del regimiento 221º.

22 dic. 2007

Kronprinz Wilhelm


Kronprinz Wilhelm

Ofensiva en el flanco izquierdo del Mosa (Verdún, marzo 1916) (1)

El general de la Rivière, creador del sistema defensivo de Verdún, ya había advertido que el talón de Aquiles de éste residía en el flanco izquierdo del Mosa. Esta era la lección aprendida por los alemanes en las maniobras militares anteriores a la guerra, y el hecho por el cual todos los asesores artilleros de Falkenhayn le insistieron en atacar en ambas orillas del Mosa. Incluso el príncipe Rupprecht le había insistido que la artillería francesa frenaría el avance de las tropas alemanas des del margen izquierdo. Pero el frio y el extremadamente cauteloso comandante en jefe hizo caso omiso a las advertencias. Él mismo en sus memorias argumenta que ya había considerado estas amenazas, pero creía, no obstante que aunque dispusiese de un mínimo de tropas disponibles, éstas se estrellarían contra el muro bien construido por el enemigo, en la orillas izquierda. Realmente, las posiciones francesas en el margen izquierdo el 21 de febrero no estaban mejor que en el falnco derecho.
El príncipe Wilhelm, cuestionado sobre futuros ataques en el sector de Verdún, abogó por continuar la ofensiva. No obstante, el factor sorpresa se había ya perdido, pero aún así la perspectiva de una victoria en Verdún le proporcionaba una inmensa excitación. Para continuar con la ofensiva sobre Verdún exigía tres condiciones: la primera era que la ofensiva debía llevarse inmediatamente al margen izquierdo del Mosa, no porque fuese la mejor manera de alcanzar Verdún, sino porque significaba un movimiento estratégico que quitaba presión y aliviaba el principal ataque alemán. En segundo lugar, debía tener las máximas garantías por parte del estado mayor que le serían facilitados el suficiente número de tropas y armamento para llevar a cabo y continuar la ofensiva, y no como ahora sino a gran escala. Tercera y última condición: se suspendería la ofensiva en el momento que "nosotros mismos nos percatemos que estamos sufriendo más bajas y más rápidamente que el enemigo"
Se desconoce la respuesta precisa de Falkenhayn. Se sabe, no obstante, que satisfizo al príncipe y al general von Knobelsdorf. Los preparativos se realizaron para lanzar una gran ofensiva en el margen izquierdo para el seis de marzo. Se destinó a un nuevo cuerpo del ejército, el VI de reserva. Simultáneamente se iba a lanzar un ataque sobre Fort Vaux, des del cual la artillería francesa había logrado diezmar y frenar el Vº Ejército alemán. Con este doble movimiento se iniciaba la llamada “batalla de los flancos”. La limitada inicial ofensiva de Falkenhayn iba a doblar su tamaño.
En el cuartel general del príncipe Rupprecht, más allá del Somme, éste anotaba en su diario: “He oído que se ha atacado en el margen izquierdo del Mosa. Debería haberse hecho antes, ahora ya no hay elemento sorpresa.
Geográfica y topográficamente, los dos márgenes del Mosa mostraban un apreciable constraste el uno con el otro. Una, la derecha presentaba una orografía plagada de pequeños valles y vertientes donde una densa vegetación boscosa permitía a los alemanes desplegar sus entrenadas maniobras de infiltración. La otra, la izquierda, era o estaba formada por extensas y abiertas llanuras donde pacían tranquilamente los rebaños de ovejas en las suaves vertientes. Los valles eran amplios, las cimas menos boscosa, la cobertura mínima y las vistas que ofrecían los puntos elevados extensas. De los puntos que el mando supremo alemán designó como objetivos a alcanzar estaba Le Mort Homme. Aunque esta elevación estaba unos trescientos más bajo que Fort Douaumont, el campo de visión desde ésta era muy destacable en todas direcciones. Capturar Le Mort Homme eliminaría la más mortífera de las artillerías francesas que estaban operando detrás de ella. Capturar Le Mort Homme significaría dominar claramente la siguiente cresta hacia Verdún, Bois Bourrus, donde estaban situada la artillería pesada francesa.
Le Mort Homme se iba a convertir en el centro de una amarga y sangrienta batalla que se prolongaría durante tres meses. Pétain en Souilly, convaleciente, no cesaba en preguntar si acaecía algo nuevo en el margen izquierdo del Mosa. El esperado ataque no se materializaba, a pesar de los constantes informes de inteligencia que advertían de los continuos movimientos de tropas y de la construcción de nuevos Stollen en el margen izquierdo. Pétain comentaba que los alemanes no sabían lo que hacían. Los franceses, esta vez, no serían cogidos por sorpresa. Las defensas fueron febrilmente reforzadas, y el fuego artillero francés ininterrumpido de forma que hasta el propio príncipe heredero Wilhelm reconoció que los preparativos para la ofensiva en la orilla izquierda del Mosa a menudo se veían interrumpidos.

Continua en: Ofensiva en el flanco izquierdo del Mosa (Verdún, marzo 1916) (2)

Lens, 1919

Visión panorámica de la ciudad de Lens después de la Primera Guerra Mundial

19 dic. 2007

Ruinas de Ypres

Tropas británicas de paso por las ruinas de Ypres

16 dic. 2007

Balfourier, Maurice (1852-1933) (2)

Viene de: Balfourier, Maurice (1852-1933) (1)

El 2 de agosto de 1914 comienza su participación en la Primera Guerra Mundial. El 20 del mismo mes tomó parte en la batalla de Morhange, donde sus contraataques permitieron restablecer una situación muy comprometida. El 22 consiguió también frenar al enemigo en Flainval-Crevic, y el 24 en Grand Léomont, donde el ejército del Kronprinz de Baviera sufrió un serio fracaso. El 29 de agosto, en unas condiciones muy difíciles, tomó el mando del XXº Cuerpo, cuerpo de élite que Foch dejó para comandar el noveno ejército. El nombre de Balfourier se unirà a aquellos que mandaron esta heroica unidad. Con ella tomó parte en las gloriosas batallas de la Gran Corona, donde rivalizó en energia con De Castelnau, Foch y Fayolle, también participó en las del Somme, en la famosa Carrera hacia el mar, etc. Pasó la campaña del invierno 1914-1915 en Bélgica donde contribuyó en la región de Ypres a preservar la pequeña porción de territorio libre belga. Semanas después el propio rey de Bélgica Alberto fue en persona al frente a condecorarlo con las insignias de grand-officier de la Corona belga.
En 1915, en mayo-junio tuvieron lugar las batallas de Arras y del Ancre, donde capturó el pueblo de La Targette y las famosas posiciones de Neuville-S.-Vaast y del Laberynthe. En septiembre y octubre de 1915, en la Champagne se hizo con las posiciones de la crête de Maisons.
En marzo - abril de 1916 reclamado en Verdún, su llegada oportuna y la del XXº Cuerpo frenan el avance alemán en la orilla derecha del Mosa. Balfourier, officier de la Légion d'honneur en 1915, será nombrado grand officier en abril de 1916. El rey de Inglaterra le condecora con el collar de San Miguel, y el zar Nicolas II le envia la cruz de oficial de San Jorge.
En julio de 1916 tomará parte en la ofensiva francobritánica del Somme. Se esperó tanto de esta operación, que incluso a pesar de haber conseguido importantes ganancias, su actuación se consideró un fracaso por la opinión pública. Balfourier, como otros jefes militares, cayó en el limbo de la impopularidad. Fue sacrificado y destinado a la jefatura de una plaza artillera en zona de Dunkerque en septiembre de 1916. Meses más tarde, en abril de 1917, le llegó el retiro y pasó a la sección 2ª de reserva del estado mayor general.

Fuentes: Archives de la Guerre et de la Légion d'honneur

15 dic. 2007

Trincheras en la Côte 304 (Batalla de Verdún, 1916) (1)

Trincheras en la Côte 304

Balfourier, Maurice (1852-1933)



General Maurice Balfourier


14 dic. 2007

Balfourier, Maurice (1852-1933) (1)

Balfourier, Maurice (1852-1933)

General francés.

Nacido en París el 1852. Ingresó en St. Cyr en julio de 1870, pero debido al estallido de la guerra francoprusiana la escuela cerró sus puertas y los cadetes fueron enviados a engrosar las filas de la tropas francesas. Destinado al 51º de infantería, no se unió a l'Armée del Loire hasta la batalla de Le Mans. Terminada la guerra, reingresó en St. Cyr y retomó su instrucción de oficial. Fue nombrado subteniente del 125º de infantería en 1872, en 1876 obtuvo el grado de teniente, y 1878 ingresó en l'École superieure de guerre, saliendo en 1880. Elevado al grado de capitán en 1886, sirvió en los estados mayores de algunas divisiones hasta que finalmente fue destinado en 1889 al 69º de infantería, uno de los cuatro regimientos de la división de Nancy, a la que estaría destinado durante gran parte de su carrera militar. Después de un breve paso por el 101º de infantería, en 1890 entró en la oficina 1ª del Estado mayor general de l'Armée.
Jefe de batallón del 131º de infantería en 1893, fue nombrado caballero de la Légion d'honneur en 1896. Ese mismo año pasó a la oficina 4ª del Estado mayor general. Nombrado teniente coronel, ascendió a subjefe del gabinete militar del ministro y general Galliffet. Coronel en 1903, tomó el mando del 130º de infantería en Mayenne, donde recibió grandes elogios del general Hardy de Perini. General de brigada en 1908 tomó el mando de la brigada 21ª en Nancy. General de división en 1912, fue nombrado gobernador de Toul y mandó interínamente la 9ª división en Orleans, y finalmente el noviembre de 1913 tomó el mando de la 11ª división, conocida célebremente con el nombre de "División de hierro".

12 dic. 2007

BAPST, Étienne-André. 1856-1935

BAPST, Étienne-André. 1856-1935
General.

Entró en l'École Polytechnique el 1873. A su salida y con el grado de subteniente ingresó en l'École d'application de l'artillerie et du génie de la cual salió el 1877. Teniente en el 13º del regimiento de artillería, ascendió a capitán en 1885. Ese mismo año, se le destinó al Estado mayor de l'École d'application en el que permaneció dos años. Se incorporó al Estado mayor de artillería del XXº Cuerpo, del cual pasó al del 6º donde en 1895 fue nombrado officier d'ordonnance del general de Négrier, miembro del Conseil supérieur de la guerre. Este puesto le proporcionó la ocasión de conseguir la Croix de chevalier de la Légion d'honneur (29 de diciembre de 1896) y la nominación como jefe de escuadrón en abril de 1898. Después de un breve periodo en el 22º de artillería, volvió como ayudante del general de Négrier en 1901. La ascensión fue rápida, teniente-coronel en mayo de 1906, coronel en septiembre de 1906 y director adjunto del taller de construcción de Tarbes, tomó seguidamente el mando del 22º regimiento de artillería. Mandó interinamente el 12º Cuerpo de artillería en Angouleme hasta que nombrado general de brigada en junio de 1913. En su puesto y como oficial de la Legión de Honor el julio de 1914 participó en la Primera Guerra Mundial, en el curso de la cual fue nombrado general de división en febrero de 1915, obteniendo una citación en diciembre de ese mismo año. No obstante, algunos historiadores militares destacan su papel controvertido y polémico en los inicios de la batalla de Verdún, concretamente en el sector de Brabant-Bras-Samogneux. Pasó a la reserva en 1921, donde fue promovido a Commandeur de la Légion d'Honneur en 1928. Murió en París el año 1935.

9 dic. 2007

Friedrich August Kreuz del Gran Ducado de Oldenburg (2a clase)

Friedrich August Kreuz del Gran Ducado de Oldenburg (2a clase)



La Friedrich August Kreuz del Gran Ducado de Oldenburg es considerada la equivalente de la conocida Cruz de Hierro prusiana. Fue instaurada por el Gran Duque el 24 de septiembre de 1914. La Friedrich August tiene dos versiones, una de primera clase y otra de segunda, así como una para no combatientes.
La Friedrich August de 1a clase es muy similar en cuanto diseño a la de segunda. No lleva cinta, sino aguja. La cinta para la FA de 2a clase es la misma que para la Orden del mismo Ducado, azul con dos franjas rojas verticales a ambos lados de la cinta. En el caso de la condecoración para no combatientes los colores se invierten.
En septiembre de 1918, el Gran Duque de Oldenburg autorizó un honor adicional: un pasador con la leyenda Vor dem Feinde (antes del enemigo) para las condecoraciones de 2a clase.
Según los estudios de Friedhelm Beyreiss, se otorgaron 6.900 condecoraciones de 1a clase y 62.800 de 2a clase. Se desconocen las cifras de pasadores otorgados y los criterios por los cuales se concedían. La condecoración de 2a clase fue concedida independientemente del rango militar. Para otorgar la de 1a clase era condición sine qua non poseer la de 2a clase previamente.
La medalla fue diseñada por un suboficial de aviación, von Jordan.


La condecoración, de una sola pieza, es una cruz de Malta, parecida a la Cruz de Hierro prusiana, con un núcleo en la intersección de las aspas que contiene las inciales de FA (Friedrich August). Concéntricamente al núcleo de la cruz se observa una corona de laurel. En la aspa superior hay una corona ducal, y en la inferior la fecha de creación, 1914. La cruz es de hierro. Ésta se une a la cinta con una anilla del mismo material.

Fotografía: Col. part. FXavier González-Cuadra

Verdún: Flanco derecho del Mosa (Bois des caures, Haumont, Samogneux, Côte 344, Brabant)



Flanco derecho del Mosa (Bois des caures, Haumont, Samogneux, Côte 344, Brabant)


7 dic. 2007

Lawrence de Arabia (1962) (3)

Viene de: Lawrence de Arabia (1962)(2)

El film, además de presentar de forma sublime el personaje de Lawrence, cuenta con otros tres ases: la fotografía a cargo de Freddie Young, la banda sonora de Maurice y la genial interpretación de los actores. A destacar, la de O'Toole, él mismo ha confesado en varias ocasiones que fue el papel de su vida; la actuación de Omar Sharif que le valió el pasaporte para la obra maestra, también de Lean, Dr. Zhivago; el cínico e incrédulo príncipe Faisal del siempre camaleónico Alec Guinness; Claude Rains y su papel de agregado francés. En este caso, el Mr. Dryden de Claude Rains me recuerda demasiado a su Captain Renault de Casablanca, quizás los atuendos, esa sonrisa burlona o la previsibilidad que muestra en sus reacciones. La actuación de Anthony Quayle es socorrida, al igual que el general Allenby de Jack Hawkins, soberbio en su ponciopilatismo de la cuestión árabe. El nivel en las interpretaciones es impresionante.

La fotografía es espectacular, no sólo por las tomas del desierto o por las escenas bélicas de gran carga, sino - y tomando prestado el concepto de Javier Leiva de su reseña (ver abajo) - porqué convierte al desierto en un protagonista más, lo eleva a la categoría de personaje. Lean y Freddie Young acercan al espectador a la crudeza del desierto. El film artesanal en su concepción y creación, tiene un lugar reservado a otro artesano, en este caso de la música, a Maurice Jarre. La combinación de Young y Jarre, en algunas escenas, figura en los anales de la historia del cine.


De otras críticas o breves reseñas aparecidas en obras de referencia o por la red, querría mostrar mi pequeña y modesta disconformidad con una. La que aparece en la obra de Carlos Aguilar, Guía del Video-Cine. En la entrada dedicada a Lawrence de Arabia, se comenta la asincronía entre el tratamiento psicológico del personaje y la espectacularidad del filme. No considero que sea así. Tomando como ejemplo la escena en que el Sherif Ali le regala a Lawrence una idumentaria acorde con su nueva situación, éste se lanza a corretear y a saltar sobre las dunas como un niño con zapatos nuevos. Algunos críticos han observado en los ademanes y en el juego con las telas una clara alusión a la condición sexual del personaje. Puede ser.
A pesar de ello, la música que acompaña al movimiento y a la presentación de la faceta más vital de Lawrence no carecen, para mi, de espectacularidad, así como los planos por encima de las dunas. De hecho, estos planos forman parte de la historia del cine en mayúsculas. Considero este momento del film un claro ejemplo de introspección psicológica en el personaje con grandes dosis de arte cinematográfico. Pero sólo es mi parecer.
Lawrence de Arabia recibió sietes Oscar: Mejor Director, Mejor Película, Mejor Fotografía en color, Mejor Dirección Artística, Mejor Sonido, Mejor Banda Sonora y Mejor Montaje.


Para complementar informaciones:


http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2571.html


Artículos en español sobre el film, uno de ellos citados previamente.


http://www.filmsite.org/lawr.html


Reseña en inglés. Muy completa.

El General von Zwehl (retrato)

Retrato del General von Zwehl

Verdún: Caída de Haumont (22 de febrero de 1916)

Caída de Haumont, 22 de febrero de 1916

Cerca de Haumont, el teniente-coronel Bonviolle, antes del ataque, observó a numerosas tropas de infantería alemanas avanzar hacia el Bois de Haumont tras una espesa barrera de fuego. En ese instante, la artillería pesada alemana comenzó a bombardear brutalmente el pueblo de Haumont. Quedó claro que el contraataque propuesto por Bonviolle era imposible. Era obvio que una reconquista del Bois d’Haumont hubiese sido un suicidio. Las tropas con las que contaba para el contraataque las utilizó para resistir en el pueblo de Haumont.
Poco después, sobre las 8.30 de la mañana, dio la orden de aplazar el ataque. A pesar de las preocupaciones, el teniente Derome - comandante del 165º - nunca recibió esa orden. A la hora zero y blandiendo su sable dio la orden de avanzar hacia la barrera de fuego alemana. Una agotada y exhausta compañía francesa contra una de las divisiones de choque de von Zwehl. Sólo sobrevivieron Derome y otros cincuenta soldados que fueron hechos prisioneros, el resto murió.
La heroica carga de Derome no fue inútil. Ésta sorprendió a los alemanes, e hizo ser más cautas a las tropas de avance germanas. Así Bonviolle tuvo un respiro para destacar un batallón para reforzar las maltrechas defensas entre el Bois de Consenvoye y el pueblo de Samogneux. Pero en todos los lugares había huecos que cubrir, y no había suficiente materiales y armamento. Las tropas alemanas estaban cada vez más cerca del pueblo de Haumont.
Dos emplazamientos de ametralladoras desde algun lugar de las ruinas de Haumont provocaban grandes bajas entre las fuerzas de choque alemanas.
Dos piezas de 420 unieron sus fuerzas a la de los morteros para castigar con una brutal lluvia de fuego el pequeño pueblo, en el que antes de la guerra apenas vivían un centenar de almas. Ahora perecían veinte por minuto. La apariencia del lugar mutaba a cada momento. Un bunker de hormigón fue alcanzado por el disparo directo de una pieza de las de 420. Murieron más de 80 soldados enterrados con dos ametralladoras.
Sobre las tres de la tarde, Bonviolle contaba con menos de quinientos soldados para defender Haumont. La mayor parte de los oficiales había perecido o estaban heridos. Una después, sobre las cuatro, los alemanes avanzaron por tres lados (Norte, Noroeste y Este) para el lanzar el golpe definitivo. Los soldados alemanes seguían cayendo víctimas de las ametralladoras francesas emplazadas en las bodegas de las ruinosas casas de Haumont. El despiadado y cruel fuego de los lanzallamas alemanes dio cuenta de los últimos defensores franceses.
Bonviolle salió indemne de Haumont, estuvo a punto de perecer por la acción de un lanzallamas que calcinó su antiguo cuartel general. Él, cinco oficiales y unos sesenta soldados eran los únicos supervivientes de su regimiento. Las bajas se elevaron a unos 1.800 soldados. Haumont había caido. El cuerpo de von Zwehl había capturado el primer pueblo de la ofensiva sobre el sector de Verdún. Con la caída de Haumont el frente francés en Verdún tenía otro peligroso saliente. Por un lado, abría un punto estratégico en el barranco que llevaba directamente a Samogneux. Y del otro, exponía un flanco del Bois des Caures.
Cuentan que los cansados y exhaustos soldados de Westfalia que participaron en el ataque celebraron con gran júbilo su primer éxito con cognac de las abandonadas y destruidas bodegas de Haumont.

4 dic. 2007

El sector de Loos y la Colina 70 desde Carency

El sector de Loos y la Colina 70 desde Carency

Verdún: Bois des Caures (22-23 febrero de 1916)

El Bosque de Caures (Bois des Caures) en el sector de Verdún después del primer día de la ofensiva alemana en Verdún. (22-23 febrero de 1916)

2 dic. 2007

Mapa de la batalla de Verdún (5). Mort-Homme

Batalla de Verdún (5)
Mort-Homme



Mapa de la batalla de Verdún (4). Côte 304 y Mort-Homme

Batalla de Verdún (4)
Côte 304 y Mort-Homme



Mapa de la batalla de Verdún (3). Côte 304

Batalla de Verdún (3)
Côte 304



1 dic. 2007

HOWARD, Michael. La Primera Guerra Mundial (1)

HOWARD, Michael. La Primera Guerra Mundial. Barcelona : Crítica, 2003 (1)

[Rusia] eliminó los disidentes con tanta brutalidad que los condujo hasta el límite del “terrorismo” (término y técnica inventados por los revolucionarios rusos del siglo XIX).
p. 15

[…] la gran desgracia no sólo de Alemania sino también del mundo entero fue que en aquella coyuntura la Casa de Hohenzollern produjera en Guillermo II un individuo que personificaba las tres cualidades que, podríamos decir, caracterizaban a la élite alemana gobernante: militarismo arcaico, ambición desmesurada e inseguridad neurótica.[…] En la nueva Alemania el ejército era socialmente dominante como lo había sido en la vieja Prusia: dominio que se extendía a todas las clases sociales mediante un servicio militar obligatorio universal de tres años.
p. 19

El propio Bismarck, tras crear el Imperio alemán, simplemente se había contentado con preservarlo, pero la generación que le sucedió no se conformaba así de fácil. Tenía todos los motivos para ser ambiciosa. Era una nación de más de sesenta millones, fuerte y con una fantástica herencia en lo relativo a la música, poesía, filosofía, y cuyos científicos, técnicos y eruditos (por no hablar de los soldados) eran la envidia del mundo entero. Sus industrias habían superado a las británicas en la producción de carbón y acero, y sus industriales, junto con los científicos, estaban protagonizando una nueva “revolución industrial” basada en la química y la electricidad. Los alemanes se enorgullecían de poseer una cultura única y superior que mantenía el equilibrio entre el barbarismo despótico de sus vecinos orientales y la democracia decadente de occidente.
p. 20

Las clases pudientes – alemanas – libraban sus propias batallas, principalmente entre los terratenientes del este y los industriales del oeste; no obstante, hacían causa común contra lo que consideraban una amenaza socialista revolucionaria.
p. 21

Al principio los británicos contemplaban alarmados esta alianza – la Triple Entente – entre sus tradicionales adversarios, y la dinámica de las relaciones internacionales habría dictado normalmente una alianza con Alemania como consecuencia natural. Que esto no se produjera se debió en parte a la tradicional reticencia de los británicos a involucrarse en las enmarañadas alianzas continentales, y en parte a la extraordinariamente torpe diplomacia alemana. No obstante, lo más importante de todo era la decisión alemana de construir una flota capaz de desafiar el dominio británico de los mares.
p. 23

Los británicos seguían preocupados no tanto por la flota que Alemania ya había construido como por la que podría llegar a tener, especialmente si una guerra victoriosa le concediera la hegemonía sobre el continente.
p. 24

A pesar de que Gran Bretaña no firmase ninguna alianza formal más que con Japón, los alemanes se quejaron de que los británicos estaban tejiendo una red para cercarlos y aprisionarlos, cosa que empeoró sustancialmente sus relaciones.
[…]
Sin la mano pacificadora de Bismarck, las relaciones entre Austria-Hungría y Rusia se fueron deteriorando tanto como las mantenidas entre Gran Bretaña y Alemania
En 1903 un golpe de estado en Belgrado había derrocado la dinastía Obrenovic que había iniciado una vía de conciliación con la doble monarquía, y la sustituyó por un régimen dedicado a la expansión de Serbia mediante la liberación de los serbios bajo gobiernos extranjeros, especialmente los de Bosnia.
p. 26

Berlín consideraba ya la guerra como algo inevitable. Los dirigentes militares alemanes calculaban que era mejor embarcarse en la guerra cuanto antes, mientras los rusos no se hubieran repuesto del todo de la derrota de 1905, en vez de aguardar tres años, cuando el programa de movilización y construcción del ferrocarril financiado por los franceses habría concluido, situándolos en una posición totalmente nueva en cuanto a fuerza militar. Tras la crisis de Agadir, Francia también había atravesado una fase de nacionalismo militante, y estaba psicológicamente y militarmente preparada para una guerra. […]
En cuanto a los británicos, sus intereses en los Balcanes eran mínimos y sus problemas nacionales abrumadores. Pero si tenía que haber una guerra europea no iban a quedarse al margen contemplando cómo Francia era derrotada por una Alemania cuyos publicistas habían considerado a Inglaterra durante mucho tiempo como su principal enemigo, y para quienes una victoria en Europa supondría sólo el paso previo a su consolidación no como una gran potencia, sino como una potencia mundial.
p. 30

Los triunfos alemanes eran considerados en general como resultado de dos factores, uno estratégico y el otro táctico. El primero era la capacidad que tenía Alemania de desplegar en el campo de batalla unas fuerzas armadas mucho más numerosas que las de su adversario, y ello era debido a dos motivos. Uno era el desarrollo del ferrocarril y el telégrafo que hacían posible un rápido despliegue en el campo de operaciones militares de un número de hombres sin precedentes. El otro era la introducción de un servicio militar obligatorio universal en tiempo de paz…
p. 31

Todos los ejércitos europeos de 1914 eran comparables en lo que armamento se refiere. Sólo en el uso de la artillería pesada móvil podrían dar los alemanes alguna sorpresa desagradable.[…]
En Francia, la desconfianza democrática en el militarismo había reducido el servicio militar a dos años, aunque se reclutara a más del 80 por 100 de los efectivos disponibles.
p. 35

La amenaza rusa parecía tan insignificante que Schlieffen, en el plan que legó aquel año a su sucesor, la ignoraba por completo y concentraba toda la fuerza del ejército alemán contra Francia.
[…]
Las restricciones de los propios alemanes con respecto al incremento y refuerzo militar desaparecieron, y en 1912 introdujeron un programa de choque de expansión que aumentó el tamaño del ejército en 1914 hasta 864.000 efectivos. Los franceses respondieron aumentando la duración de su servicio militar hasta tres años, cosa que les proporcionó un contingente de 700.000 hombres en tiempos de paz
p. 36-37

Al apoyar a los austriacos, los alemanes sabían que se arriesgaban a una guerra europea, pero era una guerra que esperaban ganar. La única cuestión era, ¿sería también una guerra mundial? Tomaría Gran Bretaña también parte en ella?
[…]
Gran Bretaña se consideraba mayoritariamente el principal enemigo de Alemania, el adversario al que había que enfrentarse si Alemania quería alcanzar su legítimo status de potencia mundial. No obstante, Gran Bretaña había sido completamente ignorada en su planificación militar, la alemana. El ejército había delegado el asunto a la armada, suponiendo que cualquier fuerza expedicionaria que los británicos enviasen en auxilio de los franceses sería demasiado insignificante como para tomarla en consideración.
p. 38

La marina británica había llevado a cabo todos los preparativos para una supuesta guerra contra Alemania, pero no se había comprometido a nada. Existía una preocupación general ante el empuje de la política alemana, pero la opinión de los liberales y de las izquierdas permanecía inmutablemente neutral. La aversión por el “militarismo” alemán se vio compensada por la hostilidad hacia un régimen ruso despótico cuyos pogromos hacia los judíos y las brutales persecuciones de disidentes resultaban igualmente repugnantes para la conciencia liberal. La creencia general era la de que Francia y Rusia suponían una mayor amenaza para los intereses imperiales británicos que la propia Alemania, con la que se seguían manteniéndose estrechos vínculos comerciales y económicos.
p. 39

Clausewitz escribió una vez que los planes militares podían tener su propia gramática, pero que no tenían ninguna lógica. Obviamente no había lógica alguna en la decisión tomada por el estado mayor alemán de que, para apoyar a los austriacos en conflicto con Rusia acerca de Serbia, Alemania tuviera que atacar a Francia, que no era parte implicada en la contienda, y que lo hiciese invadiendo Bélgica, cuya posición neutral estaba garantizada por el tratado de 1831 firmado tanto por Gran Bretaña como por Alemania. […]
Para que la guerra pareciera justa y defensiva era preciso presentar a Rusia como la agresora, y ésta era la mayor preocupación del gobierno alemán en los últimos días de la crisis.
p. 41

Los desesperados intentos de última hora por parte del aterrorizado káiser para aplazar las cosas resultaron infructuosos.
p. 42

La preocupación de los liberales por los derechos de las pequeñas naciones, combinada con la tradición preocupación de los conservadores por el mantenimiento de los poderes europeos, hicieron posible que el apoyo parlamentario fuera casi unánime. Se proclamó el estado de guerra por todo el Imperio británico y daba comienzo la primera guerra mundial.
p. 44

El estallido de la guerra fue acogido con entusiasmo en las grandes ciudades de todas la potencias beligerantes, pero esta exaltación no era ni mucho menos representativa de la opinión pública en su totalidad. Concretamente en Francia el estado de ánimo reinante era el de una estoica resignación que probablemente caracterizaba a todos los trabajadores agrarios que tuvieron que abandonar sus tierras dejando que las cultivasen las mujeres y los niños.
p. 45

Durante un siglo, los programas educativos estatales dirigidos a la formación de ciudadanos obedientes y leales habían inculcado una conciencia nacional. En efecto, a medida que las sociedades se iban secularizando, el concepto de nación, con toda su panoplia militar y su patrimonio, adquiría un significado casi religioso. El servicio militar obligatorio contribuía a este proceso de adoctrinamiento aunque no era indispensable: en Gran Bretaña, donde el servicio militar obligatorio no se introdujo hasta 1916, la opinión pública era tan nacionalista como en cualquier otro lugar del continente.
[…] El pacifismo … en las democracias occidentales y también en Alemania era un síntoma de decadencia moral.
[…]
Para los artistas, los futurista en Italia, los cubistas en Francia, los vorticistas en Gran Bretaña y los expresionistas en Alemania, la guerra se consideraba un aspecto más de la liberación de un régimen agotado y caduco que ellos mismos habían preconizado una década atrás.
p. 46-47

En las sociedades menos alfabetizadas y desarrolladas del este, la lealtad feudal tradicional, fuertemente apoyada por sanciones religiosas, resultó igualmente efectiva en cuanto a la movilización de masas.
p. 47

El sucesor de Schlieffen, Helmut von Moltke modificó los planes para proporcionar una mejor protección frente a una eventual invasión francesa por el sur de Alemania, evitando al mismo tiempo tener que invadir Holanda, pues si la guerra de alargaba, la neutralidad de dicho país resultaría esencial para la economía alemana. Al final de la guerra, Moltke fue acusado de haber arruinado la estrategia de Schlieffen, pero posteriores investigaciones han demostrado que las recomendaciones de Schlieffen eran logísticamente imposibles.
p. 49

Viendo saboteadores y francotiradores incluso donde no los había, las tropas apresaron y fusilaron una cifra estimada de 5.000 civiles belgas y prendieron fuego indiscriminadamente a edificios, incluyendo los de la universidad medieval de Lovaina.
p. 50

Michael Howard. La Primera Guerra Mundial

Howard, Michael. La Primera Guerra Mundial. Barcelona : Crítica, 2003.

Howard, consagrado historiador militar, acomete con dignidad mostrar a un público profano y curioso la siempre difícil I Guerra mundial.
Ensayo breve y sintético sobre un conflicto que no resulta fácil de resumir y explicar a aquellas personas que desean tener una visión panorámica de uno de los conflictos bélicos que más tinta ha derrochado.
La intencionalidad, se supone, no es otra que ofrecer una imagen general sobre la guerra, no obstante, la trayectoria y el origen del historiador marcan muy claramente su deriva parcial hacia líneas aliadófilas, y sobretodo británicas.
Dibuja, mejor, perfila todos los frentes, pero subraya en todo momento el escenario westerner, el del frente occidental. La sensación que deja a aquellas personas ya leídas sobre el tema es una clara tendencia británica; a veces sin freno. Puede parecer que en la I Guerra Mundial los únicos que lucharon fueron los británicos, con alguna "ayuda" canadiense o australiana. De hecho, para Howard, el ejército francés parece un mero juguete en manos de sus políticos o en las garras de sus generales "ofensivos", que si bien aguantó el empuje germánico, no hizo nada más.
A pesar de la clara parcialidad de Howard, el libro proporciona al lector una muy buena síntesis histórica.
Lástima que también Howard sucumba en los habituales cenagales de la historiografía británica. Historiografía que, salvo honrosas excepciones, muestra la I Guerra Mundial como una guerra entre alemanes y británicos, en la que los demás fueron una mera comparsa.

Otras reseñas:

"Succintly expressive, Howard's style concentrates narrative and interpretation within a few sentences, but a deep historical controversy often lurks behind his conclusion, such as who was responsible for igniting the war....Howard elegantly applies his erudition and judgement to this concise introduction."--Booklist

"A concise, credible, lucid account of the causes, battles, politics, and consequences of the Great War. Howard compresses a mass of material, theory, and argument. His ambition, he states, is merely to introduce. But he does far more; he also engages and educates.... Demonstrates with clarity, craft, and precision that even in scholarship less can be more."--Kirkus Reviews

"an enlightened idea to produce a very short account of the great war - a page per month - . . . . But if, in 2014, bright schoolchildren, their brains putified by GCSE, get around to asking what the first world war was about, Howard's book will be very valuable."--The Times, Culture

"Professor Sir Michael Howard, . . ., is our best living military historian, and perhaps also strategic thinker. His new work is a masterly introduction to the Great War, desgined for those with no previous knowldge of the subject. . . . Any new student who reads Michael Howard should go on to address the first volume of Hew Strachan's huge new work on the same theme. There is great wisdom in both books, and wisdom on this subject is in short supply."--Sunday Telegraph

27 nov. 2007

Le Général Hiver (Le Petit journal)

Portada del Supplément ilustré de Le Petit Journal
9 janvier 1915

Artillero abatido


Artillero abatido por un francotirador en Salónica

Philip Warner. The Battle of Loos

La génesis del trabajo de Warner fue una llamada a través de la prensa diaria a todos aquellos supervivientes de la Batalla de Loos. La intención era recoger narraciones en primera persona, cartas y otras informaciones sobre una de las batallas más sangrientas y poco conocidas de la Primera Guerra Mundial. La clara intencionalidad de Warner marca el contenido y la línea de la obra: el 90% de la información son experiencias, cartas y narraciones en primera persona. La obra está estructurada en dos partes claramente delimitadas: una breve, brevísima exposición de lo que fue y representó la batalla y una segunda parte que es una colección de testimonios de supervivientes que participaron en la batalla. El autor ha organizado esta segunda parte en base a las divisiones que participaron en la batalla. Así, hay un capítulo dedicado a las diferentes divisiones que tomaron parte: la 15ª división escocesa, la 9ª, la Guards division, etc. Cada una de las divisiones cuenta con varias aportaciones, tanto de oficiales como de soldados. El grado de dramatismo de algunas de ellas es estremecedor. Uno de las características primordiales de esta batalla fue que participaron por primera vez los llamados Ejércitos de Kitchener, añadiendo un valor especial a muchas de las experiencias narradas. De la gran mayoria de narraciones se extrae una importante lección: la ingenuidad e ilusión con la que los nuevos voluntarios encaraban una guerra cruel y absurda. Loos, y este libro así lo expone, fue ante todo un absurdo experimento. Experimento como el del gas venenoso, a pesar que los informes meteorológicos contravenían su uso, el establecimiento de objetivos exagerados contando con insuficiente artillería y munición, la no cobertura artillera del avance de la infantería, etc... Neuve Chapelle no sirvió para evitar Loos, como tampoco Loos sirvió para evitar la carnicería del Somme. Los historiadores y analistas concluyen que Loos no fue una batalla deseada por el mando británico, y puede que así fuese. De hecho, el fracaso en Loos supuso entre otras cosas la destitución de French por su fiel escudero Haig. The Battle of Loos de Warner, a pesar de ser de las pocas monografías especializadas sobre Loos, no aporta nada nuevo al análisis de esta batalla, salvo ilustrar y dibujar al lector un escenario más humano con las experiencias de los que murieron y sobrevivieron a una batalla heroica pero absurda.

25 nov. 2007

Côte 304 (Batalla de Verdún, 1916)

Côte 304 (Batalla de Verdún, 1916)

7º de los Royal Scots Fusiliers en la Batalla de Loos, 1915

Narración anónima de un soldado del 7º de los RSF de la batalla de Loos, 25-26 de septiembre de 1915.
Fuente: Cartas recogidas por J.C. Pringle, hijo del Capitán Arthur S. Pringle, muerto en Loos. Reproducidas en Warner, Philip. The Battle of Loos. Hertfordshire: Wordsworth, 2000. pp. 125-131.

El regimiento había estado disfrutando de un descanso de doce días en el placentero pueblecito de La Beubrière a unos doce kilómetros detrás del frente. Se trataba del lugar más precioso y bonito en el que habíamos estado desde que llegamos a la Belle France. Los hombres se relajaron y disfrutaron de mucho tiempo libre olvidando absolutamente los horrores de la guerra. Aunque nos llegó el rumor que en breve la unidad sería destinada al frente, las tropas sentían una gran impaciencia por incorporarse a la lucha que veían como una gran aventura.
Salimos el jueves a las seis de la mañana hacia Vaudricourt, a unos cinco kilómetros. Hasta ahora la meteorología nos había respetado, pero ahora parecía que ésta se había aliado con el enemigo. Los relámpagos en el cielo y el retumbar de los truenos presagiaban tormenta. Ésta no se hizo esperar y antes de llegar a nuestro destino estábamos empapados hasta los huesos. Curiosamente, a la entrada de nuestro destino coincidimos con el Rolls Royce del general Rawlinson. Era todo un contraste observar el paso del impoluto Rolls de Rawlinson entre las tropas absolutamente empadadas y embrutecidas. Poco después nos adentramos en un bosque donde hicimos noche al aire libre. El estado del terreno era un desastre, la lluvia había convertido caminos y pistas en cenagales. Resultó un espectáculo observar como los soldados se pertecharon de todo lo necesario para pasar una noche al raso. Imagino, no obstante, que esa noche los nervios por la cercanía del frente y la batalla no dejaron dormir a muchos. Yo mismo decidí dormir medio desnudo. Me saqué los pantalones y los puse cerca de la fogatas con la esperanza que estuviesen secos por la mañana. Afortunadamente con el nuevo día el sol hizo acto de presencia, y con el calor los hombres se olvidaron de las penalidades de la tarde anterior y centraron sus preocupaciones en el terrorífico bombardeo del frente. Desde la carretera se podían ver las explosiones levantando columnas de humo y restos acompañado del incesante estruendo de la artillería. El resto del día estuvimos rondando por las cercanías del bosque en pequeños grupos comentando el posible resultado del bombardeo. El comandante de la unidad repartió entre los jefes de compañías las últimas órdenes e instrucciones para la batalla juntamente con los últimos mapas actualizados.
A las nueve de la noche, en silencio, los batallones se agruparon por compañías y éstas en filas con orden de marchar. Iniciamos la marcha hacia un destino del que muchos no volverían jamás. Marchamos por la Red road - carretera roja - , una carretera especialmente diseñada y construida para la ofensiva. A medida que avanzábamos el rumor de la artillería aumentaba paulatinamente. La luz y el resplandor que producían los miles de explosiones convirtieron la noche en día. Pasada la medianoche llegamos a nuestro nuevo sector y cada compañía se fue situando en su trinchera asignada. Las tropas se sentaron en el fondo de la trinchera y después de una taza de té y un sandwich intentaron dormir unas horas. Sobre las cinco de la mañana se pasó la orden de avanzar. Las compañías C y D irían en vanguardia y las A y B de soporte. El estruendo y el ruido de nuestra artillería era indescriptible. Debía haber unas 1.200 piezas sólo en nuestro sector. El suelo bajo nuestros pies temblaba brutalmente, la onda expansiva nos lanzaba, a momentos, contra el parapeto. En algunos puntos de la línia los cañones estaban a muy pocos metros de las trincheras.
Una hora más tarde recibimos la orden de que los batallones de vanguardia debían cargar contra el enemigo con todas sus fuerzas. En ese momento, recuerdo que la artillería alemana abrió fuego contra nosotros con una furia indescriptible. La puntería de la artillería alemana estaba afinando de una forma mortífera, apenas podíamos acercarnos al borde del parapeto para ver lo que sucedía. Sólo pudimos ver los sombríos charcos de sangre. Al instante los obuses y proyectiles comenzaron a convertir nuestras trincheras en cráteres. El estremecedor silbido de los explosivos, su impacto, la lluvia de shrapnels, la terrible frecuencia de los morteros de trinchera, ... todo junto creaba una atmósfera que sólo podía ser descrita como infernal.
Mientras avanzábamos, era desgarrador ver a grupos dispersos de mutilados y heridos gemir agónicamente, sobretodo porque no podíamos asistirlos. Teníamos órdenes expresas de avanzar sin parar. Pero el progreso fue muy lento, debíamos haber alcanzado nuestro objetivo - la trinchera de tiro 7B - mucho antes. Cuando alcanzamos la trinchera 7B, nos dimos cuenta que nuestro capitán había sido herido por un fragmento de proyectil. Con alguna dificultad le procuramos refugio en la trinchera. Entonces, el mando del avance recayó en el capitán Ferguson, que informado, se apresuró a tomar el mando desde la retaguardia de la compañía. Fue un gran alivio cuando se nos ordenó dejar las congestionadas trincheras y salir a campo abierto para tener una visión completa de nuestro objetivo: la sombría Tower bridge de Loos que habíamos estado observando durante tantas semanas y que era una espina clavada en nuestro ejército ya que ofrecía un privilegiado puesto de observación para los alemanes.

24 nov. 2007

Gebt fur die U-Boot-Spende de Willy Stöwer

U-Boot de Willy Stöwer

y cómo el arte se convierte en propaganda

Gebt fur die U-Boot-Spende de Willy Stöwer

Cartel con el cual las autoridades imperiales alemanas pedían a los ciudadanos su colaboración con la causa bélica, en este caso para la Marina.

23 nov. 2007

Henri Barbusse. El Fuego (Le Feu)

Henri Barbuse en su obra El Fuego (Le Feu) trata con una frialdad pasmosa sus vivencias literadas sobre la IGM. Describe de una forma detalladísima los escenarios, uniformes, las trincheras, su vida en ellas, los momentos de lucha, el paisaje, y sobretodo que es para mi lo mejor, la "psique" de los personajes. Les otorga un rol definido, sin arquetipos ni tópicos sino con una humanidad difícil de encontrar en otras obras de la misma temática. Pero lo más chocante no es su grado de descripción, sino la frialdad y objetividad con la que narra los momentos más críticos de la vida de su compañía que para nada es tranquila.
La humildad prima por doquier, acerca al lector a una realidad que no da lástima sino que otorga al soldado anónimo un grado tal de heroísmo sólo por el hecho de soportar lo que soportaron. Es impresionante.
Se sabía de la carestía del soldado francés en referencia a sus colegas (británicos,...) pero esta obra es el ejemplo de ello, en lo que hace referencia a pertrechos y régimen alimentício, que es patético. Sólo el vino es respetado por su valor de acicate frente a la batalla. La única preocupación en cuanto a la logística es eso: que no falte el vino. Si falta el vino, la indisciplina y la rebeldía son los siguientes estadios en la vida de la trinchera.
Comentaría muchos episodios de la obra, pero eso lo dejo para aquellos que deseen pasar buenos momentos leyendo una muy buena obra.
Para aquellos que deseen una pequeña dosis de literatura comparada se podría decir que es la paralela a la de Jünger y sus Tempestades de acero. Aunque menos explícita en cuanto a violencia, pero sí más cruel que la del alemán. Sobretodo por la frialdad con la que narra los epidodios violentos, es brutal el grado de templanza observable en sus descripciones.
Algo también destacable es la posición del narrador, su postura viene determinada por la resignación imperante en sus sentimientos y de la manera que asume el hecho de la guerra, como una estupidez. Ya al final asoman reflexiones de carácter confraternizador de las masas obreras y trabajadoras como las únicas que van a la guerra como corderos.
Controvertida en su aceptación en Francia, no deja indiferente a nadie.
Imprescindible para una visión global del conflicto.
Excepcional.

21 nov. 2007

Lone Tree (Batalla de Loos, 1915)

Testimonio del soldado A.B. Swaine del Kent Cyclist Battalion sobre el árbol solitario (Lone Tree) en la Batalla de Loos, 1915

"El árbol solitario (Lone tree) todavía permanece en mi recuerdo. La artillería alemana y la nuestra la tenían como objetivo. Él, permanecía ahí, en la Tierra de Nadie, destrozado y desmochado por los continuos disparos, pero nunca recibió uno directo.Mi primer contacto físico con el árbol fue nocturno. Desde nuestra trinchera oímos llamadas de socorro en inglés y alemán. Antes del alba, fui enviado con otros tres compañeros para ver que sucedía. Cogimos una pasarela como camilla y encontramos un oficial alemán gravemente herido. Estaba condecorado con la Cruz de Hierro. Le trasladamos con la improvisada camilla hasta nuestras líneas, pero debido a la gravedad de sus heridos murió poco después. Debo añadir que mis tres compañeros, soldados regulares, se arrojaron sobre el oficial alemán para arrebatarle la Cruz de Hierro.El otro contacto con el árbol solitario fue cuando desde el Cuartel general se nos comunicó que lo querían cortar para repartirlo entre la tropa como recuerdo. Y allí fui con otros compañeros. Una vez allí, corté dos pedazos para mi que aún tengo, uno colgado de la pared de mi casa y el otro lo convertí en un encendedor."

René Mathis, Croix et médailles de la guerre, 1914-1918.

René Mathis, Croix et médailles de la guerre, 1914-1918.

Recopilación de las medallas y condecoraciones que emitieron aquellos paises que participaron en mayor o en "menor" medida en la contienda. Como intento de compilación global, el intento, vale la pena. No obstante, son bastante repetidas algunas ausencias o pequeñas equivocaciones.
Uno de los "contras", es la ausencia de color en las ilustraciones, excepto en las divisas, que figuran como hoja aparte.
Excepto esta muestra, paupérrima, el resto de ilustraciones son en b/n, hecho que resta valor a una obra de este tipo. Cierto que pluses de este tipo encarecen las ediciones, pero precisamente es numerada y su adquisición no fue precisamente barata. A reseñar que las condecoraciones que quedan mejor "paradas" o descritas son las alemanas, debido sobretodo a la variedad de principados y ducados. Curiosamente por otro lado, las francesas no estan muy bien identificadas o todo lo bien que podrían estarlo, sobretodo aquel apartado que por ser no oficial debería estarlo, me refiero a las otorgadas por Verdun,... o de Arras,... Afortunadamente, para las primeras existe una obrita especializada en ellas, si no recuerdo mal es de Thierry Silvert de la cual no se han editado más de 500 ejemplares. No la he consultado aún.

20 nov. 2007

Towers bridge o Pylons tower de Loos (Batalla de Loos, 1915)


La famosa Towers bridge o Pylons tower de Loos (1915)

Mapa del sector de Lone tree ridge. Batalla de Loos (1915)

Sector de Lone tree ridge (Loos, 1915)

Lone tree ridge (Batalla de Loos, 1915)

Lone tree ridge, la cresta del árbol solitario, se apodaba así porqué en ella había un enorme y frondoso cerezo que había florecido en mayo de 1915. Estaba entre las dos líneas enemigas, la británica y la alemana, es decir en Tierra de nadie.
Después de que las hojas del árbol cayesen y mudasen, un joven teniente de los Seaforth Highlanders condució una patrulla de noche hacia ese punto para colgar la Union Jack de las ramas desnudas del árbol con el objetivo que pudiese ser observada desde diferentes posiciones. Mientras trepaba, desafortunadamente, fue sorprendido por la luz de un bengala y acribillado por el fuego de una ametralladora alemana. Su cuerpo estuvo varios días colgado del árbol. Se intentó por dos veces recuperar el cadáver del teniente, pero ambos fueron en vano, y finalmente se decidió que la artillería tirase sobre el árbol para enterrar con él al oficial inglés. Con los días y los disparos el árbol fue destrozándose, pero no lo alcanzaba ningún tiro directo que lo destrozase definitivamente, hasta que quedó solamente un tronco desnudo de ramas de unos cinco metros de altura.
El sector de Lone tree ridge fue sobrepasado por la primera ofensiva de la batalla de Loos de septiembre de 1915, así este árbol destrozado se convirtió en un famoso y sangriento punto de encuentro para las tropas que iban y venían del frente con provisiones y municiones. Naturalmente, el enemigo no tardó en darse cuenta y apuntó con algunas de sus piezas de artillería ese punto provocando numerosas bajas del lado británico hasta que el sentido común y la precaución hicieron abandonar ese rendez-vous.
Se sabe que el árbol volvió a florecer en 1920, no obstante también se cuenta que los soldados británicos lo acabaron destrozando para tener un souvenir de Lone tree y su funesta historia.

18 nov. 2007

Lawrence de Arabia (1962)

Director: David Lean
Guión: T.E. Lawrence; Robert Bolt; Michael Wilson
Producción: Robert A. Harris; Sam Spiegel
Banda sonora: Maurice Jarre
Fotografía: Freddie Young

Reparto:
T.E. Lawrence: Peter O'Toole
Príncipe Faisal: Alec Guinness
Auda abu Tayi: Anthony Quinn
Sherif Ali: Omar Sharif
General Allenby: Jack Hawkins
Coronel Brighton: Anthony Quayle
Mr. Dryden: Claude Rains
Jackson Bentley: Arthur Kennedy
Oficial turco: José Ferrer


Lawrence de Arabia narra las vivencias de T.E. Lawrence, un oficial británico de inteligencia, con conocimientos de la zona y el dominio del idioma, que está destinado en la zona del Próximo Oriente, concretamente en Egipto, a mediados de la Primera Guerra Mundial.

La película se basa, principalmente, en la obra autobiográfica de T.E. Lawrence titulada "Los siete pilares de la sabiduría". Cronológicamente, el film se inicia con la muerte del protagonista, para seguidamente y mediante un flash-back situar la acción años antes en el Cairo cuando se le encomendó entrar en contacto con el Príncipe Faisal y poder contar con el pueblo árabe para la causa aliada contra los turcos.

El desarrollo de la historia tendrá como fondo la rebelión árabe contra la dominación turca en Oriente medio durante el final de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el film es un biopic en toda la acepción del género. El director, Lean, logra entremezclar perfectamente la figura del héroe Lawrence con la causa árabe. Lawrence es ante todo un documento épico. No pretende en momento alguno presentar un documento histórico o un relato veraz de la historia. Lean quiere acercarse a la descripción de un héroe, o lo que entiende por héroe. Presenta a un Lawrence arrastrado por la vorágine de los acontecimientos, a la que se adapta, imprimiéndole un carácter genuino, sorprendiendo incluso a los "suyos". Lo describe con una gran carga pathetica, incluso en los planos fijos, aprovechando una expresividad genuinamente británica, con una contención emocional que explota con la banda sonora al unísono. El realizador consiguió con gran maestría, al igual que con Doctor Zhivago, La Hija de Ryan o El Puente sobre el río Kwai, hacer coincidir el clímax contenido con una de explosión de acordes musicales míticos. Quién no recuerda el tema principal de Lawrence o el tema de Lara de Doctor Zhivago ...


El carácter del Lawrence leaniano no es plano, es poliédrico, a menudo esquizofrénico. Ésta es una de las características de Lawrence donde carga más la Crítica, la no uniformidad del personaje. Lean, como la práctica totalidad de realizadores, toma aquello que le interesa y desecha lo inútil. Puede que algunos de los personajes que ejercen de comparsa del protagonista adolezcan de una gran sobrecarga de tópicos maniqueos: en este punto es sobresaliente el grado crudeza primitiva y tribal con el que son presentados Auda abu Tayi (Anthony Quinn) y el Sherif Ali (Omar Sharif). En ambos se personifica la visceralidad del árabe: por una parte el árabe que vive todavía del comercio caravanero y por tanto de la rapiña, y el árabe bondadoso y atento a las leyes de la tribu que no dudará en asesinar aquel que vulnere las leyes no escritas del desierto. Puede que semejante abismo entre ambos obedezca al hecho de querer alojar entre medio a la figura de Lawrence.Lean distorsiona pero no envilece, adapta pero no engaña, en fin relata una historia para el cine. Humaniza una leyenda histórica. La crítica, a menudo, ha acusado al film de caricaturizar a Lawrence (su baile en las dunas, su explosión de rabia en la retirada turca, el episodio en el cuartel turco).

Mapa del sector de Hulluch. Batalla de Loos (1915)

Sector de Hulluch (Loos, 1915)

La Batalla de Vimy Ridge según W.R. Lindsay

video

Entrevista a W.R. Lindsay, soldado de la Canadian Expeditionary Force en la toma de Vimy Ridge.

Transcripción del fragmento de la entrevista

Q: They were mostly interested in keeping Vimy though?


W.R. Lindsay: Of course because Vimy was attacked three times I believe. That's what I was told, twice by French. Anyway, French and English had made three attempts to get Vimy Ridge and it was decided that it was our turn at Vimy on April 9th, the Canadian Corps. All the Canadian Corps was in there, artillery and all. Well, we left in the morning at daybreak, about half past five, opened fire at half past five. It was something terrible. We couldn't talk, we couldn't do nothing. You know, it was a regular noise on and on and on all the time. The ground was prepared. We had had a bombardment for three weeks before on weak points of the German line so they wouldn't move, they would stay there. They had it in their minds it's OK, they don't touch our strongholds so it's OK, we won't move. Then we had our aeroplanes going over bringing some information and we kept it up for three weeks and then, in the morning of the 9th of April at half past five, they opened up there with gas shells on strong points. We did paralyze them; we really did paralyze them rather easily. We got the job there done. They expected it would be a three day fight and early in the day we were on top of Vimy. Then I got wounded on the way up there. I didn't get to Vimy myself, I got wounded before.

Traducción

E: Estaban muy interesados los alemanes en mantener Vimy?

W.R. Lindsay: Naturalmente, porqué Vimy fue atacada tres veces, creo. Dos veces por los franceses, esto es lo que me contaron. De todas formas, franceses e ingleses intentaron tres veces tomar Vimy Ridge, y se decidió que era nuestro turno, el de las tropas canadienses en Vimy, el 9 de abril. Todo el cuerpo expedicionario estaba allí, incluso la artillería. Bien, nosotros partimos por la mañana al alba, sobre las cinco y media, y abrieron fuego sobre la misma hora. Fue algo terrible. No podíamos hablar, no podíamos hacer nada. Sabe, era como un rumor o ruido regular, una y otra vez. Se preparó el terreno. Habíamos tenido un bombardeo tres semanas antes en los puntos débiles alemanes, por eso no nos movimos, debíamos permanecer allí. Ellos tenían en sus mentes que ya estaba bien, no tocaron nuestros puntos fuertes, estaba bien, no nos movimos. Teníamos nuestra aviación sobrevolando dándonos información, y luego nos mantuvimos allí durante tres semanas, y en la mañana del nueve de abril a las cinco y media de la mañana, lanzaron el gas. Los paralizamos, realmente los paralizamos muy fácilmente. Teníamos el trabajo hecho. Esperaban que se alargase unos tres días, y sobre la mañana de ese mismo día ya estabamos en la cima de Vimy. Luego yo fui herido allí, no alcancé Vimy por mi mismo, fui herido antes.

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