3 ene. 2009

In Memoriam, 1918-2008


In Memoriam es una exposición temporal organizada por el Imperial War Museum que tiene como principal propósito hacer un recordatorio de aquellas personas que perdieron la vida durante la Primera Guerra Mundial. La muestra está enfocada a captar la atención del espectador mediante el recuerdo de aquellas personalidades notorias que murieron durante la Gran Guerra.
Entre las personalidades representadas y conmemoradas -todas británicas- figuran Wilfred Owen, Edith Cavell, Sir Douglas Haig, etc.
El recorrido es del todo visual, y no supone un denso periplo por carteles, explicaciones o pies de foto. La estética de la muestra, minimalista, intenta recoger y plasmar la inocencia y el reconocimiento hacia aquellas personas que perdieron la vida bajo su propio ideal de justicia. La elección de los homenajeados no es aleatoria, se trata de una selección con un claro y explícito sentido de la idoneidad. Cualquier persona que conozca la historia de figuras como Owen o Cavell siente una especial emoción al contemplar sus objetos más cotidianos como sus gafas o cuadernos de notas.
La exposición no tiene pretensión didáctica, tan sólo pretende reblandecer y recordar aquellos espíritus actuales que giran página demasiado pronto. Es un grito hacia nuestra memoria más pasajera. In Memoriam es un recordatorio entrañable a ese mundo perdido, hacia todas aquellas personas, a menudo héroes, que no murieron en vano.

29 dic. 2008

Oswald Boelcke (1891-1916)


Oswald Boelcke (1891 Giebichenstein, Alemania - 1916 Cerca de Cambrai, Francia)

As y pionero de la aviación alemana durante la Primera Guerra Mundial.

A pesar de no pertenecer a una familia con un glorioso pasado militar, la influencia de su padre - maestro y director de escuela luterana - con unos profundos ideales patrióticos y militares le llevó a solicitar el ingreso en la escuela de cadetes con apenas contando trece años, y eso a pesar de haber padecido una aguda tos ferina infantil que le acarrearía un asma crónico a lo largo de toda su vida. Finalizados sus estudios se destinado al 3º batallón de telegrafistas en Koblenz (Coblenza) como oficial de cadetes (Fahnenjunker). Poco antes de estallar la guerra, mediados de 1914, fue transferido a las Fliegertruppe. De mayo a agosto de 1914 realizó sus cursos de vuelo en la Halberstädter Fliegerschule. Al finalizarlos entró directamente al servicio activo como piloto.
Gracias a la intercesión de su hermano mayor, Wilhelm, el primer destino de Oswald Boelcke fue la Fliegerabteilung 13, FFA 13. Su compenetración y fortuna en las diferentes misiones provocó el recelo de sus compañeros, y que Wilhelm Boelcke fuese destinado a otra sección. Aún así Oswald Boelcke fue condecorado con la Cruz de Hierro de 2a clase por realizar más de cincuenta misiones como piloto.

1915

En abril de 1915, después de una pequeña recaida en su asma crónico, Boelcke logró - via diplomacia de pasillo - un destino en la Fliegerabteilung 62 con base en Douai. La FFA 62 era una unidad de aviones biplaza que realizaba misiones de reconocimiento aéreo para la artillería. En junio, Boelcke, Witgens y Immelmann fueron los primeros pilotos alemanes en pilotar el nuevo modelo de monoplano Fokker E.I. equipado con ametralladoras Spandau/Parabellum.
El 4 de julio de 1915, al mando de un Albatros C.I, el ya teniente Boelcke y su observador el teniente Heinz-Hellmuth von Wühlisch avistaron a un Morane biplaza. Después de un largo combate, von Wühlisch derribó al avión enemigo. La confirmación la realizó el mismo Boelcke. Aterrizó cerca del avión estrellado y comprobó que los ocupantes habían muerto. Este derribo proporcionó a von Würlisch la Cruz de Hierro de 1a clase y a Boelcke la promesa de que pilotaría el próximo modelo de Fokker.
La primera victoria en solitario de Boelcke fue el 19 de agosto de 1915. Antes de acabar el año derribaría cuatro aviones más, lo que acrecentó la macabra competición que mantenían él y Immelmann, el otro as del momento, por ver quién era el mejor piloto alemán.
Immelmann había conseguido ser el primer piloto alemán en derribar un avión enemigo con el nuevo modelo Eindecker de Fokker, el 1 de agosto, en una jornada desafortunada para Boelcke, que tuvo que volver a la base después de comprobar que su ametralladora estaba encallada.
A mediados de septiembre de 1915, Boelcke fue trasladado con su FFA 62 de Douai al sud de metz, al Brieftauben-Abteilung-Metz. El FFA 62 formaba parte del contingente que reforzaría al III Cuerpo de ejército alemán que se enfrentaba a una ofensiva francesa a lo largo del frente de la Champagne. El día 25 de septiembre tuvo que volar con un aparato prestado, ya que su avión aún no había llegado. Sin embargo, no fue obstáculo para consiguiese su cuarta victoria. Su fama comenzaba a traspasar fronteras, y las notícias de sus hazañas llenaban los periódicos alemanes. A Boelcke, de naturaleza poco vanidosa, le desagradaba sobremanera la literatura laudatoria de los medios alemanes, y en más de una ocasión sugirió a sus familiares que se aislasen de la prensa y sus consecuencias.
Al mes siguiente, el 27 de octubre, Boelcke aumentó su casillero con otro derribo, se trataba de un Voisin francés. Su cuenta sumaba un total de 5 derribos. Immelmann tampoco se quedaba atrás, cuatro días antes había derribado a un Vickers FB 5, Gunbus, sobre Cambrai. El duelo continuaba.
En noviembre de 1915, Erich von Falkenhayn, jefe supremo del Alto Estado mayor alemán le notificaba la concesión de la Gran Cruz con espadas de la Casa Hohenzollern. Boelcke se convertía en el primer piloto alemán en recibir tal honor. Immelmann la recibió seis días después.
A mediados de noviembre de 1915, Boelcke fue invitado a visitar la fábrica de Fokker en Schwerin. El nuevo Fokker E IV, con 160 caballos de potencia y dos ametralladoras, estaba listo para entrar en combate y quién mejor que el as de ases para ser testigo de su nacimiento. No obstante y a pesar de las grandes expectativas, el Fokker E IV no entraría plenamente en funcionamiento hasta abril-mayo de 1916. A mediados de diciembre de 1915, Boelcke volvió a Douai con su FFA 62, la ofensiva francesa se había rechazado con éxito.
A finales de 1915, el casillero de los dos ases estaba casi parejo. Immelmann contaba con siete victorias por seis de Boelcke.

1916

El nuevo año comenzó como acabó el anterior, con una dura competición entre los dos ases alemanes. El 5 de enero, Boelcke salió temprano y la Diosa Fortuna le sonrió: se encontró con una formación británica de observación. Después de un breve combate con un BE, consiguió herir a ambos ocupantes. A pesar de la lucha, el biplaza consiguió aterrizar. Boelcke hizo lo mismo, no muy lejos. Después de una larga charla con el piloto, el subteniente Somervill, Boelcke descubrió que su fama como piloto había cruzado el Canal de la Mancha.
Una semana después, el 12 de enero, Boelcke e Immelmann conseguían su octava victoria. Estaban empatados. Esa misma noche recibieron la noticia de que habían sido condecorados con la máxima condecoración militar alemana, la Pour le Mérite o comunmente conocida como Blue Max. Immelmann y Boelcke fueron los primeros pilotos alemanes en recibirla.


Continúa en: Oswald Boelcke (1891-1916) (II)

28 dic. 2008

Las últimas horas de la Primera Guerra Mundial



Gomá, Daniel. "Lucha inútil : las últimas horas de la Primera Guerra Mundial". En: Historia y vida, 2007, núm. 471, pp. 56-61.

Testimonial artículo de revista sobre los últimos momentos de la Primera Guerra Mundial.
De forma muy somera y periodística, el autor informa sobre cuáles fueron los motivos que impulsaron a los altos mandos aliados a prolongar acciones ofensivas el último día de la Gran Guerra, el 11 de noviembre de 1918. Gomà acusa abiertamente al alto mando francés y estadounidense de lanzar innecesarios ataques a las líneas alemanas con el único objetivo de fustigar hasta el último segundo a las tropas alemanas. Foch y Pershing, aparecen al desnudo, como los principales agentes de estas ofensivas sin sentido, animados -según el autor- por un odio y sed de venganza, especialmente acusada en Foch, hacia el invasor alemán. Ambos, ajenos, a las decisiones políticas hubiesen prolongado la guerra hasta entrar en territorio alemán para poder entablar así unas negociaciones de paz en unas condiciones de auténtico sometimiento alemán. En mi opinión, el autor arriesga excesivamente sobre cuestiones y afirmaciones que sitúan y ponen al descubierto al mando aliado, ya que afirma que éstos actuaron con plena independencia al margen de los dictámenes de sus respectivos gobiernos. La cuestión es: Quién sabe si no actuaban con la connivencia de los mismos? Acaso Clemenceau no pensaba lo mismo que Foch? Si está más claro que Wilson no comulgaba con las ansias de Pershing.
Otro aspecto claramente discutible es el casi absoluto protagonismo que se le otorga a las tropas norteamericanas en la exclusiva conclusión de la guerra. Cierto que la participación de los Estados Unidos de América es clave en algunos aspectos que explican el final del conflicto pero no su actuación no fue, para nada, definitiva por mucho que se empeñe la historiografía estadounidense. En este punto, el gran perjudicado es el otro aliado.
La Gran Bretaña es la gran ausente del artículo, desaparece por completo. Parece como si el frente británico no hubiese sido también el escenario de inútiles ofensivas. Curioso, si nos quedamos con que la historiografía británica sitúa a uno de los suyos como la última víctima inocente. Quizás esta exclusión se deba a la extensión del texto que es muy breve.
A pesat de que la publicación Historia y vida es de divulgación general, el artículo no aporta gran cosa a pesar de tratarse de un tema bastante controvertido. A mi opinión, se se encuentra demasiado escorado al lado norteamericano.
Sintiéndolo mucho, el artículo no está a la altura de otras excelentes contribuciones sobre la Gran Guerra en Historia y vida, como por ejemplo, las que ha escrito Carles Padró y su soberbio trabajo La Batalla de Verdún : atrincherados en el infierno del número 465 del año 2006.
Concluyendo, el artículo de Gomà aporta algunos datos interesantes, pero ahonda en demasía en el factor norteamericano y descontextualiza algunos aspectos; exculpa al elemento político y añade curiosidades poco esclarecedoras de un episodio tan crucial con el final de la Gran Guerra. Tampoco la bibliografía complementaria es la más adecuada.
Obviable.

Archivo del blog