22 nov. 2008

Charles Chaplin en la Gran Guerra


Por fin. Finalmente encontré esos treinta y tantos minutos para echarle una ojeada rápida a esta película - Shoulder arms (Armas al hombro, 1918) - sobre la que tanto me habían hablado. Precisamente ése ha sido el problema, que me la habían encumbrado demasiado, y al final, no ha sido para tanto.
La cinta posee momentos increíblemente hilarantes - de veras -, como por ejemplo las escenas del queso maloliente, la piscina-refugio en la que malviven los soldados norteamericanos o el camuflaje arbóreo,... Aún así, flota ese poso de documento propagandístico en el que el Kaiser es un imbécil y necio bigotudo, el príncipe heredero es un aprendiz de borracho y la oficialidad alemana es corta de miras -y de estatura-, con el añadido tópico de petulante.
Porque al fin y al cabo, en eso consiste la película, en un desfile de tópicos sobre el ser y el estar alemán: arrogancia, presunción, amor por la violencia, estupidez y trogloditismo.
Puede parecer una crítica excesivamente ácida, pero es que es lo permacece después de las largas risotadas y sonrisas: la burla y caricatura contínua de todo lo alemán.
Una lástima, aunque sea presentista.
Quizás mi juicio debería poseer un punto más de benevolencia y menos dosis de presentismo, pero no hay que olvidar que, sin duda, esta pieza servía a unos intereses claramente políticos.
En el aspecto formal, la película destila pocas máculas : la caricatura ácida sobre la vida en la trinchera es insuperable, las reacciones del protagonista ante lo nuevo, los momentos íntimos en la trinchera, la fina ironía, etc. Son productos genuinos "made in Chaplin". Éste, se casaba con pocos, hay estopa para todos -incluso para el que quiera leer más.
Shoulder arms no es un ejercicio intelectual.
Estudiando el resto de obras del menudo genio inglés, esta obra bien podría considerarse de divertimento. Divertimento que soporta la crítica plástica, pero no la ponderada. En resumen, es un producto imprescindible para ultrafieles y atrincherados de la IGM y también para los amantes del cine de Chaplin.
Para el resto un pasatiempo obviable.

16 nov. 2008

Sir Horace Smith-Dorrien y la Gran Guerra (III)


A finales de diciembre de 1914, el IIº Cuerpo de Smith-Dorrien se convirtió en IIº Ejército dadas las dimensiones. Smith-Dorrien conservó, de momento, el mando. El IIº de Smith-Dorrien participó de forma auxiliar en la batalla de Neuve Chapelle que tuvo lugar en marzo de 1915. Concretamente, se le asignó el objetivo de tomar la llamada colina 60, pero la falta de cobertura artillera hizo fracasar por completo la operación.
Como no, Sir John French estaba ahí para acusar a Smith-Dorrien de falta de decisión y contundencia. El mismo que lo había acusado abiertamente de desobediencia por plantar cara a los alemanes en Le Cateau le echaba en cara falta de coraje en la operación de Flandes. Estaba claro que de la relación entre French y Smith-Dorrien no iba a salir nada positivo, bien al contrario.
Ypres 1915: Smith-Dorrien en abril de 1915, ante el ataque con gas alemán y la sangría que significaba mantener a las tropas británicas en pésimas condiciones tanto estratégicas como sobre el terreno en el llamado Saliente de Ypres, propuso una retirada táctica hacia posiciones menos expuestas. Esa fue la chispa y la excusa. Sir John French lo acusó de derrotismo, de pesimismo y de cobardía al exponer una retirada estratégica. A partir de este momento, las informaciones dependiendo de las fuentes varían. Algunas hablan de que el 27 de abril, French ordenó a Smith-Dorrien ceder el mando a Plumer, y que una semana aproximadamente más tarde, sobre el 6, Smith-Dorrien parte hacia Inglaterra. Otras que las contínuas cartas y misivas a Lord Kitchener tuvieron su premio y Smith-Dorrien fue invitado por Sir William Robertson a volver a Inglaterra en mayo de 1915.
Sobre esto, los diarios de Haig contienen algunos pasajes en los que French le confiesa su hastío hacia la persona de Smith-Dorrien. Las quejas de French transcritas en los diarios de Haig, que lo aborrecía profundamente, son una clara mezcla entre resentimiento y desprecio hacia el militar de Haresfoot. French ganó, pero no venció, al poco también fue invitado a dejar el mando tras el estrepitoso fracaso de Loos. Haig también había hecho un buen trabajo de zapa. Esta vez su paño de lágrimas era el mismísimo monarca George V.
A la retirada estratégica de Smith-Dorrien, el mando del IIº Ejército de la BEF lo tomó Sir Herbert Plumer, protegido de French, y primera opción de éste para substituir al fallecido Grierson en 1914. La fortuna le reservaba una ironía a French, ya que una de las primeras decisiones que tomó Plumer fue una retirada estratégica de las tropas británicas en el Saliente de Ypres hacia posiciones más resguardadas y fuera del alcance de la mortífera artillería alemana. Curiosamente French accedió.
La guerra continuaba y después de un breve periodo en Gran Bretaña, Smith-Dorrien fue enviado al África oriental alemana, aunque su periplo africano fue corto, enfermó al poco de pneumonia y volvió a Inglaterra. Su participación como militar en la Gran Guerra prácticamente había acabado.
Los ataques de French a Smith-Dorrien no terminaron con la guerra. Sir John French escribió 1914, un libro en el que describía los primeros compases de la Gran Guerra y en el que tuvo una mención especial para Smith-Dorrien acusándolo de desobediente y otros calificativos que éste no pudo rebatir al estar todavía en el servicio activo.


Fuentes:
- Cassar, George. The Tragedy of Sir John French. NJ, University of Delaware, 1985.
- Memories of 48 years of service ... (Smith-Dorrien)

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