3 sept. 2010

La movilización rusa de 1914 (III)


Viene de: La movilización rusa de 1914 (II)

28-29 de julio

Las cosas iban de mal en peor. Durante la tarde del 28 de julio, Sazonov fue informado de la declaración de guerra austríaca a Serbia. Fruto de su impetuosidad y ante la posibilidad de que la movilización parcial decretada fuese insuficiente, Sazonov tuvo un encuentro con el Zar. Horas antes Sazonov había mantenido una reunión con Yanushkevich que le había presionado para convencer al Zar.
Von Wegerer, en su artículo para el Political Science Quaterly, informa de que Sukhomlikov le 'confesó' en primera persona que fue el Gran duque Nicolai el que convenció a Yanushkevich de la necesidad imperiosa de decretar la movilización general. Esa misma tarde el gabinete de exteriores ruso envió un telegrama a Berlin, Viena, Paris, Londres y Roma anunciando movilización de los sectores de Odessa, Kiev, Moscú y Kazán e informando de que quería evitarse cualquier enfrentamiento con Alemania.
La madrugada del 29 de julio, el Zar Nicolai II telegrafió a Wilhelm II urgiéndole a buscar una solución a los malentendidos y a los movimientos peligrosos entorno a la crisis de los Balcanes.
A la mañana siguiente, Yanushkevich se presentó en el Peterhof, la residencia del Zar, con el propósito de que firmase las declaraciones de movilización parcial y general dejándose para él la potestad de decidir cuál de ellos expedir a los distritos militares. No cabe duda vistos los resultados de cuál fue la que envió.
A la tarde, Yanushkevich vio al major Eggeling y le repitió por enésima vez que no se había dado orden alguna para 'mover ni un caballo de su establo'. Continuaba la farsa.
Casi en el mismo momento, el general Dobrorolsky, encargado de la movilización rusa, expedió de su puño y letra las declaraciones de movilización general a los tres ministros del interior, de la guerra y de la marina.
Sazonov, por su parte, continuaba con la mascarada y durante las recepciones que mantuvo ese mismo día con los representantes de los países implicados mantuvo un especial esmero en declarar que no se estaban realizando movimientos de tipo general.
Albertini vuelve a advertir que fue imposible que el gobierno ruso declarase la movilización general sin la aprovación contrastada del gobierno francés. Paléologue, por su parte, no dijo nada a Paris.

Los nervios de Sazonov

Al ministro de exteriores le pudo la presión. Las noticias del bombardeo austríaco de Belgrado y el telegrama del canciller Bethmann Hollweg indicándole que futuros progresos movilizadores rusos obligarían a movilizar a los ejércitos alemanes lo asustaron. El conde Pourtalés intentó sosegar al ministro, pero fue en vano. Sazonov telefoneó de urgencia al zar. Esa misma tarde se reunían en las oficinas de Yanushkevich, Sazonov y Sukhomlikov para decidir sobre la movilización general. No tardaron en ponerse de acuerdo.
Fue quizá la decisión más trascendental en la historia de la Rusia imperial, y quizá de la historia de la humanidad hasta el momento.
La movilización general rusa echó a pique cualquier posibilidad de evitar la guerra europea.
Incluso Geiss, paladín 'sí o sí' de la culpabilidad alemana, reconoce que a Sazonov le perdieron los nervios. Y que éste cedió a la presión que le impusieron Yanushkevich y Sukhomlikov, que a su vez habían cedido a las presiones francesas para implementar una rápida movilización general con visos a frenar la impresionante fuerza del plan Schlieffen alemán.

Movilización evitable?

Desde un punto de vista militar, la orden de movilización general rusa era totalmente evitable. Los rusos habían declarado el período de peligro de guerra el 26, los alemanes no lo hicieron hasta el 31, les llevaban cinco días de ventaja que en esas épocas eran preciosos, hoy es diferente. Junto a esto, la movilización parcial austríaca del 25 de julio contra Serbia de 8 ejércitos no suponía, para nada amenaza alguna para Rusia. Incluso el bombardeo de Belgrado fue una medida más propagandística que real desde el punto de vista estratégico. Igualmente, el jefe del Alto estado mayor austríaco Conrad informó al ministo de exteriores Berchtold de que el ejército no entraría en Serbia hasta el 12 de agosto.
Turner sostiene que Sazonov desconocía estos tres factores claves, pero no así Yanushkevich y Sukhomlikov que disponían de valiosas informaciones al respecto.
Concluye Turner que la declaración de movilización general rusa del 29 de julio fue una locura irresponsable.

Donde dije digo, ...

La noche del 29 de julio, el general Dobrorolsky se encontraba en la oficina central de telégrafos de S. Petersburg presto a enviar las órdenes de movilización general a los respectivos distritos militares y mandos cuando recibió una llamada urgente de Yanushkevich. Marcha atrás.
El Zar ordenaba solamente la movilización parcial. No la general. Parece ser que el cambio de Nicolai II se debió a un telegrama de Wilhelm II en el que le recomendaba prudencia y donde le advertía que en ningún caso sería responsable de lo que acarreasen los movimientos rusos.
Los hechos, sin embargo, habían ido demasiado lejos. Moltke no se iba a quedar con los brazos cruzados. Sabía perfectamente lo que significaban días, incluso horas de ventaja en una movilización parcial y general. Y la suya sería una partida a dos bandas, aún con más razón. Insistió a Bethmann Hollweg para que declarase el 'peligro de guerra' esa noche, la del 29 al 30 de julio, pero nada. Bethmann sabía lo de las maniobras navales británicas en el Mar del norte y se veía la situación: en caso de guerra, el Reino Unido no sería neutral.
Bethmann Hollwegg volvió a insistir a los austríacos para que encontrasen una vía diplomática al asunto. Nada.
Moltke por su parte había contactado con Conrad, jefe supremo del Alto mando austro-húngaro para que declarase la movilización general. Los intentos diplomáticos de Bethmann Hollweg resultaron estériles.
En S. Petersburg las cosas no fueron mejor. Finalmente el pusilánime e inoperante Zar cedió ante las presiones de Sazonov, Sukhomlikov y Yanushkevich. La movilización general tenía via libre.
El resto de la historia es de sobras conocida, desgraciadamente.

Conclusiones

Resultaría muy sencillo cargar las tintas contra determinados personajes o 'momentums', pero después de haber leído un poquito sobre el tema, prefiero quedarme con una reflexión realmente lúcida de Albertini que transcribo tal cual a continuación y que resume perfectamente lo explicado hasta ahora:

Extracto de Origini della guerra de 1914, vol. II, p. 479:

'Uno de los factores decisivos en la crisis de julio de 1914 fue la absoluta ausencia de cualquier comprensión o entendimiento de las cuestiones militares por parte de los responsables políticos y diplomáticos. Particularmente aquellos relacionados con cuestiones referentes a la movilización de ejércitos. No tenían ni idea de lo que era la movilización, de lo que significaba, del grado de implicación en un país, de las consecuencias que tenía y aún menos de los riesgos que significaba para la paz europea, y mundial.'

Amen.

Me gustaría añadir, tal y como comenta Turner en su artículo, que algunos de los historiadores que tan alegremente han cargado las tintas con Alemania y su culpabilidad exclusiva, tampoco sabían lo que significaba la movilización general de Rusia en 1914 y los 'trabajos' que costó ponerla en marcha.

Curioso apunte final o 'off topic'

Durante las 'pesquisas' apareció medio camuflado un dato muy significativo sobre el desencadenamiento del conflicto. Como prefería no pasarlo por alto, pero tampoco sabía donde ponerlo, lo dejo aquí como un pequeño apéndice. Se trata del conocimiento por parte del Alto mando ruso del atentado de Sarajevo de junio de 1914. Sobretodo de las relaciones existentes entre el coronel Dimitrievich, jefe del grupo 'la Mano negra' y jefe -a su vez- del servicio de inteligencia militar serbio, y el agregado militar ruso en Belgrado, el coronel Artamonov.
Albertini cuenta que aunque es cuestionable que Artamonov diese un cheque en blanco [garantías de apoyo ruso] a Serbia en caso de un ataque austríaco, es del todo probable que el propio Artamonov estuviese al corriente del complot para asesinar al Archiduque, sino por Dimitrievich, por algún otro informante. Es evidente que no hizo nada para evitarlo.

Fuentes

- Albertini, Luigi. Origini della guerra de 1914. Milano: Bocca, 1942.
- Geiss, I. 'The outbreak of the First world war and german war aims'. En Journal of contemporary history, 1964, pp. 415-426
- Turner, L.C.F. 'The russian mobilization in 1914'. En Journal of contemporary history, 1968, Jan, pp. 65-88.
- Wegerer, Alfred. 'The russian mobilization in 1914'. En Political science quaterly, 1928, pp. 201-228.

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