12 ene. 2008

Alistair Horne. The Price of glory

Horne, Alistair. The Price of glory. London : Penguin, 1964.

Las críticas - anglosajonas - lo han considerado como el "mejor" - de los libros sobre la batalla de Verdun. No creo que la historiografía francesa, celosa de su patrimonio histórico, lo considere como la obra entre obras sobre la batalla de Verdun, pero no le otorga un lugar secundario. Hasta el momento - me faltan pocas páginas - me parece una muy buena síntesis sobre la batalla de Verdun en conjunto. Eso no quita que caiga en algunos tópicos, pero es absolutamente comprensible dada su procedencia insular. En nuestras latitudes idiomáticas - cortas sobre la IGM - existe una obra de Horne que es una adaptación breve de su obra madre. Se titula 1914-1916: del Marne a Verdún editada por Nauta. Se trata de un pequeño aunque logrado resumen de lo sucedido en 1916, incluido el Somme. The Price of glory cubre la batalla de Verdun desde varios prismas. En el militar es impecable, no ahonda hasta el aburrimiento en divisiones, compañías, etc. pero informa de los hechos más notorios e increíbles compaginándolos con testigos y narraciones personales. Ilustra en capítulos específicos los principales personajes.

Salvo en el caso de Pétain - que para mi es impecable, ver:
- http://lagranguerra1914-1918.blogspot.com/2007/12/ptain-segn-alistair-horne-1.html
- http://lagranguerra1914-1918.blogspot.com/2008/01/ptain-segn-alistair-horne-2.html
- en algunos personajes, como en el del Kronprinz, abusa de ciertas mitologías. Al Kronprinz le otorga una personalidad maligna (ay !!!, pequeña patinada...). Entre los alemanes salva por su vislumbración al príncipe Rupprecht, lincha sin cesar al presuntuoso Nivelle y salva al carnicero Mangin, al que le dedica no un capítulo pero sin un respetuoso lugar entre sus páginas con algunas florecillas dignas de su espíritu guerrero. Horne reparte a todo el mundo, pero reserva siempre - y es de agradecer, tratándose de un historiador británico - un meritorio papel a la valentía y coraje franceses -.

El libro merece más apreciaciones, con el paso de los días habrá más...

Como perlilla, el caso de los oficiales Herduin y Millaud merecen un post. Con el tiempo.

Diploma de la medalla para los Voluntaris catalans a la Primera Guerra Mundial

Diploma otorgado con la medalla para los Voluntaris catalans que participaron en la Primera Guerra Mundial


10 ene. 2008

Général Charles Mangin (1866-1925)


Général Charles Mangin (1866-1925)

8 ene. 2008

Batalla de Verdún

Verdun

Este artículo está concebido como una síntesis recopilatoria de lo que fue la Batalla de Verdun. El responsable de este portal ha decidido, debido a la magnitud del tema, crear un portal específico sobre la Batalla de Verdún. A partir del diez de enero de 2008 la mayoría de artículos relacionados con Verdún se podrán consultar en:

La batalla de Verdún fue la más larga y mortífera de la Gran Guerra, diez meses, de 21 de febrero a 19 de diciembre de 1916. El coste en vidas fue terrible con un total aproximado de unas 700.oo0 bajas (380.000 francesas y 340.000 alemanas), de las cuales más de medio millón murieron (160.000 franceses y 100.000 alemanes). Los combates se desarrollaron en un área geográficamente reducida, unos 100 km2. El sector de Verdún – dividido por el río Mosa – presentaba dos orografías bien diversas aunque su práctica totalidad estaba circundada por un cinturón de pequeñas colinas y crestas. La batalla de Verdún fue la mayor ofensiva que lanzaron los alemanes en el frente occidental en los años 1915-1917. A consecuencia de la ferocidad y crueldad de la lucha, difícilmente justificable, el coste humano y material fue tal que los efectos que produjo en ambos ejércitos afectaron muy seriamente a su capacidad combativa durante el resto de la guerra.

Verdún antes de febrero de 1916
Para Francia, Verdún era y es un símbolo, un enclave con una gran carga psicológica y espiritual. Verdún había caído en manos alemanes después de la derrota francesa en la guerra francoprusiana de 1870. A raíz de ello, Francia tuvo que pagar una enorme cantidad como reparaciones de guerra para recuperarla tres años después, en 1873. A consecuencia de la derrota, y para prevenir futuras invasiones se ideó y construyó un enorme sistema de fortificaciones en el sector de Verdún. A inicios de 1916, el área fortificada de Verdún formaba un saliente – el llamado saliente de Verdún – en la zona alemana dentro de la Francia ocupada. El ejército francés tenía destinados unos 200.000 soldados en Verdún. Dentro del saliente, había diecinueve fuertes en forma de "punta de flecha", 10 fuertes pequeños y el recinto amurallado de la ciudad de Verdún. Desgraciadamente en 1915, gran parte de las piezas artilleras de los fuertes fue desmantelada y desperdigada a lo largo del frente occidental. Las guarniciones de los fuertes estaban compuestas por batallones mayoritariamente de territoriales veteranos y tropas de segunda línea. A finales de 1915, el Alto mando francés describió el sector de Verdún como de "zona tranquila" a pesar de los informes de la inteligencia civil y militar que advertían de un masivo ataque alemán en la zona, y que los medios humanos y de material eran insuficientes para repeler un ataque a gran escala. Estratégicamente, el saliente de Verdún estaba a merced de la artillería alemana desde tres flancos.

La decisión alemana
Para el jefe del Estado mayor alemán, el mariscal de campo von Falkenhayn, la batalla de Verdún fue concebida como la oportunidad para inflingir enormes bajas al ejército francés, una sangría en términos estratégicos. Una lectura atenta de su relación epistolar con el Kaiser Wilhelm II y sus Memorias revelan que una operación a gran escala sobre la simbólica Verdún llevaría al colapso al ejército francés, lo que, a su vez, comprometería seriamente a sus aliados británicos y rusos. Falkenhayn creía que de esta manera "Inglaterra sería privada de su mejor arma". Las conjeturas del Alto mando alemán concluían que la crisis militar aliada conduciría a una petición unilateral para entablar conversaciones de paz, con condiciones obviamente favorables a la Triple alianza. La conquista de Verdún no era un objetivo en si, aunque muchos comandantes así lo creyesen. Entre los mandos que así lo creían estaba el príncipe heredero de Prusia, que había planeado el asalto a Verdún sobre los dos márgenes del Mosa que rodeaban Verdún. El plan fue vetado por Falkenhayn, quién cauteloso por naturaleza y temiendo enormes pérdidas ordenó atacar, primeramente, en la orilla derecha del Mosa. Los designios de Falkenhayn se cumplieron – inicialmente - y la ofensiva concebida como una máquina trituradora funcionó.
La otra opción estratégica para la Triple alianza era atacar en el frente oriental, tanto en Moscú como en la vasta región de Ucrania. Pero Falkenhayn se decidió por Verdun, a pesar de la oposición de Hindenburg y Luddendorf que abogan por rematar y aniquilar al extenuado ejército ruso y librar así a Alemania de un frente para poder destinar todos los efectivos del este hacia el frente occidental. A la vista del enorme botín que hubiesen supuesto los enormes recursos de Ucrania para la ya estrangulada economía alemana, la opción ofensiva sobre Verdún a largo plazo fue un error. Pero fue Verdún, y la ofensiva se bautizó con el nombre de Operation Gericht, Operación Justicia.
Una vez decidida la ofensiva, los preparativos para el ataque se realizaron con gran sigilo, meticulosidad y secreto. El principal y primordial objetivo era la total destrucción y aniquilación de las guarniciones francesas acantonadas en los fuertes, y sobretodo el gran número de contingentes de refuerzo que serían desplazados hacia el sector de Verdún. La misión se llevaría a cabo mediante el más brutal y terrible ataque artillero previsto hasta el momento. Gracias a la construcción de una impresionante red ferroviaria hasta el sector del ataque, los alemanes fueron capaces de movilizar siete cuerpos de ejércitos y más de mil doscientas piezas de artillería, que dispusieron a lo largo de un frente de unos 20 kilómetros de longitud, contaban además con una reserva de dos millones y medio de proyectiles. La gran mayoría de los cañones, obuses y morteros eran de gran calibre, algunos incluso de más de una tonelada de peso. En cuanto a la infantería, encabezadas por el experimentado Vº ejército del príncipe heredero Wilhem de Prusia, para protegerla de las cortinas y barreras de fuego francesas de contraataque, el Alto mando alemán había ordenado la construcción en hormigón de formidables refugios (Stollen). Otra de las iniciativas alemanas de gran valor estratégico fue concentrar un gran número de aviones de combate en la zona de Verdún. La misión de la fuerza aérea sería cubrir el avance de la infantería mediante la destrucción de balones y aviones de reconocimiento, así como de la exploración del terreno, para ubicar trincheras o piezas de artillería. La fuerza aérea alemana bombardeó también importantes nudos e infraestructuras ferroviarias, vitales para el transporte de tropas y el avituallamiento militar.

Día D, hora HDespués de más de una semana de retraso por las pésimas condiciones meteorológicas – el Día D se había planeado para el día 12 - el ataque artillero comenzó a las siete y cuarto de la mañana del día 21 de febrero y se alargó durante más de 21 horas ininterrumpidas. Una auténtica lluvia de proyectiles de gran calibre y gases tóxicos se cernió sobre el sector de Verdún. La intención era eliminar la mayoría de defensores franceses para que el ataque y avance de la infantería encontrase la mínima resistencia posible. Fue aterrador, no se había visto un ataque artillero de semejante magnitud hasta ese momento. Para comprobar el resultado del bombardeo se enviaron avanzadillas de exploradores alemanes y sorprendentemente encontraron que más de la mitad de la infantería francesa permanecía en sus diezmadas y destruidas posiciones. No obstante, sobre las cuatro de la tarde, la cortina artillera alemana continuó avanzando, y permitió el avance de las tropas de choque del Vº ejército comandado por el Príncipe heredero Wilhelm sobre un frente de unos doce kilómetros.
El avance alemán fue ininterrumpido y la tradicional respuesta del “attaque à outrance” del ejército francés fue machacada repetidamente por la artillería alemana. Las bajas francesas fueron enormes: algunos batallones franceses fueron literalmente eliminados. No obstante, el avance alemán no fue demoledor en todos los sectores. En el Bois des Caures – en la zona central del frente de Verdún - dos batallones de cazadores comandados por el teniente coronel Driant lograron ralentizar la apisonadora germana. La muerte heroica en combate de Driant lo encumbró como uno de los héroes franceses de la Primera Guerra Mundial.

La apisonadora y la caída de Fort Douaumont
Las tropas alemanas avanzaban rápidamente, la situación en las líneas francesas era caótica y al borde del colapso. Al tercer día de ataque, el 24 de febrero, los alemanes se habían adentrado 3 kilómetros en las líneas francesas y el 25 de febrero de 1916, en un golpe de fortuna, se produjo la sorprendente captura de Fort Douaumont por miembros del renombrado 24º regimiento de Brandenburg en un asombroso golpe de mano.
La pérdida de Fort Douaumont fue un tremendo golpe psicológico para la moral francesa. Con Douaumont en manos enemigas, el camino hacia Verdún quedaba libre de obstáculos y la posibilidad real de que todo el saliente de Verdún cayese. La posibilidad de una retirada del saliente se convirtió en una cuestión nacional surgiendo un gran debate político al respecto, tanto en el estamento militar como en el gobierno. Se sabe que algunos miembros del Grand Quartier Géneral de l’Armée consideraron la posibilidad de evacuar y retirar las tropas del sector derecho del Mosa. No obstante, haber reconocido esta opción hubiese acarreado ser acusado de derrotismo, e incluso de traición.

PétainEl 24 de febrero de 1916 se dio el mando del sector de Verdún a Henri Philippe Pétain. Consciente de la crítica situación, sus primeras actuaciones fueron dirigidas a expedir órdenes prohibiendo terminantemente cualquier tipo de retirada y el cese total de los contraataques. Su siguiente y primordial misión se dirigió a organizar eficazmente las líneas de defensa y sobretodo al competente uso de la artillería como clave para la estrategia defensiva del sector. De esta forma, las bajas en el ejército alemán comenzaron a aumentar de forma muy considerable. Falkenhayn y el Alto mando alemán comenzaron a comprobar que el plan y la trituradora para aniquilar el ejército francés se estaban tornando en su contra.
Pétain apuntaló otro aspecto vital para una batalla de estas características: la logística. Con la ayuda de 13 batallones y su minuciosa planificación, aseguró y acondicionó una minúscula carretera a Bar-le-Duc que resultó ser vital para el aprovisionamiento, tanto de tropas como de suministros para el sector de Verdún. Con el tiempo se la conocería como la Voie Sacrée, la vía sacra. El escritor Maurice Barrès la bautizó así en referencia a la Via sacra romana por sus connotaciones victoriosas y triunfales. Por la Voie sacrée circulaban enormes cantidades de provisiones, armamento y tropas sin cesar. Se contabilizó que cada día circulaban más de 1.700 camiones, uno cada 14 segundos. Fue la ruta a través de la cual los heridos eran evacuados y las tropas de refresco movilizadas rotativamente a insistencia de Pétain, su famosa Noria. Gracias a este innovador sistema se calcula que aproximadamente tres cuartas partes de l’Armée – uno 260 regimientos de 330 - sirvió en Verdun de febrero a diciembre de 1916. Esta rotación contínua permitió disponer al ejército francés de tropas frescas y descansadas en un escenario bélico de espantosa crueldad. En contrapartida con este dato, la mayoría de unidades y regimientos alemanes no fueron jamás relevados durante todo el tiempo de la ofensiva, con el resultado que eso conllevó para la moral y energía de las tropas.
A pesar de la caída de Fort Douaumont en manos alemanas, el avance alemán fue frenado en ese sector. El 6 de marzo el Alto mando alemán decidió reorientar el ataque hacia el margen izquierdo del Mosa, el sector de Le Mort homme. En este punto, difiririeron las opiniones de los mandos alemanes, ya que en los planes iniciales del príncipe heredero de Prusia ya figuraba un ataque al unísono por ambos márgenes del Mosa. No obstante, Falkenhayn con su excesiva y habitual prudencia frenó un ataque a gran escala. También el príncipe heredero de Baviera, Rupprecht consideró que el no haber atacado el sector de Verdún sobre los dos márgenes restó fuerzas al ataque sobre Verdún. En el margen izquierdo y después de algunos éxitos, el Alto mando alemán decidió reajustar el avance de las tropas en ambos márgenes del Mosa. Las enormes bajas francesas y alemanas comenzaron a equilibrarse y a igualarse en número.
Las condiciones de las tropas de ambos ejércitos eran infrahumanas. Los soldados se limitaban a sobrevivir en los miles de cráteres repletos de agua y barro en que se habían convertido las trincheras. La contínua lluvia de proyectiles y metralla, el nauseabundo hedor de la putrefacción de los cadáveres junto con la extrema escasez de provisiones y alimentos convirtieron a Verdún en un verdadero infierno en la tierra.
En cambio, en el aire, los ases de la aviación trasladaron, de forma caballeresca, su enemistad a los combates aéreos. A inicios de 1916 la superioridad alemana en tecnología y aviones era notoria, aunque con el paso de 1916 las diferencias fueron reduciéndose, hasta equilibrarse. En mayo de 1916, el ataque francés para recapturar Fort Douaumont se realizó con una ya clara superioridad aérea francesa.
A mediados de abril de 1916, miembros del Alto mando francés, impacientes por lo que consideraban precaución excesiva de Pétain, decidieron promoverlo y colocaron en su lugar al general Robert Nivelle. Nivelle era un militar ambicioso con importantes conexiones políticas y sociales, entre las cuales destacan sus excelentes relaciones con miembros del Alto mando británico. No obstante, el fracasado ataque francés a Fort Douaumont (22-24 de mayo), comandado por el general Mangin, desmoralizó aún más a la nación francesa.

Segundo ataque alemánEl 1 junio el ejército alemán lanzó otro impresionante ataque en el margen izquierdo del Mosa. Fort Vaux cayó el 7 de junio después de terribles combates. El desánimo cundió en las líneas francesas al saber que al día siguiente cayeron las últimas defensas de Le Mort Homme. El avance alemán generalizado oscurecía el destino de Verdún.
El 23 de junio los alemanes atacaron sobre el frente de Thiaumont, en el cual los franceses emplearon por primera vez el gas fosgeno. A pesar de la ferocidad del ataque y del grueso de las tropas empleadas, 13 regimientos, el Alto mando alemán comenzó a considerar la posibilidad de que la batalla de Verdun no se ganase. A todo ello, hay que añadir que la inteligencia alemana comenzó a enviar informes al Alto mando sobre la posibilidad de una importante ofensiva francobritánica sobre el Somme. Los franceses aprovecharon la preocupación alemana sobre la posible ofensiva sobre el Somme, y en sendas operaciones reconquistaron Fort Douaumont el 24 de octubre y Fort Vaux el 2 de noviembre de 1916. Los avances franceses continuaron y el dieciocho de diciembre las líneas del frente de Verdún eran las del inicio de la ofensiva en febrero de 1916.

EpílogoEn la batalla de Verdún de 1916, nueve pueblos fueron literamente eliminados de la faz de la tierra y fue tal la devastación y contaminación de los bosques y zonas de cultivos, que la zona fue declarada irrecuperable. Después de más de 90 años, muchas de las tierras permanecen incultivables y valdías, la mayoría se han convertido en terrenos boscosos. En lo humano, los restos de unos 130.000 soldados de los dos ejércitos clasificados como desaparecidos están juntos en el Osario especialmente construido en la cresta de Douaumont, en el lugar donde estaba Fort Douaumont.

6 ene. 2008

Pétain según Alistair Horne (2)



Las purgas de Joffre entre la alta oficialidad en los primeros compases de la guerra permitieron rápidos ascensos, entre ellos el de Pétain. Sus ideas y acciones defensivas, la mortífera puntería artillera en su retirada desde la frontera belga y luego su actuación en la batalla del Marne lo encumbraron al generalato. A finales de agosto de 1914 fue ascendido a general de brigada, y su promoción a general de división y después a comandante en jefe de ejército fue fulgurante.
En la ofensiva en el Artois en mayo de 1915, el ataque del cuerpo de Pétain en Vimy ridge se preparó tan magistralmente que pareció como si el frente alemán fuese a colapsar. En cambio, en otoño, Pétain tuvo uno de sus pocos errores en la guerra: el bombardeo previo a la ofensiva fue tan intenso que descubrió el efecto sorpresa del ataque. Pero al menos, a diferencia de la mayoría de los comandantes franceses, incluso su superior De Castelanau, Pétain sabía cuando suspender una operación, sobretodo si el éxito dependía del sacrificio inútil de vidas.
Pétain, en todo momento, aprendía de la experiencia de la guerra. Loable, si se tiene en cuenta su edad. Spears, opina de Pétain que "siempre estaba un pase por delante en cuanto a teoría, práctica y conocimientos de la época". En una época en que la infantería y la artillería se vanagloriaban de su ignorancia, Pétain el St. Cyriano, aprendió más del arte artillero que la mayoría de artilleros. Se dice, incluso, que durante la ofensiva en el Artois, Pétain situó personalmente cada pieza artillera.
Curiosamente, incluso Haig tuvo buenas impresiones sobre Pétain: "trabajador, experimentado y parco en palabras; todas ellas raras cualidades en un francés".
A finales de 1915, jefe - ya - de cuerpo de ejército ampliamente respetado por el Alto mando frances, aunque desconocido para la opinión pública francesa, Pétain había ampliado y corroborado sus teorías y axiomas artilleros en cuanto a ciencia militar: en movimientos ofensivos, la potencia de fuego es la que permite avanzar, y en defensa la que permite frenar un ataque." "La artillería conquista, la infantería ocupa", concluyó Pétain.
Para justificar la suspensión de su ofensiva en el Artois en 1915, Pétain, cínicamente atacó a uno de los dogmas militares franceses: "Siempre es duro y perjudicial ceder terreno al enemigo, pero es peor ofrecer la oportunidad al enemigo de capturar a tres o cuatro batallones".
Después de la fallidas ofensivas de otoño, Pétain escribió un informe en el que de forma taimada criticaba la obstinación de Joffre por la rotura del frente. A pesar de los insuficientes recursos artilleros de los Aliados, declaraba, es imposible "cargar con el mismo espíritu contra las sucesivas posiciones del enemigo... uno, de hecho, no busca la rotura. En el primer momento, busca inflingir el máximo de bajas posibles en el enemigo lo que no permite atacar en profundidad, en determinados puntos, con superioridad".
Pétain también era "discípulo" del martilleo contínuo o de la destrucción artillera, pero en un sentido absolutamente diferente al de Joffre o al de Haig. Éstos creían que los alemanes sólo podían ser batidos o vencidos a través de la pérdida de hombre a hombre, teniendo sólo en cuenta el números de efectivos aliados, es decir la carne de cañón.
"No se debe emplear a los hombres para luchar contra el material", era una de las máximas de Pétain. La destrucción la de llevar a cabo la artillería, no la infantería.
Puede ser comparado con Montgomery, por el hecho que juzgaba que el último esfuerzo sólo podía llevarse a cabo si había una posibilidad de éxito, hasta que el ataque tuviese una superioridad de tres a uno.
Otra de sus máximas conocidas era: "Audacia es el arte de saber cuando no ser demasiado audaz".
Éstas son argumentos que se utilizaron para describir la reputación de Pétain como un general que era extremadamente cauto, pesimista y finalmente derrotista.

Continua en: Pétain según Alistair Horne (3)


Médaille de Verdun, attribution


Documento que informa sobre los orígenes, condiciones de atribución y aspecto de las medallas que la Comune de Verdun otorgó.

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Senderos de gloria (1957)


Momento culminante en las ofensivas de los frente occidental y oriental en la Primera Guerra Mundial, saltar la trinchera se convertía en el instante, por antonomasia, más duro y comprometido en las operaciones de ataque de los diferentes ejércitos en lucha. Esta breve secuencia de la película muestra como se llevaban a cabo con total fidelidad. La plasticidad y el realismo de la escena en la que el coronel Dax sube la escalera para luego animar a las tropas a hacer lo propio y salir a la intemperie donde las balas silban y los obuses estallan tiene un tono épico y del todo real. Seguidamente la cámara se eleva para ofrecer un picado del avance francés sobre la Colina de las hormigas. El horrible escenario del avance a través de la tierra de nadie (cráteres, alambradas, fango, cadáveres, etc.) es captado con total realismo por la cámara de Kubrick. La crudeza, el coraje del ser humano, el sinsentido del avance a través de una cortina de balas y metralla es ilustrado perfectamente por el realizador norteamericano. El blanco y negro de la filmación le otorga a la narración de la secuencia un aspecto más crudo, más cercano a la realidad, o eso al menos es la intención del director - que efectivamente consiguió.

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