11/9/2014

El Somme desmitificado: la batalla por Thiepval, 26-30 de septiembre 1916 (I)

 
Los inesperados éxitos británicos frente a Montauban y Mametz y el enérgico avance francés por el flanco derecho el 1 de julio de 1916 cambiaron la estrategia a seguir en el Somme. Los desastres al norte (Beaumont-Hamel, Serre) y en el centro del ataque (Ovillers, La Boiselle) convirtieron el sector de Thiepval en el punto sobre el que pivotaría el resto de la ofensiva. Los peores pronósticos se cumplieron y el Big Push se convirtió en una guerra de desgaste sin cuartel que los políticos habían querido evitar a toda costa. Durante los meses y semanas que siguieron los nombres de Trônes, Bazentin, Fricourt o Delville entraron a fuego en la historia militar de la Gran Guerra. En el sector al sureste de Thiepval, los avances británicos, australiano y canadiense se iba sucediendo con cuenta gotas a un ritmo de bajas casi inasumible. Fricourt, Ovillers o La Boiselle -que habían resistido enconadamente los ataques del 1 de julio- fueron cayendo. Pozières pasaba a ser un objetivo de máxima prioridad: era imprescindible para asegurar el flanco izquierdo más allá de la cresta de Thiepval, al este. La conquista y consolidación de Pozières (23 de julio - 7 agosto) supusieron el bautismo y el primer sacrificio australiano en Europa. No obstante, y a pesar de la caída de Pòzieres, Thiepval -firmemente defendida- seguía siendo el mayor obstáculo para cualquier avance en el sector del Somme. 
Desde Thiepval se controlaba la parte septentrional de la cresta del mismo nombre, así como el terreno al norte del Ancre (y su valle) que iba desde Beaucourt, pasaba por Beaumont-Hamel y Serre llegando hasta Gommecourt. A banda de su situación estratégica, los alemanes decidieron reforzar la posición durante los meses de julio y agosto al percartarse de su extrema importancia como eje en el ataque británico. La inactividad británica permitió en parte que los alemanes fortificasen eficazmente sus posiciones con total tranquilidad. La línea de frente (Joseph trench) junto a otras cuatro líneas de defensa (Schwaben, Zollern, Hessian y Stuff trench) fueron renovadas, reforzadas y conectadas con otros puestos fortificados como la granja Mouquet o los reductos Schwaben y Zollern. Junto al dédalo de trincheras, los restos de Thiepval se encastillaron de tal forma que los mandos británicos tuvieron que modificar sus tácticas de guerra. Los combates en el Somme, como había sucedido en Verdun, cambiaron tanto el despliegue defensivo como las maniobras de ataque. El devastador bombardeo de las posiciones alemanas y el brutal coste en bajas provocó que el mando alemán optase por una defensa abierta, con pequeñas unidades distribuidas a través del terreno y con parapetos como cráteres, bodegas o ruinas. Durante el bombardeo y el ataque británico abandonaban los parapetos y refugios dispersándose a campo abierto tras las defensas que les proporcionaban los cráteres y otros montículos de cascotes o ruinas. La defensa alemana ganó, sin duda, en elasticidad y eficiencia. Evitó la destrucción en masa de unidades parapetadas en trincheras semiderruidas e indefendibles y, sobre todo, confundió a los mandos británicos sobre el poder de sus bombardeos y el porqué de la increible resistencia alemana. El mando alemán logró que posiciones enteras resistiesen durante semanas con puñados de soldados dispersos de cráter en cráter al mando de una o dos ametralladoras y una bolsa de granadas. Pozières, High y Delville Wood o Guillemont fueron anticipando el nuevo despliegue táctico, pero los combates por Thiepval y su sector fueron la consumación, el súmmum. Thiepval se convertió por méritos propios en el paradigma de la adaptación al terreno, de la elasticidad defensiva y de la improvisación en tácticas de ataque. 

Previa 
El 3 de setiembre dos divisiones del IIº Cuerpo (39ª y 49ª) atacaron al norte de Thiepval. La 49ª llevó el grueso de la operación. Tras un breve bombardeo atacó frontalmente el reducto Schwaben. No hubo sorpresa. 1.800 bajas y ni un solo metro de terreno ganado. Gough y Jacob (comandante en jefe del IIº Cuerpo) culparon a las tropas de falta de compromiso y coraje. Curiosas apreciaciones si se tiene en cuenta que los batallones implicados perdieron entre un tercio y la mitad de sus efectivos atacando uno de los puntos mejor fortificados del Frente occidental. Haig, tras los combates de Flers-Courcelette el 15 de septiembre, insistió a Gough en que debía aprovecharse el momentum y que era indispensable tomar el resto de la cresta de Thiepval fuese como fuese. Las tropas de Gough se unirían el 25 de septiembre a una operación conjunta con Rawlinson a su derecha y los franceses más al sur. El desgaste de sus divisiones le obligaron a plantearse un breve paréntesis pero las escaramuzas (y las bajas) se siguieron a lo largo de esas dos semanas en los alrededores de la granja Mouquet (Mouquet Farm). Por cuestiones que aún no están muy claras - quizá por la participación de los tanques - la batalla por Thiepval se planeó para un día después de lo programado, el 26 de septiembre pasando 35 minutos del mediodía. 

Planes 
Para el ataque sobre Thiepval y su cresta, Gough destinó cuatro divisiones dispuestas a lo largo de un frente de unos 5,5 kilómetros, que iban desde Thiepval y la granja Mouquet hasta las afueras de Courcelette en el sector canadiense. En el flanco derecho, la 1ª y 2ª canadienses (Byng) atacarían al norte y al este de Courcelette intentando capturar la trinchera Regina (Stuff para los ingleses y Staufen para los alemanes) situada un poco más allá de la cresta. Para ello tenían que sobrepasar y ocupar las trincheras Hessian, Zollern y Kenora, cerrando el frente a la derecha. En el flanco izquierdo de los canadienses, la 11ª División británica -en su primera ofensiva después de Gallipoli- tenía como misión conquistar la granja Mouquet y los reductos Zollern y Stuff, para luego avanzar hasta la trinchera Stuff, continuación de la trinchera Regina en ese sector. En el flanco izquierdo del ataque, los objetivos más difíciles se dejaron a las tropas de la 18ª División de Maxse, quiénes habían demostrado una gran preparación y arrojo el 1 de julio. 
Tras su 'descanso' en Flandes, Gough asignó a los hombres de Maxse la conquista de Thiepval y el reducto Schwaben, que tantas bajas había causado a las divisiones 36ª y 32ª el 1 de julio y el 3 de septiembre a la 49ª. 
La operación presentaba enormes dificultades. El objetivo final (las trincheras Regina y Stuff) se encontraban en una vertiente opuesta a la línea de ataque y fuera del alcance de la artillería británica. Por si fuera poco, antes de llegar a ambas líneas se encontraban cinco de las fortificaciones más inexpugnables de todo el frente: la granja Mouquet, los reductos Zollern y Stuff, Thiepval y el reducto Schwaben. 
A nivel de superfície los restos de la granja Mouquet eran solo ruinas. En el subsuelo, sin embargo, estaba compuesta por un triple sistema de bodegas y refugios conectados a través de túneles. Las entradas a los sótanos estaban disimuladas entre las ruinas dificultando mucho el avance de la infantería. En la teoría, una cortina de artillería en progresión (la famosa creeping barrage) podía permitir el avance sin excesivas bajas hasta la posición, pero una vez que la protección de fuego desapareciese la infantería estaba a merced de cualquier ataque procedente de las bodegas sin que la artillería pudiese evitarlo. La principal misión de la infantería británica era buscar las entradas al sistema de túneles, cegarlas y liquidar cualquier foco de resistencia. La principal amenaza alemana era el fuego de ametralladora escondido entre las ruinas y los cráteres junto a los granaderos que permanecían ocultos. 
Reducir o neutralizar los reductos era aún más difícil. A diferencia de Mouquet farm, éstos se encontraban a gran distancia de las líneas británicas. La gran distancia entre las líneas obligaba a que la 'cortina de fuego' fuese perfecta, tanto en su precisión como en el ritmo que debía seguir el avance de las diferentes oleadas de la infantería (cien metros cada tres minutos). Cualquier retraso provocaría que la infantería perdiese su 'protección' y que fuese alcanzada por las ametralladoras alemanas situadas en los reductos. Por si fuera poco, los reductos también contaban con posiciones fortificadas internas, que albergaban a compañías enteras prestas para cualquier contraataque dentro de la posición. Como en el caso de la granja Mouquet, una vez la infantería se introducía en un espacio tan reducido la artillería amiga no podía ayudarles y los combates se tornaban en un verdadero cuerpo a cuerpo. 
Thiepval también entrañaba sus propias dificultades. En su superfície apenas permanecía piedra sobre piedra pero bajo la posición del castillo existían cerca de 150 bodegas o sótanos, que podían alojar compañías de ametralladoras y granaderos. Como en Mouquet, la cortina de fuego podía facilitar el arribo de unidades pero una vez allí los alemanes podían emergir a la superfície y rechazar cualquier ataque con un potente fuego de ametralladora o con una lluvia de granadas. 

Preparación artillera 
A nivel de artillería los mandos optaron por hacer un cálculo a grosso modo y destinaron unas seiscientas piezas de artillería de campaña y unos 280 obuses de diferentes calibre para un ataque en un frente de casi seis kilómetros. En potencia de fuego, la cobertura artillera para la ofensiva contaría con el doble de munición por trinchera que el 1º de julio, pero en cambio representaría la mitad de lo lanzado en la ofensiva del 14 de julio aunque se trataba del mayor bombardeo llevado a cabo por los artilleros del ejército de Reserva. 
Las baterías del ejército de Reserva (Vº Cuerpo) situadas al oeste del rio Ancre dispararían hacia Thiepval desde el oeste y cogerían al enemigo de enfilada permitiendo un ataque por tres flancos. De los casi 100.000 proyectiles que se iban a lanzar, un 40% pertenecían a piezas de gran calibre. Igualmente, des del mismo sector se llevaría a cabo un contrafuego de ametralladora que barrería la retaguardia alemana para evitar cualquier medida de apoyo. El mando británico también ordenó bombardear con gas las posiciones alemanas de Thiepval para evitar que los alemanes permaneciesen en ellas hasta el momento del ataque. El bombardeo previo comenzó el 23 de septiembre. El mal tiempo de ese día impidió, sin embargo, que los vuelos de observación comprobasen los efectos en las posiciones alemanas. Las nieblas del otoño en el Somme no daban mucha tregua aunque los días siguientes los informes confirmaron un nivel de destrucción óptimo en todo el sector de Thiepval. 

Over the top
Sector canadiense (Courcelette)

 

El ataque comenzó a las 12.35 del mediodía del 26 de septiembre. 
En el flanco más oriental del ataque, la 2ª y 1ª canadiense atacaron con sus 6ª y 3ª brigadas respectivamente. El 5º y 8º batallón de la 6ª brigada atacaron por la derecha, el 14º de los Royal Montreal y el 15º de los Highlanders (48º) por la izquierda. Objectivos: sobrepasar la trinchera Zollern, luego la Hessian y prolongar el avance hasta la Regina. No lo tuvieron fácil. Los informes previos hablaban de una primera línea desocupada, pero la noche previa ataque los alemanes volvieron a ocuparla en el sector frente a los Highlanders. El avance canadiense por su izquierda (5º y 8º batallón) fue bastante limpio y sin excesivas bajas, aunque el fuego en enfilada procedente del oeste (frente la 11ª división) les advirtió que los británicos no había logrado sobrepasar el reducto Zollern. Neutralizada la trinchera Zollern y con un centenar de prisioneros, los hombres de la 6º brigada prosiguieron hacia la trinchera Hessian donde se encontraron con que 5º batallón a su derecha ya había ocupado su parte de la Hessian. A las dos de la tarde los informes que recibió el mando procedentes del 8º hablaban de que era imprescindible que los británicos neutralizasen el reducto Zollern ya que el fuego procedente de allí los estaba diezmando. 
La distancia entre líneas no era muy amplia, pero los alemanes resistieron duramente hasta media tarde. Informado el mando de la toma de la Zollern/Fabeck se hicieron los preparativos para asaltar la Regina. Volvió una certera cortina de fuego pero la resistencia fue durísima. Los canadienses tuvieron que improvisar una nueva línea entre la que habían abandonado y la Regina. Los Highlanders resistieron en la nueva línea de frente hasta el alba del 28 cuando el 27ª de la 2ª división los relevó. Las pérdidas habían sido muy duras para tanto poco terreno. La trinchera Regina no caería hasta octubre durante la llamada batalla por los altos del Ancre (Ancre Heights). 

Continúa en:  El Somme desmitificado: la batalla por Thiepval, 26-30 de septiembre 1916 (II)

2/5/2014

Byng & Currie, o el triunfo de la táctica: Vimy Ridge, 1917


Mucho se ha escrito sobre las lecciones que proporcionó la 1a batalla del Somme (julio-noviembre 1916) en cuanto a táctica militar y lo mucho que sirvieron para conseguir la victoria final. La historiografía británica de entreguerras se encargó de elevar dichas enseñanzas a la categoría de mito a través de la teoría del aprendizaje progresivo. 'The learning curve', como así se bautizó el nuevo paradigma, explicaba la  adopción de una serie de procedimientos y operaciones militares que permitieron la derrota de las potencias centrales en otoño de 1918. Discutir sobre la credibilidad de esa teoría o enzarzarse a defender las líneas revisionistas no es objeto de este humilde trabajo. Desearía matizar, sin embargo, la afirmación de que existe una línea ascendente de mejoría -sin solución de continuidad- desde la 1a batalla del Somme hasta la 2a segunda en agosto del 1918. No considero esta tesis del todo exacta.
Las victorias en Vimy Ridge, Cambrai, o la ofensiva final de los Cien Días son coetáneas de episodios más bien desastrosos como Passchendaele (3a batalla de Ypres), Bullecourt (1917) o las ofensivas alemanas de 1918 (Kaiserschlacht). La coexistencia entre victorias y desastres no anula el hecho de que la experiencia bélica fuese modificando los usos y las prácticas en la táctica militar. Bien al contrario. Simplemente demuestra que la ciencia militar no es un ámbito de estudio infalible y que en el transcurso de una guerra, el valor y el orden de los factores sí que alteran el producto, como es el caso del humano.
Podría trabajarse en ucronías del tipo 'que hubiese pasado si en Jutlandia al frente de la Grand Fleet se hubiese encontrado Beatty y no Jellicoe' o 'si en septiembre de 1914 Ludendorff hubiese estado en la silla de Moltke' pero sería imposible determinar el resultado. Sin embargo, y a pesar de la futilidad, el establecimiento del factor humano como elemento central nos permite elucubrar conclusiones relacionadas con las características más determinantes de los jefes militares que estaban al mando de sus ejércitos.
Hoy en día, y dejando de banda la visión más historicista, es impensable imaginarse la resistencia francesa en Verdun sin el temple y el carácter organizativo de Pétain. Como tampoco es posible imaginarse un desenlace tan victorioso en Tannenberg sin el dueto Hindenburg-Ludendorff (planes de Hoffmann a banda) o un descalabro tan desastroso en vidas y material como la ofensiva francesa en Chemin de Dames llevada a cabo por Nivelle. Se podría llegar a un sinfín de ejemplos como la impresionante campaña africana de Lettow-Vorbeck, la defensa numantina de Kemal Ataturk en Gallipoli o los paseos militares de Von Hutier en Riga o los de Von Dellmensingen en Caporetto. El hecho crucial en todos ellos, como decía, es el factor humano. Nadie puede disociar según que campañas o hazañas de estos nombres, y aún más difícil, de las singularidades de cada uno de estos militares y estrategas. Todos ellos, sin embargo, comparten un elemento común y es la adaptación de su doctrina militar a la evolución de la guerra moderna. Todos ellos, incluido Nivelle, usaron conceptos o ideas nuevas para el despliegue de su pensamiento estratégico o táctico. Bien fuese para la defensa (Pétain o Ataturk), para el hostigamiento (Lettow-Vorbeck) o para la ofensiva (Nivelle, Von Dellmensingen o Von Hutier) todos estudiaron con detenimiento su misión, el contexto y la situación en la que se encontraban, los medios con los que contaban y los resultados que querían obtener.
La historia militar de la Gran Guerra, y especialmente después del Somme, fue protagonista en la alternancia entre militares brillantes y jefes mediocres o caducos. La distinción entre ellos no fue la edad, como siempre se suele reseñar, sino la adaptación o no al nuevo escenario de guerra dominado por la tecnología con nuevos armamentos y recursos técnicos. La Gran Guerra, y su especificidad, fueron el escenario propicio para un cambio de mentalidad táctico,  aún anclado en conceptos de raigambre napoleónica. Las batallas u ofensivas de 1914, 1915 y 1916 en el bando aliado ofrecieron duras lecciones que solo algunos aprendieron, otros desdeñaron y los más se empeñaron en repetir. Ataque en formación cerrada, fila tras fila; disposición de tropas de reserva a kilómetros del frente; ausencia de sorpresa; nulo trabajo de contrabatería artillera; mala praxis o ausencia de las cortinas de fuego o 'creeping barrage'; etc., etc., etc.. Todos estas pésimas decisiones se volvieron a reiterar en algún que otro frente y volvieron a producir terribles resultados en bajas humanas por apenas decenas o cientos de metros de terreno conquistado.
Volviendo al Somme y a sus duras enseñanzas en el bando británico, incluyendo australianos y canadienses, sí que coincido en que supuso un punto de reflexión de no-retorno. Las conclusiones extraídas desde julio de 1916 señalaban que sin un excelente trabajo artillero, tanto en la protección del avance como en la destrucción de la artillería enemiga (contrabatería) poco se podía hacer. La cuestión, no era tanto la anchura o profundidad de los objetivos en el terreno, que también, sino la minuciosidad y ejecución con la que debía llevarse a cabo. Pocos mandos de la BEF, como Plumer o Allenby, llegaron de forma natural a la conclusión de que algo debía de cambiar. No sería hasta abril del año siguiente, 1917, que se tendría una visión clara y práctica de lo que significaban los nuevos usos de la infantería y la mejora -rayando la excelencia- del potencial artillero como apoyo indisociable de la táctica militar. Lo curioso en este caso es que los éxitos llegaron de parte del Cuerpo Expedicionario Canadiense (CEF) y es por esta razón - y por otras más ocultas - que la trascendencia de los éxitos y su futura emulación tardarían en llegar al resto del contingente británico.

Byng & Currie
En junio de 1916, y después de diversos y exitosos trabajos de 'fontanería' militar (véase 1a batalla de Ypres, retirada de Gallipoli o defensa del Canal de Suez), Sir Julian Byng - posteriormente reconocido como 1r vizconde de Vimy - fue destinado a comandante en jefe del Cuerpo Expedicionario Canadiense (CEF). Las razones de tal destino, a parte del hecho de que Byng hubiese sido el comandante en jefe del XVIIº cuerpo británico en el área de Vimy, se desconocen parcialmente pero vistos los resultados y su excelente colaboración con su segundo, el quizá mejor militar aliado durante la Gran Guerra, el general de división Sir Arthur Currie, se intuyen. Desde un punto de vista táctico, Byng y Currie coincidieron al instante. Cualquier ataque, por menor que fuese menor, requería una máxima y concienzuda preparación, un secretismo absoluto (algo que olvidaría Nivelle en su preparación de Chemin des Dames) y una milímetrica ejecución, tanto de la infantería como del apoyo artillero. A estos tres elementos, cabía sumarle el grado de importancia que le dieron ambos a las duras enseñanzas del Somme y a las esperanzas surgidas de Verdun. Tanto es así que cuando se confirmaron los rumores sobre una ofensiva en todo el frente de Arras en marzo de 1917, Currie pidió informes a sus mandos intermedios de los métodos utilizados por franceses (y alemanes) durante la batalla de Verdun.
Currie era militar atípico. Enrolado en las fuerzas canadienses desde los escalafones más bajos (arma de artillería en el servicio pre-militar) alcanzó el grado de comandante en jefe de la CEF en junio de 1917 (después del ascenso de Byng al mando del 3r ejército británico). Sus acciones en el frente occidental desde mayo de 1915 hasta el mismo día del Armisticio estuvieron marcadas por la acción, la contundencia y el temple. La fama de Currie se acrisoló con la 2a batalla de Ypres, se cimentó en el Somme y se engrandeció en Vimy Ridge (la cresta de Vimy). Des de un primer momento, y observador de los cambios en la guerra moderna, Currie cayó en la cuenta que los manuales y los protocolos no servían de nada. Fue precisamente ese desprecio por la rigurosidad y el encorsetamiento en el campo de batalla lo que le permitió aplicar una serie de principios tácticos que apenas dejaría hasta el final de la guerra.
Gracias a sus experiencias en Ypres y en el Somme, junto a los informes recabados por algunos oficiales del frente de Verdun, Currie determinó llevar a cabo pequeños golpes de mano no muy extensos en tiempo y en el terreno, con una preparación artillera muy contundente, municiosa y no dilatada en el tiempo que tenía como objetivo aniquilar la artillería enemiga de cobertura. La artillería debía disponerse en un frente muy delimitado, preferiblemente no muy ancho, que tuviese como objetivo destruir las primeras líneas enemigas, así como los campos atrincherados. Una vez se iniciase el ataque de la infantería (en pelotones y en compañías y lo más cerca de la línea enemiga), la artillería debía iniciar sincronizadamente una cortina de fuego de cobertura que despejase el camino a la infantería para ocupar el frente enemigo. De forma complementaria, y como respuesta al fuego enemigo, se debia iniciar un fuego de contrabatería que eliminase el potencial artillero enemigo facilitando doblemente el ataque de la infantería, y eliminando la posibilidad de que el enemigo iniciase un contraataque para recuperar el terreno perdido. La infantería, por su parte, debía prepararse minuciosamente no solo desde el punto de vista de la instrucción, sino de la asimilación de sus objetivos concretos - previamente conocidos -. Currie también expidió órdenes para que en caso de confusión o caos  los mandos intermedios pudiesen actuar casi autónomamente otorgándoles poder de decisión y maniobra. La prensa y los propios medios militares denominaron a este tipo de golpes de mano minuciosos y resueltos 'bite-and-hold' (morder y resistir), no solo por su rapidez y contundencia ejecutiva sino porque también llevaban aparejada la doctrina de aguantar en el terreno y resistir el contraataque enemigo a la espera de nuevas reservas. De ahí la importancia que daba Currie tanto a la disposición de unidades de reserva muy cercanas a la línea de frente como al trabajo de zapa en la creación de túneles o rampas de ataque muy cercanas a las primeras líneas enemigas, tanto para el primer ataque como para la afluencia contínua de nuevos contingentes de cara a asegurar el terreno reconquistado. Los pruebas de fuego serían Vimy Ridge y la Hill 70 (la colina 70).
Vimy Ridge proporcionó al 'fontanero' Byng un vizcondado y la estimación del pueblo canadiense, a Currie lo elevó a héroe nacional y a Canadá le proporcionó el orgullo y la dignidad patriótica necesaria para olvidar su estatuto de dominion y ganarse la categoría de nación. La batalla de la Colina 70, por su parte, elevó los métodos de Currie y su 'bite & hold' a dogma militar y, lo más importante, descubrió en él a un gran estratega.

Vimy ridge, 9-12 abril de 1917




En noviembre de 1916 el general Julian Byng recibió órdenes de preparar un ataque para la primavera siguiente en el sector norte de Arras como parte de un ataque global británico en todo el sector como cobertura a una ofensiva francesa de principios de mayo. La cobertura británica se conocería como la batalla de Arras (1917) y la ofensiva francesa sería la tristemente famosa batalla de Chemin de Dames u 'ofensiva Nivelle'. La parte reservada al contingente canadiense se denominaría la batalla de Vimy Ridge.
La cresta de Vimy o Vimy Ridge (alternaremos ambas nomenclaturas) se encontraba situada al nordeste del sector denominado de Arras, y al suroeste del ya tristemente famoso sector de Notre-Dame de Lorette (Nuestra Señora de Loreto). Se trataba de un enclave de gran valor estratégico, no solo por los puntos elevados y de observación, sino por que en las vertientes que caían hacia el este, hacia terreno enemigo, se hallaban dispuestas numerosas grupos de artillería que ofrecían una cobertura excelente a las tropas situadas en los puntos elevados haciendo casi imposible su conquista o incluso aproximación. La toma de Vimy Ridge tenía un doble objetivo. El primero eliminar un punto de hostigamiento y de tiro enfilado hacia la ofensiva que debía llevarse a cabo más al sureste, hacia Chemin des Dames y, de otra parte, obtener un punto estratégico y de observación futuro que proporcionaría un control artillero a más de diez kilómetros en dirección este y por tanto hacia terreno alemán.

Preparación
Estudiados el terreno y la proyección del ataque, Byng & Currie decidieron aplicar gran parte de las conclusiones a las que habían llegado oficiales canadienses y británicos durante las clases recibidas de sus colegas en Verdun. Las reconquistas francesas en otoño y diciembre de 1916, así como las precedentes victorias alemanas en febrero-mayo del mismo año, habían puesto de relieve que cualquier avance debía ser muy veloz, realizado por pequeñas unidades de infantería cubiertas (antes y durante el ataque) de un certero y contundente fuego de artillería y con un alto grado de precisión para lo cual era imprescindible un conocimiento previo del terreno, de las líneas enemigas y de sus posiciones fortificadas en caso de haberlas.
No se escatimó el más mínimo detalle en ninguno de los aspectos del ataque. A las cuatro divisiones que formaban el CEF (por primera vez iba a luchar al completo el contingente canadiense) se las sometió a un completo entrenamiento no solo físico, sino táctico a nivel de pelotón y compañía con objetivos muy precisos. Se construyeron, incluso, réplicas a escala de las posiciones alemanas en la retaguardia para explicar con detalle todas las fases de la operación. Con el objetivo de delimitar las áreas de ataque, el sector de Vimy se dividió en cuatro sectores (con 4 colores) que se asignaron a cada una de las 4 divisiones participantes. A banda del entrenamiento táctico, cada soldado contó con un mapa detallado de su zona de ataque con la posición a conquistar y la ruta que debían seguir para tomarla.
Por lo que hace referencia a la artillería, el cuerpo divisionario canadiense de artillería no contaba con más de ocho brigadas de artillería de campaña y dos de artillería pesada por lo que pidió ayuda al mando británico para conseguir una potencia de fuego adecuada a las expectativas depositadas en el ataque. El resultado fue que el ejército británico cedió a los canadienses casi un millar de piezas de artillería, entre calibres pesados, medios y morteros de trinchera permitiendo que el ataque canadiense se llevase cabo con una potencia tres veces superior a la habitual para cualquier tipo de operación. A banda de la potencia y de la concentración de fuego, Currie tenía entre sus prioridades tácticas el silenciar al máximo la artillería enemiga, antes, durante y tras el ataque como medio para dificultar los seguros contraataques alemanes.
Para ello, y a banda de intensificar los vuelos de observación para localizar la posición de las baterías alemanas, los servicios de soporte elaboraron numerosos tableros y mapas que permitieron a la artillería tener localizadas las posiciones enemigas. Para fortuna de Currie, al frente del servicio de contrabatería se hallaba el teniente coronel Andrew McNaughton, quién había trabajado en el campo de la balística y la localización de objetivos a través de artefactos precursores del radar. 
A banda de la precisión y el apoyo de la artillería en el ataque, Currie consideró imprescindible el acortar la distancia entre su línea de frente y las posiciones enemigas. La velocidad (y la sorpresa) en la resolución del ataque eran una de las claves, y para ello contó con la ayuda de varias compañías de tuneladores británicos para que abriesen dos tipos de túneles en dirección al enemigo. Los primeros serían las 'lanzaderas' desde las cuales partiría el grueso del ataque y que, una vez vacíos, servirían de refugio y posterior partida para que las tropas reserva que apoyarían y ocuparían las posiciones ya depasadas durante la operación. Currie, con la dura experiencia del Somme en la cabeza, cubría varios aspectos primordiales de su nueva táctica: acortaba el espacio a recorrer a campo abierto de la infantería, reducía el número de bajas de las primeras oleadas, facilitaba al máximo la disposición de las reservas y proporcionaba al ataque una sorpresa indiscutible al acercarse al máximo a las posiciones enemigas, reduciendo el tiempo de reacción enemigo.
Los otros túneles o galerías se destinaron para el emplazamiento de minas que servirían para eliminar el mayor número de enemigos, junto a sus posiciones, así como servir de elemento desconcertante poco antes del ataque. El grado de sofistificación de los túneles de comunicación llegó a ser tal que la mayoría contaron con luz eléctrica, y los destinados a funciones de abastecimiento y de logística tenían raíles, a banda de espacios concretos para funciones sanitarias, depósitos de municiones y puestos de mando.

Plan
El plan para la conquista de la cresta de Vimy contaba con tres factores. El primero el terreno a conquistar y la prioridad de los objetivos señalados como imprescindibles, el segundo la entidad del enemigo y su capacidad para reaccionar en caso de contraataque y el tercero el papel que tendría la artillería en toda la ofensiva. Unidos estos tres elementos, el plan primaba en un primer momento en desalojar al enemigo de la 'cima' de la cresta, la llamada Hill o colina 145, manteniendo a raya (y en lo posible) el fuego que vendría de enfilada de la otra cima de la cresta llamada The Pimple situado en el bosque de Givenchy. En un momentum similar se debían tomar las otras posiciones que caían hacia el este, hacia la derecha de la línea canadiense para tomar completamente la cresta y hacer retroceder al enemigo hasta la llanura de Douai (Douai plain). Byng & Currie sabían que las tropas alemanas que estaban defendiendo la posición eran una mezcla de soldados veteranos en el sector (la 1a División bávara de reserva) con otras que eran el resultado de la fusión de otras formaciones procedentes de otros sectores (la 79a División de reserva) o la simple fusión de tropas de una misma procedencia como la 16a División de infantería bávara. 
A pesar de la composición de las unidades alemanas, los servicios de información aliados intuían que el mando alemán, a partir de noviembre de 1916, había procedido a implantar un tipo de defensa flexible en profundidad, que más tarde se conocería como línea o sistema defensivo Hindenburg. La idea alemana era adaptar la defensa y la contraofensiva a la magnitud del ataque recibido, en parte apoyado por un sistema defensivo basado en situar varias líneas de defensa conectadas entre sí por una red de fortificaciones, nidos de ametralladora y blocaos que hacían muy costoso en vidas el avance.

Artillería
Sabedores, en parte, de lo que les esperaba, la sociedad Byng & Currie ordenó a la artillería una continuidad total durante toda la ofensiva. Previo al 9 de abril, fecha fijada para el ataque, y durante casi quince días, la artillería aliada castigó sin cesar las posiciones enemigas, logrando eliminar gran parte del campo atrincherado frente a las posiciones alemanas, así como aniquilar en casi tres cuartas partes de la contraparte artillera enemiga. Éxito atribuible al completo a las nuevas técnicas de localización implantadas por el oficial al mando de la contrabatería, el teniente coronel McNaughton. 
Byng & Currie señalaron la importancia no solo de anorrear a las tropas alemanas dispuestas en primera línea sino de evitar al máximo la concurrencia de las reservas enemigas al contraataque. Para ello y a lo largo del ataque, la barrera de fuego no solo se limitó a cubrir el ataque y machacar los objetivos de la cresta sino que avanzó su tiro para castigar la retaguardia enemiga, imposibilitando o dificultando al máximo la afluencia de tropas para tapar brechas o reconquistar lo perdido.

Infantería
La infantería canadiense, 4 divisiones con aprox. 100.000 hombres, situada frente de la cresta tenía objetivos muy concretos y un horario muy calculado. Byng ya había advertido a sus oficiales que "you shall go over exactly like a railroad train, on time, or you shall be annihilated", o funcionáis y os movéis con la exactitud de un tren o os aniquilarán'.
La longitud de la cresta, de unos seis kilómetros y medio, se había dividido por colores correspondientes a las 4 divisiones atacantes. Al margen de cada uno de los objetivos asignados a cada división, el conjunto de la ofensiva debía conquistar la primera línea defensiva alemana (la Zwischen Stellung o la trinchera del medio) que se bautizó como Black Line. Descendiendo de norte a sur, la 4a Division debía acometer la misión más difícil: conquistar las dos alturas más importantes  de la cresta y las mejor fortificadas (la Colina 145 y el promontorio llamado The Pimple en pleno bosque de Givenchy) alcanzando la llamada Red Line, con la 16a División bávara en frente.
A la derecha de la 4a canadiense se situaron la 3a y la 2a, frente a la 79a de reserva alemana, con el objetivo del punto fortificado de Folie Farm, los alrededores de Vimy y el nudo de Les Tilleuls, situados en la zona de la Blue Line. Por último y como la unidad más al sur se encontraba la 1a División que tenía que avanzar hasta la Brown Line, en la que se encontraban la posición de Théllus y los arrabales de Farbus.
Jack Sheldon en The German Army on Vimy Ridge, 1914-1917 sostiene que los planes canadienses no eran del todo ajenos al mando alemán. En febrero de 1917 un soldado canadiense de origen alemán desertó aportando documentación referente a la supuesta ofensiva de primavera. De hecho, los alemanes sabían que algo ocurría ya que el trabajo de mina y contramina de los ingenieros y zapadores británicos habían aumentado considerablemente. Tanto es así que los alemanes lograron desbaratar y destruir algunas de las minas que habían dispuestos los ingleses bajo sus pies.
El plan de ataque para el 8 de abril quedó pospuesto a petición de los franceses hasta el día siguiente.

Ejecución

El 9 de abril al romper el alba comenzó el ataque en toda la línea. El tiempo como los días precedentes no era muy halagüeño: ráfagas de viento helado y una nevada ligera pero contínua. Poco antes de las 5.00 de la mañana los cañones que habían estado aún martillenado las líneas enemigas callaron y recalibraron el tiro para la cortina de fuego que acompañaría las tropas de asalto, que se habían desplazado por los túneles hasta sus posiciones de salida por la tarde-noche del día anterior. Cada uno de los soldados llevaba un rifle con su bayoneta, munición (120 balas), dos granadas Mills, cinco sacos terreros, ración para dos días, una cantimplora de agua, una máscara de gas, unas gafas y una bengala. Todo fue calculado al milímetro: unos 20.000 solados saltaron a la Tierra de nadie a las 5.28 h., mientras segundos antes los ingenieros hicieron volar tres minas para asegurar el avance y descolocar a los alemanes. Al iniciar la cortina de fuego hicieron detonar otra media docena de cargas situadas estratégicamente bajo posiciones fortificadas. El recalibrado de la artillería pesada británica permitió castigar las defensas alemanas y lanzar numerosos proyectiles de gas en la línea defensiva alemana (la Zw¡schen Stellung) mientras la artillería canadiense ofreció una efectiva cobertura en cortina de fuego. A pesar del castigo, la defensa alemana aguantó el tipo y el fuego de ametralladora castigó mucho a los atacantes causando enormes bajas. Los partes canadienses hablan de que sobre las 6.30 h. la mayoría de los objetivos, unos 3/5 dicen, se habían logrado. Cierto, en parte.
No fue hasta media tarde que el terreno estuvo limpio y además no hay que perder de vista que los objetivos más estratégicos e importantes no se habían conseguido. Las brigadas 11a y 12a de la 4a División no habían conseguido poner apenas un pie en la colina 145 y menos en The Pimple. 
Debido a su importancia estratégica, los alemanes habían fortificado la cota 145 con un triple cinturón de alambre de espino y con una serie de nidos de ametralladoras camuflados tras la vertiente opuesta. De ahí que la artillería británica no hubiese podido aniquilar esas defensas y que las tropas de la 4a División canadiense fuesen castigadas sin cesar por el fuego procedente de The Pimple. Los cuatro batallones de la 12a brigada (38º, 72º, 73º y 78º) sufrieron lo indecible para cubrir a los hombres de la 11a brigada que no habían podido avanzar. El batallón 102º  de la 11a había logrado abrirse algo de camino pero el 54 que le seguía se quedó a medio camino y se retiraron con enormes pérdidas. Se confirmó que existía todavía un reducto fortificado intacto. Batallones canadienses como el 87º o el 75º fueron literalmente barridos, perdiendo en algunos casos el 60% de sus efectivos. Se reanudaron los esfuerzos pero la 145 no se cayó ese día. Solo dos compañías del batallón 85º lograron asegurar parte de la vertiente oeste, mientras que el resto siguió en manos alemanas hasta el día siguiente. La lentitud en la conquista de la colina 145 y el sector adyacente frenaron el avance de la 3a División canadiense, que podría haberse adentrado aún más en las líneas enemigas. El fuego procedente de la Colina 145 estaba cogiendo a los canadienses de enfilada por lo que se decidió esperar y consolidar el terreno ganado.
A pesar de la contundencia del ataque, los alemanes no se dieron por vencidos y en la medida de lo posible enviaron tropas (de la 79a División) a ocupar las brechas y en algunos casos, como en la colina 145, a reforzar la línea. No obstante, los canadienses (y los británicos) no estaban dispuestos a perder la oportunidad de tomar toda la loma, The Pimple incluido.
Al día siguiente, 10, se retomaron los ataques con más fiereza. Se movilizaron algunas brigadas británicas como soporte, junto a alguna sección de tanques, y se prosiguió el avance en el sector de la 1a y 2a División canadiense.
A primeras horas de la tarde se había conseguido llegar al límite nordeste establecido en el plan de ataque, la llamada Brown Line. El escollo, sin embargo, persistía en el norte. La colina 145 resistía y The Pimple seguía casi incólume. Los mandos lo vieron claro: los alemanes se dejarían la piel. O subían más refuerzos o desguarnecían algunos puntos conquistados por la 3a División, enviando a tropas de ésta para encararlas hacia la colina 145.
Se optó por ambas opciones. Tropas de la 4a por el sur y tropas de la 3a por el sureste fueron cerrando el cerco. Esa tarde los batallones 44º y 50º de la 10a brigada remataron la faena. Los alemanes resistían pero la falta de munición y el cansancio hicieron mella. Poco antes de las cuatro los canadienses pusieron el pie en la parte norte de la colina, que los alemanes reconquistaron por poco tiempo y con enormes bajas, hasta que tropas frescas (y bisoñas en combate) como el 25º batallón de los Nova Scotia Rifles expulsaron o apresaron a los alemanes que resistían.
El mando ordenó descansar al día siguiente, miércoles 11 de abril, para hacer recuento de bajas y actualizar la situación. Byng & Currie lo tenían claro: The Pimple debía caer sí o sí. Y así fue. En medio de una tormenta de nieve, parte de los efectivos que habían logrado tomar la cota 145 se lanzaron a la conquista de The Pimple. Tropas alemanas pertenecientes a la 4a División de la Garde Infanterie, que habían relevado a la castigada 16a División bávara, defendían la posición. El ataque se inició a las 4.00 de la mañana con un bombardeo previo de gas que gracias a un viento favorable diezmó parte de la defensa pero que logró rechazar un primer embite canadiense. La 10a brigada canadiense, apoyada por efectivos de la 24a División británica se lanzó otra vez al ataque sobre las cinco de la mañana, asestando un golpe definitivo y logrando capturar la posición una hora después.
Vimy Ridge ya había sido controlada totalmente al anochecer del 10 de abril, pero la captura de la posición de The Pimple fue imprescindible para asegurar la posición en toda la cresta.

Epílogo
Vimy Ridge permite hacer dos lecturas, una militar y otra política. Des de un punto de vista exclusivamente militar, la batalla fue un rotundo éxito con pocos precedentes en la historia bélica de la Primera Guerra Mundial. La cresta había estado en el punto de mira aliado desde 1914 y se había intentado reconquistarla infructuosamente en 1915 y 1916 con miles de pérdidas, primero francesas y luego británicas. Los canadienses tuvieron casi 11.000 bajas, muriendo finalmente unos 3.700 soldados. El precio fue alto, muy alto, como en toda la guerra a pesar de que la sensación de triunfo maquilló las pérdidas. Los mandos comenzaron a intuir en Vimy la luz al final del túnel. Los alemanes habían sido desalojados y vencidos en apenas cuatro días de una posición prácticamente inexpugnable e inconquistable que había costado decenas de miles de muertos durante los 3 o 4 años previos. La prensa y los mandos británicos y francés miraron hacia la magnífica sociedad de Byng & Currie y se preguntaron -por supuesto- cuál había sido la clave de un éxito tan rotundo en Vimy y un fracaso tan sangriento como el de Chemin des Dames. Poco tardaron las mentes pensantes y los jefes militares más clarividentes en darse cuenta que el factor más determinante había sido la mezcla de una preparación táctica impoluta y el empleo de la artillería en todo su potencial. Haig tomó nota, Pétain se reafirmó en lo que ya intuía y Foch pondría a la práctica las lecciones en el verano de 1918.
Lo de Vimy Ridge no fue una casualidad. Currie repitió éxito el agosto siguiente en la Colina 70. Con menos potencial artillero, pero con la misma minuciosidad y preparación, Currie -esta vez solo- aplicó los principios que habían guiado el triunfo de Vimy: preparación, minuciosidad, exquisita ejecución artillera y absoluto secretismo. Vimy abrió las puertas a Byng hacia su futuro vizcondado y el mando del IIIr ejército británico. Currie subió a los altares de la Patria canadiense, no sin antes limpiar cierto expediente por desfalco y superar numerosas zancadillas del premier canadiense Sam Hughes, el cual lo odiaría hasta el final de su vida por haber relegado a su hijo Garnet como mando militar de la CEF. La sociedad Byng & Currie puso en práctica algo ignoto en los campos de batalla de Francia o Flandes: sentido común, paciencia y una fe ciega en la victoria.
La lectura política de Vimy la creó la prensa y la alimentó la opinión pública, sobre todo canadiense. El pueblo canadiense consideró la victoria de Vimy como un hito no solo en la guerra, sino para su propia historia y dignidad como nación. Con el transcurrir de los meses y los años, el mito de Vimy Ridge se instaló -por méritos propios- en la breve historia de Canadá como un punto de inflexión en su consolidación nacional. Vimy Ridge fue (y es) una fita en la historia de Canadá. Apuntaló su orgullo nacional y permitiéndole sentirse como una nación más. Los canadienses, como los australianos con Gallipoli o Pozières, otorgaron al triunfo de Vimy Ridge un carácter fundacional en su historia como nación.

Fuentes

Morton, Desmond and J.L. Granatstein. Marching to Armageddon: Canadians and the Great War 1914-1919. Toronto: Lester & Orpen Dennys Ltd., 1989, pp. 138-143.
Nicholson, Colonel G.W.L., C.D. Canadian Expeditionary Force 1914-1919: The Official History of theCanadian Army in the First World War. Ottawa: Queen's Printer and Controller of Stationery, 1962, pp. 244-265.
Sheldon, Jack. The German Army on Vimy Ridge 1914–1917, Barnsley : Pen & Sword Military, 2008.
Turner, Alexander. Vimy Ridge 1917 : Byng's Canadians triumph at Arras. London : Osprey, 2005.

http://www.remembrancetrails-northernfrance.com/history/battles/vimy-ridge-april-1917.html

16/12/2013

Notre-Dame de Lorette (Nuestra Señora de Loreto), mayo-junio 1915


Los sangrientos combates por Notre-Dame de Lorette en 1915 fueron de los más duros del frente occidental. Circunscrita en la Segunda Batalla del Artois, la reconquista de la posición de la antigua ermita buscaba romper la línea alemana en el eje Loos-Givenchy-Thélus donde el objetivo final era la cresta de Vimy (Vimy ridge). Su peculiar morfología y altura la convertían en un lugar de observación privilegiado, tanto para la artillería como para el control de efectivos enemigos. Como la Butte de Vauquois - aunque sin minas- Notre-Dame de Lorette cambió de manos en numerosas ocasiones en solo catorce días de brutales combates. El resultado fueron miles de muertes por una simple colina y la posterior mitificación como carnicería inútil.

Patrón equivocado
A pesar de la concienzuda preparación francesa y de la colaboración británica (Festubert y Aubers), Notre-Dame de Lorette y Vimy repitieron la lógica macabra de los desastres del verano del 14 y de la Champagne de principios de 1915. Las correcciones y modificaciones tácticas no fueron suficientes: la offensive à outrance volvió a fallar sin apoyo eficiente y continuado de la artillería durante el ataque. El Pétain de la 'artillería conquista y la infantería ocupa' aún tenía que pulir su método. Nombrado por Foch jefe del 33º Cuerpo de ejército, dispuso de una preparación artillera fuera de lo común y de reservas suficientes en caso de rotura del frente. Pero cometió algunos errores. El primero iniciar el bombardeo dos días antes del ataque (serían cinco) malbaratando la carta de la sorpresa. El segundo situar las tropas de reserva a más de 8 kilómetros de distancia del frente. Las equivocaciones del pasado se enquistaban. De hecho, Loos y todas las ofensivas aliadas hasta mediados de 1917 (Passchendaele incluída) tuvieron un patrón desgraciadamente común: 
1º Apoyo artillero deficiente e intermitente a lo largo de la operación. 
2º Reservas mal dispuestas o rezagadas. 
3º Graves deficiencias en las comunicaciones. 
4º Nula coordinación e improvisación de los mandos intermedios y 
5º Visión nula u obtusa de los mandos superiores junto a un desprecio absoluto por sus tropas. Con estos factores el resultado sería el mismo en todos los casos: masacre de miles y miles de soldados a cambio de decenas o cientos de metros. Notre-Dame de Lorette sería el summum.

La mejor defensa es un terreno inconquistable
La vieja ermita, lugar de peregrinación y devoción antes de la guerra, se encontraba al final de una cresta que va de oeste a este, mas o menos de Bois (Bosque) Bouvigny hasta los aledaños de Souchez. Desde Lorette, en la parte oriental de la cresta (170 metros sobre el nivel del mar) y a unos 15 km de Arras, se divisaba la práctica totalidad del sector del Artois y, por supuesto, la cresta de Vimy. Lorette suponía el punto de apoyo al oeste en la línia de ataque y su toma significaba una baza importante en el éxito de la operación. Su conquista, sin embargo, sería durísima, no solo por la escarpada orografía sino por la fuerzas alemanas que la defendían desde octubre de 1914. La zona septentrional de la cresta no presentaba una orografía complicada pero la vertiente meridional - formada por media docena de escarpadas laderas junto a estrechos y abruptos barrancos - ofrecían una defensa natural dificilmente franqueable y un ataque poco halagüeño desde el punto d'Ablain Saint-Nazaire (aún en manos alemanas).
Desde finales de 1914 el 21º Cuerpo de Ejército francés del General Maistre conocía muy bien la posición. En enero de 1915 habían puesto los pies en la parte más occidental del promontorio (Éperon de Mathis). En marzo y abril cayeron el Grand Éperon y l'Éperon des arabes. La posición de Lorette, sin embargo, permanecía a casi 1 kilómetro de las posiciones de vanguardia francesas. Las débiles defensas de la vertiente norte decidieron a los mandos alemanes por formidable sistema defensivo en el sector nordeste de la cresta. Cinco líneas de trincheras protegidas de sacos terreros, nidos de ametralladora en pequeños blockaus (blocaos) situados en los flancos, un nutrido campo de alambradas junto a barreras móviles y caballos de frisia protegían la posición de Notre-Dame desde el norte y el este, más o menos desde l'Èperon (espolón) des arabes. En puntos determinados y entre líneas se construyeron pequeñas fortificaciones anticipando los futuros blockhaus que en algunos casos contaban con fosos y muros de más de 6 metros de profundidad, como el del Fortin de la Chapelle. Junto a las formidables defensas, gran parte de las tropas que defendían la posición pertenecían a un regimiento de élite badenburgués apoyado por una importante concentración artillera en las posiciones de Angres y Liévin. De esta forma, cualquier ataque francés que cruzase la pequeña meseta de Lorette estaría sometido a una impresionante lluvia de fuego. Los mandos franceses sabían de lo imposible del ataque, pero confiaban en tomar Ablain Saint-Nazaire que favorecería el avance cubriendo uno de los flancos.

Mayo 1915
El bombardeo artillero francés se inició el 4 de mayo. Pero el mal tiempo obligó a posponer el ataque de la infantería hasta el 9. El efecto sorpresa se fue con la lluvia. La magnitud del bombardeo y los fuertes aguaceros dejaron un terreno impracticable pero los planes de ataque no se modificaron. En el sector más occidental del ataque, tres regimientos de infantería y tres batallones de cazadores al mando del general Maistre saltaron de las trincheras a las diez de la mañana del 9 de mayo. Su objetivo era desalojar a los alemanes del fortín de la Chapelle en su camino hacia los restos de la ermita para ocupar posteriormente toda la cresta de Lorette hasta su punto más oriental, con vistas a Souchez y con Ablain Saint-Nazaire en su flanco meridional. El objetivo, Lorette aparte, era proporcionar fuego de flanco en apoyo al avance perpendicular hacia la cresta de Vimy. El avance fue durísimo. Las condiciones del terreno junto a un mortífero fuego de ametralladora alemán hicieron mella en la ofensiva. Tres horas después y tras cruzar varias líneas de trinchera abandonadas, el grueso de las tropas estaba a unos doscientos metros del fortin de la Chapelle. Hubo reagrupamiento y al poco se inició el ataque en semicírculo. Las ametralladores del fortin barrieron cualquier avance. Las bajas fueron terribles. Pura carnicería. La artillera desde Souchez y Liévin remataron la faena. El mando francés decidió suspender los ataques pero ordenó un claro 'ni un paso atrás'. Llegó la noche y los restos de las compañías dispersas, algunas lideradas por sargentos o caporales, se refugiaron en los cráteres de obús y se parapetaron bajo los cuerpos de soldados alemanes. Llegaron refuerzos alemanes y los temidos contraataques. Se llegó al cuerpo a cuerpo y a la bayoneta. Los franceses lograron rechazarlos. El día 10 la situación de las tropas francesas era muy delicada. Sin apoyo de retaguardia y con un fuego artillero de flanco pocas eran las opciones. Avanzar o avanzar. Los compañeros de la 70ª división tampoco pudieron tomar Ablain Saint-Nazaire. Al acoso artillero se sumaron el calor, la sed y el hedor de los muertos en descomposición que los obuses habían desenterrado. Un horror.
Durante dos días la situación se mantuvo estable. Del 10 al 12 de mayo los supervivientes aguantaron como pudieron los contraataques alemanes, que mantenían abiertas las vías de Souchez y Ablain Saint-Nazaire. El 12 a la noche el contingente superviviente de los chasseurs (cazadores) tomó la iniciativa. Un pequeño grupo reptó hasta la base del fortín y cubrió - parcialmente - las troneras de las ametralladoras con sacos terreros. Lo consiguieron a medias, muchos cayeron, pero ralentizaron el tiro y el resto de la infantería cruzó algunos parapetos en dirección al fortín. Una vez rodeado se luchó cuerpo cuerpo hasta acabar con la resistencia alemana. El grueso de las tropas se dirigió hacia el resto de la cresta pero no de toda la meseta. El punto más oriental estaba todavía en manos alemanas. Concretamente los espolones de Souchez y el de Voie Blanche (vía blanca).
A pesar del pésimo estado del terreno, los franceses avanzaron los días siguientes hasta tomar el espolón Souchez. La Voie Blanche, sin embargo, se mantenía inexpugnable. El fuego de ametralladora era mortífero. Hasta el 22 de mayo, la línea francesa en la cresta de Lorette tuvo forma de semicírculo. Ablain Saint-Nazaire, la punta más oriental de Lorette y la zona de Angres-Liévin permanecían en manos alemanas. El mando francés dispuesto a cerrar el capítulo Lorette puso todas sus energías en la conquista de los reductos. Los alemanes no se lo pusieron fácil. Después de más de trece horas de combates con sendos contraataques toda la meseta de Lorette cayó de lado francés. Solo resistía la vertiente oriental hacia Souchez, pero las alturas ya eran francesas. Los defensores alemanes perdieron en un solo día tres mil hombres. De los franceses se desconoce el número pero se calculan muchos más. Comenzó el mito Notre-Dame de Lorette. En el emplazamiento de la antigua ermita se erigió la necrópolis más grande de todas las dedicadas a los caídos de la Gran Guerra con un camposanto para 23.000 caidos.

Fuentes:
Conquête du massif de Lorette. Notre épopée, 1914-1915. Paris, Société Française d'Imprimerie et de Librairie,1916, p. 268 ss. 
Laure, Auguste. Lorette, une bataille de douze mois, octobre 1914-octobre 1915. Paris : Perrin et cie., 1916.
http://chtimiste.com/batailles1418/1915artois1.htm http://www.nordmag.fr/patrimoine/histoire_regionale/premiere_guerre/lorette.htm http://centenaire.org/sites/default/files/references-files/guide_circuit_npdc.pdf

16/11/2013

El perfeccionista turco: Mustafa Kemal en la Gran Guerra (II)


Frente caucásico, 1916-1917
Tras un merecido descanso y en Istanbul, Kemal puso en orden sus experiencias de Gallipoli. De sus reflexiones surgiría Corps order: Counsel for Solving Tactical Problems and for Writing Orders (trad. inglesa), un manual de apenas siete páginas en la que resumía de forma sucinta su filosofía de mando y la resolución de problemas tácticos. Entre notas y publicaciones, Enver Paşa lo destinó como jefe del XVIº Cuerpo acantonado en Adrianópolis (Edirne) a finales de febrero de 1916. Poco le duró el descanso, Ahmet Izzet -al mando del recién creado IIº ejército - reclamó el XVIº Cuerpo para el frente caucásico. El sector europeo estaba tranquilo, en Mesopotamia los británicos fueron derrotados en Ctesifonte y sitiados en Kut-el-Amara y en Palestina el 4º Ejército de Cemal Pacha aguantaba en el Sinaí, la cruz, sin embargo, estaba en el Cáucaso.
Los rusos habían derrotado en febrero al IIIr Ejército en Erzurum y el marzo en Bitlis. Se imponía un cambio de estrategia y Kemal era un estrella en ascenso. Enver Paşa decidió frenar a los rusos con un movimiento de pinza. Mientras el rehecho IIIr Ejército contraatacaría desde el oeste, el IIº Ejercito -desplazado de la Tracia- atacaría el flanco izquierdo ruso, al sur del lago Van. Kemal llegó finalmente el 27 de marzo a Diyarbakir. A principios de abril lo promocionaron a general de brigada y le otorgaron el prestigioso título de Paşa. Cuenta la leyenda -y los biógrafos de Kemal- que cuando Enver accedió finalmente a promocionarlo, no puedo evitar decir que 'cuando Kemal fuese nombrado Paşa, al poco querría ser Sultán, y que una vez nombrado Sultán querría ser Dios...' Pero las mieles y parabienes no endulzaron la misión de Kemal. El XVIº Cuerpo debía cubrir un frente de unos cien kilómetros en terreno montañoso en la línia Bitlis-Muş, ambas poblaciones ocupadas ya por los rusos. La 5ª División al mando de Refet se situó en Bele, al sud de Bitlis. Y la 8ª División de Nuri se desplegó en Conker, frente a Muş. El total de fuerzas de Kemal eran unos 13.740 hombres, casi 10.000 fusiles, siete ametralladoras y 19 piezas de artillería.
La guerra en la Anatolia oriental, en el frente caucásico, era muy diferente a la de Gallipoli. No sólo por el clima, sino por el terreno que facilitaba la maniobrabilidad de las tropas aunque las montañas caucásicas, así como los valles y pequeños pasos no siempre facilitaban las movimientos. A banda del territorio, las poblaciones autóctonas - mayoritariamente kurdas después de la deportación y posterior genocidio de entre 600.000 y 1.800.000 armenios - suponían una dificultad más. Su ayuda en el reconocimiento del terreno y en el avituallamiento eran primordiales, por eso Kemal, como en Líbia, trató con numerosos jefes de tribu kurdos para el asegurarse el mantenimiento de sus tropas y su apoyo militar como fuerzas no regulares. 
El verano se preparaba caliente y los rusos apuntaban a Istanbul. El 2 de julio comenzaron una ofensiva sobre el oeste (IIIr Ejército turco) capturando los enclaves de Bayburt y Erzincan, causando enormes pérdidas a la 8ª Division de Nuri (Kemal) y obligándola a replegarse. Anatolia cedía, pero Mustafa Kemal no se arrugó. Desplazó un batallón de la 5ª a la 8ª División y reemprendió medidas de hostigamiento a los diez días del desastre. El 3 de agosto y acuciado por Enver, el IIº Ejército de Izzet Paşa lanzó una desastrosa ofensiva. Sólo el XVIº Cuerpo de Kemal obtuvo algunas victorias: recuperó Muş el 7 y Bitlis el 8 de agosto. El mérito de Kemal no fue reconquistar ambas posiciones sino imprimir su sello en unidades que habían sufrido graves pérdidas infundiéndoles un espíritu luchador basado en sus increíbles dotes de mando. Enver no pudo ocultar la hazaña y le concedió la medalla Imtiyaz de oro. Los laureles duraron poco, los rusos volvieron a presionar y recuperaron Muş a finales de mes. A principios de otoño la ofensiva rusa se frenó, aunque sus resultados eran óptimos: habían asegurado el frente caucásico, penetrado en Anatolia de la que dominaban vastas extensiones y, aunque lejos, amenazaban Istanbul. 
El parón otoñal no afectó a la agenda de Kemal. Vistos sus logros, Enver decidió enviarlo a Macedonia para hacerse cargo de una fuerza turca que lanzaría una ofensiva conjunta con los búlgaros. Izzet Paşa, sin embagro, frenó el cambio. Argumentó que en tal situación sus dotes de mando eran imprescindibles: y tenía razón. El invierno frenó toda operación bélica pero acució los problemas en el ejército turco, que malpertechado y peor avituallado sufrió la rigurosidad del invierno. La estabilización del frente era un espejismo. Los hospitales de campaña no daban abasto a tantas bajas y existía un enorme riesgo de desintegración. Los turcos aguantaron, pero ahora era el frente sur, Palestina, el que inquietaba a la Sublime Puerta. En octubre de 1916 estalló la revuelta árabe. El Jerife de La Meca, Husayn ibn Ali se levantó contra los turcos -apoyado por los británicos- y atacó Medina. Los turcos no tuvieron excesivo problema en defenderla a pesar del estado de sus tropas. Enver recurrió al de siempre -Kemal- y le nombró comandante en jefe de las tropas en Arabia en febrero de 1917 sustituyendo al General Fahreddin Türkkan. Kemal sabía, sin embargo, que quién mejor conocía sus tropas y el territorio era el comandante en jefe del IVº Ejército y gobernador de Síria Cemal Paşa. Por ello, y tras una reunión en Damasco con Cemal y Enver, se decidió mantenerlo en su puesto aunque replanteando ciertos aspectos estratégicos. La logística y la economía de guerra se impusieron: retirada general de las tropas en Arabia y reforzamiento del frente palestino. Decisión vetada por el nuevo Gran Visir Talat Paşa que exigió que los Santos Lugares del Islam fueran protegidos. 

Frente mesopotámico, 1917 
La despreocupación de Enver por Mesopotamia después de Kut-el-Amara mudó a obsesión cuando los británicos entraron en Bagdad el 11 de marzo de 1917. La caída de Bagdad supuso un duro golpe para el orgullo turco y especialmente para Enver Paşa. Error tras error, fracaso tras fracaso, el círculo sobre la Sublime Puerta se iba cerrando. Ya no había excusas. La preocupación no solo cundió en Istanbul sino que cruzó media Europa hasta instalarse en Berlin. Tal fue así, que a pesar de que las fuentes turcas hablan de apoyo alemán, los hechos sugieren una clara imposición en la dirección militar. A pesar de que los fantásticos planes enverianos para recuperar Bagdad consistían en un envío de tropas a través del desierto sírio, la pura realidad fue que el 7 de mayo llegó Istanbul el Feldmarschal Erich von Falkenhayn. Acompañado de su estado mayor, se hizo cargo del recién creado Yildirim Ordular Grubu (Grupo de Ejército Rayo), que los alemanes rebautizaron prosaicamente como Heeresgruppe F. En agosto de 1917 el Yildirim estaba compuesto por el VIIº Ejército al mando de Mustafa Kemal y el VIº de Halil Kut. El ejército de Kemal lo formaban dos cuerpos de ejército (IIIº y XVº) más las Asien Korps, y el ejército de Kut estaba compuesto por los cuerpos XIIIº y XVIIIº más la 46ª División. Aunque algunas fuentes hablan también del 4º Ejército, éste no participó activamente en la Yildirim hasta septiembre de 1918 con el mando supremo de Von Sanders. 
El 24 de julio de 1917 Kemal recibió el mando del 7º Ejército que fue completado con las tropas turcas que habían sido destinadas a Bulgaria, Macedonia y Galizia. Durante agosto siguieron los preparativos para la gran ofensiva sobre Bagdad. Se desconoce si Kemal y Falkenhayn discutieron sobre el asunto, lo que sí es seguro es que después de una inspección de oficiales alemanes sobre el terreno se concluyó que la ofensiva desde Síria entrañaba muchos peligros y pocas seguridades. Falkenhayn volvió a Berlin y expuso las dificultades. A su vuelta a Istanbul departió con Enver y Cemal exponiendo que era temerario atacar Bagdad sin cubrirse las espaldas con los británicos en el Sinaí. Enver accedió, pero Cemal expuso sus objecciones. Creía -y acertaba- que los ejércitos turcos no podrían llevar a cabo ambas operaciones ya que el plan alemán era despejar el Sinaí para luego girar hacia arriba y tomar Bagdad. Falkenhayn escuchó atentamente los contras de Cemal aunque a los pocos días fue invitado a visitar el Frente occidental en calidad de observador. El plan seguía adelante, pero Kemal estaba en medio. Poco después de llegar a Aleppo para hacerse cargo del 7º Ejército comenzaron los roces con Falkenhayn. Kemal opinaba como Cemal pero no cometería los mismos errores. Consciente de la pésima situación del ejército turco y del previsible destino de los restos del imperio, decidió escribir un memorándum dirigido al Gran Visir. En éste le advertía de la ceguera de Falkenhayn y Enver así como de las oscuras ambiciones alemanas sobre el Imperio. Seguro de sí mismo y sabedor de peso en el ejército presentó su dimisión del mando del 7º Ejército. 

Interludio, Palestina y Mudros 
En octubre de 1917 volvió a Istanbul pero Enver lo quería muy lejos. Enésimo error. Lo envió a Berlin junto al futuro sultán Mehmed VI para un viaje de cortesía que acabaría siendo trascendental para su futuro. Kemal, sin pelos en la lengua, le expuso todos los males y algunas soluciones para el desastre que se avecinaba. Impresionado por la sinceridad y aplomo del militar, una vez en el trono (julio de 1918), Mehmed VI no dudó en contar con Kemal para la defensa de lo quedaba del imperio. De vuelta de Viena y de Karlsbad, tras un tratamiento médico, Kemal fue destinado a Nablus (7º ejército) el 1 de setiembre de 1918 para comprobar que la guerra estaba perdida. Los británicos arrollaron los restos del ejército turco y las tribus árabes les dieron la puntilla. El 21 de setiembre y ya como aide-de-camp de Mehmed VI intentó evitar el desastre creando un frente defensivo en la línea de Aleppo. Demasiado tarde, Aleppo cayó el 26 de octubre. La retirada podía convertirse en desbandada, pero la figura de Kemal ya exhalaba divinidad. Baba Kemal (papa Kemal) como lo llamaban sus tropas en Gallipoli caminaba hacia el futuro Atatürk (padre de los turcos). Su nombre y fama ya tenían algo de reverencial pero la retirada siguió hacia el norte, hasta que el 30 de octubre se firmó el Armisticio en el puerto de Mudros (Lemnos). 

Epílogo 
Mustafa Kemal es de esas figuras que transitan entre el mito y la leyenda: de concienzudo y meticuloso militar al estadista que ve a su pueblo como a sus propios hijos. La hagiografía, sin embargo, tiende a ensalzar algunas virtudes y encubrir defectos. En el caso del hombre político existen algunas, en el militar, pocas o ninguna. Kemal fue siempre consciente de sus pros y contras. Hombre testarudo, audaz y franco, no siempre generó entre sus pares grandes simpatías. No le importaba, contaba con un gran activo, una impresionante confianza en si mismo y sus dotes de liderazgo. Su indisimulado desprecio hacia lo establecido le frenó más de una puerta, pero le abrió otras. Con los años supo cerrar la boca cuando debía y abrir su mente con según quién. Kemal supo imprimir en los suyos muchas de sus capacidad, pero las más importantes -y las que sellarían su futuro al de su país- fueron la dignidad y la defensa de lo propio como baluarte. 

Fuentes

Gawrich, George W. The Young Atatürk: From Ottoman Soldier to Statesman of Turkey. London : Tauris, 2013.
Mango, Andrew. Atatürk. London : Murray, 1999.

27/8/2013

El perfeccionista turco: Mustafa Kemal en la Gran Guerra (I)


Cuenta la leyenda que un profesor de matemáticas lo 'rebautizó' como Kemal (perfeccionista) por sus dotes con el cálculo, pero especialmente por su carácter. Nacido en Salonik (Thessalonica) el 1881, la temprana muerte de su padre y la ausencia de una figura paternal lo decidieron por el mundo castrense siendo muy joven. La instrucción militar de Mustafa - su verdadero nombre - se inició en Tessalonica en 1894, prosiguió en Bitola (Monastir) durante 1896-1899 y terminó con la graduación en la Escuela de oficiales en 1905, previo paso por la Academia militar de Istanbul (1899-1902). Durante los años siguientes (1905-1911) alternó variopintos destinos (Damasco, Albania, Francia o Bulgaria) con una tímida adhesión política al lado de los Jóvenes Turcos. Mustafa Kemal, sin embargo, no era un intrigante de salón. Militar ambicioso y de gran visión, sus experiencias como observador militar en Francia (1910), junto a valiosas lecturas, le proporcionaron un enfoque más amplio de la táctica y una asombrosa capacidad para la motivación y conducción de tropas. Fruto de esa minuciosidad y observación publicó dos obras destinadas a oficiales de infantería entre 1910 y 1911 donde exploraba conceptos tácticos, nociones de mando y psicología de tropa que aplicaría posteriormente en las campañas de Gallipoli o Anatolia. 

Líbia
Kemal, sin embargo, era un hombre de acción. No dudó en enrolarse como voluntario cuando el gobierno pidió oficiales para ir a combatir a los italianos en Líbia. En noviembre de 1911 fue nombrado jefe de logística del general Endhem Paşa. Un mes más tarde fue ascendido a comandante y se le asignó el mando de una compañía regular y un contigente de casi 8.000 nativos con los que en octubre de 1912 lograría rechazar una ofensiva italiana en la zona de Derne. La guerra ítalo-líbia fue un campo de pruebas. 
Su experiencia líbia le proporcionó tres grandes lecciones. Cómo enfrentarse con un puñado de tropas a un ejército superior y mejor pertrechado aliándose con el terreno. La importancia de la coordinación, confianza y empatía con sus oficiales. A pesar de dirigir personalmente las operaciones, Kemal decidió otorgar a la oficialidad un margen de maniobra que les confiriese una mayor confianza y determinación en sus decisiones tácticas. Y por último cómo mantener una disciplina firme en la tropa evitando la ociosidad y la posible dejadez de la cotidianidad, a pesar de crear un clima de entendimiento y familiaridad con los oficiales. Comprobó que la disciplina y el orden favorecían el esprit de corps otorgando al oficial al mando un papel de verdadero líder. Kemal volvió a Istanbul en octubre de 1912 sin apenas una mención de reconocimiento. Causas? Posibles maniobras (y envídias) de Enver Paşa. 

Guerras balcánicas
En octubre de 1912 mudó de conflictó. Sin tiempo para sacudirse el polvo del desierto le estalló la Primera Guerra Balcánica. Montenegro invadió el norte de Albania el 8 de octubre. Grecia, Bulgaria y Serbia también querían parte del pastel otomano y la Puerta Sublime tenía demasiados enemigos: era vital cerrar frentes. El 15 de octubre cedía Líbia a Italia a través del Tratado de Ouchy. Centrados en el frente europeo, el ejército turco pudo defenderse a duras penas. En las primeras semanas perdió Macedonia y el sur de Albania. Acosado y en franca retirada, el gobierno turco decidió negociar. En balde. Grecia pedía Yanya. El 9 cayó Tessalonica y el ejército turco ya solo defendía Istanbul. Kemal fue destinado el 25 de noviembre a Gallipoli como director de operaciones del Cuerpo de ejército Bolayir al mando del general Fahri Paşa. 
Los hechos del 13 de enero de 1913 cambiaron totalmente la perspectiva. Un golpe militar conducido por el sector más reformista del Comité para la Unión y el Progreso (los Jóvenes Turcos) depuso al Ministro de la guerra e instaló de facto la dictadura de los tres paşas: Mehmet Talat (Ministro del Interior), Ismail Enver 'Enver Paşa' (Ministro de la Guerra) y Ahmed Djemal (Ministro de la Armada). Enver Paşa, alma mater del nuevo gobierno, decidió reanudar la guerra sin complejos. Primera medida: levantar el cerco sobre Edirne (Adrianópolis) y liberar a los ocupantes. Para la toma de Adrianópolis se contó con el Cuerpo de ejército de Bolayir y parte de las reservas del Xº Cuerpo. La ofensiva se preparó como una operación anfibia que situaria a parte de las tropas turcas tras las líneas búlgaras para intentar un ataque envolvente. El plan fue un fracaso. El 8 de febrero el grueso del Bolayir se enfrentó a la vanguardia del ejército búlgaro en campo abierto sin la ayuda del Xº Cuerpo (hubo un retraso de 12 horas) provocándole un gran número de bajas. La reconquista de Edirne se había planteado como una cuestión de orgullo nacional pero la realidad militar se impuso a la política. La fallida ofensiva afloró las rencillas entre los militares y los advenedizos como Enver al mando del desembarco fallido. 
El Xº Cuerpo fue enviado a Gallipoli a cubrir las bajas del Cuerpo de Ejército Bolayir. El general Hurchid se hizo cargo de los dos grupos pero situó a Enver Paşa como Jefe de Estado Mayor, hecho que enfureció a Fahri y, por descontado, a Kemal que presentaron sendas dimisiones. Descartadas por Ahmed Izzet, jefe supremo del ejército turco, decidió situar a Mustafa Kemal como jefe del estado mayor del Bolayir mientras, por consejo de Fahri y del mismo Kemal, el Xº Cuerpo era devuelto al frente europeo. Adrianópolis cayó finalmente del lado serbio-bulgaro y el 16 de abril se llegó a una tregua. El Tratado de Londres se firmó a finales de mayo pero la sombra de la guerra sería alargada. Los antiguos aliados de la Primera Guerra Balcánica se enfrentaron por el botín, siendo la más malparada Bulgaria. Unido a Montenegro y Rumanía, el imperio lograría que Bulgaria se retirase de la Tracia oriental y de Adrianópolis. Kemal también participó en la Segunda Guerra Balcánica y preveyendo el desenlace partió con una brigada pero fue Enver Paşa quién llegó, venció y reclamó como suyo el triunfo. Enver se proclamó el 'libertador de Adrianópolis' ante la opinión pública turca y Kemal comenzaba a entender el factor propaganda. 
A principios de 1914, el ascenso meteórico de Enver Paşa culminó con su autodesignación como Jefe Supremo del ejército turco. Ante los vientos de cambio y dadas sus malas relaciones, Kemal decidió acompañar al nuevo embajador de Bulgaria como agregado militar. Kemal y la historiografía apologética tienden a describir el breve periplo de retiro voluntario para el estudio. Otras fuentes menos indulgentes consideran que fue más bien un autoexilio. La posterior purga en el ejército otomano dio la razón a Kemal. Enver depuró a todo aquel que le pudiese hacer sombra: más de 1.000 oficiales entre los que se contaban 2 mariscales, 30 generales de división y casi 100 generales de brigada. Por su parte, Kemal aprovechó su estancia de medio año en Sofía para pulir su vertiente política y serenar los ánimos con Enver. 

Primera Guerra Mundial
La intervención turca en la guerra europea sorprendió a Kemal en Sofía. A las pocas horas de la declaración de guerra a la Entente (5 de noviembre 1914) pidió su reingreso a filas. El 20 de enero de 1915 se le dio el mando de la recién creada 19ª División (57º, 72º y 78º regimiento). Pasada revista el 5 de febrero, Kemal informó a sus superiores que los regimientos 72º y 77º estaban formados exclusivamente por soldados árabes con apenas experiencia y entre los que se contaban numerosos miembros de las minoria yazidí, contrarios a la guerra. El mando insistió en el destino y lo conminó a intensificar la instrucción del contingente en Gallipoli. Kemal apenas tuvo 15 días para entrenar e instruir a la nueva unidad. El 25 de febrero, y ante la inminencia de un desembarco anfibio de la Entente en Gallipoli, se le ordenó tener preparadas a sus fuerzas en la orilla asiática (Çannakale) del estrecho de los Dardanelos. 

Gallipoli
Ideada como solución a la parálisis del frente occidental, el plan original aliado era tomar Istanbul forzando los Dardanelos con una flotilla francobritánica. Tras controlar el Mar Negro, Rusia sería abastecida por la Entente (Alemania había cerrado el Mar Báltico) y el cerco terrestre sobre las Potenciales centrales se estrecharía accelerando así el final de la guerra. Obtenido el visto bueno por los gobiernos aliados, a mediados de febrero de 1915 el contingente naval se reunió en la isla de Imbros. La operación comenzó el 19 de febrero con el bombardeo sistemático de las defensas turcas situadas en el litoral oriental de la península. A pesar del duro castigo, los supervivientes turcos de las baterias - junto a las redes de minas - lograron contener el golpe y volver a sus puestos. Al mando de las tropas turcas se encontraba el general Liman von Sanders que hacía menos de una semana que había sido destinado a Gallipoli con el 5º Ejército turco incluidos Kemal y su 19ª División de reserva. El mal tiempo frenó los ataques navales que no se reanudaron hasta el 25 de febrero. A pesar de las astutas recomendaciones de Liman von Sanders para cambiar el emplazamiento de las baterías, los aliados lograron destruir gran parte. Igualmente, y a pesar de la limpieza, el peligro de minas seguía latente por lo que el paso de los navíos entrañaba un gran riesgo. El Almirantazgo presionaba, pero el Almirante Sackville Carden pedía cautela anunciando que Istanbul caería en dos semanas. Tras el empleo de dragaminas civiles, el grueso del ataque naval se reanudó el 18 de marzo. El ataque tuvo un éxito parcial. La práctica totalidad de las baterías fueron eliminadas pero el factor fortuna jugó del lado turco. Un campo de minas secreto hundió al acorazado francés Bouvet, al HMS Irresistible y HMS Ocean de la Armada británica y otros tantos sufrieron graves daños como los franceses Gaulois y Suffren y el británico HMS Inflexible. Los éxitos terrestres no consiguieron tranquilizar al Almirantazgo que ordenó el repliegue y el abandono de la operación naval. Los turcos estaban al límite de sus fuerzas, pero las pérdidas en buques decantaron la balanza. Churchill pasó al plan B: desembarco anfibio y operación terrestre en Gallipoli. 
La inteligencia alemana sabía de los planes francobritánicos pero desconocía el emplazamiento del desembarco principal. Por ello, el Alto Mando turco había enviado una fuerza suplementaria a Gallipoli de 84.000 efectivos (5º Ejército) al mando de Liman von Sanders. El general alemán, promotor de una defensa móvil, decidió situar en los puntos costeros a pequeños destacamentos y disponer el grueso de las tropas en el interior. Advirtió, sin embargo, de la importancia en las comunicaciones entre unidades. Kemal, contrario a las ideas de Liman von Sanders, consideró que era necesario tomar ventaja a los invasores disponiendo del grueso de las tropas en las playas. El alemán, sospechando que el desembarco principal sería en el norte dispuso el grueso de sus tropas (5ª División y la brigada de caballeria) en el istmo de Bolayir (Bulair). El resto de la península quedaría en manos de Echad Paşa que comandaba el III Cuerpo (7ª y 9ª División). La 7ª se situó al sur de Bulair, cerca también del istmo. La 9ª cubririá la parte meridional de la península y la 19º de Kemal se mantendría en reserva en el interior. En el lado asiático de los Dardanelos estaba el XVº Cuerpo al mando del general alemán Weber. 

Chunuk Bair (25 de abril): adagietto con moto
El 25 de abril de 1915 comenzó la campaña terrestre de Gallipoli. El general británico Sir Ian Hamilton al mando de la Mediterranean Expeditionary Force (MEF) contó para el ataque con 75.000 soldados. Su plan consistió en un triple desembarco y un señuelo. La 29ª División británica desembarcó en el extremo más meridional de la península, el cabo Helles; la 1ª División francesa en el lado asiático de los Dardanelos (Kumkale) y las dos divisiones ANZAC en la costa egea entre Ariburnu Cove y Gaba Tepe. Según lo planeado y después de asegurar las cabezas de puente, el grueso de las tropas australes tomaría la posición elevada de Mal Tepe y cortaría las comunicaciones entre la parte norte y sur de la península que quedaría aislada del continente. Junto a los movimientos planeados, una pequeña flotilla en el golfo de Saros simularía una operación anfibia confirmando los temores de Liman von Sanders y distrayendo su atención del ataque meridional, que realmente se consiguió. Liman von Sanders y Echad Paşa permanecieron todo el día 25 en el istmo de Bolayir (Bulair) mientras los ataques eran en el sur. 
Los británicos y los ANZAC desembarcaron en territorio defendido por la 9ª División turca. La 1ª Division australiana desembarcó en Ari Burnu (Anzac Cove) sobre las cuatro de la madrugada con la misión de penetrar y tomar las tres colinas en dirección a Chunuk Bair. A las cinco y media el coronel Sami (9ª División turca) fue informado de los desembarcos en Anzac Cove y el Cabo Helles (Cape Helles). Siguiendo lo establecido, Sami envió a Anzac Cove dos batallones y una compañía de ametralladoras del 27º regimiento y avisó a la 19ª División en reserva. A las nueve de la mañana y tras 3 horas de marcha, el 27º regimiento (Mehmed Chefik) llegó al sector donde las ANZAC ya habían ocupado dos de las colinas, logrando repeler los ataques en la toma de la tercera (Gun Ridge). Poco antes, sobre las 8.30 h. fue informado de que Kemal venía en su auxilio con el 57º regimiento y una batería de montaña. Antes de partir y durante dos horas, Kemal intentó contactar en vano con Liman von Sanders o Esad Paşa en el cuartel general en Gelibolu (Gallipoli). Desconocía la situación en la costa egea, pero optó por situarse en las alturas de Conk bayiri (Chunuk bair) y desde ahí resistir a los ataques enemigos que -como bien preveía- querrían cortar las líneas de norte a sur de la península. 
La apuesta era muy arriesgada, pero la ausencia de mandos y su intuición fueron determinantes. Mustafa Kemal llegó al sector a media mañana. Los Aussies (las tropas de las ANZAC) seguían dueños de las dos colinas a pie de costa, pero la tercera seguía en manos del coronel Sami. Pasado mediodía Esad Paşa fue informado del ataque anfibio y decidió que el 27º regimiento también pasase a manos de Kemal que poco pudo hacer antes que anocheciese, salvo recuperar dos pequeños promontorios. Hamilton había logrado desembarcar a 8.000 soldados en Anzac Cove, pero el caos, la inexperiencia de algunos mandos y el hostigamiento desde las alturas de las tropas de Kemal confinaron su cabeza de puente a poco más que una playa y sin apenas cobertura bajo el fuego enemigo. Permanecerían así durante meses. Kemal se licenció en Chunuk Bair. Con apenas 34 años y con tropas aún bisoñas en combate supo exprimir lo mejor de ellas. Suplió su inexperiencia con una fe ciega en su mando y ante la ausencia de proclamas invocó el orgullo patrio y la memoria de ridículos pretéritos. Kemal traspuaba determinación, arrojo, valentía y una fe inquebrantable en la victoria. Sus experiencias líbias y balcánicas, así como sus múltiples lecturas, habían forjado en él una virtud inusual para el mando. Sus tropas lo idolatraban y es por ello que su legendaria frase 'no os ordeno que ataquéis, os ordeno que muráis' cobra toda su dimensión y sentido. 

Chunuk Bair (8-10 agosto): larghetto con tempo giusto
La actuación de Kemal impresionó a Liman von Sanders. No obstante, y ante la posibilidad de que hubiese sido un golpe de fortuna, le envió un comandante alemán como jefe de estado mayor que envió de vuelta en mayo. Kemal reconocía -a regañadientes- la autoridad del alemán pero no permitiría que nadie dudase de él o de sus hombres. El mando británico por su parte buscaba romper el cerco. Las moscas, el calor, la sed y sobretodo la disentería estaban diezmando de forma alarmante las fuerzas de la MEF. Hamilton insistió en su idea inicial (capturar Gun Ridge), pero esta vez buscaría una alternativa: desembarcaría unas 20.000 tropas (IX Cuerpo británico) en la bahía de Suvla para distraer la atención hacia el norte y permitir el progreso desde Anzac Cove hacia el interior con un movimiento envolvente norte-sur. 
El desembarco fue la noche del 6 al 7 de agosto. Se tomaron posiciones en el sector, pero otra vez las fuerzas turcas contuvieron a los británicos que tuvieron que parapetarse en las playas. Liman von Sanders reaccionó presto y ante las dudas de un oficial al mando lo sustituyó por Kemal el día 8. Señuelo o no, el ataque desde Anzac Cove hacia Chunuk Bair fue casi un éxito. Tropas angloaustralianas lograron tomarla en la madrugada del 8 de agosto tras duros combates y un certero apoyo de la artillería naval. El ataque parecía triunfar, salvo en Suvla. El mando turco no desesperó. Demostradas sus dotes y magnetismo con las tropas, Liman von Sanders encomendó a Kemal la dirección del nuevo grupo de combate Anafartalar (XVIº Cuerpo, 9º Division y el grupo Willmer). Estabilizado el frente, el día 10 decidió reconquistar Chunuk Bair. Conocedor de la zona y de los puntos débiles defensivos, se puso al frente de seis batallones para el ataque que comenzó a las 4.30 h. de la mañana. Con la bayoneta calada, sin apoyo artillero y en absoluto silencio, la infantería turca cogió por sorpresa a los pocos supervivientes de Chunuk que a las 12.45 abandonaron sus posiciones ante la falta absoluta de refuerzos. 
La reconquista de Chunuk Bair fue el resultado de una meticulosa preparación ejecutada a la perfección. Incluso la Historia oficial británica describió la batalla de 'contraataque turco perfectamente planeado'. El perfeccionista tenía admiradores británicos ! La batalla, sin embargo, no fue gratuita. En cuatro días de combates los turcos perdieron 17.000 soldados, los aliados 25.000. Para setiembre de 1915 Kemal estaba deshecho física y mentalmente. A pesar de sus tensas relaciones, reclamó a Enver que lo reasignase a otro destino ya que parecía que británicos y australes se habían resignado sobre Gallipoli. Liman von Sanders lo frenó. Al describirlo 'de oficial competente y excepcionalmente talentoso' lo condenó tres meses más en Gallipoli. No recibiría su nuevo destino hasta el 5 de diciembre. La fortuna estaba otra vez del lado turco: el War Council británico había decidido abandonar Gallipoli el 4 de noviembre. Instalado en Istanbul, Kemal supo que la MEF se retiró de las playas de Suvla y Anzac el 19-20 de diciembre y de Cabo Helles el 8-9 de enero de 1916 sin apenas bajas, produciéndole un enorme enfado y estupefacción. La campaña de Gallipoli le proporcionó prestigio en los círculos militares, aunque la prensa -controlada por Enver- desconociese su fama de líder militar en ascenso. Hans Kannegiesser, coronel bajo el mando de Kemal durante la batalla de Anafartalar, definió perfectamente la campaña de Gallipoli y el peso de Kemal en su resultado afirmando que 'lo psicológico ha triunfado sobre lo físico, y lo espiritual sobre lo material'.

Continua en: El perfeccionista turco: Mustafa Kemal en la Gran Guerra (II)

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