14 ago. 2015

Las peripecias de Fray Bentos en la Gran Guerra


Una de las facetas más espectaculares -y siniestras- de la Primera Guerra Mundial fue su indudable contribución al avance de la ciencia y de la técnica. El inicio de la guerra química y sus funestos resultados coincidieron con el perfeccionamiento acelerado de la aeronáutica o los impresionantes avances en medicina. Aunque la mayoría de ciencias y disciplinas técnicas ya estaban experimentado un gran avance desde inicios del siglo XX, la guerra aceleró su desarrollo. No obstante, mientras la ingeniería aeronáutica vivió un progreso fulgurante, el sector terrestre apenas avanzó. Con la Guerra de Secesión americana ya surgieron voces para crear un artilugio móvil y blindado que permitiese el desplazamiento de armamento y tropas por el campo de batalla pero los decenios pasaron y al llegar la Gran Guerra todo eran bocetos a cada cuál más inverosímil o fantasioso.
La guerra europea que estalló en agosto de 1914, a finales de año era mundial y el número de bajas crecía a un ritmo infernal: antes de 1915 los muertos superaban el millón. La tecnología, especialmente artillera, y la estupidez eran las responsables. Los cañones y obuses de gran calibre conquistaron el campo de batalla y la táctica militar. La defensa se impuso al ataque y la guerra de movimiento murió. Los frentes se estabilizaron y los ejércitos corrieron refugiarse bajo la débil protección de las trincheras, que sembraron los campos de batalla junto a las alambras de espino y otros ingenios defensivos. Cualquier éxito pasaba por el dominio de la artillería, que fue proliferando a golpe de obús y a miles de muertos. El control de la potencia de fuego, la gestión de la munición y el progreso en nuevas técnicas como la barrera de fuego o creeping barrage para proteger el avance de la infantería tras una cortina de obuses o el trabajo de contrabatería serían algunos de los caballos de batalla, literalmente, de la nueva guerra. Las principales cuestiones tácticas que surgieron con la guerra de trincheras consistían en como superar el cinturón defensivo enemigo para conquistar las líneas enemigas.
Aunque la máxima de Pétain de "la artillería destruye y la infantería ocupa" era meridianamente cierta, era necesario contar con un elemento sorpresa y la filosofía del tanque era simple. Se trataba de construir un artefacto móvil capaz de transportar a un grupo de soldados en su interior con el objetivo de romper las líneas enemigas para recuperar o conquistar territorio enemigo cruzando, previamente, un campo de batalla lleno de obstáculos como trincheras, cinturones de alambradas o enormes cráteres de obús. El fruto de esa visión acabaría concretándose en 1916 con el tanque Mark I después de algunos antecedentes como los "Little" y "Big Willie", que acabarían derivando en uso y forma en la familia de tanques Mark. La apuesta por el tanque fue producto del empeño del coronel E. Swinton y de Maurice Hankey, Secretario del Committee for Imperial Defence, que convencieron a Winston Churchill para que la Marina británica encauzase el proyecto después de la negativa del British War Office.
Así, y bajo el manto protector del Almirantazgo y el padrinaje de Churchill y de Lloyd George, futuro Primer ministro, se encauzó el diseño y producción del tank. El recién creado Landships commitee y el ya existente Inventions commitee fundieron sus esfuerzos. Con la ayuda del teniente Walter Wilson, miembro del RNAS y del ingeniero William Triton de la William Foster & Co. se comenzó a proyectar el tanque. Éste debía cumplir con tres condicionantes: que se desplazase -como mínimo- al paso de una persona (unos 6 Km/h), que fuese capaz de subir pendientes de unos 2 metros o franquear trincheras de dos metros de ancho y que soportase la potencia de fuego de armas ligeras.
Bajo estas premisas, y tras las probaturas de los "Willies", el primer tanque que vio la luz fue el Mark I. El tanque, bautizado así en parte como despiste y en parte por la forma - que decían - tenía de tanque de agua, pesaba unas 28 Tn, tenía un blindaje de entre 6 y 12 mm, dependiendo de la sección del casco y una capacidad para 8 personas. Existieron dos versiones del Mark I. La versión "masculina" incorporaba un armamento de 2 cañones ligeros Hotchkiss de 57 mm y tres ametralladoras Hotchkiss, mientras que el Mark I hembra solo montaba 4 ametralladoras Vickers y una Hotchkiss.
El Mark I hizo su debut el 15 de septiembre de 1916 en el Somme, durante la batalla de Flers-Courcelette en la que tomaron parte unos treinta tanques, siendo solo 9 los que llegaron a las líneas alemanas. El resultado tuvo varias lecturas. Las negativas ofrecían un panorama todavía incierto, sobretodo en cuanto a fiabilidad ya que de los 50 tanques que llegaron a Francia solo tres decenas salieron al campo de batalla y tan solo un tercio de estos culminó su objetivo. Las conclusiones positivas permitían observar el futuro con esperanza. El tanque había sido capaz de cruzar la temida "Tierra de nadie", vadear cráteres de extensión media, aplastar los cinturones de alambradas, franquear trincheras de casi tres metros de ancho, dar cobertura al avance de la infantería, y sobre todo asustar al enemigo. Con esta perspectiva, la producción se multiplicó y el papel del tanque fue 'in crescendo' hasta el final de la guerra, con el elemento de la innovación siempre en la mente de los ingenieros. Hasta nueve versiones del Mark se realizaron durante la guerra, pero fue un Mark IV (y su tripulación) el que protagonizó una de los episodios más sorprendentes de la guerra.
 

Las peripecias de Fray Bentos


El F41 o Fray Bentos era un tanque Mark IV perteneciente al batallón o sección 'F' del Tank Corps. La serie del Mark IV, con no demasiadas mejoras respecto al I (las series II y III se destinaron a entrenamiento), incorporaba 2 cañones Hotchkiss de caña corta (6 libras) en las barbetas, 2 ametralladoras Lewis (también en las barbetas) y otra en el casco. El curioso nombre de Fray Bentos, se lo puso -muy seguramente- el capitán Donald Richardson, antiguo dueño de una tienda de comestibles ya que Fray Bentos era una marca de carne enlatada que fabricaba la casa Oxo y de ahí la irónica comparación con los rigores que vivían los soldados en el interior de esas 'latas' móviles.
Las peripecias de Fray Bentos comenzaron a las 4.45 h. del 22 de agosto de 1917 cuando Richardson, comandante del batallón F y ese día a bordo del F41, ordenó avanzar hacia a las líneas enemigas desde de la trinchera Capricorn, justo detrás de la granja Spree. A pesar de que el campo de batalla era un mar de lodo, la misión era conquistar (con el apoyo de la infantería) una serie de búnqueres en la colina 35. La colina y sus alrededores habían proporcionado al enemigo un vital punto de observación desde el inicio de la batalla de Passchendaele y era imprescindible tomarla. Los objetivos concretos del Fray Bentos era la granja Somme, la Gallipoli y la Martha. Se trataba de la primera misión del Fray Bentos (y su tripulación) y las cosas no fueron del todo mal, al principio. Al poco de la ofensiva el Fray Bentos había destruido la granja Somme (Somme farm), abandonada por los alemanes, y se dirigía solo hacia la cima de la colina 35, donde se encontraba la granja Gallipoli. A diferencia de la granja Somme, los alemanes decidieron plantar batalla y mantenerse firmes ya que se trataba del último reducto de la colina 35.
Al acercarse a la granja Gallipoli el tanque recibió un nutrido fuego de ametralladora, por lo que el piloto buscó un terreno donde cubrirse. La lluvia de impactos provocó una multitud de esquirlas que hirieron levemente a algunos de los ocupantes. Instantes después, y medio de la confusión, una bala anticarro atravesó el blindaje e hirió al piloto (teniente Hill) en el cuello. Desconcertado y herido, Hill se desentendió de los mandos. Al verlo Richardson, que estaba a su lado, intentó controlarlos pero fue demasiado tarde. El tanque dio un bandazo, y al subir un pequeño repecho de tierra embarrancó de lado, con tal mala fortuna que la barbeta derecha se hundió en el lodo y la izquierda se encaró al cielo. Inmovilizado y sin apenas armas el Fray Bentos quedaba fuera de combate.

El calvario
La situación de la tripulación se volvió complicada no solo por ser blanco de los enemigos, sino por el fuego amigo. Los mandos británicos no estaban dispuestos a dejar que el F41 cayese en poder los alemanes. Aunque el incidente no había dejado heridos, excepto Hill, Richardson decidió actuar con rapidez. Era necesario desencallar el tanque mediante la viga que incorporaban los Mark IV para sortear zanjas o accidentes, así que el soldado Braedy y el sargento Missen se ofrecieron voluntarios para salir y estudiar la solución. Justo cuando Braedy estaba desencadenando la viga en la parte superior del casco, ahora en el flanco descubierto, lo alcanzó una ráfaga de ametralladora y murió en el acto. Viendo la suerte de Braedy, Missen decidió volver al interior. Intuyendo la procedencia de los disparos, informó al artillero de la barbeta superior, que consiguió desplazar el cañón a un nivel paralelo al suelo, ajustó el tiro y destruyó el nido de ametralladora. Esto solo fue un aperitivo de lo que estaba por venir.Viendo el ejemplo del Fray Bentos, los mandos lanzaron al 8º de los Seafort Highlanders y al 7º de los Cameron Highlanders a la conquista de la granja Gallipoli sin mucha fortuna y con numerosas bajas. Similares a las del 9º de los Black Watch y del 10º de los Scotch Rifles que también atacaron al poco con la misma suerte.
Enrabiados por la 'impertinente' respuesta del Fray Bentos, los alemanes decidieron acabar con él por la vía directa. Acercaron un cañón a primera línea, seguramente un 77 mm, para aniquilarlo. Pintaban bastos para Fray Bentos. Minutos después un impacto dio de lleno en la barriga del tanque, y una esquirla hirió de gravedad a uno de los artilleros. Las cosas iban a peor. Parecía tiro al pichón, pero con el añadido de que el fuego amigo también se estaba cebando con ellos. Los ingleses creían que el tanque había caido en manos del enemigo y tenían el deber de destruirlo.
Los impactos y los rebotes no lo destruían, pero a poco a poco el tanque se fue hundiendo en el lodazal. Gran parte del flanco derecho estaba sumergido en el barro y la barbeta izquierda estaba ya inservible. Las cosas siguieron empeorando. Los múltiples impactos que recibió el Fray Bentos hicieron que el cadáver de Braedy y la viga se escurriesen por el lateral del tanque y bloqueasen el portón izquierdo, la única vía de escape. Liberar el tanque parecía imposible.
Llegó la tarde y los alemanes lanzaron un contraataque para recuperar la granja Somme. Situado en la trayectoria de ataque y viendo el movimiento enemigo, el Fray Bentos desbarató la ofensiva con la única ametralladora Lewis operativa. Los alemanes recularon, pero el viacrucis iba in crescendo. Minutos después la artillería alemana y la británica 'unieron' esfuerzos para machacar el indefenso tanque. La situación se hacía insostenible dentro del Fray Bentos. Richardon decidió enviar un mensajero para informar de su situación a los mandos. Missen volvió a presentarse voluntario. Pura heroicidad porque se trataba de cruzar la Tierra de Nadie a plena luz del día con los francotiradores alemanes atentos a cualquier movimiento. La carrera de Missen fue dura. Lo hirieron pero, a pesar de ello logró saltar la trinchera y dar el mensaje de auxilio. Los mandos, maravillados por la resistencia de la tripulación, ordenaron a la artillería que cesase el fuego sobre Fray Bentos.
Durante el anochecer los alemanes prosiguieron con el martilleo sobre el F41 hasta que cayó la noche. Conscientes del peligro, y a la vez de su papel como bastión, Richardson ordenó una ronda de guardias para evitar y/o repeler ataques. La noche se preveía larga. Pasadas unas horas, el capitán Richardson, medio endormiscado en su guardia, notó que el portón se entreabría. Al instante distinguió la figura de un soldado alemán con una granada en la mano. Antes de asomar la cabeza, Richardson desenfundó y lo abatió con su revólver. Por fortuna, el cuerpo cayó hacia fuera junto con la granada que estalló fuera del tanque. Advertidos por la denotación, los ingleses comenzaron a iluminar con bengalas la Tierra de nadie para evitar otro ataque nocturno sobre el tanque. La tripulación del Fray Bentos consiguió repeler otra patrulla alemana con un método poco ortodoxo pero efectivo: mientras un soldado entreabría la barbeta izquierda, otro disparaba y así coordinadamente hasta que llegaron las luces del nuevo día.
 

23 de agosto
Al segundo mediodía la situación rayaba lo desesperante. La calor era asfixiante y el agua se había terminado, por lo que la tripulación optó por beberse el agua de los radiadores del motor. Hill había empeorado y debía recibir ayuda médica. El segundo día de encierro siguió, sin embargo, la tónica del primero: bombardeos, patrullas alemanas al acecho y defensa numantina con una sola ametralladora y revólveres. Con las primeras horas de la tardes los miembros del Fray Bentos vieron la luz al final del túnel cuando el 9º de los Black Watch reemprendió su ofensiva por la colina 35. La esperanza, sin embargo, duró poco. Los escoceses fueron rechazados. Al llegar la segunda noche Richardson comenzó a ver a su tripulación exhausta. La noche volvería a ser larga, pero era necesario resistir. Horas después, a media madrugada, Richardson oyó ruidos por el casco. Al momento ordenó a los suyos que abriesen todas las escotillas posibles y que disparasen o utilizasen cualquier arma que tuviesen a mano. La patrulla alemana fue sorprendida y rechazada. El Fray Bentos se defendía como gato panza arriba, pero las energías se iban fundiendo. La noche no había acabado y los alemanes deseosos de venganza comenzaron a acribillar el tanque con munición anticarro. Una lluvia de balas cayó sobre el Fray Bentos dejándolo como un queso gruyére. La fortuna volvió a sonreir a Fray Bentos. Hubo heridos pero no murió nadie. La noche moría.  


24 de agosto
El tercer día comenzó como el segundo, pero la sed y el malsano ambiente en el interior del tanque por la olor a cordita y aceite de motor comenzaban a ser insoportables. Se imponía una solución drástica. Richardson sabía que si se quedaban, antes o después, los matarían o los cogerían prisioneros. Así que al caer la oscuridad de la noche decidió abandonar el Fray Bentos a su suerte. A las 21.00 h. ordenó a sus hombres que abriesen el portón y que volviesen con toda cautela hacia las propias líneas. Cuatrocientos metros, que se hicieron en completo silencio y bajo una manto estrellado. Las peripecias del Fray Bentos duraron sesenta horas, de las cinco de la mañana del 22 de agosto a las nueve de la noche del 24. Sesenta horas de angustia, resistencia y heroicidad. De los nueve miembros de la tripulación, Braedy murió y los otros ocho fueron baja. El episodio tuvo tal renombre que por su conducta heroica, Richardson y el teniente Hill fueron condecorados con la cruz militar, el sargento Missen y el artillero Morrey con la medalla por conducta distinguida y el resto con la medalla militar. El soldado Braedy aparece mencionado en la sección de desaparecidos del cementerio Tyne Cot en Passchendaele.  

Fuentes
- Spagnoly, Tony. Salient points two. Cameos of the Western Front Ypres Sector 1914-18. Leo Cooper, 1998.
- The siege of Fray Bentos at the Battle of Passchendaele.
- Incredible bravery of WWI tank crew who survived 72 hours being bombarded by both Germans and their own side
- Fray Bentos (Short film)

22 may. 2015

Prisioneros en Skagerrak: la batalla de Jutlandia, 31 de mayo-1 de junio de 1916


La Batalla de Jutlandia, Skagerrak para los alemanes, fue la batalla naval más importante de la Primera Guerra Mundial y la única ocasión en que las flotas británica y alemana se enfrentaron. Los británicos se encontraban cómodos con el bloqueo naval que mantenían sobre Alemania, y Alemania se veía incapaz de doblegar la superioridad numérica de la flota inglesa de superfície. Sin embargo, en mayo de 1916 el Almirante alemán Reinhard Scheer decidió salir al Mar del Norte con el grueso de su flota a la caza de pequeñas flotillas, con el objetivo de atraer el grueso de la Grand Fleet para emboscarla. Desgraciadamente para Scheer, los ingleses interceptaron sus comunicaciones y enviaron el grueso de la Grand Fleet desde Scapa Flow para interceptarlo. Las dos armadas se encontraron frente a las costas danesas el 31 de mayo. La batalla, sin embargo, no fue decisiva. A pesar de que los alemanes la celebraron como una victoria, sobre todo por tonelaje hundido y pérdidas humanas, Jutlandia o Skagerrak certificó la imposibilidad alemana de romper el cerco británico en el Mar del Norte, condenándola que condenaría Alemania hasta más allá del fin de la guerra.. 

Introito o de aquellos barros, vinieron estos lodos ...


Cuando en 1898 el Kaiser Wilhelm II ordenó la construcción de su Marina imperial, el Almirantazgo británico respondió al órdago sacándose de la chistera el HMS Dreadnought. Emblema y símbolo de la marina del futuro, la clase Dreadnought reunía en un solo navío las tres virtudes: era el más rápido, el mejor armado y tenía el mejor blindaje que cualquier otro buque de guerra. Con el HMS Dreadnought el gobierno británico recogía el guante del desafío alemán y elevaba la puja en una carrera armamentística sin fin. El HMS Dreadnought era solo una muestra de la confianza adquirida por el Almirantazgo en materia de innovación tecnológica. La Grand Fleet estaba comenzando a crear una nueva especie de navío: los cruceros de combate o batalla (Battlecruisers), que incorporaban artillería pesada, un blindaje más ligero proporcionándoles una mayor velocidad y maniobrabilidad. Con la producción accelerada de la nueva clase Dreadnought y de los battlecruisers, la Grand Fleet lograba su objetivo desde Nelson: mantener una flota con el doble de navíos de guerra que la siguiente potencia naval del mundo.


Al estallar la guerra, la Grand Fleet no solo tenía casi el doble de navíos que la Hochseeflotte (la Marina imperial alemana) sino que estaba un punto por encima en cuanto a unidades más modernas y desarrolladas, con excepción del submarino. Por estas, y otras razones de corte más politico, el Kaiser consideraba su Marina imperial como un jarrón de porcelana fina, ante la evidente desesperación de Von Tirpitz. Existían órdenes explícitas de no arriesgar buques de superfície ante la amenaza de la flota británica. Los episodios de Dogger Bank y Heligoland no habían sido muy halagüeños, de manera que hasta el primer trimestre de 1916 cualquier operación naval de superfície solo buscó hostigar y bombardear las poblaciones de la costa oriental británica como Sunderland o Hartlepool.

Planes
En enero de 1916 y con la llegada al mando supremo de la Hochsee del Vicealmirante Scheer, las cosas iban a cambiar bastante. Con el plácet del Kaiser, Scheer ordenó al Contraalmirante Von Hipper que intensificase su hostigamiento sobre la costa británica con el objetivo de forzar un error británico. El verdadero objetivo era hacer salir de su escondrijo a la flotilla de destructores y cruceros del contralmirante Beatty fondeada en Rosyth. Scheer confiaba que una vez picado el anzuelo, el resto de la Grand Fleet -fondeada en Scapa Flow- y al mando del Almirante Jellicoe se le uniría en combate. Scheer había dispuesto que una flotilla de submarinos partiese hacia las Órcadas con la misión de emboscar ambas y que Hipper atrajese a Beatty hacia el grueso de la Hochsee Flotte. Una vez destruida o derrotada la flota de Beatty, los alemanes podrían medirse al resto de la Grand Fleet en igualdad de condiciones.

Preparativos
Los preparativos alemanes se iniciaron a finales de abril y se prolongaron hasta mediados de mayo. Dragaminas alemanes trabajaron en la localización de rutas y zonas seguras en las aguas cercanas a la isla de Heligoland. La limpieza debía estar finalizada para el 17 de mayo, ya que la Hochsee Flotte tenía órdenes de hacerse a la mar al poco. Paralelamente el 15 de mayo partió hacia la costa oriental inglesa un destacamento de submarinos con la misión de vigilar los puertos, y dos días después una flotilla de diez submarinos partió hacia la zona de las Órcadas. Dos unidades se mantuvieron cerca de Pentland Firth, siete en los alrededores del estuario del rio Forth (Firth of Forth) y otras dos en una situación intermedia. La Hochseeflotte debía zarpar el 23 de mayo pero retrasos en las reparaciones del Seydlitz y el mal tiempo imposibilitando la salida de los zepelines obligaron a una demora. Finalmente las tareas de vigilancia se dejaron en manos de los submarinos y la flotilla de Hipper se hizo a la mar sobre la 1.00 a.m. del 31 de mayo, con órdenes de Scheer de acercarse a la costa noruega con el fin de advertir a los ingleses, para que saliesen en su búsqueda. El grueso de la Hochsee la seguiría a distancia como apoyo en caso de encuentro.

Flotas
Sobre las 2.30 a.m. del 31 de mayo, el grueso de la Hochseeflotte zarpó del estuario del Jade y Wilhemshaven. La Marina imperial alemana, encabezada por el SMS Friedrich der Grosse (Almirante Scheer), la formaban tres escuadras de batalla (I, II, III), un grupo de exploración de 4 cruceros ligeros y una flotilla de 32 torpederos de diferente tonelaje bajo el mando del SMS Rostock.
La I escuadra (Vicealmirante Schmidt, a bordo del Ostfriedland) estaba compuesta por 4 acorazados de la clase Ostfriedland (SMS Ostfriedland, Thüringen, Oldenburg y Helgoland) armados con cañones (12) de 305 mm, junto a 4 acorazados de la clase Posen (SMS Posen, Rheinland, Nassau y Westfalen) con cañones (12) de 280 mm.
La II escuadra del contralmirante Mauve (SMS Deutschland) la formaban 6 acorazados de la modesta clase Deutschland (SMS Deutschland, Pommern, Schlesien, Hannover, Hessen y SMS Schleswig-Holstein) con 4 cañones de 280 mm y 10 de 105 mm. Y la III escuadra de batalla (Vicealmirante Behncke, SMS König) la formaban 8 acorazados de la clase König (SMS König, Grosser Kurfürst, Markgraf, Kronprinz, Kaiser, Prinzregent Luitpold y Kaiserin) con 10 cañones de 305 mm.
La flotilla de exploración del Vicealmirante Hipper (SMS Lützow) estaba formada por un 1er grupo de exploración a su mando y 5 cruceros de batalla. El SMS Lützow y SMS Derfflinger con 8 cañones de 305 mm y el SMS von der Tann, SMS Moltke y SMS Seydlitz con 10 cañones de 11 pulgadas (280 mm). El 2º grupo del Contraalmirante Boediker (SMS Frankfurt) lo formaban cuatro cruceros ligeros y el 2º grupo de la flotilla de cazatorpederos del Comodoro Heinrich (SMS Regensburg) con 30 cazatorpederos de diferente tonelaje (1700-800 Tn).


Para desgracia de Scheer, la inteligencia naval británica, y especialmente la Room 40, disponían del libro de códigos de la marina imperial alemana desde agosto de 1914 (a raíz del incidente del SMS Magdeburg en aguas bálticas) por lo que a mediodía del 30 de mayo informaron a Jellicoe de que la Hochsee Flotte se haría a la mar en las primeras horas del 31. Puntualizaron que desconocían las intenciones enemigas y ahí radicó parte del problema. La orden era que las flotillas de Beatty y el resto de la Grand Fleet se encontrasen en punto cercano a 100 millas al este de Aberdeen. Así que a las 23.30 de la noche del 31 (y antes que la flota alemana) partieron en tres columnas en dirección al punto de encuentro.

La Armada inglesa estaba compuesta por la Grand Fleet al mando de Sir John Jellicoe (HMS Iron Duke) y por la 5a flotilla de exploración del Vicealmirante David Beatty (HMS Lion). La Grand Fleet contaba con 4 escuadras de combate.
La I escuadra (1st Battle Squadron) al mando del Vicealmirante Burney (HMS Malborough) contaba con 8 acorazados. 5 de ellos con 10 cañones de 305 mm (HMS Colossus, Neptune, Hercules, Collingwood y St. Vincent), 1 con 14 cañones de 305 mm (HMS Agincourt), otro con 10 cañones de 343 mm (HMS Marlborough) y un último con 8 cañones de 381 (HMS Revenge). La escuadra también contaba con el apoyo de 4 cruceros ligeros (Boadicea, Blanche, Bellona y Active), un destructor (HMS Oak) y un draga minas (HMS Abdiel).
La II escuadra (Vicealmirante Jerram) estaba formada por 8 dreadnoughts y super-dreadnoughts con 10 cañones de 343 mm y 16 de 101 mm (HMS King George V, Ajax, Centurion, Erin, Orion, Monarch, Conquerer y HMS Thunderer). La IV escuadra (Vicealmirante Sturdee) contaba con 8 acorazados. El HMS Royal Oak, de la clase Revenge (1914), con 4 torretas de 2 cañones de 381 mm y 14 cañones de 152 mm, más otros dos de 76 mm. Otros dos dreadnoughts con 10 cañones de 300 mm (HMS Superb y HMS Temeraire), el HMS Canada con 10 cañones de 356 mm y 16 de 152 mm, el HMS Benvow y el HMS Iron Duke con 10 cañones de 343 mm, y finalmente el HMS Bellorophon y el Vanguard con 10 cañones de 305 mm.
La III escuadra (3st Battle Cruiser Squadron) del Contraalmirante Hood lcontaba con 3 cruceros de batalla de la clase Invincible (HMS Invincible, Inflexible, Indomitable) con 4 torretas de 2 cañones de 305 mm y 16 cañones de 101 mm, 2 cruceros ligeros (HMS Canterbury y Chester) y cuatro destructores (HMS Shark, Ophelia, Christopher y Acasta).


La flota de cruceros de combate de Beatty estaba compuesta por 6 cruceros de combate, 13 cruceros ligeros y 18 destructores. Los seis cruceros de combate eran el HMS Lion, Princess Royal, Queen Mary, Tiger, Indefatigable y el HMS New Zealand. Todos ellos, menos el Indefatigable y el New Zealand, con 4 torretas de 2 cañones de 343 mm y los 2 de la clase Indefatigable con 4 torretas de 2 cañones de 305 mm. Los trece cruceros ligeros se distribuian en 3 flotillas de 4 navíos, más el HMS Engadine. La flota de destructores que acompañaba la flota de Beatty estaba formada por dos flotillas de 9 (13th Destroyer flotilla) y 6 navíos (6th Destroyer Flotilla). La Grand Fleet la completaban una escuadra de acorazados (5th Battle Squadron) de la clase Queen Mary al mando del Contraalmirante Evan-Thomas y una flotilla de diez destructores (1st Destroyer Flotilla) como escolta.

La batalla (31 de mayo)
El Almirante Jellicoe, según informaciones del Almirantazgo, creía que los cruceros de combate alemanes habían zarpado para llevar a cabo una misión de hostigamiento en la costa inglesa y que el grueso de la Hochsee habría salido para darle cobertura en su retorno. Por ello situó a la Grand Fleet en una situación similar, dejando a Beatty en vanguardia. A las dos de la tarde Beatty se encontraba en el Fischer bank, a unas 110 millas al oeste de Jutlandia. A la misma hora, Jellicoe y la Grand Fleet se encontraban a unas 70 millas al Nor-Nor-Oeste (NNO) de la zona indicada, avanzando en dirección Sur-Este (SE), mientras que la flota de Beatty debía dirigirse en dirección noreste (NE) hasta obtener contacto óptico con Jellicoe. La derrota de la Grand Fleet era ESE (Este-Sur-Este), mientras que la de Beatty tras las dos de la tarde era NE. Norte era también la derrota que seguían la flotilla Hipper y el resto de la Hochsee, a unas 50 millas al sur. A las 14.30 h. el HMS Lion se encontraba a unas 45 millas a poniente del SMS Lützow y solo 15 millas náuticas distaban entre las extremos de ambas formaciones, es decir entre las unidades enemigas más cercanas. El avistamiento entre las flotillas de Beatty y Hipper fue mútuo pero del todo fortuito.


Primer contacto
A las 14 h. el crucero ligero alemán SMS Elbing avistó al vapor danés N.J. Fjord y envió las torpederas B109 y B110 para su inspección. Prácticamente al mismo instante los cruceros ingleses HMS Galatea y Phaeton también avistaron al vapor danés. Durante su aproximación el Galatea y el Phaeton descubrieron a las torpederas alemanas y abrieron fuego. Después del primer avistamiento, los hechos difieron un poco según los testimonios. Algunas fuentes determinan que 23 minutos más tarde las flotillas de Hipper y Beatty entraron en contacto visual, mientras que otras sostienen que no fue hasta las 15.30 h. El hecho determinante fue que pasadas las 15.30 h. Hipper se percató de que Beatty le podía cortar la retirada, rompiéndole el contacto con el grueso de la Hochsee Flotte. Siguiendo el plan establecido, Hipper invirtió el rumbo para evitar que el enemigo le cortase la retirada, conduciéndolo de paso condujese a las fauces de la Hochseeflotte.

Primera fase de la batalla: la marcha al sur


A las 15.48 h. y ya en sentido SSE, el SMS Lützow de Hipper abrió fuego contra la línea de cruceros de Beatty a unas 17 millas náuticas.


En derrotas paralelas el intercambio de salvas fue contínuo y brutal. El combate se estableció entre 6 cruceros ingleses y 5 alemanes. Los ingleses sobreestimaron las distancias, las siluetas recortadas de sus navíos ayudaron a los alemanes con un fuego certero. Sobre las 16 h., el HMS Indefatigable recibió varios impactos del SMS Von der Tann en la torreta trasera. Fuera de la formación de combate, el Indefatigable volvió a ser alcanzado por varios impactos en el castillo de proa, la torreta delantera y en el depósito de municiones provocando una explosión brutal y su hundimiento con apenas dos supervivientes de los 1019 tripulantes. Eran las 16.04 h. Con el objetivo de acortar distancias y mejorar tiro, Beatty viró ligeramente al este. Esta maniobra expuso el Lion a tiro de los cruceros de batalla alemanes, siendo alcanzado en varias ocasiones, como también el Princess Royal y el HMS Tiger. Debido al humo de los impactos en el Lion, el SMS Derfflinger lo perdió de vista. Éste fijo su artillería en el segundo de los navíos visibles de la formación inglesa, el Queen Mary. El HMS Queen Mary había entablado un potente un combate de artillería con el SMS Seydlitz, alcanzándose mutuamente por espacio de cinco minutos. La flota de Beatty seguía aproximándose a la alemana. A las 16.25 de la tarde la distancia entre ambas era de unas 7 millas náuticas, unos 13 km. El SMS Derfflinger aprovechó esa ventaja y de los dos proyectiles que disparó hacia el Queen Mary, el primero estalló de lleno en el depósito de municiones de la torreta de proa provocando una brutal explosión del navío y su hundimiento en pocos minutos. Solo 8 supervivientes de 1270 tripulantes.


La artillería alemana estaba siendo muy efectiva. El combate entre las flotillas de Hipper y Beatty duró aproximadamente una hora en que aparte de las pérdidas inglesas, los alemanes también tuvieron graves daños procedentes sobretodo de los cañones de 381 mm ingleses. A pesar de una primera fase victoriosa para los alemanes, la llegada en el horizonte del resto de la Hochseeflotte fue providencial. La velocidad de los cruceros ingleses y su certero tiro comenzaban a poner en aprietos a los cruceros alemanes, mejor acorazados pero menos veloces. El avistamiento de la Hochseeflotte por Beatty fue todo una sorpresa. Según las informaciones transmitidas des de la inteligencia naval, la Flota de Alta Mar alemana debía estar todavía en sus puertos. Beatty ordenó un viraje en redondo hacia el norte. Su principal objetivo era huir pero atrayendo a la Hochsee Flotte hacia el encuentro del grueso de la Grand Fleet de Jellicoe, que venía a toda máquina en su auxilio. Consciente del envite, Hipper también ordenó virar. Durante la persecución hacia el norte solo se producieron algunos disparos de los cruceros en vanguardia de Hipper hacia la retaguardia de Beatty pero poco más. Lo más significativo de la carrera hacia el norte es que iniciava otra fase de la batalla: eran las 17.40 h.

Segunda fase de la batalla: la carrera hacia el norte


Resuelto a llevar el grueso de la Hochseeflotte hacia la boca del lobo, Beatty viró hacia el este hasta avistar el Iron Duke de Jellicoe. Las condiciones atmosférics comenzaban a favorecer ahora a los ingleses. La flotilla de Beatty, más veloz, comenzó a abrir fuego sobre la vanguardia de Hipper, obligada a seguir el movimiento de Beatty. La flotilla de Hipper estaba recorriendo en dirección norte la zona de los primeros combates y la neblina y el humo de los impactos e incendios de los primeros encontronazos que no se había disipado. Los alemanes siguieron la derrota hacia el NE. Scheer insistió en que Hipper no aflojase la marcha con el objetivo de no perder a Beatty en su huida. Parecía que eran los alemanes quiénes habían picado ahora el anzuelo. Sobre las 18.20 h. el viento comenzó a disipar los restos de la neblina y el certero fuego alemán comenzó a cebarse otra vez en los navíos ingleses: el crucero de batalla HMS Invincible del Almirante Hood y el acorazado Defence estaban fuera de combate. A las 18.30 h., sin embargo, la Grand Fleet de Jellicoe había finalizado su despliegue de batalla en un amplio arco que iba del NO a NE y que le proporcionaba una indiscutible ventaja de cara a la siguiente fase del combate.

Tercera fase de la batalla: el enfrentamiento entre flotas


Scheer, creyendo que seguía la flotilla de Beatty, siguió la derrota hacia NE. Sin embargo, sobre las 18.15 h. y tras un impresionante relampagueo en el horizonte, se percató que frente a él se estaba el grueso de la Grand Fleet. Los primeros en darse cuento del peligro fueron los cruceros de batalla de Hipper y los acorazados de la 3ª escuadra. El Lützow y el König fuera de combate y el Wiesbaden a la deriva. Los ingleses tampoco sabían cuál era la situación real. Algunos navíos ingleses disparaban a cualquier objetivo que saliese apareciese en la oscuridad pero no había una operación de conjunto. Reinaba, en cierta manera, el desconcierto en el bando inglés. Los alemanes sí que eran conscientes de la situación. Tanto que la flotilla de cruceros de batalla de Hipper giró al SE y poco después al S a toda máquina. Su situación era muy precaria. Luchando desde hacía casi tres horas, la mayoría de cruceros de batalla estaban en condiciones muy precarias. Scheer sabía además que una retirada de toda la flota hacia el sud ofrecería a una parte de la armada inglesa un objetivo clarísimo. Por eso decidió arriesgar y en una decisión magistral viró todo hacia el SO, con órdenes de que los navíos escondiese su nueva posición con una pantalla de humo.
El desconcierto inglés continuó, cesando el fuego sobre la flota alemana. Jellicoe no estaba dispuesto a perseguir a la Hochseeflotte en una nueva carrera hacia el oeste por lo que decidió poner rumbo primero hacia el SE y después hacia el S con el objetivo de cortar la retirada de Scheer hacia sus bases en Alemania. Sobre las 18.50 h. el HMS Marlborough notificó a Jellicoe que había recibido un impacto de un torpedo procedente de un navío sin identificar, pero al poco y tras escampar el humo y la neblina pudo comprobarse que el SMS Wiesbaden - totalmente a la deriva - había sido el causante. Parte de la flota inglesa concentró su fuego sobre él y en diez minutos se hundía pasto de las llamas. Eran las 19 h.

Cuarta fase de la batalla: cruzando la T


Era el turno de Scheer. Consciente de que no podía seguir indefinidamente hacia poniente, tomó una decisión un tanto inexplicable y arriesgada. La Hochseeflotte viró otra vez en dirección E para encontrarse con el grueso de la flota inglesa, que iba en dirección SE. Scheer, con todavía una hora para el crepúsculo, y consciente de su ventaja en el tiro y en el blindaje de sus acorazados quiso volver al campo de batalla. Intuía que Jellicoe querría cerrarle la retirada y no quería enfrentarse a la Grand Fleet perfectamente dispuesta. Su plan consistía en golpear a la escuadra de Goodenough (situada a la retaguardia de la Grand Fleet) con una vanguardia de destructores para volver a virar en redondo inmediatamente habiendo causado una enorme confusión y alguna baja en la Grand Fleet. La sorpresa de Scheer, sin embargo, se iba a tornar en su contra.
Scheer se dió de bruces con una Grand Fleet en posición y castigando a casi todas sus escuadras desde las 19.13 h. El fuego inglés procedía desde ocho puntos distintos del compás. Solo los navíos alemanes en cabeza podían disparar mientras el grueso de Grand Fleet concentraba su fuego en la vanguardia de la flota alemana. La flotilla de Hipper recibió muy duramente. Sorprendido y ante una peligrosa perspectiva, Scheer optó por un tercer viraje a las 19.14 h. Como medida de distracción, Scheer lanzó un ataque con torpedos y ordenó a sus destructores que creasen una cortina de humo para que la Hochsee desapareciese como un fantasma entre las brumas. Scheer también ordenó a los submarinos que atacasen el grueso de la Grand Fleet. Consiguió poca cosa pero lo suficiente para intimidar a Jellicoe, obligándolo a adoptar una formación en zig-zag hacia el SE.


Libre del peligro submarino, a las 19.44 Jellicoe ordenó poner rumbo SE en fila única. Los especialistas consideran que fue en este momento donde radica el principal error de Jellicoe al dejar escapar a la Hochseeflotte sobrestimando el ataque con torpedos y la amenaza submarina. En caso de que Jellicoe hubiese seguido a la Hochseeflotte podría haber destrozado a la retaguardia alemana pero hubiese corrido algunos riesgos que no quería tomar. Consciente de que ya había virado demasiado al SE, Jellicoe ordenóa a las 19.54 volver a encarar hacia el S con objeto de interceptar la Hochsee de vuelta a sus bases.

Quinta fase: Crepúsculo y noche

A pesar de la retirada alemana, la situación era de todo menos clara. A las 19.45 h. Goodenough advirtió a Jellicoe que parecía ver como la Hochsee viraba hacia NW en vez de seguir la derrota W. A la misma hora Beatty transmitió a Jellicoe que parecía como si la vanguardia de Scheer fuese en dirección SW. Jellicoe decidió optar por la segunda información y puso la Grand Fleet en derrota SW con el fin de cerrar el paso a la Hochsee. La carrera se mantuvo así durante media hora con la incertidumbre generalizada al ignorar si estaban a la captura de varias flotillas de la Hochsee o de toda entera. Scheer, sin embargo, sí que sabía que estaba frente a la Grand Fleet. Por ello, y ante la superioridad manifiesta de los ingleses, no dudó en virar hacia el S a toda máquina con el objeto de aventajar a los ingleses y llegar antes a Horns Reef, lo que le permitiría llegar sin problemas a puerto. La distancia aproximada era de unas 90 millas y el tiempo a emplear unas seis horas a 15-16 nudos. Para facilitar la travesía y entorpecer a los ingleses, Scheer envió a varias torpederas en tareas de caza que nada obtuvieron. Jellicoe, por su parte, desestimó un combate nocturno. Los alemanes habían demostrado cierta perícia en acciones nocturnas y además temía el peligro de colisión entre buques al tratarse de toda la armada. Insistió en perseguir a las unidades alemanes para impedirles el paso hacia Horns Reef y la bahía de Heligoland para reanudar, en caso de que fuese posible, los combates a la primera luz del alba.
A partir de las diez de la noche y debido a la cercanía de ambas flotas (aprox. 5 millas náuticas), hubo escaramuzas entre ambas flotas. Los alemanes volvieron a demostrar su puntería, a pesar de que el único navío hundido en ese combates fue el crucero ligero Frauenlob por un torpedo procedente del Southampton de Goodenough. (aprox. 10 millas) Sobre las once y media de la noche, el grueso de ambas flotas comenzó a separarse. A pesar del alejamiento, la velocidad de la Grand Fleet permitió que su 4a flotilla de destructores situada a retaguardia avistase a los dreadnoughts de la Hochsee, situados en vanguardia. Poco después se entabló un combate artillero de gran intensidad.
El HMS Spitfire colisionó con el acorazado Nassau provocando en el inglés serios daños en el casco, el Westfalen hundió al Tipperary, el Elbing embistió al Posen, hundiéndose éste último poco después. También el malogrado Lützow, semihundido por los múltiples proyectiles recibidos durante la última refriega, tuvo que ser hundido por los propios alemanes después de haber rescatado a su dotación en otros navíos. El Broke atacó al Rostock, inutilizando su timón lo que provocó que embistiese al Sparrowhawk, dejándolo seriamente dañado. El Rostock, inutilizado y a la deriva, fue torpedeado pero se mantuvo a flote hasta la mañana siguiente en que fue hundido por su dotación después de haber sido rescatados por el Dublin inglés. El Westfalen volvió a hacer pleno hundiendo el destructor HMS Fortune.
Caso curioso fue el del El Black Prince, que hasta después de la guerra no se supo con seguridad lo que le había sucedido. Fuentes procedentes del HMS Spitfire confundieron un navío de guerra alemán envuelto en llamas que acabaría explotando y hundiéndose con el Black Prince. Sin embargo, y a raíz de posteriores investigaciones, se supo que el Black Prince fue hundido por navíos alemanes en las escaramuzas de la medianoche del 31. Separado de la Grand Fleet, el Black Prince fue avistado por el SMS Thüringen con sus proyectores de luz, siguiendo alcanzado en numerosas ocasiones. El navío inglés continuó su andadura pero dio de bruces contra el grueso de la Hochseeflotte, entre ellos el Ostfriesland y el Friedrich der Grosse que lo alcanzaron a poca distancia y lo hundieron en pocos minutos, pereciendo toda la dotación, unos 850 hombres. Al poco el Westfalen, en racha esa noche, hundió al Ardent inglés.
Unidades de la 5a flotilla británica presenciaron los combates y el paso del grueso de la Hochsee por la popa del Grand Fleet en dirección SE pero no reportaron nada a Jellicoe porque consideraron que ya estaba informado. Pasadas las doce, las flotillas 9a y 10a se unieron a la 4a y cruzaron la línea alemana pensando que eran la 5a flotilla de Beatty. A pesar de ello, y en plena retirada, los alemanes no perdieron la oportunidad: el Westfalen dañó seriamente el Petard y hundió el Turbulent. Solo la 12a Flotilla siguió la derrota alemana. Intentaron radiar su posición a Jellicoe pero los alemanes bloquearon la transmisión. A pesar de su frustacion, el HMS Onslaught logró hundir al SMS Pommern en su huida con dos torpedos. El intento del Moresby por torpedear al Von der Tann y la explosión de la torpedera alemana V4 fueron los últimos episodios bélicos de la batalla de Jutlandia para los ingleses y de Skagerrak para los alemanes.


A las tres de la madrugada del 1 de junio, la Hochseeflotte se encontraba a tan solo 15 millas de Horns Reef y media hora más tarde entraba en puerto. A las 4 de la madrugada el Almirantazgo informó a Jellicoe que los alemanes habían huido y al poco viraron hacia casa.


Skagerrak
Los alemanes fueron los primeros en arribar a puerto y en capitalizar sus triunfos en una guerra que también se libraba de forma feroz, la de la propaganda. Los alemanes vencieron en Skagerrak, y no en Jutlandia como la llamarían los ingleses. Desde su perspectiva, Alemania había logrado una gran victoria. Inicialmente, Scheer reclamó haber hundido tres acorazados, un superdreadnought (creyendo que era el Warspite), dos cruceros acorazados, tres ligeros y 13 destructores. Alemania sintió la batalla como una gran victoria y un triunfo indiscutible, hecho que sirvió a la prensa alemana para intentar convencer a la opinión pública mundial que la Royal Navy había sido aplastada. En un primer momento el Almirantazgo solo reconoció la pérdida del Pommern y el Wiesbaden, a pesar de que el Frauenlob y algunos destructores no habían vuelto, y que el Lützow, Elbing y Rostock habían sido hundidos.


Jutlandia
Desde las Islas Británicas la percepción de lo ocurrido fue bastante diferente, a banda de bautizarla como batalla de Jutlandia. Tanto para el Almirantazgo como para Beatty, Jellicoe y, especialmente para la opinión pública británica, la batalla de Jutlandia fue una gran decepción. Antes incluso de que la Grand Fleet arribase a puerto, los rumores sobre una gran derrota habían comenzado a circular. El Almirantazgo, sabedor ya de la 'victoriosa' versión alemana, estaba ansioso por hacer una declaración oficial. Fue peor el remedio que la enfermedad. En el comuniqué del 1 de junio del Almirantazgo fue directo, prosaico y demasiado sincero para una opinión pública ávida de victorias y harta de sinsabores. El gobierno británico, con Asquith a la cabeza, lo consideró un error en toda regla. Jellicoe y sus informes fueron al rescate de un Royal Navy en puerto. El siguiente comunicado del 3 de junio suavizó las propias pérdidas, informó de las alemanas y lo principal, aseguró y reafirmó que el dominio de los mares permanecía indiscutiblemente en manos británicas.
El gobierno británico puso toda la carne en la prensas: al día siguiente, 4 de junio, el Almirantazgo volvió a emitir un comunicado exagerando las pérdidas alemanas y su ocultación por parte de las autoridades germanas. El hecho de que los alemanes informasen el 7 de junio de las bajas definitivas del Lützow y el Rostock ayudó en gran manera a suavizar en el Reino Unido la supuesta derrota y a comenzar asumir que la batalla había significado una victoria en cuanto se mantenía el bloqueo sobre Alemania y que la Royal Navy seguía siendo la Reina de los mares.

Conclusiones
Consideraciones a banda, y ciñiendose simplemente a un recuento de datos, los alemanes tenían muchas razones para considerar Jutlandia o Skagerrak como un triunfo. La Royal Navy había perdido tres cruceros de combates, tres cruceros acorazados y trece destructores. Los alemanes un crucero de combate, un pre-dreadnought o acorazado de 2a clase, cuatro cruceros ligeros y cinco destructores. En toneladas hundidas, los alemanes también eran claros vencedores: 112.000 Tn por 60.000 británicas. Y en el apartado bajas la victoria también era clara: los británicos sufrieron unas 6100 por 2500 alemanas.


No obstante, desde un punto de vista más global en la guerra, la supuesta victoria alemana quedaba ensombrecida por el peso de los hechos. Como dijo un periodista americano, "la armada imperial alemana ha asaltado a su carcelero pero permanece todavía en prisión". La victoria estratégica quedó en manos británicas. Las bajas de la Grand Fleet fueron duras pero rápidamente reemplazadas y el margen de superioridad naval de los ingleses no se vio afectado. Si bien es cierto que la Hochseeflotte había inflingido un duro correctivo a la Grand Fleet, sus resultados a corto, medio y largo plazo fueron nulos y determinantes para el resultado final de la guerra. Consciente de su suerte y de la immensa superioridad británica, la Hochsee no volvió a hacerse a la mar como en mayo de 1916. Su triunfo, más que pírrico fue estéril y Scheer lo supo desde el primer momento. De hecho no buscó más aventuras navales y abogó a finales de 1916 por una guerra submarina sin cuartel para doblegar la superioridad británica en los mares, que no llegaría a producirse a pesar de estar muy cerca.

Fuentes
. La Bataille du Jutland ... récits ... de soixante officiers de la Grand Fleet. Paris: Payot, 1927
. Campbell, John. Jutland: An Analysis of the Fighting. London: Conway Maritime Press, 1998.
. Halpern, Paul G. A Naval History of World War I. London: Routledge, 1994.
. Hase, Georg von. La Bataille du Jutland vue du "Derfflinger" ... . Paris : Payot & Cie, 1922
. Corbett, Julian. History of the Great War - Naval Operations
. Jellicoe, John Rushworth. La Gran flota británica (1914-1916) : operaciones navales en el Mar del Norte desde la ruptura de hostilidades hasta después de la batalla de Jutlandia. Barcelona: Seix & Barral, 1920.
. London, Charles. Jutland 1916 : Clash of the Dreadnoughts. Oxford: Osprey, 2000. Parcialmente digitalizado.
. Scheer, Reinhard. Mémoires de L'Amiral Scheer, Commandant en chef de la Flotte allemande de Haute Mer pendant la Guerre Mondiale. Paris: Payot, 1924.
. Steel, Nigel; Hart, Peter. Jutland 1916: Death in the Grey Wastes. London: Cassell, 2004.
. Battle of Jutland, 31.05-1.6.1916
. The Battle of Jutland

12 ene. 2015

Lussu en el altiplano: un testimonio italiano de la Gran Guerra


La práctica totalidad de la memorialística de Gran Guerra versa sobre carnicerías inútiles, el tedio de la trinchera y el temor a una muerte terrible. Jünger, Barbusse, Graves y un largo sinfín de escritores no defraudan. Con más o menos realismo invitan al lector a un macabro universo sensorial: lo cítrico del gas mostaza, el barro succionador de la trinchera y el insoportable hedor de cadáver que todo lo invade. Justo al otro extremo de la balanza se encuentra Emilio Lussu y su Anno sull'Altipiano.
Sardo de nacimiento y teniente de complemento en la famosísima Brigada Sassari, sus souvenirs son un soplo de frescura entre tanta atmósfera irrespirable. Confiesa en su prólogo que fue Gaetano Salvemini quién lo empujó a explicar sus experiencias, descritas por él mismo como un testimonio más.
Un Anno sull'Altipiano es un retrato fresco, divertido y en ocasiones hilarante. Insisto en la frescura por tres razones: un estilo nada tedioso, la disparidad de vivencias -no siempre bélicas- y la ausencia de moralina. Lussu evita pontificar. Su visión de la guerra es por norma desenfadada y nada arrogante, a pesar de la estupidez que impera en determinados mandos y círculos sociales. Soporta las contrariedades con estoicismo y un humor que lo alejan de lo sombrío.
Lussu escribió un Anno durante su estancia en un sanatorio suizo entre 1936 y 1937. Curiosamente el libro se publicó en Paris en 1938. Su antifascismo militante, el exilio y el propio contenido del libro entorpecieron su edición en Italia. No obstante, y a pesar de la censura, Un Anno sull'Altipiano se convertiría muy pronto en el referente de testimonio italiano de la Gran Guerra. La narración histórica de la obra abarca desde mayo/junio de 1916 hasta principios de julio de 1917. Encuadrado en la Brigada Sassari, Lussu vive en primera persona la ofensiva austríaca que tuvo lugar entre el 15 de mayo y el 17 de junio de 1916 en la zona del Altiplano de Asiago conocida como Strafexpedition (expedición punitiva) o Battaglia degli Altipiani. Concebida como un intento de abrirse paso hasta la llanura véneta y coger por la retaguardia al grueso del ejército italiano del frente isontino (Isonzo), la infantería de montaña austríaca consiguió adentrarse en territorio italiano y poner en jaque al ejército italiano, que tras una ardua resistencia logró cerrar la brecha y contener el avance enemigo. Durante esos meses Lussu promocionará de subteniente a capitán, tanto por su arrojo en el combate como por la ininterrumpida sangría en la oficialidad. El frente del altiplano no es el infierno del Carso o del Somme pero tampoco es un sector tranquilo: la estupidez (véase el elpisodio del Monte Fior) y la incompetencia de los mandos así lo evitan. A pesar de tratarse de un sector poco 'decisivo' estratégicamente hablando, el Alto mando italiano - con absurda gesticulación - se empeña en romper un frente del todo inaccesible. No ya por los exiguos medios con los que cuenta sino por la dificultad del terreno y la mejor disposición en el terreno de las tropas austroúngaras. A pesar del frenesí narrativo de Lussu y la emoción que desprende, la descripción bélica no alcanza en ningún momento el clímax de Jünger o Sassoon. Lussu consigue, sin quererlo, desdramatizar lo bélico añadiendo ingredientes o bien cómicos (en cierto momentos me recuerdan al Monicelli de Rufufú) o muy personales que disminuyen lo puramente trágico.
El mérito de Lussu radica en la naturalidad con que describe el funcionamiento del ejército, las contradicciones de la oficialidad y la miseria cotidiana del soldado raso. La sencillez auyenta lo fatídico e incluso divierte. No es fingida, fluye sin quererlo. A pesar de lo coral, Lussu sustenta sus recuerdos sobre dos personajes. Uno es el general Leoni, personaje verídico con nombre ficticio, y el otro es el cognac. Juntos o por separado, ambos actores generan múltiples tramas y anécdotas.
El general Leoni es el arquetípico general veterano, ignorante por completo de las nuevas tácticas, irascible, incompetente y arrogante. Lussu lo presenta en todo su esplendor y plenitud: de lo absurdo a lo cómico, de lo temerario a lo arrogante y así hasta el infinito. La clave, sin embargo, es que a pesar del odio que genera al lector, Leoni acaba siendo un elemento de que produce una simpatía extraña. Solo un ejemplo. Más o menos por la mitad de la obra, Lussu cuenta que al llegar a un puesto de oficiales se encuentra que varios de sus compañeros comentan con indismulada alegría la muerte del general Leoni. Un paréntesi (casi) inecesario: Leoni es odiado urbi et orbe, no solo por la soldadesca sino por todos los oficiales de la brigada que ven en él a un 'mal bicho' sin atenuantes. De vuelta del paréntesis, los camaradas de Lussu continuan diciendo que Leoni fue alcanzado por una granada y que murió en el puesto de socorro. A todo esto, el ir y venir de copas y brindis és un frenesí. El alivio se respira por doquier. Se elevan los vítores y las risas cuando de repente uno de los oficiales todo contrariado avisa que Leoni está más vivo que un ocho y que se acerca al puesto donde se encuentran. Al momento aparece Leoni, que sorprendido, inquiere cual es motivo de tal regocijo a lo que responde un oficial con una vaga excusa. Esta es solo una de las múltiples anécdotas que convierten la obra de Lussu en una boacanda de aire fresco. A ello ayuda, sin duda, la excelente traducción de Carlos Manzano, que transporta al lector a un universo carente de formalismos y de humilde humanidad. Si la obra de Lussu fuera una serie de TV, del general Leoni y sus historias se podría hacer un gran spin-off. Es un caudal inagotable de historias y vivencias, aunque algunas macabras.
El otro personaje que explora Lussu en toda su dimensión, y el más querido por la tropa y el ejército en pleno, es el cognac. El licor espirituoso es el verdadero hilo conductor de la obra. Sobre él residen todas las esperanzas y sobre él descansan todas las ilusiones. Lussu juega a la perfección con este elemento, presente desde el primer párrafo. Lussu marca territorio con el cognac - de hecho ante el estupor de camaradas reconoce que no bebe licores, solo vino y durante las comidas - y eso le permite observar la narración desde una posición más cómoda y 'serena'. No aprovecha su condición de abstemio con los licores para demostrar ninguna superioridad moral, bien al contrario. Su postura frente al cognac sorprende a sus camaradas que a momentos lo tratan de 'rarito'. La importancia del cognac reside en su capacidad para malear conductas, soportar la locura de la guerra y para demostrar que es el verdadero combustible de la guerra. La soldadesca ama el cognac, pero lo teme a grandes raciones. Sabe que la llegada de chocolate y de grandes toneles de licor solo presagian desgracias en forma de ofensivas inútiles. La relación de la oficialidad con el cognac es más sincera, incluso algunos lo prefieren a sus mujeres.
El cognac y el vino son omnipresentes en Un año en el altiplano como en otras obras, por ejemplo en el Fuego d'Henri Barbusse. La diferencia es que Lussu profundiza su efecto en los oficiales, y el francés lo hace en la tropa. La otra gran diferencia es que Lussu no limita la aparición del alcohol a momentos de tensión sino que lo convierte en el mejor amigo del oficial, pistola a banda. La condición abstemia de Lussu le proporciona una distancia respecto a la narración, le otorga una visión privilegiada y lo aparta de la vorágine. Lussu presenta la guerra como una paradoja en la que tanto el soldado como el oficial solo son capaces de mantener la calma y el arrojo en manos del alcohol. Lussu también explora el sinsentido de la guerra, y quizá ésta es la mejor manera: convierte al cognac en el mejor salvavidas en el peor de los naufragios. El cognac no es solo el diván en el que psicoanaliza la guerra. El cognac y el vino proporcionan algunas de las mejores anécdotas del libro. Un libro que, como decía al principio, muestra un paisaje distinto del de la tétrica (y canónica) memorialística de Primera Guerra Mundial. Un último apunte para cinéfilos. Un año en el altiplano sirvió de base argumental para el film de 1970 Uomini contro dirigido por Francesco Rossi. A destacar la gran actuación de Gian Maria Volonté como teniente Ottolenghi y la genial performance de Alain Cuny como general Leone. Sobre este último cuesta dilucidar cual de los dos es más odioso, el literario o el de celuloide. Eso sí, un consejo: leer antes el libro.

Emilio Lussu. Un año en el altiplano. Barcelona : Libros del asteroide, 2010. Trad. de Carlos Manzano.

5 dic. 2014

El Somme desmitificado: la batalla por Thiepval, 26-30 de septiembre 1916 (II)

Viene de: El Somme desmitificado: la batalla por Thiepval, 26-30 de septiembre 1916 (I) 

Mouquet farm (La granja Mouquet) 


La granja Mouquet se hallaba justo enfrente de la 11ª división, en el sector más oriental de la 34ª Brigada. Antes de la hora zero, un pelotón del 9º de los fusileros de Lancashire se infiltró en la posición de la granja para bloquear las posibles entradas a los sótanos pero la operación tuvo un éxito parcial. Se localizaron (y bloquearon) algunas entradas pero al poco una ametralladora alemana situada al noreste de Thiepval comenzó a castigarles y los pocos supervivientes se retiraron. Esta ametralladora, con toda seguridad, fue la que barrió después parte del flanco derecho del ataque canadiense. A media tarde los Manchesters (11º) también se unieron a la ofensiva pero un potente fuego de ametralladora frenó su avance con grandes bajas. Las esperanzas depositadas ese día en los tanques se quedaron en una zanja cerca de Mouquet. No obstante, y sin defallecer tropas de los Manchesters, los Dorsets (5º) y los zapadores del 6º de East Yorkshire tuvieron la brillante idea de desmontar las ametralladoras y facilitar un impresionante fuego de cobertura para que grupos de granaderos sellasen gran número de entradas al laberinto defensivo. Sobre las cinco y media de la tarde del 26 los restos de la guarnición alemana (1 oficial y 55 soldados) se rendían. Fueron necesarios cuatro batallones (casi una brigada) y cinco horas para neutralizar una defensa tan exigua en número de efectivos. Curiosamente fueron los veteranos de Suvla Bay quiénes capturaron al fin la tristemente famosa granja Mouquet, objetivo de australianos y canadienses durante casi dos meses.

Reductos Zollern y Stuff
A pesar de la espectacular captura de la granja Mouquet, la misión principal de la 34ª Brigada eran los reductos Zollern y Stuff. El Zollern, a unos 700 metros de la línea británica, era el habitual nido de abrigos y trincheras con todo tipo de elementos defensivos. A poco de la hora cero se informó al comandante en jefe de la 11ª División (Teniente General Woollcombe) de la 'destrucción total' del Zollern por la artillería pesada pero la información era falsa. Las primeras tropas que llegaron al sector fueron 'bienvenidas' con un potente fuego de ametralladora que provocó el caos. Unidades del 8º de los fusileros de Northumberland alcanzaron el Zollern, pero se creyó gran parte de los 'limpiadores' de trincheras fueron eliminados. Al perderse el contacto se enviaron patrullas para saber de ellos pero los que volvieron hablaron de un campo de batalla vacío, como si se los hubiera tragado la tierra. Llegada la noche, sin embargo, se recibieron informes de que un grupo de 60 hombres y un oficial de los Northumberland resistían en la cara sur del reducto. El plan para el día siguiente (27) era proseguir el asalto con más tropas pero al alba una patrulla se percató de que el reducto había sido abandonado durante la noche. Ante el exitoso avance de la 33ª Brigada los alemanes decidieron retirarse a posiciones más seguras. El Zollern el segundo reducto que caía en manos de la 11ª División. El reducto Stuff, en la segunda línea alemana, distaba a unos 400 metros al noroeste del Zollern. Su captura se preveía más complicada, no solo por la distancia sino porque se encontraba fuera del alcance de los observadores de la artillería. La presencia de supervivientes de la 34ª al sur del Zollern en la noche del 26 dio a entender que una vez neutralizado el Zollern caería el Stuff, pero los mandos, conscientes de lasbajas, hicieron subir a la línea la 32ª. El 27 se planeó el ataque para las 3 de la tarde con dos batallones de la 32ª pero problemas de sincronización obligaron a posponerlo hasta las cuatro. El 9º de los West Yorkshire, sin embargo, no recibió esa orden y salió a Tierra de Nadie. Fuese por lo que fuese, o ante la posibilidad de que fuese un movimiento diversorio, el ataque de los Yorkshire cogió a los alemanes desprevenidos y consiguieron poner un pie en la trinchera enemiga. A las cuatro de la tarde, a la hora correcta, salió el 6º de los Yorkshires sin cobertura artillera. Los alemanes, perplejos otra vez ante la posibilidad de otro ataque diversorio tampoco reaccionaron. Los Yorkshire se unieron con los West Yorkshire en la zona sur del Stuff. No se consiguió mucho más aparte de controlar este sector. Durante dos días se intensificaron los combates cuerpo a cuerpo por el sector norte del reducto pero la artillería británica no pudo ayudar ante la dispersión de las tropas y su dudosa localización. Los alemanes resistieron.

Thiepval


Mientras los Yorkshires presionaban hacia el norte, la 18ª División tenía la misión de capturar Thiepval y el reducto Schwaben. Thiepval estaba defendida por un batallón veterano. El 180 IR de Württemberg estava allí desde el otoño de 1914 y había fortificado la posición de forma exhaustiva. Thiepval estava surcada de norte a sur por cinco líneas de trincheras. La más meridional y cercana a las líneas británicas (Joseph) se encontraba a unos 300 metros de la población; la siguiente, llamada Staufen, estaba a unos novecientos metros más atrás y la tercera (Grandcourt) se hallaba un kilómetro más allá. A banda de las tres líneas de defensa, los restos del castillo de Thiepval con sus laberintos subterráneos así como los escondites que surgían de la carretera que iba a Pozières hacían de Thiepval una formidable fortaleza. Cuatro batallones participaron en el asalto del 27 de septiembre: el 8º de los Suffolk, el 10º de los Essex (ambos brigada 53ª), y el 12ª de los Middlesex y el 11º de Fusileros reales (54ª). Suffolks y Essex tenían la misión de conquistar la parte oriental de Thiepval. A la hora zero (12.35 pm.) cuando las primeras oleadas saltaron la trinchera tras la cortina de fuego ocurrió un hecho curioso. Los Suffolk, a la derecha del ataque y en mitad de Tierra de Nadie, se encontraron con un grupo de soldados alemanes, que medio desnudos y vociferando, se querían rendir. Los Suffolk aunque sorprendidos siguieron su avance hacia las trincheras enemigas viendo como los alemanes hacia el camino inverso hacia las líneas británicas. Finalmente y a pesar del 'inesperado' encuentro, los Suffolks llegaron hasta la Zollern trench, a la misma altura donde los hombres de la 33ª brigada (11ª división) también había frenado su avance. Poco después los Essex también controlaron el área pero cuando iban a avanzar un poco más un potente fuego de ametralladora desde el noroeste de Thiepval los frenó. La fase más complicada del asalto a Thiepval se asignó a la 54ª de Shoubridge, que preparó la operación al milímetro. A banda de reforzar los dos batallones con más tropas, destinó a cada una de ellas una companía de 'limpiadores' para eliminar cualquier resistencia en el laberinto subterráneo de Thiepval. Se destinó además otro batallón en reserva en caso de que se requiriese una 'limpieza' en profundidad. La 54ª contó también con el apoyo de dos tanques. El avance fue muy duro desde el inicio. Las trincheras y refugios estaban por doquier. La artillería se había empleado a fondo pero no consiguió neutralizarlos todos. La cortina de fuego tampoco funcionó muy bien en la fase inicial y el progreso de la infantería fue mucho más lento que la progresión del bombardeo. Los combates en las ruinas de Thiepval degeneron en luchas cuerpo a cuerpo y duelos granaderos. A pesar de ello, los Middlesex lograron poner un pie en las ruinas del castillo de Thiepval pero allí fueron castigados por su flanco derecho hasta que uno de los tanques destruyó el nido de ametralladora que los fustigaba. La posición quedó asegurada pero cualquier avance más allá parecía imposible por los francotiradores y las ametralladoraa situadas en los múltiples cráteres y tras montones de ruinas. A las 3 y media de la tarde la parte noreste de Thiepval resistía y los efectivos de los Middlesex y los Fusileros reales estaban agotados. El batallón de reserva se unió al ataque pero una falta de coordinación con la cortina de fuego dispersó parte de las tropas. Solo una compañía sin oficiales llegó a la vanguardia para proseguir el avance pero la falta de efectivos aconsejó consolidar la posición a la espera de nuevos refuerzos. La 54ª no había logrado aún limpiar la parte noroeste. Pero cualquier avance hacia el reducto Schwaben requería la captura total de Thiepval. Los mandos decidieron que el golpe definitivo sería al alba del 27 y que lo realizarían dos compañías de los Bedfords al mando del capitán Keep. A las 5.45 am. los Bedfords, guiados por dos oficiales de los Fusiliers que conocían el terreno, se aproximaron al máximo de las posiciones enemigas. El envite final se encomendó a la compañía C del 7º de los Bedfords. A las siete de la mañana, el teniente 2º Thomas Adlam y un reducido pelotón lanzaron un ataque de gran contundencia. Progresando de cráter en cráter, Adlam y sus hombres lograron neutralizar a la guarnición enemiga a base de granadas y fuego de ametralladora. Lo extraordinario de la hazaña no es que Adlam fuese herido varias veces y continuase adelante sino que la mayoría de bombas de mano usadas contra los alemanes fueron recogidas por los ingleses a medida que se acercaban a las posiciones enemigas. La toma final de Thiepval supuso la captura de 70 prisioneros alemanes, amén de los 80 muertos que había dejado el asalto de los Bedfords. Con Thiepval en manos británicas, el siguiente objetivo era el reducto Schwaben. Thiepval se había resistido desde el 1 de julio.

Reducto Schwaben 



Ivor Maxse, uno de los mejores generales del ejército británico y comandante en jefe de la 18ª división, sabía por diversas fuentes (especialmente por los mandos de la 36ª División) que el Schwaben era el reducto más inexpugnable de la segunda línea alemana. Contaba con un auténtico dédalo de trincheras y posiciones subterráneas con capacidad para albergar un puesto sanitario y un complejo de conexiones teléfonicas. Las informaciones de los Ulstermen (36ª división, 1 de julio) le fueron muy útiles pero Maxse pecó de prudente. Consciente el 27 de septiembre que los batallones de las 53ª y 54ª estaban muy diezmados (1500 bajas, un 40% de su total) ordenó posponer el ataque para el día siguiente con refuerzos de la 55ª. El asalto al Schwaben comenzó el 28 de septiembre y se suspendió el 6 de octubre, con la parte noroeste aún en manos alemanas. Maxse empleó ocho batallones. La artillería cubrió el avance hasta el reducto, pero una vez en el laberinto de trincheras y refugios el asalto tomó otro cariz. Los combates fueron terribles, sobre todo en los puntos 45 y 65 situados al sur del reducto. Los primeros en atacar ese punto fueron el 7º de los Queens y el 8º de los Suffolk. Desde sus posiciones al sureste, sin apenas cobertura y con un terreno impracticable (la noche antes había llovido abundantemente), el asalto fue frenado por el fuego procedente del punto 65. Ante tal estancamiento, y diezmados por la artillería alemana, un capitán de los Queens (Hugh Longbourne) decidió realizar un ataque casi suicida para neutralizar los nidos de ametralladora del punto 65. Bolsa de granadas en mano, y saltando de cráter en cráter, Longbourne logró llegar hasta uno de los nidos y eliminarlo. Las granadas se agotaron. Pero al poco llegó un tirador (Waldron) con más munición y se entabló un combate de casi una hora entre la ametralladora alemana y los dos hombres de los Queen's. Durante ese tiempo se le unió el sargento Parker, que junto a Waldron, siguió cubriendo a Longbourne. Longbourne decidió lanzar las dos últimas bombas y cargar contra el nido con Parker y Waldron abriendo fuego. Cuando llegaron al punto encontraron a más de 15 soldados muertos y una pequeña guarnición de unos cincuenta hombres que hicieron prisioneros. La captura del punto 65 abrió la puerta a eliminar el 45 a base de partidas de granaderos. Pero si fue difícil conquistarlo más lo fue retenerlo. A las seis de la mañana del 30 de septiembre la artillería alemana se cebó con las unidades del 8º de los East Surrey que ocupaban las trincheras, obligándolas a retirarse. El punto se reconquistó durante una operación para ocupar la parte norte del reducto pero otra vez la artillería alemana castigó a las tropas ocupantes y fue necesario retirarse, hasta que el 2 de octubre fue definitivamente consolidado por los británicos. Para el 2 de octubre la 18ª de Maxse ya había sido relevada tras capturar la parte norte del Schwaben con un coste de 2000 bajas.

Conclusiones
Al final de la batalla por la cresta de Thiepval los británicos habían avanzado entre 900 y 1800 metros en frente de unos 5,5 kilómetros. A pesar de los éxitos, no controlaban totalmente la línea de la cresta: la trinchera Regina y algunas secciones de los reductos Schwaben y Stuff seguían en manos alemanas. Las bajas habían sido muy duras. Se calcula que unas 8.000 entre la 11ª y 18ª División más 4.000 canadienses. Se desconocen las alemanas pero teniendo en cuenta la ferocidad de los combates estuvieron a la par de las británicas. La batalla por Thiepval confirmó una de las lecciones más duras del Somme: sin un apoyo artillero adecuado, tanto previo como durante el ataque, cualquier asalto de la infantería por más bien entrenada que esté o por muy valiente o sacrificada que sea está condenada a un desastre total y sangriento. Thiepval fue la muestra. Sin una protección artillera consistente las tropas canadienses no podrían haberse acercado a solo 800 metros de la trinchera Regina, igual que los británicos a los alrededores de la granja Mouquet y los reductos Zollern, Stuff y Schwaben. Si Thiepval no hubiese sido castigada duramente por la artillería hubiese resistido como lo hizo el 1 de julio. Los combates por Thiepval, la granja Mouquet y los reductos también fueron una clara muestra del potencial combativo de las tropas de los Nuevos Ejércitos de Kitchener y de las colonias. La artillería tuvo un papel destacado en la consecución de algunos éxitos pero la infantería fue determinante. La dificultad del campo de batalla (refugios subterráneos, bodegas, cráteres, etc.) y acarnizados combates cuerpo a cuerpo pusieron de manifiesto que el coraje y el arrojo de los soldados británicos no profesionales, así como su espíritu de sacrificio estaban fuera de duda.
La campaña del Somme no terminó hasta noviembre, pero Thiepval demostró que la tenaz resistencia alemana podía ser quebrada.

Fuentes
· Maxse, Ivor, Sir. 18th Division in the Battle of the Ancre, 1916.
· Miles, W. Military Operations, France and Belgium, 1916: 2nd July 1916 to the End of the Battles of the Somme. History of the Great War Based on Official Documents by Direction of the Historical Section of the Committee of Imperial Defence II. London: HMSO, 1938, 1992.
· Philpott, W. Bloody Victory: The Sacrifice on the Somme and the Making of the Twentieth Century. London: Little, Brown, 2009.
· Prior, Robin; Wilson, Trevor. The Somme. London: Yale, 2005.
· Stedman, Michael. Thiepval. London: Pen & Sword, 2006.

25 sept. 2014

Los desiertos blancos, el Somme por William Orpen (agosto 1917)


'Nunca olvidaré mi primera visión del Somme de aquel verano. Durante la primavera era solo era barro, algun charco de agua, cráteres y más barro. Era la estampa más triste y deprimente de la desolación que alguien pueda imaginar. Sin embargo, en el verano de 1917 su belleza no podía expresarse con palabras. El lúgubre y plomizo barrizal había mudado a un blanco puro y deslumbrante. Campos de blancas margaritas y rojas amapolas junto algun bleuet disperso se extendían por millas y millas. El cielo azul profundo, plagado de mariposas blancas, que se ... a la ropa. Parecía un paisaje de cuento, pero en lugar de hadas solo había cruces blancas marcadas con la inscripción 'soldado británico desconocido'. (Más tarde, todos estos cuerpos fueron desenterrados, identificados en su mayoría e inhumados otra vez en cementerios miliatres). A través de las cortinas de mariposas blancas, alguna libélula azulada rasgaba el aire con el canto de las alondras ensordecido a menudo por el zumbido de un avión en las alturas. Todo brillaba bajo el calor. Uniformes, canones, todo lo que se había abandonado al cesar el fragor de la batalla se cocía al sol bajo una preciosa combinación de colores blancos, grises y dorados. Las únicas tonalidades oscuras eran el color bronce-óxido de las alambradas y el negro de un gato que vivía en uno de los refugios que permanecía semienterrado en la calle principal de lo que un día fue Thiepval'. 

De esta forma entre poética y prosaica describió William Orpen su segundo encuentro con el Somme. Era el agosto de 1917 y esta instantánea sería la que permanecería no solo en su retina sino en el oleo de su serie sobre el Somme. Blanco, ocre dorado y motas de verde fueron la combinación más común junto al azul cobalto y al liláceo vespertino para cubrir los cielos. El Somme para Orpen era un campo de batalla pero sobre todo un paisaje. Un paramo desértico que acabaría tiñiendo blanco en múltiples gamas. Orpen abjuró del plomizo, hasta el extremo de blanquear los pocos dibujos que se incluyeron en la serie.
Orpen era un testigo de la guerra, pero fue sobre todo un espectador. Un espectador de paisajes de guerra vacíos. Una vacuidad que ese agosto del 1917 le permitirá ir y venir de Péronne al Somme, a las antiguas líneas británicas. Durante sus paseos y excursiones a los antiguos campos de batalla apenas dejó sin explorar o describir. Curiosamente allí coincidiría con una de las personas que mejor acabo describiendo el Somme: John Masefield. Fueron jornadas de silencio contemplativo, que el poeta aprovecharía para escribir su preciosa The Old front line y que el artista irlandés recrearía en sus lienzos. 

An onlooker in France, 1917-1919
Orpen fue nombrado artista oficial de guerra a principios de 1917, siendo embarcado para Francia en abril de ese mismo año. Sus comienzos y aclimitación no fueron del todo óptimos, pero al poco se vio retratando la cotidianidad de la retaguardia. Primeros contactos con el Somme para luego partir hasta el saliente de Ypres donde estuvo hasta finales de julio. De este breve periodo destacan sus pinturas de Cassel, un precioso y pequeño pueblo tras las líneas aliadas. Poco después volvía al Somme. Su red de contactos se fue ampliando hasta que un día el general Charteris ... le aconsejó (y conminó) que se moviese a su antojo y pintase lo más que le interesase, siempre dentro de unos límites que el irlandés respetaría. Al poco, y acompañado de un asistente, Orpen fue recorriendo el labertinto de las antiguas líneas del frente y los escenarios más emblemáticos del Somme. La Boisselle, Ovillers, Courcelette, Thiepval, Pozières, Grandcourt, Miraumont, Beaumont-Hamel, Bazentin-le-Grand, Bazentin-le-Petit, Mametz o Fricourt fueron algunos de los lugares que visitó para describir el horror del Somme.
Orpen, sin embargo, no estuvo solo durante sus periplos por el ancient Somme. El desplazamiento del frente más allá de Péronne a inicios de 1917 permitió a británicos y franceses el ordenamiento del territorio. El terreno seguía plagado de derelictos de la guerra en forma de tanques destruidos, refugios y bodegas semisepultados, todo tipo de maquinaria de guerra y demás, pero sobretodo sembrado de restos humanos y un sinfin de tumbas dispersas por toda su orografía. 
En sus memorias no elude hablar de los muertos. Es más, reconoce sin tapujos que en más de una ocasión se dedica a dibujarlos como parte del paisaje. Incluso cuenta una anécdota un tanto misteriosa. Explica que, una tarde de agosto, retratando los restos de un soldado británico y otro alemán, comenzó a sentir una especie de pánico. Asustado y ante la posibilidad de que fuese un golpe de calor, decidió retirarse unos pasos para ponerse al abrigo de la sombra de un arbol desmochado. Recuperando la noción del momento, de repente, cayó de espaldas golpeándose ligeramente la cabeza contra el suelo. Debido al resbalón empujó sin querer el caballete que a su vez golpeó una de las calaveras que estaba dibujando, haciendo que ésta fuese a parar encima del lienzo caído. Orpen no detalla su sentir aunque confiesa que en ese momento consideró más oportuno dejar de trabajar y volver hacia el coche a media milla de distancia. Orpen, sin embargo, no dejó el asunto y esa misma noche decidió compartirlo con un artista francés, mutilado en 1914, llamado Joffroy. Éste, intrigado, accedió acompañarlo hasta ese lugar. Al día siguiente no obstante, Orpen decide continuar su trabajo unos cientos de metros más al sur, sobre los restos del bosque de Thiepval mientras Joffroy visita el lugar. Tras un par de horas de tomar notas Orpen va a buscar a Joffroy al que encuentra tirado en el suelo, medio desmayado. Tras incorporarlo le pregunta por lo sucedido y Joffroy le contesta que se había desmayado por el olor a podredumbre de los cadáveres, a lo que Orpen le replica que es imposible. Joffroy insiste y le pregunta si ha visto que la calavera aún tiene un ojo. Orpen, sorprendido, le dice que no, que ninguna de las calaveras conserva ningún ojo. Recuperado del susto, Orpen y Joffroy deciden partir. Orpen, lacónico, acaba la historia afirmando que 'there must have been something strange about the place' y deja al lector su propia interpretación.

Somme 1917, desierto blanco
El antiguo sector del Somme como cualquier zona de combate del frente occidental es un caos de trincheras, refugios, cráteres y restos de bosques o villorrios. William Orpen no deja nada en la paleta. Su serie de oleos y dibujos sobre el Somme es un recorrido exhaustivo. Thiepval, el reducto Schwaben, La Boiselle o Mametz focalizan su atención. Orpen juega contraponiendo los efectos de la batalla al espectáculo natural. Todos sus lienzos reflejan un claro contraste entre la aridez y el horror de la guerra con el manso e inexorable retorno a la naturalidad del entorno. Campos invadidos por especies vegetales que al tueste solar van cogiendo un color que apacigua la crudeza de los combates y disimulan los restos del horror. El artista irlandés también se adentra en el horror de las trincheras, detalla cuerpos, restos de uniformes y demás enseres como cascos y demás, pero siempre con el marco de un cielo adornado con colorez azulados que devuelven al espectador al punto original. No obstante, lo que hace original a la obra de Orpen sobre el Somme es su uso omnipresente del blanco. 
El sector del Somme se asienta sobre un suelo estratigráfico dominado por la caliza. Una caliza blanca y profunda que sobresale por doquier. Una caliza que emergió del subsuelo al cavarse las primeras trincheras y que se convierte en la nota común en todo el frente. Orpen detalla como nadie ese contrapunto blanco con el cielo cobalto, aunque las primeras fotografías de la RFC en 1916 para planear las ofensivas de julio ya detallan un dédalo de trincheras blancas desde el aire. Lo blanco se distingue perfectamente del terreno gris machacado por la artillería. 
Orpen no saca a la luz el blanco de las caliza, es la caliza de las trincheras y las minas la que lo ciega. Orpen solo juega al contraste. Se podría considerar que Orpen sube la intensidad cromática de forma artificiosa. Podria ser, pero no es vano. Orpen busca ante todo mostrar que la naturaleza sigue su curso y que tras un bosque o villorio borrado de la faz de la tierra se extiende una franja de verdor y vida sin límites en el horizonte. No todo en el Somme es blanco. Los inmensos cráteres de la Boiselle o la destrucción de Thiepval configuran un desierto blanco en que, sin embargo, los oasis verdes comienzan a sobresalir. La naturaleza se irá imponiendo. Es la idea que subyace en la obra pictórica de Orpen y sobre todo en sus primeras impresiones al contemplar el Somme en la canícula de 1917.

El gran cráter (The Big crater). Somme. Día claro. Vistas desde las trincheras británicas opuestas a La Boisselle, mostrando la línea alemana y los cráteres de las minas (The Somme: A Clear Day. View from the British trenches opposite La Boiselle, showing German front line and mine craters).



Ambos cuadros reunen todos los ingredientes de Orpen para el Somme: la caliza reluciente al sol y cegadora, trincheras blancas que surcan mares de hierba, cráteres de minas como volcanes de lava blanca que rompen la monotonía, incipientes muestras de vida como margaritas u otras flores y un cielo que contrasta con la blancura y verdor de la tierra.
En El gran cráter Orpen juega con los claroscuros que le ofrecen las nubes con franjas más o menos iluminadas, sacando a la luz el conjunto de trincheras blancas que se intuye a lo lejos y que contrasta con un pequeño mar de verdor entre la loma al sol y el impresionante cráter blanco de de mina que se encuentra en primer plano.
La peculiar y uniforme orografía del viejo sector del Somme no ayuda a la situación exacta de las grandes panorámicas de Orpen. Estas dos, a banda de su lacónica descripción, se podrían situar a banda y banda de la carretera que va de Albert a Bapaume, en la que partiendo de ésta se observa un ligero repunte hacia los extremos. 
El gran cráter, producido por la mina que estalló el 1 de julio frente a las líneas alemanas en La Boiselle, es muy probablemente el Lochnagar crater. El sector elevado que se observa desde el cráter Lochnagar es la parte sur de Ovillers, quedando la carretera Albert-Bapaume casi oculta, excepto en la esquina derecha del cuadro. Al norte, a la derecha del cuadro, se iría hacia Bapaume y al sur, izquierda del lienzo hacia Albert. Por su parte, las Vistas desde las trincheras británicas opuestas a La Boiselle ofrecen una visión casi complementaría a la anterior. Situado el espectador en la antigua línea de frente británica, la del 1 de julio, a la derecha del cuadro se podría identificar La Boiselle y su cráter blanco (Lochnagar crater) y a la izquierda del lienzo Ovillers, encontrándose la carretera que lleva a Bapaume en dirección norte junto a la depresión que los británicos bautizaron como Mash valley. Otro elemento que ayuda en la localización sería la formación de caliza que aparece en la parte izquierda y que podrían ser los restos de la 'Y Sap'. Sea como fuere esta perspectiva de la antigua línea de frente británica secuestró la atención de Orpen, que dedicó media docena de óleos al sector Ovillers-La Boiselle en su primera serie de 'desiertos blancos' del Somme.


Cabe decir que el dibujo La carretera a Bapaume, frente a La Boiselle ayuda en la localización de las perspectivas de Orpen. El plano muestra un pequeño convoy de avituallamiento en dirección a Bapaume ya que la carretera en ese sentido tiene una cierta elevación. Así, de frente, el artista muestra la parte sur de Ovillers y en el lado izquierdo del lienzo asoma la que puede ser la carretera que iba desde la general hasta la localidad de Authuille, bordeando el Ancre y llegando hasta Thiepval, Saint Pierre Divion y demás pueblos del valle del Ancre. Este cuadro no es solamente útil como herramienta topográfica sino que reitera la refuerza la idea de Orpen sobre el nuevo paisaje del Somme plagado de pequeños desiertos blancos. Obviando la indefinición (incluso cromática) del primer plano, Orpen reitera la idea de contraste los verdes incipientes de los campos , los ocres y pastel de la tierra devastada completada con trincheras de blanca caliza. 

Thiepval
Reordenando las rutas de Orpen por el Somme, decido seguir por la vieja y estrecha ruta desde el sur de Ovillers para ir hacia Thiepval por la vertiente norte del Ancre. Hoy en día sería la carretera con nomenclatura D20, que llegados a Authuille muta en la D151, pasando por Thiepval y Grandcourt, hasta llegar a Maricourt donde muere. Se trata de una carretera plagada de bosques dispersos a banda y banda, pero que en 1917 había sufrido el inevitable impacto de la guerra. El sector de Thiepval ha sido quizá el más castigado durante la ofensiva del Somme. Los ataques arrancan en julio pero no terminan hasta principios de octubre cuando se toman definitivamente las últimas posiciones y reductos fortificados al norte del pueblo. Thiepval es arrasado literalmente. Apenas una pared de dos palmos sobresale entera del suelo. Thiepval es un queso gruyere no solo por el efecto de los obuses y sus cráteres sino por las decenas de bodegas y refugios que sirvieron de defensa a los alemanes. Thiepval es ya un páramo lunar, un desierto blanco que ocupa en la serie de Orpen sobre el Somme un lugar preeminente. La serie Thiepval, con sus variantes, suma un total de ... piezas si se suman las del reducto Schwaben y algún refugio devastado localizado muy probablemente en ese sector. El conjunto de Thiepval presenta una monotonía cromática dominada por las diferentes tonalidades del blanco y las frías variables del azul. Orpen explora y transita por los restos del pueblo de Thiepval, deambula por el bosque de Thiepval, se adentra en algún cráter como en La Boiselle, desciende a una trinchera devastada y cubierta de restos humanos y objectos y retrata la descomposición.



Thiepval
El óleo Thiepval condensa el sentir de Orpen sobre el Somme: ruinas, restos humanos y desolación. El pintor ahonda en su exploración sobre el binomio caliza-cobalto pero añade, a diferencia del sector de La Boiselle, el factor humano. La presencia de restos humanos en sus lienzos es habitual, forma parte de su paisaje corriente. Orpen no se censura y a la larga le creará problemas, en especial por su obra Al soldado desconocido en Francia (To unknown solider in France) sin referencias al Somme, pero muy mal digerida en el Reino Unido. 
La composición estudiada del cuadro muestra en un primer plano los restos de dos cuerpos (calaveras y algun fémur o húmero), objetos no identificados y los jirones de algún uniforme. Ideado compositivamente en pirámide, en el segundo plano se intuyen de forma plástica las ruinas de alguna construcción por la cantidad de estructuras en madera que sobresalen. La escena representa la imagen fija de lo que pudo ser uno de los múltiples combates que hubo en Thiepval durante el 26 y 27 de septiembre de 1916 en los que se conquistó la posición a base de un bombardeo sistemático y de combates casa por casa entre tropas británicas y alemanas. Antes de levantar la vista hasta la perspectiva celeste, Orpen nos regala en forma de amapola su recurrencia hacia la naturaleza victoriosa. Thiepval, como el resto de pueblos del Somme, es un desierto blanco donde a pesar de la devastación la naturaleza y la vida se abren paso. Las amapolas, elemento central en el imaginario británico de la Gran Guerra, cumplen aquí una doble misión: son un memento para el soldado caído y personifican la vuelta a la vida de un paisaje humano devastado. A un tercer nivel, la bóveda azul - medio oculta tras las omnipresente neblinas del Somme, aparece en todo su esplendor. El azul contrasta con la blancura desértica y silenciosa del antiguo Somme y le proporciona al paraje una triste serenidad. Orpen comienza a introducir lo que será una constante en la rememoración del Somme: una solemne y respetuosa paz. 

El bosque (y la trinchera) de Thiepval


El bosque y la trinchera de Thiepval (Thiepval wood) siguen la misma estructura y mensaje que el lienzo anterior: a la tormenta le sigue la calma. Una calma blanca y silenciosa en la que los restos humanos y los ecos de la guerra son engullidos por la caliza y el azul del cielo. En el caso del bosque la amalgama informe de troncos y tocones convive con grupos de margaritas que surgen aquí y allá de la nada. Cascos, granadas y demás enseres ceden a la naturaleza, que inexorablemente se abre paso tras la barbarie. Oasis de vida en un gran desierto blanco. La escena de trinchera ofrece el mismo marco compositivo que el anterior. Aunque se trata de un dibujo acuarelado -sin el aparáto cromático de los dos anteriores-, el detallismo en la descripción de los restos de la trinchera introduce una idea nueva: el Somme ha engullido por igual a los dos contendientes. El Somme se ha transformado en un inmenso mausoleo, en el que bajo la caliza ardiente de verano yacen miles de cuerpos de ambos bandos. La reiteración de Orpen al representar numerosos restos humanos mutilados o sin identificar bien podría interpretarse como un homenaje a todos aquellos soldados desconocidos o desaparecidos en combate. Orpen cuenta sobre su experiencia en el Somme que durante sus paseos y excursiones coincidió con grupos o partidas de soldados que se dedicaban a localizar tumbas dispersas y restos humanos para concentrarlos y volverlos a enterrar en cementerios militares creados ad hoc. Muy probablemente al contemplar el macabro espectáculo despertó en Orpen la necesidad de plasmar como una instantánea aquellos lugares en los que todavía permanecían restos de soldados insepultos. 

Refugio artillero en una trinchera, Thiepval y Alambrada alemana en trinchera, sector de Thiepval (Gunner's shelter in Thiepval y German wire in a trench, Thiepval)


Orpen recorrió el sector de Thiepval de forma intensa y escudriñó todos los rincones para testimoniar la crudeza de los combates. Tanto el Refugio artillero como Alambrada alemana en trinchera mantienen el mismo esquema compositivo y conceptual que las dos obras comentadas con anterioridad. En el Refugio, Orpen se sumerje en el infierno claustrofóbico de la trinchera. Nada por la caliza que da forma a sus desiertos y escucha el silencio de los derelictos de la guerra. Orpen insiste en equiparar a los muertos. Dos cascos, uno británico y otro alemán aparecen como si fuesen piezas de fruta en un bodegón holandés. Completan la escena un capote medio destrozado colgando de una pared de chapa que sostiene unos de los parapetos de la trinchera. Al fondo y como reclamo el hueco que insinúa el refugio. Una entrada al refugio casi sepultada bajo el manto de la sempiterna de la caliza que se derrite al sol y da color al nuevo desierto del Somme. A pesar de nadar por el mar de caliza, Orpen no olvida que se encuentra bajo la protección del azul celeste.
Alambrada alemana en trinchera sigue el mismo patrón que la Trinchera de Thiepval. La magistral descripción de la trinchera sinuosa y el grado de detalle en los árboles devastados por la artillería son impresionantes. Orpen logra con la acuarela un grado de realismo fuera de lo común. Curiosamente solo colorea el azul del cielo y el ocre óxido de las alambradas en el último plano. La ausencia de color se explicaría por la monotonía cromática del terreno.

Reducto Schwaben y La Butte de Warlencourt (La loma de Warlencourt)


Considerado uno de los puntos fortificados más inexpugnables del sector del Somme, el reducto Schwaben resistió el empuje británico hasta primeros de octubre de 1916. Su fama de inexpugnabilidad y el gran número de bajas necesarias para conquistarlo le otorgaron un status especial, que Orpen decidió inmortalizar. Convirtió el reducto en otro desierto blanco. Tocones , ruinas y calizas bajo un inmenso cielo azul. 
Reducto Schwaben no presenta ninguna novedad respecto a otras obra de la serie. Al contrario reitera el leitmotiv de Orpen en el Somme: pintar el silencio blanco y azul de un campo de batalla ya vacío. 
El mismo silencio blanco pero con otros matices está presente en La Butte de Warlencourt. Punto de infausto recuerdo, como el resto del Somme, la butte (la loma o montículo) de Warlencourt epitoma el sentir de Orpen sobre el Somme de 1917. La loma blanca se eleva sobre un mar de hierba en plena resurección después de los combates, parece más un oasi que no un desierto. Los desiertos blancos no lo son tanto por su extensión, como por la ausencia de vida y su extrema blancura. La butte de Warlencourt insinua el fin del infierno del Somme como orografía. Es casi el último espacio desértico antes de llegar a Bapaume. La butte marcaría el final de la rutas que cruzan el desierto blanco del Somme que parte de las viejas trincheras británicas. 

Desde un punto de vista plástico podría decirse que el penoso avance británico iniciado el 1 de julio de 1916 (y que duría más de nueve meses) por los blancos páramos del Somme se asemeja más a la travesía bíblica por el desierto que a una campaña militar. Los desiertos del Somme aluden a la nada. Durante los interminables meses de la ofensiva el Somme se convierte en una inmensa Tierra de nadie con todos sus elementos: orografía lunar (cráteres, zanjas, trincheras, etc.), ausencia de cualquier tipo de vida, miles de restos humanos desperdigados por el terreno, tumbas sin identificar o destruidas, aniquilación absoluta de pueblos, cultivos y bosques, gran acumulación de material de guerra inservible (sin contar los miles y miles de proyectiles enterrados sin explotar), etc. Todo este panorama es el que se encuentra William Orpen durante su estancia en el frente del Somme. Pero no fue el único en retratar los eriales del Somme. Artistas y dibujantes como Muirhead Bone, William H. Dyson, Fred Leist, Adrian Hill y muchos otros interpretaron el Somme de otra forma aunque con los mismos ingredientes. Los unos se centraron en la devastación de lo humano, los otros en lo material o en dibujar decenas de tanques destruidos, pero los más fijaron su mirada en el simple paisaje y en describir el Somme como un eterno silencio blanco.

Fuentes
Masefield, John. The Old front line or The Beginning of the Battle of the Somme. London: Heinemann, 1917.
Orpen, William. An Onlooker in France, 1917-1919. London: Williams & Norgate, 1921. Versión digital.
La colección Orpen sobre el Somme se encuentra en el Imperial War Museum.

Archivo del blog