7 feb. 2008

R.W. Iley: memorias de un enlace 1916-1918 (4)

Viene de: R.W. Iley: memorias de un enlace 1916-1918 (3)

Mientras esperábamos el ataque, el sargento mayor me envió a por agua. La encontré juntamente con un poco de whisky, volví con los restos. Justo a la vuelta ví que el enemigo se aproximaba por una colina que estaba a unos quinientos metros más allá. Avanzaban en formación abierta y se estaban agrupando en el espacio vacio donde antes había estado nuestro campamento.Nos mantuvimos en firmes en nuestros puestos a pesar de que los proyectiles pasaban a ras de nuestras cabezas, hasta que de forma súbita, un regimiento de caballería cargó contra nuestras posiciones. Fue una experiencia nueva, mi corazón saltaba dentro del pecho. Disparamos rápidamente y los barrimos, disparamos también a los jinetes caídos que intentaban retirarse arrastrándose. Después de un instante de calma, nos atacó más caballería pero por la derecha. A todo esto, un tanque de los nuestros apareció de la nada y juntamente con nuestras ametralladoras los frenamos.
Al llegar el ocaso enviamos una patrulla de reconocimiento. Nunca volvieron. Se envió una segunda patrulla compuesta por un mayor borracho y yo. Vagabundeamos sin rumbo cuando de repente, a lejos, apareció una luz en la ventana de una cabaña. El mayor me ordenó apagarla. En la oscuridad, apunté mi rifle hacia el punto de luz y disparé. La luz desapareció, sospecho que abatí un alemán fumando un cigarrillo. A la vuelta, el mayor fanfarroneaba entre los compañeros de que yo era el mejor tirador del ejército británico. Más tarde se nos ordenó retirarnos a una nueva linea, unos 12 kilómetros atrás donde se había de frenar al enemigo. Nos situamos justo detrás de Ypres. Allí tuve el privilegio de poder instruir los primeros enlaces americanos que llegaron al frente. De camino al frente, nos pusimos a dormir en un cabaña, cuando de repente me sentí un terrible miedo y se lo comuniqué a los otros. Se rieron de mi. Me levanté y me vestí y justo cuando salí, cayó un obús en la cabaña. Encendimos unas velas como pudimos y encontramos – en la otra parte del habitáculo – dos enfermeros. Uno de ellos estaba hecho literalmente pedazos y su compañero estaba herido. En la habitación del otro lado, el asistente del coronel estaba muerto y en la cabaña contigua había numerosos muertos y heridos. El enfermero herido agonizó con una dignidad admirable. Fumando un cigarrillo, les comentó a sus colegas que ayudasen a aquellos que pudiesen vivir. Murió en la ambulancia, de camino al hospital. Después de todo el trasiego, comprobé que mi casco tenía una pequeña hendidura, que tenía una pieza de shrapnel en mi toalla y que nuestra cabaña estaba destrozada pero yo misteriosamente estaba ileso. Poco después, los aliados iniciamos el contraataque que acabaría con la guerra. Mantuvimos a raya al ejército alemán hasta su retirada, mientras escuchábamos los primeros rumores de armisticio. La mañana del 11 de noviembre de 1918 estaba con una sección en el frente y teníamos órdenes de hostigar a los alemanes hasta que las hostilidades cesasen. A las once paramos, tomé una estamina y nuestra casera asombrada gritó La guerre est finis y nos ofreció cerveza. Al día siguiente, para comprobar la retirada los seguimos y en el camino, encontramos soldados aliados que liberados de su captiverio volvían a sus líneas, muchos murieron por el camino de regreso.

Caporal Robert William Iley, alistado en el 21º Batallón de los King's Royal Rifle Corps (Yeoman Rifles) el 20 de noviembre de 1915. Transferido al 41º Batallón del Cuerpo de Ametralladoras el 19 de marzo de 1918. Herido el 20 de septiembre de 1917. Condecorado con la Military medal en junio de 1917. Mencionado en los despachos de Sir Douglas Haig en abril de 1917. Desmobilizado en enero de 1919.

5 feb. 2008

Wilfred Owen (1893-1918)


Wilfred Owen (1893-1918)


Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares we turned our backs
And towards our distant rest began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots
Of five-nines that dropped behind.

GAS! Gas! Quick, boys!-- An ecstasy of fumbling,
Fitting the clumsy helmets just in time;
But someone still was yelling out and stumbling
And floundering like a man in fire or lime.--
Dim, through the misty panes and thick green light
As under a green sea, I saw him drowning.

In all my dreams, before my helpless sight,
He plunges at me, guttering, choking, drowning.

If in some smothering dreams you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil's sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud
Of vile, incurable sores on innocent tongues,--
My friend, you would not tell with such high zest
To children ardent for some desperate glory,
The old Lie: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

4 feb. 2008

R.W. Iley: memorias de un enlace, 1916-1918 (3)

Sentí como si una piedra hubiese golpeado mi pierna: dos balas habían atravesado mi muslo, la herida no era mortal. Otras balas atravesaron mi uniforme pero milagrosamente no me alcanzó ninguna. Tendido en el suelo, oí que habían herido gravemente al coronel y que la otra sección había logrado capturar el nido mientras les servíamos de cobertura. Volví un trecho por mi propio pie a la trinchera, hasta que decidí descansar en recodo y caí dormido. Me despertaron unos golpes en el hombro: era un soldado alemán. Asustado y sorprendido, pensé que me habían capturado, pero en realidad era él el prisionero. Me ayudó a volver a la retaguardia durante tres millas por la ruta principal. Al llegar reposé un momento y cuando iba a agradecérselo ya había desaparecido.
Después de pasar por el hospital de campaña y el Whalley range hospital, fui enviado al pabellón Seaham a apenas una milla de mi hogar, en Inglaterra. Después de dos semanas de dulce reposo, me destinaron al depósito de los King's Royal Rifles en Tipperary. El ambiente se podía cortar, parecía que las hostilidades fuesen entre las tropas inglesas e irlandesas. Afortunadamente, fue una breve estancia, luego marché a Sheerness para un curso de entreno antes de volver al servicio activo en Francia con los Yeoman Rifles en enero de 1918.
En Francia, los Yeoman Rifles, fuimos desperdigados en otras divisiones y unidades lo cual nos provocó una terrible tristeza. Algunos de nosotros fuimos transferidos al Cuerpo de ametralladoras.
El 21 de marzo de 1918 comenzó la ofensiva alemana lo que provocó que tuviésemos que retirarnos a la línea Achiet-le-Grand. Yo conservé mis atribuciones como enlace y fui enviado al cuartel general del batallón. Allí nos llegaron notícias de que el frente había colapsado. Al instante nos ordenaron partir hacia el frente y hacer un informe de las posiciones enemigas. Para la misión, el oficial al mando nos dio un revólver como precaución, exhortándonos a disparar a cinco alemanes antes de dispararnos un tiro a la cabeza. Como previa a la misión nos dio un trago de whisky y recibimos el apoyo de nuestros compañeros como si fuese la última vez que nos fuésemos a ver.
Nuestro viaje comenzó tranquilo, los obuses caían muy intermitentemente y todo estaba más o menos tranquilo. De repente comenzamos a ver formas y figuras borrosas, luego un tanque, y luego más tropas hasta que nos dimos cuentas que eran tropas británicas en retirada. El oficial del tanque que avistamos no nos quiso informar de nada, debió suponer que éramos espías. De vuelta, llegamos a un bosque donde estaban algunas de las compañías de ametralladoras.
La conclusión era la que las cosas iban muy mal.
Aunque ahora estaban tranquilas, las tropas en el frente habían sufrido muchísimo y el cuartel general de la brigada necesitaba de trincheras de cobertura, para instalar a las tropas en retirada. Toda esa información la obtuvimos porque habíamos sido bombardeados sin compasión retornando. A la vuelta, encontramos nuestro campamento desierto y sin rastro de nuestro equipo. Parecía que nuestro cuartel general había partido precipitadamente. No demoramos nuestra partida, teníamos que encontrar cuanto antes a nuestra unidad. Finalmente los encontramos en una trinchera, no muy lejos. El oficial al mando al oír nuestro informe nos felicitó y nos dio orden de descansar. Pero como nos temimos, la pausa fue breve, nos enviaron al cuartel general de la división con un mensaje. Cuando volvíamos a nuestras posiciones, vimos al ejército en franca retirada, artillería, vehículos y el grueso de las tropas volvían a la retaguardia. Se decía que la retirada estaba acorde con los planes, pero en ese momento pensamos que la guerra se había perdido. Cuando volvimos a nuestra trinchera, todo estaba tranquilo, no había ni nada ni nadie.

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