4 feb. 2008

R.W. Iley: memorias de un enlace, 1916-1918 (3)

Sentí como si una piedra hubiese golpeado mi pierna: dos balas habían atravesado mi muslo, la herida no era mortal. Otras balas atravesaron mi uniforme pero milagrosamente no me alcanzó ninguna. Tendido en el suelo, oí que habían herido gravemente al coronel y que la otra sección había logrado capturar el nido mientras les servíamos de cobertura. Volví un trecho por mi propio pie a la trinchera, hasta que decidí descansar en recodo y caí dormido. Me despertaron unos golpes en el hombro: era un soldado alemán. Asustado y sorprendido, pensé que me habían capturado, pero en realidad era él el prisionero. Me ayudó a volver a la retaguardia durante tres millas por la ruta principal. Al llegar reposé un momento y cuando iba a agradecérselo ya había desaparecido.
Después de pasar por el hospital de campaña y el Whalley range hospital, fui enviado al pabellón Seaham a apenas una milla de mi hogar, en Inglaterra. Después de dos semanas de dulce reposo, me destinaron al depósito de los King's Royal Rifles en Tipperary. El ambiente se podía cortar, parecía que las hostilidades fuesen entre las tropas inglesas e irlandesas. Afortunadamente, fue una breve estancia, luego marché a Sheerness para un curso de entreno antes de volver al servicio activo en Francia con los Yeoman Rifles en enero de 1918.
En Francia, los Yeoman Rifles, fuimos desperdigados en otras divisiones y unidades lo cual nos provocó una terrible tristeza. Algunos de nosotros fuimos transferidos al Cuerpo de ametralladoras.
El 21 de marzo de 1918 comenzó la ofensiva alemana lo que provocó que tuviésemos que retirarnos a la línea Achiet-le-Grand. Yo conservé mis atribuciones como enlace y fui enviado al cuartel general del batallón. Allí nos llegaron notícias de que el frente había colapsado. Al instante nos ordenaron partir hacia el frente y hacer un informe de las posiciones enemigas. Para la misión, el oficial al mando nos dio un revólver como precaución, exhortándonos a disparar a cinco alemanes antes de dispararnos un tiro a la cabeza. Como previa a la misión nos dio un trago de whisky y recibimos el apoyo de nuestros compañeros como si fuese la última vez que nos fuésemos a ver.
Nuestro viaje comenzó tranquilo, los obuses caían muy intermitentemente y todo estaba más o menos tranquilo. De repente comenzamos a ver formas y figuras borrosas, luego un tanque, y luego más tropas hasta que nos dimos cuentas que eran tropas británicas en retirada. El oficial del tanque que avistamos no nos quiso informar de nada, debió suponer que éramos espías. De vuelta, llegamos a un bosque donde estaban algunas de las compañías de ametralladoras.
La conclusión era la que las cosas iban muy mal.
Aunque ahora estaban tranquilas, las tropas en el frente habían sufrido muchísimo y el cuartel general de la brigada necesitaba de trincheras de cobertura, para instalar a las tropas en retirada. Toda esa información la obtuvimos porque habíamos sido bombardeados sin compasión retornando. A la vuelta, encontramos nuestro campamento desierto y sin rastro de nuestro equipo. Parecía que nuestro cuartel general había partido precipitadamente. No demoramos nuestra partida, teníamos que encontrar cuanto antes a nuestra unidad. Finalmente los encontramos en una trinchera, no muy lejos. El oficial al mando al oír nuestro informe nos felicitó y nos dio orden de descansar. Pero como nos temimos, la pausa fue breve, nos enviaron al cuartel general de la división con un mensaje. Cuando volvíamos a nuestras posiciones, vimos al ejército en franca retirada, artillería, vehículos y el grueso de las tropas volvían a la retaguardia. Se decía que la retirada estaba acorde con los planes, pero en ese momento pensamos que la guerra se había perdido. Cuando volvimos a nuestra trinchera, todo estaba tranquilo, no había ni nada ni nadie.

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