11 nov. 2008

Sir Horace Smith-Dorrien y la Gran Guerra (II)


Viene de: Sir Horace Smith-Dorrien y la Gran Guerra (I)

La precipitada retirada británica fue seguida por una persecución alemana sin descanso. El repliegue inglés fue muy penoso, largas marchas en condiciones de extremo cansancio, falta de avituallamiento, perdida o abandono de material bélico, etc. La situación para los alemanes no fue mejor. La inicial retirada de Mons provocó que las comunicaciones entre el Cuartel general de French y los dos cuerpos de Haig y Smith-Dorrien se resintiesen. Aún así, se decidió que las tropas se retirarían a una zona más segura donde poder estabilizar un frente con los franceses, que a su vez se iban retirando sin apenas comunicarse con sus aliados. Finalmente y después de algunas peripecias, el IIº Cuerpo de Smith-Dorrien llegó a Le Cateau el 25 de agosto a les tres y media de la tarde, es decir un día después de haber iniciado la retirada. Pero lo peor era que el Ir Cuerpo de Haig había continuado la retirada, el cuartel general estaba muy alejado, y encima, French le conminaba a ser la retirada hacia una zona más segura, hacia el sector de Guise.
La situación de sus tropas era muy penosa. El IIº Cuerpo había soportado el grueso de la lucha en Mons, tanto en bajas como en esfuerzo y los hombres estaban derrotados física y moralmente. Smith-Dorrien consideró la situación y determinó que proseguir la retirada era la peor de las soluciones para sus tropas y para la BEF. Smith-Dorrien decidió junto con su Estado mayor que la única opción viable y plausible era intentar aguantar la posición, dar un respiro a sus hombres y sobretodo frenar la avalancha alemana que les seguía a un ritmo infernal. Frenar el avance significaría dar la oportunidad al resto de la BEF de salvarse del movimiento envolvente alemán, entre el Ir y IIº Ejército de Von Kluck y Von Bülow.
Smith-Dorrien imaginaba que su decisión de stand and fight (de aguantar y luchar) provocaría alguna polémica, pero desconocía que llenaría páginas y página de tinta además de acrecentar hasta límites desconocidos su controversia con Sir John French. Así las cosas, habiendo decidido permanecer y luchar, la caballería de Allenby, terriblemente castigada, llegó a Le Cateau poniéndose al instante bajo el mando de Smith-Dorrien. Al IIº Cuerpo también se le sumó la recién creada 4ª división al mando del general Snow.
La batalla de Le Cateau significó la ruptura final entre Sir John French y Sir Horace Smith-Dorrien. El comandante en jefe de la BEF acusó abiertamente a Smith-Dorrien de haber desobedecido una orden directa, de poner en peligro el IIº Cuerpo de la BEF, así como de la totalidad de las tropas británicas establecidas en el continente.
Sin embargo, la historia ha hecho otra lectura de la batalla de Le Cateau y de la arriesgada decisión de Smith-Dorrien.
Vistos los resultados la batalla de Le Cateau, frenó el avance de las tropas alemanas, lo que posibilitó el reagrupamiento de las tropas de la BEF, evitando así su envolvimiento y posible desaparición. Cierto es que las pérdidas británicas en Le Cateau fueron cuantiosas, casi 8.000 bajas entre muertos y prisioneros, pero examinados los factores, Le Cateau fue una acción valiente y arriesgada que permitió dar un respiro al resto de tropas británicas para encarar con mejores perspectivas el resto del conflicto. Igualmente cierto es que la decisión de Smith-Dorrien puede considerarse de desobediencia, pero tomar decisiones en momentos críticos como en el de Le Cateau, de permanecer y resistir, exige la determinación propia de un militar experimentado y responsable, así como valiente. La polémica y controversia hicieron el resto: French no perdonó jamás a Smith-Dorrien su desaire y desobediencia en Le Cateau, aún pesar de los resultados. La crítica trascendió el medio militar y saltó a la palestra pública y fue en esa arena donde algunos medios acusaron a French de actuar movido por los celos y el rencor.
Pero el resultado y la historia están ahí, la BEF consiguió sobrevivir a Mons, a Le Cateau, a la Gran retirada y sobretodo a la apisonadora alemana.
Las andaduras de Smith-Dorrien en la Guerra Guerra no terminaron en Le Cateau.


Continúa en: Sir Horace Smith-Dorrien y la Gran Guerra (III)

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