27 dic. 2007

Senderos de gloria (Paths of glory, 1957) (1)



Senderos de gloria (1957)

Director: Stanley Kubrick
Guionistas: Stanley Kubrick, Jim Thompson, Calder Willingham y Humphrey Cobb como autor del libro Paths of glory
Productores: Kirk Douglas, James B. Harris y Stanley Kubrick
Director de fotografía: Georg Krause
Música: Gerald Fried
Dirección artística: Ludwig Reiber
Asesor militar: Barón von Waldenfels

Reparto:
Coronel Dax: Kirk Douglas
Cabo Paris: Ralph Meeker
General Broulard: Adolphe Menjou
General Mireau: George Macready
Teniente Roget: Wayne Morris
Capitán Saint-Auban: Richard Anderson
Soldado Arnoud: Joseph Turkel
Soldado Ferol: Timothy Carey
Juez: Peter Capell
Cura: Emile Meyer
Capitán Nichols: Harold Benedict
Capitán Rousseau: John Stein

Sinopsis:


En el marco del estancamiento de la guerra de trincheras, el alto mando francés decide romper esta situación con la toma de la colina de las hormigas, famosa por su inexpugnabilidad. El general Broulard, miembro de estado mayor francés, visita a su amigo y homólogo el general Mireau. Mireau es el comandante en jefe de la división que está frente a la colina de las hormigas. Broulard le propone tomar al coste que sea la Colina de las Hormigas, confiando en el firme mando de Mireau y en su ambición, ya que le propone ascenderle si consigue algún avance. Mireau, primeramente reacio al ataque, al oír los cantos de sirena de un ascenso transige y confía ciegamente en las posibilidades de su división. Al efecto, el general visita las trincheras para observar el estado anímico de las tropas y comunicarle al coronel Dax los deseos del Estado mayor. Las primeras impresiones que recibe Mireau son de claro decaimiento, baja moral y desmoralización de las tropas. En la entrevista con Mireau, el coronel Dax le plantea serias dudas sobre un posible éxito de la misión, aparte de exponerle que las bajas serán terribles, ya que la posición de la Colina de las hormigas es prácticamente inexpugnable. El ataque además de llevarse a cabo con tropas exhaustas y desmoralizadas no tendrá la cobertura artillera deseada, ya que eliminaría el factor sorpresa. A pesar de la contrariedad que supone para el coronel Dax el ataque, esa misma noche decide enviar una patrulla de reconocimiento del terreno para preparar la estrategia a llevar a cabo. Para la misión, Dax elige al teniente Roget, al cabo Paris y al soldado Lejeune. La misión fracasa, y a la vuelta, el cabo Paris acusa al teniente de ineptitud, cobardía y asesinato, a lo cual Roget responde que en caso de llegar a mayores es su palabra contra la del cabo Paris. La enemistad entre ambos tendrá consecuencias futuras.
Dia h, hora cero. El coronel Dax recorre las trincheras para observar el estado de sus tropas antes de saltar fuera de las trincheras. El panorama es desolador. Suena el silbato y el coronel Dax desde lo alto de la trinchera, a la vista del enemigo, exhorta a los soldados a salir hacia la Tierra de nadie y dirigirse hacia las trincheras enemigas. El ataque, con Dax a la cabeza, se salda con un fracaso estrepitoso. La compañía que comanda Dax apenas llega a la trinchera enemiga. La compañía B no se ha movido de las trincheras. Se produce una escena de desconcierto en la trinchera de observación desde donde el estado mayor observa el desarrollo de la ofensiva. Mireau, fuera de si, al observar la negativa de sus tropas a salir ordena al jefe del grupo artillero bombardear sus propias trincheras. El capitán Rousseau, jefe de las baterías, comunica al general Mireau que no puede llevar a cabo esa orden sino le llega por escrito y firmada por él. Contrariado amenaza con llevar delante de un consejo de guerra a todos aquellos que se han negado a obedecer. Fracasada la operación, el general Mireau propone al general Broulard un gran escarmiento, le plantea pasar por las armas a más un centenar de soldados. Dax, en la misma reunión, es informado de la decisión sumaria. Consternado, Dax propone suavizar o anular esa decisión draconiana. Al final, después de un regateo se decide escoger un hombre de cada compañía. Tres hombres pasarán por un consejo de guerra: el soldado Ferol, el soldado Arnaud y el cabo Paris. La elección del cabo Paris por el teniente Roget se debe a causas personales, arrastran un enfrentamiento desde su localidad natal.
El juicio es sumarísimo, y una mascarada. No tiene las mínimas garantías legales. El coronel Dax, que en su vida civil es un eminente abogado, asume la defensa de los encausados. Dax no tardará en comprobar que la puesta en escena del juicio es pura fachada y que no tiene las mínimas garantías legales. Los acusados son condenados a muerte.
El fusilamiento se llevará a cabo a la mañana siguiente. Dax es informado del controvertido enfrentamiento que tuvo lugar en el puesto de mando y de la agria discusión entre el general Mireau y el capitán Rousseau sobre el bombardeo de las propias trincheras. Dax visita a Broulard en su château, donde se está celebrando una fiesta. Dax quiere interceder por los acusados, pero Broulard le comunica que estos procesos son necesarios para la moral de la tropa y del ejército. En ese momento, Dax decide utilizar la información sobre el asunto del bombardeo para presionar a Broulard. Éste, indignado, decide dar la reunión por terminada, aunque se guarda los testimonios por escrito que le ha dado Dax sobre el caso.
Las escenas en el calabozo donde están los acusados son dramáticas. La idea de ser ajusticiados a pesar de ser inocentes corroe a los condenados. La compañía de un sacerdote no logra hacer llevaderos los últimos momentos. Faltan pocas horas para el fusilamiento, y la llamada procedente del cuartel general con la orden de clemencia no llega. Con una parafernalia propia de las grandes ocasiones castrenses, los acusados son llevados al paredón. Uno de ellos es llevado en parihuelas ya que se roto el cráneo en un accidente dentro del calabozo, a pesar de su estado también será ajusticiado, según el deseo del general Mireau. El coronel Dax contempla la situación con estoica resignación, su gesto es patético. Dax, conocedor de la sucia artimaña del teniente Roget con el cabo Paris, lo designa jefe del escamote de ejecución. La escena de los tres condenados en el paredón congratula al general Mireau. El indulto no ha llegado.
Después del fusilamiento, el general Mireau y el general Broulard mantienen un cordial almuerzo. Broulard llama Dax a su presencia. Después de un amargo diálogo, el general Broulard insinúa al general Mireau que su actuación en el suceso del bombardeo de las trincheras será investigado. Mireau encolerizado y sintiéndose traicionado por el general Broulard abandona la comida. Broulard aprovecha la situación para insinuar el ascenso de Dax al puesto del general Mireau, como su sustituto. Después de un duro enfrentamiento verbal, Dax acusa al general Broulard de falta de humanidad y de maquiavélico. Broulard, cínicamente, le responde que es un iluso idealista. Dax abandona el château abatido, al llegar al acantonamiento oye el griterío de la soldadesca en la cantina como si nada hubiese pasado. Absorto y escuchando el rumor del jolgorio, un sargento le comunica que su regimiento se ha de incorporar al frente en seguida. Dax le responde que espere un poco antes de comunicarlo a los soldados.

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