30/4/2008

Trincheras (I)


0. Translatium

En algunas obras de referencia dedicadas a la etimología, el vocablo en castellano Trinchera proviene, como lengua románica, del latín. En este caso, los especialistas creen que se formó por la unión en vernácula de las palabras latinas, castra aggere cingere. Su significado nos aclara que se trataba de rodear mediante una zanja labrada en la tierra un espacio previamente fortificado, los llamados castrum. Así, trinchera como adaptación del latín vulgar venía a significar una zanja hecha en la tierra que tenía como objetivo defender una posición o un campamento militar.
Véase la traducción en otras lenguas: (Trench) inglés, (Tranchée) francés, (Schützengraben) alemán, (траншея) ruso, (Trincea) italiano, (Trinxera) catalán, (Trincheira) portugués, (Sleuf) holandés, (海沟) chino, (トレンチ) japonés y الخندق)) árabe.
En el caso de la lengua alemana, el vocablo que designa lo que entendemos por trinchera se forma por la unión de dos términos, por una parte Schütz que significa protección, refugio y de la otra la palabra Graben, que significa zanja, o incluso tumba. Así se comprueba que Schützgraben designa aquellas zanjas en la tierra que tienen como misión la protección y el refugio.

1. Definición

A) Excavación larga y más o menos estrecha, donde la tierra extraída se utiliza para levantar un parapeto, que sirve para proteger a los soldados contra el fuego enemigo.
B) Zanja defensiva que permite disparar a cubierto del enemigo.
C) Zanja cavada por los soldados con la finalidad de protegerse del fuego enemigo, formando parte, a menudo, de un sistema conectado a otras, formando una línea de frente. Trincheras es el término usado para los campos de batalla del norte de Francia y Bélgica durante la Primera Guerra Mundial.

2. Antecedentes

Aunque la guerra de trincheras es tan antigua como la guerra misma, éste tipo de estrategia tuvo mayor importancia cuando irrumpieron las revolucionarias armas de fuego. La idea de cavar zanjas en el suelo para ofrecer cierta protección de la potente y mortífera artillería enemiga y de las armas de fuego de la infantería no fue una idea nueva de la Primera Guerra Mundial. Uno de los primeros momentos de la historia militar en que la guerra de trincheras tuvo mayor importancia fue durante las llamadas guerras napoleónicas de principios de siglo XIX. Antes de este momento, las batallas –por norma general- las llevaban a cabo ejércitos limitados en número, hecho que permitía una mayor movilidad de tropas y de movimientos envolventes en la estrategia militar. Pero a medida, que la guerra implicaba a mayor número de efectivos, la maniobrabilidad de éstos se complicaba así como la comunicación de movimientos o estrategias. Así por ejemplo, una de las primeras y significativas construcciones atrincheradas de la historia son las de la Línea de Torres Vedras (1810) llevada cabo por las tropas portuguesas bajo la supervisión de los ingenieros del ejército británico durante las guerras napoleónicas en la Península ibérica. Después de las guerras napoleónicas y antes de la Primera Guerra Mundial, los siguientes enfrentamientos bélicos en los que se optó por este tipo de sistema defensivo fue la Guerra de Secesión norteamericana y la Guerra rusojaponesa.

3. La guerra de trincheras en la Primera Guerra Mundial

La guerra de trincheras

La guerra de trincheras fue una forma de lucha consistente en largas y estrechas zanjas en las cuales las tropas permanecían acantonadas refugiándose de la potencia del fuego enemigo. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, la creencia que la victoria se produciría mediante cargas masivas de la infantería dominaba el pensamiento militar del momento a pesar de la aparición y introducción de armas de fuego más ligeras y rápidas y sobretodo de una artillería más potente y móvil. Pero la cruda realidad superó las previsiones de los más optimistas y después de la primera batalla del Marne, septiembre de 1914, el estancamiento del frente obligó a cavar miles de kilómetros de trincheras paralelas a la línea del frente occidental, conectadas por laberínticos sistemas de trincheras de comunicaciones y protegidas por densas alambradas de espino. Con este sistema de fortificaciones en forma de trincheras, del Mar del Norte a Suiza, apareció un nuevo escenario bélico. Para romper esta nueva situación y determinar el giro de la guerra se introdujeron nuevos ingenios militares, incluyendo las granadas de mano, el gas venenoso, morteros de trinchera, cortinas y barreras de fuego artillero y lanzallamas entre otros. Como consecuencia, las bajas fueron enormes después de cada intento de la infantería por tomarlas. No fue hasta 1918 que una primigenia versión de lo que sería el tanque (inventado en 1915) logró hacer posible avance a través de las trincheras. Así, el periodo comprendido entre septiembre de 1914 y agosto de 1918 fue una guerra de atrincheramiento.

El primer pensamiento que acude a la mente de aquellas personas que piensan en la Primera Guerra Mundial es la vida y la muerte en las trincheras y sobretodo las condiciones infrahumanas en las que vivieron y murieron millones soldados. Sin embargo, la realidad es que la proporción de soldados que acabó sirviendo en ellas es menor de la que cabríamos esperar. Aún así, los relatos, testimonios o diarios de los que vivieron en ellas es suficientemente terrible como para hacernos una idea de lo que significó la Primera Guerra Mundial.
Las trincheras, como puestos avanzados, eran las líneas del frente, el lugar más peligroso. Pero tras ellas existía un enorme tejido de líneas de aprovisionamiento, campos de entrenamiento, almacenes, depósitos de municiones y víveres, cuarteles generales y el resto de elementos que formaban la estructura militar de los ejércitos en la Primera Guerra Mundial, a la que la mayoría de los soldados dedicaban sus quehaceres.
Las trincheras eran el dominio de la infantería. Ésta contaba con el apoyo de los morteros de trinchera, las ametralladoras, los cuerpos de ingenieros y las avanzadillas de los observadores artilleros.

Sistema de trincheras en el Frente occidental

Los ejércitos en contienda de 1914 inicialmente plantearon una guerra de movimiento, y las trincheras realizadas fueron concebidas como una cobertura temporal. Pero de la batalla del Aisne en adelante, ambos ejércitos tuvieron que excavar trincheras, defenderse y mantener las posiciones sobre el terreno en el que estaban. Los sucesivos intentos de flanquear o rodear el sistema de trincheras enemigo acabaron a finales de noviembre de 1914. En ese momento, en un frente de unos 750 kilómetros, del Mar del Norte a Suiza y sin solución de continuidad había un complejo sistema de trincheras que formaba la línea del frente.
La finalidad de las trincheras era proteger a los soldados de los tiros horizontales y de la visión enemiga. Se trataba de zanjas cavadas en la tierra, en forma de zig-zag o almenada para evitar el tiro de enfilada. Entre los elementos que conformaban las trincheras estaban unos pequeños refugios denominados abrigos, puestos de guardia y de primeros auxilios y también nidos de ametralladoras excavadas también en la tierra.
La protección que ofrecían las trincheras era relativa debido sobretodo al uso e invención de balones y aviones de observaciones juntamente con obuses de shrapnels y el empleo de armas químicas producidas industrialmente a gran escala durante el periodo 1914-1918.
Del lado enemigo, una inextricable red de alambradas de espino y otros obstáculos convertían la toma de las trincheras en una odisea casi imposible, por eso las compañías de zapadores de ambos ejércitos se dedicaban a cavar túneles bajo las trincheras con el objeto de volarlas con enormes cantidades de explosivos. Si la distancia existente entre trincheras era mínima podía suceder que se cruzasen túneles en sentidos contrarios, y que la compañía más diligente y rápida ganase la partida convirtiéndose en un juego macabro, como fue el caso de la batalla de Messines de 1917.
Los enormes cráteres resultantes todavía se pueden contemplar en algunos puntos de lo que fue el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial.
Por todas estas razones, y sobretodo a causa del omnipresente barro, las ratas, los piojos, la proximidad y a veces la convivencia con cadáveres en putrefacción, la vida en las trincheras en la Primera Guerra Mundial fue una experiencia terrible, siendo el origen, en muchos casos, de profundas secuelas psicológicas en los combatientes de la Gran Guerra.

Continua en: Trincheras (II)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un artículo excelente, felicidades. Y la idea de la etimología muy buena también.

Boris

dulitel dijo...

lástima lo de la gráfica, es una buena representación.

estoy ansioso por leer la segunda parte.

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