23 ago. 2008

The First World War de John Keegan (II)

Viene de: The First World War de John Keegan

Sorprende también la descripción que hace John Keegan de Philippe Pétain. En primer lugar, lo acusa reiteradas veces de ser uno de los militares franceses que menos se conmovía por las bajas. Extraño ya que es de sobras conocida la gran preocupación que embargaba a Pétain por el escalofríante número de bajas francesas, sobretodo durante la batalla de Verdun y el posterior desastre de Chemin de Dames. Es difícil entender esta afirmación ya que es legendaria la admiración que despertaba entre la tropa, y tal admiración no hubiese sido posible de ser un carnicero como otros mandos de l’Armée. Segundamente, acusa –creo injustificadamente- a Pétain de derrotista y de poco proclive a ayudar a la BEF en el episodio de la batalla de Passchendaele, cuando de sobras es conocida la situación por la que pasaba l'Armée en la primavera-verano de 1917. Respecto a otras cuestiones de fondo, es significativa la forma en la que el prestigioso historiador pasa por el tema de la responsabilidad de los mandos británicos en la conducción de la guerra. Keegan reconoce que, en muchos aspectos, ésta fue un desastre y que el número de bajas aliadas fue escalofríante. Sin embargo, niega rotundamente la tesis de los leones conducidos por asnos y acusa duramente a los defensores de la misma. Les recrimina el hecho de querer negar la implicación de la oficialidad y los mandos en el campo de batalla. Para refutar esta opinión aporta datos y estadísticas de oficiales muertos en el campo de batalla y los confronta con datos de la Segunda Guerra Mundial. De igual forma, y con el mismo objetivo, exime casi totalmente a la alta oficialidad de la desastrosa conducción de las batallas y lo argumenta en base a diversos factores: la pésima condición de las comunicaciones una vez iniciadas las operaciones militares, el caos generado por el desorden de regimientos, y sobretodo por la ausencia absoluta de delegación de toma de decisiones una vez iniciada la batalla. Resulta sorprendente que siga sin reconocer, al menos de forma abierta, que la organización, gestión y estrategia de las operaciones militares del ejército alemán eran mejores que en el bando aliado, y por extensión que en el ejército británico. En este punto, hay que reconocer que el libro de John Mosier The Myth of the Great War acerca o expone de forma muy clara cúales eran los déficits de la maquinaria bélica aliada.
El libro de Keegan, a pesar de su enorme calidad, tiene otras dos grandes lagunas: el análisis de la guerra aérea y el escenario naval. En el primero de ellos, las referencias son casi nulas. Esta faceta de la guerra apenas ocupa una página y media. Quizás con esta breve referencia el autor quiera revelar que la guerra aérea no tuvo una gran trascendencia para el desarrollo de la guerra. De hecho, al final del libro, el historiador británico confiesa que el papel de la aviación es más que marginal en el desarrollo del conflicto. Es probable que Keegan haya decidido obviar este capítulo por el carácter elitista de la aviación durante la Primera Guerra Mundial.
Su análisis de la cuestión naval no es mucho más amplio. Se centra en los primeros actos de la guerra naval con la batalla de Coronel, la posterior eliminación de la flotilla de Von Spee, el corso del Emden y algún que otro episodio esporádico. Keegan, como buen historiador británico y fiel a su tradición historiográfica, emplea algunas páginas para esclarecer la dicotomía Jutlandia, o lo que es lo mismo: quién la ganó? Los británicos o alemanes? Él lo tiene clarísimo, la victoria fue para Gran Bretaña. Aún así, considera que la excesiva prudencia de Jellicoe privó a los británicos de una victoria más contundente y definitiva. Además, para subestimar, presumiblemente, el papel de la Hoch See Flotte, no se olvida de mencionar la fortuna que acompañó a Scheer en alguna de sus maniobras. Para Keegan, el apartado estadístico sobre las bajas, los buques y toneladas hundidas son cuestión secundaria. Mención aparte merece el capítulo o espacio que se dedica a la batalla de Passchendaele. Es una sinfonía, desde los primeros acordes hasta el final. La descripción de la misma, no tanto todos los contenidos –en los que difiero en algún punto-, son el modelo de lo que debería ser la explicación de una ofensiva de estas características: preparativos militares y políticos, situación del escenario y de los contendientes, breve detalle de las unidades y algunas de sus posiciones, cronología de los hechos, fases y desarrollo de la batalla, resultados de la misma por horas o días, número de bajas, testimonios de algunos de los implicados, etc. y todo ello aderezado con un estilo narrativo sencillo pero que atrapa el lector y lo traslada al campo de batalla o a los gabinetes, así como a los puestos de enlace. En resumen, extraordinario, un placer.
La parte final de la obra es, sin duda, la más lograda. Keegan consigue introducir perfectamente al lector en algunos de los capítulos más densos de las últimas fases de la guerra, como por ejemplo los prolegómenos y posterior desarrollo de la revolución rusa, la guerra civil finlandesa, los últimos momentos de la dinastía Hohenzollern en el poder, el papel del ejército en los acontecimientos en Alemania a finales de la guerra y a inicios de 1919, etc. Las últimas setenta y cinco páginas del libro son las que, sin duda, revestían más dificultad a la hora de sintetizar, pero Keegan lo resuelve de forma soberbia. La opinión del lector puede, o no, ser convergente con la del autor pero el excelente ejercicio de Keegan lo sitúa entre los mejores divulgadores de la Gran Guerra a nivel Mundial.
La First World War de Keegan es una síntesis histórica sensu stricto, es el paradigma de lo que debe ser monografía sobre un acontecimiento histórico concreto. Como tal, cumple perfectamente las expectativas e incluso raya la excelencia. Pero siempre hay algo que aleja a las grandes obras del Olimpo. Aunque ese Olimpo sea el mío. Y es que Keegan, a mi humilde entender, adolece de algunos de los tics que acompañan de forma casi unánime al historiador militar británico o lo que lo mismo: desprecio casi absoluto por el ejército francés y sus mandos; nula o casi inexistente mención a la superioridad militar alemana en técnicas, armamento, estrategia, organización y ejecución de las ofensivas y operaciones terrestres. Y cuando lo hace, es contraponiendo esta superioridad alemana a los ejércitos de menor valor militar como el italiano o rumano, o en el caso del ruso después del desmoronamiento del mismo en 1917. Keegan es el fiel reflejo – al menos en este libro - de esa escuela historiográfica británica que niega por encima de todo la incapacidad, incompetencia e inoperancia de la mayoría de miembros del Alto mando británico en la conducción militar de la Gran Guerra. Para el autor, la desastrosa gestión militar es debida casi siempre a cuestiones técnicas, organizativas, etc. pero prácticamente nunca por la incapacidad de los mandos. Curioso. Sin embargo, y a pesar de estos detalles, la obra de John Keegan es excepcional, tanto por concepción como por resultado. Y merece por méritos propios un lugar de honor en el panteón de las obras generales dedicadas a la Primera Guerra Mundial.
Imprescindible.

2 comentarios:

K.I.A. dijo...

Sorprende lo escrito sobre Petain.
Si algo caracterizó a Petain fue porque, de entre todos los generales de la PGM, fue el que mejor trató y mejor comprendió el sufrimiento de los soldados en la trincheras. Pero, por lo demás, esta segunda entrada del libro de Keegan supera en entusiasmo a la primera. Sin embargo, en mi lista de futuribles habrá de esperar a que consiga Barrera de Fuego: breve historia de la Gran Guerra de Werner Beumelburg y La Gran Guerra de JJ. Becker. Gracias por tus recomendaciones.

F. Xavier González Cuadra dijo...

El agradecimiento es para ti, gracias por leer mis reseñas. El placer es todo mío. Haces una buena elección, el de Beumelburg es una curiosidad, no te defraudará. Y el de JJ.Becker, es muy ácido pero muy diáfano y claro. Es uno de los miembros de la nueva escuela historiográfica francesa sobre la IGM.
Un saludo, nos vemos en la de comunicaciones.

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