6 abr. 2008

Mesopotamia 1914-1918 (I)

Mesopotamia 1914-1918


Casus belli
La entrada de Turquía en la guerra el 29 de octubre de 1914 obligó inmediatamente al gobierno británico el plantearse abrir otro frente militar en la provincia otomana de Mesopotamia. Poco después, tropas británicas e indias fueron enviadas al Golfo Pérsico para proteger los intereses petrolíferos británicos en la zona. El 6 de noviembre de 1914 llegaban -vía marítima- a la desembocadura del río Tigris. Dentro del apartado de las motivaciones británicas para una campaña mesopotámica, los estudiosos apuntan a que el gobierno británico también deseaba mantener su posición privilegiada en la zona del Golfo ya que estaba temeroso de las posibles insurrecciones que podían provocar los agentes turcos en las poblaciones musulmanas indias y sobretodo para fortalecer y animar la resistencia árabe contra el dominio otomano. La creciente implicación alemana en los asuntos otomanos sobre Mesopotamia fue, sin duda, otro de los factores que decidieron a Inglaterra a plantear una campaña militar en el Oriente próximo.

Buenos augurios y primeras victorias
En los primeros compases de la campaña, el avance estuvo exento de dificultades debido sobretodo a la débil resistencia turca. En menos de cuatro semanas habían ocupado Basora -22 de noviembre-, y El Qurnah, en la unión del Tigris y el Eufrates, cayó el 9 de diciembre. Aunque Basora fue evacuada antes de su toma, en estas operaciones se capturaron más de 1.000 prisioneros turcos a un coste mínimo en bajas, unas 60. A pesar de la dureza del clima desértico de Mesopotamia, el ejército británico continuó el avance a buena marcha por el río Tigris durante el año 1915. En abril de 1915, llegó a Mesopotamia el nuevo comandante en jefe británico, el general Nixon. Las órdenes de Nixon eran "someter y controlar totalmente la zona más baja de Mesopotamia", llamada provincia de Basora, y planificar el avance y captura de la ciudad de Bagdad. No obstante, la zona no estaba totalmente bajo control.

Tigris up !!
Aún así, en mayo de 1915, dos columnas británicas se pusieron en marcha siguiendo el curso del Tigris río arriba, por sendas orillas. La unidad que estaba bajo las órdenes del general Charles Townsend, la 6ª división india (Poona), se dirigió hacia Bagdad, mientras que la 12ª división, también india, se encaminó a An Nasiriyah en el Eufrates, tomándola el 25 de julio.
Estos primeros éxitos iniciales convencieron a Nixon que el siguiente objetivo era Bagdad. No obstante, su logística no era la adecuada para una campaña como esta, sobretodo teniendo en cuenta el rápido avance de las tropas británicas y un excesivo alejamiento de los puntos de aprovisionamiento. A pesar de estas condiciones, Nixon vio totalmente factible tomar Bagdad, mientras que Townsend disentía.
Pronto comenzaron a aparecer los primeros problemas. Los hombres de Townsend no estaban acostumbrados al clima desértico y áspero de Mesopotamia y comenzaron a mostrar claras muestras de cansancio después de las largas marchas. A pesar de las reiteradas peticiones de refuerzos, a la 6ª división india se le ordenó proseguir con su avance a través del Tigris.

Toma de Kut-al-Amara
En su marcha, capturaron varios pueblos ribereños hasta alcanzar Kut-al-Amara. Previamente, los turcos habían evacuado su guarnición de unos 10.000 soldados. De esta manera, el 28 de septiembre de 1915 y al mando del general Townsend, tomaron la localidad de Kut-al-Amara, a unos ciento noventa kilómetros al sur de Baghdad. No obstante, debido al rápido avance y a la captura de más de 2.000 prisioneros turcos en la captura de Amara el 15 de junio, los británicos, y en especial su comandante en jefe, subestimaron la capacidad combativa del ejército otomano. Esta creencia tendría consecuencias dramáticas.
A pesar de los éxitos iniciales, el mando estaba dividido sobre la decisión a tomar respecto a un posible avance sobre Bagdad. El octubre de ese año, 1915, el Gabinete de guerra británico mostraba sus dudas sobre una operación que parecía demasiado sencilla. En uno de sus informes advertía de cierto relajamiento y de la percepción de que la operación en el frente del Oriente próximo carecía de importancia. A pesar de estas apreciaciones, el Gabinete concluía que “una victoria en Mesopotamia reportaría gloria y compensaría el desastre de Gallipoli. Necesitamos de un contundente éxito en el Este”. Contaban con la muda complicidad de Nixon. Éste sabía que el ejército otomano se estaba reforzando, a pesar de ello, insistió a Townsend en avanzar.

Continua en: Mesopotamia 1914-1918 (II)

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