10 ene 2012

La butte de Vauquois: la guerra bajo tierra (II)

Viene de: La butte de Vauquois: la guerra bajo tierra (I)

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Trincheras bajo tierra
Julio de 1915. El desastre del 6 de junio obliga a la reflexión. La realidad comienza a imponerse y los medios para acabar con el enemigo a agotarse. Durante la fortificación y atrincheramiento de las posiciones, tanto en la parte superior de la loma como en las pendientes, las unidades de ingenieros y zapadores se han percatado de un hecho: el terreno es facilmente perforable. Además, tanto los refugios como las galerías excavadas son resistentes a los bombardeos de gran calibre. La solución al estancamiento parece clara. Si es imposible derrotar al enemigo en la superfície, por qué no sepultarlo haciendo que ceda el suelo bajo sus pies? Los mandos no tienen nada objetar, bien al contrario. Al poco, cientos de zapadores de ambos ejércitos inician una frenética e interminable carrera por cavar kilómetros y kilómetros de galerias con el objeto de situar cargas explosivas y así sepultar al enemigo que descansa tranquilamente en sus trincheras.

La guerra de minas
La guerra de minas en Vauquois tomará un cariz diferente que en el resto del frente occidental. Mientras en otros sectores, la mina es un elemento más de desorganización del sistema defensivo que una arma de destrucción masiva, en Vauquois este tipo de guerra tiene un solo objetivo: sepultar al enemigo bajo tierra y ocupar su posición.Cuando estalla el conflicto en 1914 el uso de las minas no es nuevo. No obstante, el estancamiento de la guerra en 1915 le da un nuevo y "mejorado" impulso. La guerra de minas en la butte de Vauquois estará marcada por tres factores, principalmente: la composición geológica del terreno, los explosivos y el único objetivo de aniquilar al enemigo costase lo que costase. El pueblo de Vauquois estaba sobre un terreno compuesto de roca sedimentaria silícea de orígen fósil. Conocida como la 'gaize de l'Argonne', su naturaleza permeable y dúctil permitía la rápida proliferación de construcciones bajo tierra sin excesivos esfuerzos técnicos. De hecho, en múltiples galerías alemanas no fue necesario el apuntalamiento con bigas u otros soportes. En los más de tres años que duró la guerra subterránea bajo la loma de Vauquois se excavaron más de 22 kilómetros de galerías, pozos y refugios, alcanzando algunos de ellos los cien metros de profundidad. La loma de Vauquois se convirtió en un enorme hormiguero, hasta el punto de albergar en determinados momentos a más de 2.000 soldados. La planificación de este nuevo entramado fue tan meticulosa que muchas de las galerías excavadas se destinaron a la logística del trabajo minero (galerías para vagonetas, refugios para todo tipo de utensilios, etc.) que como simple depósito de explosivos. A pesar de la cuidadosa preparación y puesta en práctica, el modus operandi era muy sencillo. Se trataba de excavar una galería que corriese por debajo de las líneas enemigas y que en el extremo final, en forma de enorme silo, se dispusiese una brutal cantidad de explosivos. Los suficientes para volar y derrumbar el terreno justo encima y enterrar así a los contingentes enemigos que se encontrasen en ese lugar en el infausto momento. Para ello, tanto la disposición del 'silo' como la cantidad de explosivos depositados tenían que estar acorde según el objetivo fijado.
En el caso de los explosivos, los avances de la ciencia habían sido múltiples, siendo la cheddita, la melinita y la dinamita los explosivos más utilizados para este tipo de combate. Las directrices de los altos mandos estaban muy claras. La guerra industrial volvía a mostrar su lado más atroz, como si tuviese otro !!! Así, los dos ejércitos se enzarzaron en una espeluznante carrera de destrucción sin parangón: miles y miles de metros cúbicos de tierra excavados bajo los pies del enemigo y cantidades ingentes de explosivos para enterrar al enemigo. Vivo o muerto era lo de menos.

La luna de Francia
La cronología de la guerra de minas en Vauquois está claramente marcada por la disposicíón de los cráteres, tanto por su localización como por su extensión. A pesar de las ventajas geológicas del terreno, la guerra subterránea no dio su pistoletazo hasta finales del invierno de 1916 (marzo). El 3 de marzo de 1916 los alemanes inauguran la temporada de minas en Vauquois. Hacen estallar una mina de unas cinco toneladas en la parte este del pueblo. Resultado: 11 muertos franceses y otros tantos heridos. Los franceses estaban alerta y preparados. Replican el 23 de marzo. A las 9 15 h. de la mañana detonan una mina mayor: 12 toneladas de cheddita en la posición fortificada que tienen los alemanes en lo que había sido la iglesia de Vauquois, a unos treinta metros de la primera línea francesa. Mueren 30 soldados alemanes dentro de un cráter de 12 metros de profundidad. La funesta lista se amplía. Pero los alemanes no ceden, al contrario. Sacando fuerzas de flaqueza, contraatacan y logran llegar a las posiciones francesas infliendo numerosas bajas. La balanza sigue igual, aunque con menos trincheras en la superfície. El infierno toma fuerza de cueva, e intentando emular a la batalla de Verdun que se libra a unos pocos kilómetros, los dos contendientes se enzarzan en una lucha sin cuartel y silenciosa.
Turno de los alemanes. Esta vez se superan. El 14 de mayo detonan 60 toneladas de Westfalita al oeste de la loma de Vauquois. Las bajas francesas superan el centenar. La practica totalidad de la 9º compañía del RI 46º y de la 5ª compañía del 1r regimiento de ingenieros se volatiliza, así como gran parte de las primeras y segundas línea francesas en esa parte de la loma. La explosión es tan brutal que el cráter resultante es de unos 30 metros de profundidad y de unos setenta metros de diámetro !!! El estallido de la mina, la mayor de todas las que estallarán, se escucha a decenas de kilómetros. Verdun ya no es la única pesadilla.
Durante 1916 se suceden las minas y las explosiones. La carrera sigue siendo la misma: más profundidad y más potencia. Pero el trabajo de contramina es igualmente eficiente y muchas se desbaratan. Los estetoscopios son un gran aliado en la búsqueda de los mineros silenciosos.
En 1917 continuan las tablas. No hay manera de desalojar al enemigo, ni de aniquilarlo. La solución final es volar por completo la loma. Ambos parecen estar de acuerdo. Los franceses eliminarán un puesto de observación, y los alemanes dejarán el camino expedito hacia el valle del Mosa. Pero la realidad vuelve a imponerse. Los franceses no están en su mejor momento, es 1917 y los efectivos no sobran precisamente. Los alemanes deciden abrir tres pozos a unos profundidad de unos 100 metros, pero cuando están prácticamente acabados desisten en vísperas de las ofensivas de marzo de 1918. La importancia estratégica de la loma de Vauquois ya es secundaria y la guerra de minas finaliza en abril de 1918. En verano, los franceses ceden la posición a unidades italianas, y éstos al poco la dejan al ejército norteamericano que la acabará tomando totalmente a finales de septiembre en una ofensiva sangrienta. Acabada la guerra, los supervivientes convertirán la loma de Vauquois en un mito. Aún así, la sombra de Verdun es demasiado alargada.

Epílogo
Durante tres años largos han habido unas 540 explosiones (más de trescientas francesas) y se han utilizado más de un millar de toneladas de explosiones. La loma ha perdido 18 metros de altitud desde que se iniciaron los combates y la cifra de muertos está acorde con la destrucción de la posición. Se calcula que han dejado la vida en Vauquois, entre ofensivas y minas, unos 10.000 soldados. Los franceses corren con la peor parte, aunque el Alto mando francés lo camufla como una victoria: se ha logrado frenar al enemigo. Los cementerios, sin embargo, son tozudos. Solo en el Cimetière nationale de la Maize hay enterrados 4.300 soldados franceses caidos por la butte de Vauquois. Son los conocidos como 'ceux de Vauquois', los que estaban en Vauquois. Los alemanes enterraron a los suyos en el Soldaten Friedhof de Cheppy. A pesar de ambos cementerios, gran parte de los muertos se quedó ahí, bajo la loma de Vauquois, como monumento a la barbarie.

Fuentes:

- Feriet, René Ernest Louis. La Butte de Vauquois. Paris : Payot, 1938.
- Girard, Georges. Les Vainqueurs. Paris : Ed. de la NRF, 1924.
- Kenamore, Clair. From Vauquois Hill to Exermont: A History of the Thirty-fifth Division of the AEF. Guard Pub., 1919.
- Schnitz, André. Sous la rafale. Paris, Barcelona : Bloud & Gay, 1918.
- Argonne 1914-1918
- Vauquois

31 dic 2011

La butte de Vauquois: la guerra bajo tierra (I)

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La butte de Vauquois, aôut 1915. François Flameng


Cuando los hombres del 2º batallón al mando del coronel James E. Rieger coronaron los restos de la loma de Vauquois (la butte de Vauquois) no imaginaban que se encontraban sobre kilómetros y kilómetros de galerías subterráneas. Era el 27 de septiembre de 1918 y según los informes oficiales, el golpe de mano fue tan notorio que llovieron todo tipo de menciones. El propio Rieger fue bautizado como el 'héroe del Argonne' por la prensa, y condecorado con la Cruz de guerra francesa y el Corazón púrpura por heridas de guerra. Lo que James E. Rieger desconocía era que bajo la posición capturada yacían otros tipo de héroes.

La loma deseada
La butte de Vauquois, que tomaba el nombre de la localidad homónima, se encontraba a unos treinta kilómetros de Verdun. La altura del promontorio, unos 300 metros, y su situación privilegiada en el valle de la Mosa, con el bosque del Argonne al oeste y el sector de Verdun al sudeste, le otorgaban un valor especial como observatorio natural de las líneas férreas (Châlons-Verdun) y viarias de la zona.
Estallada la guerra y con el brutal empuje alemán, el IIIr Cuerpo francés de Sarrail se vé obligado a retirarse en la línea del Mosa y en el sector norte del Argonne. La nueva línea parece segura, es el 30 de agosto. Sin embargo, la apisonadora alemana no cesa y 2 de septiembre el mando francés decide un repliegue en todo el frente. Los alemanes llegan a la zona al día siguiente. El 3 de septiembre ya peligra la loma de Vauquois. Los habitantes que se creían a salvo con la primera línea defensiva son evacuados del pueblo de Vauquois. 170 lugareños y los restos de las unidades del 82º RI abandonan el pueblo la noche del 3 al 4 de septiembre. Jamás volverán a verlo. Los alemanes les pisan los talones. El Vº Ejército alemán del Kronprinz Wilhelm, con los cuerpos XIII y XIV pivotan sobre Verdun para caer sobre el sector oriental del Argonne y completar un movimiento de tenaza sobre el ejército francés. El 11, sin embargo, sucede el milagro. Los efectos de la batalla de la Marne, y el posterior retroceso alemán cambia las tornas. El IIIr ejército de Sarrail, junto con el 15º cuerpo del general Espinasse pone en jaque al Vº alemán, que hostigado y perseguido se retira. Esta vez las comunicaciones ferroviarias han jugado a favor de los franceses. El 15 de septiembre las tropas alemanas se establecen en la línea Apremont - Montfaucon, con el extremo más oriental en la zona de Gercourt. Días antes, la 9ª division francesa ha vuelto a tomar posiciones en el sector de Vauquois.
La importancia estratégica no merma, al contrario, toma una transcendencia vital con visos a un ataque al saliente de Verdun. El 24 de septiembre los alemanes atacan la loma con un importante despliegue de la artillería. Los batallones franceses 1º y 2º del 82º RI son incapaces de mantener la posición y son superados por las tropas de la 33ª DI alemana, que han avanzado con una facilidad pasmosa gracias a la pasividad de la artillería francesa. Entre muertos y heridos los franceses dejan en la loma unas doscientas bajas. Son las primeras de miles. Lo peor, sin embargo, está por venir. Ese mismo día, los alemanes capturan Saint-Mihiel y cierran aún más la soga sobre Verdun. Solo la participación 'in extremis' del Ir Cuerpo de Dubail salva la situación. El frente se estabiliza el 25 de septiembre. La nueva línea de frente es Boureuilles - Vauquois - la Buanthe.
La situación es muy delicada en el extremo oriental del frente francés. El saliente de Verdun es ya una ratonera. La línea férrea hacia Châlons ha sido cortada y el envío de tropas y suministros al bastión de Verdun comienza a resentirse seriamente. La posesión de la loma de Vauquois confiere a los alemanes una enorme ventaja táctica dada su privilegiada situación como atalaya de observación del Argonne y del valle de la Mosa. Los alemanes no estan dispuestos a perder semejante posesión y convierten la loma en una fortaleza inexpugnable. Cavan refugios bajo la ductil roca silícea que conectan con un dédalo de galerías subterráneas. En la superfície, las ruinas de las casas que todavía permanecen en pie son también fortificadas con troneras y otras estructuras defensivas. En la ladera norte, parapetados por la propia mole, las tropas alemanas han aprovechado la orografía del terreno y la pendiente para crear un impresionante sistema de trincheras. Por si fuera poco, la situación aislada de la loma permite que la artillería alemana proteja la posición desde los bosques de Cheppy, Montfaucon y el del Argonne. Los nidos de ametralladora y el emplazamiento de minenwerfer del ejército alemán apuntan hacia los pocos barrancos y sendas que no estan a campo abierto. El acceso es muy difícil, y cualquier intento de tomarla sin una acción coordinada de la artillería y la infantería es un suicidio sin sentido. Y eso será lo que sucederá.


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Vertiente norte de la loma: posiciones alemanas

1915: febrero-marzo
Hasta el febrero, y sin el apoyo óptimo de la artillería, los franceses lanzan una serie de infructuosos e inútiles ataques a la bayoneta que apenas permiten recuperar parte de la vertiente sud de la loma. Las bajas para conseguir instalarse en un sector tan caliente son innumerables. Mantener la posición meridional de la butte, bajo el incesante hostigamiento de la artillería alemana, sin apenas contrabatería, es una heroica estupidez. Decidido a aliviar la situación, el Grand Quartier Général de Joffre planea para la semana del 28 de febrero al 4 de marzo una gran ofensiva para expulsar a los alemanes de la loma. Lo consiguen a medias, las tropas alemanas reculan y se parapetan en la pendiente norte de la loma, los franceses capturan la totalidad de la vertiente sur y parte de la ruinas adyacentes. Lo peor, como siempre, es el precio en vidas. En cinco días de combate han muerto o desaparecido más de tres mil hombres. Se impone una leve tregua.
El sacrificio de miles de soldados franceses permiten a la 10ª DI del general Valdant proteger con mayor seguridad sus posiciones. Se construyen trincheras y refugios a semejanza de sus contendientes de la cara norte. Los alemanes, ante el martilleo contínuo de la artillería francesa, deciden construir una triple red de galerías que unan sus trincheras de ladera con las ruinas del pueblo, que son la línea de vanguardia. La guerra de posiciones se preve larga y dura. Los días de calma tensa que siguen al 5 de marzo permiten a ambdos mandos elaborar informes de la situación. Las conclusiones son similares: no es posible desalojar al enemigo de un terreno tan poco propicio como una pendiente opuesta sin el sacrificio de miles de hombres, y sin garantías de éxito.
La ausencia de grandes ofensivas no frena otro tipo de operaciones como las patrullas de hostigamiento nocturnas o los golpes de mano, en algunos casos con el efecto sorpresa de los terroríficos lanzallamas. Si bien es cierto que estas acciones son temidas por el enemigo, no dejan de tener una importancia más simbólica que real. La guerra de posiciones que se vive en la loma de Vauquois desde inicios de 1915 exige otro tipo de estrategia.

Llamaradas: marzo-junio de 1915
La gran tregua dura bien poco. El 22 de marzo los alemanes lanzan un ataque sobre las líneas francesas. El punto: las ruinas de la iglesia de Vauquois. No es una escaramuza como las demás. Ni es bajo el manto de la noche, ni durante las brumas de la primera mañana. Es al mediodía, con la mayoría de trincheras repletas de soldados que buscan algun rayo de sol después de una noche invernal. Los alemanes, provistos de lanzallamas y granadas incendiarias, se infiltran en algunas posiciones francesas donde vierten una especie de alquitrán líquido que posteriormente inflaman con las granadas. En un primer momento de sorpresa, gran parte de las tropas francesas huyen despavoridas hacia retaguardia permitiendo a los alemanes ocupar parte de la línea francesa cercana a la iglesia. No obstante, y después de unos minutos de pánico y desconcierto, zapadores franceses logran pulverizar las llamas y parte del líquido inflamable. Al poco y viendo que la ofensiva se ha frenado en seco, la infantería francesa vuelve a la línea y los alemanes son rechazados hacia sus trincheras. El ataque alemán solo ha sido un gran susto, apenas tres horas de combates y algunas quemaduras entre la soldadesca francesa.
Turno de los franceses. Los primeros días de junio sus líneas son un hervidero. Se prepara un ataque, que se cree definitivo. Los lanzallamas serán los protagonistas. No gustan al soldado de a pie, lo asustan y además lo consideran poco civilizado. Pero de momento es la única opción de abrir brecha. Para ello, el Grand Quartier Général recluta a unos 50 bomberos de París que se incorporan al 1r regimiento de los ingenieros de Vauquois, los engins spéciaux. Estarán apoyados por unidades de los RI 31 y 76, así como dos compañías del regimiento de ingenieros, la 1ª y la 3ª. El objetivo: abrasar a los alemanes de primera línea, ocuparla y seguir con el avance. La víspera del ataque, 5 junio, llegan a la butte de Vauquois 18 nuevos lanzallamas, modelos Schilt L1. Los bomberos apenas experiencia han tenido con ellos. A las dos de la tarde del día 6 de junio comienza el ataque con un potente bombardeo sobre las líneas alemanas. La loma es martilleada sin cesar. Los alemanes replican a las seis de la tarde. Las posiciones francesas son duramente castigadas. Con los primeros obuses, dos lanzallamas quedan fuera de combate. Se masca la tragedia. La artillería germana castiga la estrecha Tierra de Nadie, de forma que el apoyo de infantería que han de ofrecer los hombres del 31º no puede acercarse a las líneas enemigas. Las cosas aún pueden ir a peor. Comienza a caer la noche y el viento cambia de dirección, soplando hacia las líneas francesas. A las ocho y diez de la tarde se da la orden de ataque a los bomberos. En un primer momento, el fuego de los lanzallamas penetra en las líneas alemanas, pero es un solo un instante. Momentos después una potente ráfaga de viento devuelve las llamas a las posiciones francesas. Aquí algunos de los testigos se contradicen. Los unos dicen que el error fue elevar tanto la manguera. Otros, sin embargo, opinan que la tragedia ocurrió porque las llamas alcanzaron un depósito de municiones alemán que devolvió parte del fuego. La conclusión fue que las trincheras repletas de bomberos e infantería se convirtieron en un mar de fuego que abrasó sin piedad a sus ocupantes. Pero no solo eso: el altísimo calor hace explotar las municiones, provocando el pánico total en toda la línea francesa. Las escenas son dantescas. Es el sálvese quién pueda. Los oficiales amenazan con sus armas a los soldados que huyen, a pesar de todo. Y para colmo, los alemanes, que han logrado aguantar el ataque, se lanzan al contraataque rematando a los moribundos y ocupando algunas de las posiciones abandonadas por la infantería francesa. Con parte de la loma aún en llamas, el balance es tragico. Solo los franceses han perdido a más de una treintena de hombres y tienen más de un centenar de heridos graves.

Continua en: La butte de Vauquois: la guerra bajo tierra (II)

15 ago 2011

La Kadaververwertungsanstalt, o el arte de hacer pastillas de jabón con cadáveres de soldados alemanes




Jabón y sebo hecho a base de cadáveres de soldados alemanes caídos en el frente. Increíble, pero cierto. Esta 'historia para no dormir' fue una de las mejores 'perlas' que el War Propaganda Bureau (WPB) de Charles Masterman logró inventar y, peor, vender a la prensa británica y mundial.
La espeluznante historia del Kadaververwertungsanstalt (Fábricas para la transformación de cadáveres) apareció publicada en The Times y el Daily Mail a mediados de abril de 1917. Ambos medios, propiedad de Lord Northcliffe, fueron utilizados por el WPB y, especialmente, por el gobierno británico de Lloyd George para castigar todavía más a la ya denostada Alemania, en términos informativos. La tesis de Dilke de los 'cables submarinos británicos como la mejor de las fortificaciones británicas' cobraba sentido. El artículo del The Times 'Germans and their dead' 'solamente' se hacía eco de un breve aparecido en el periódico belga L'Independance belge (publicado en el Reino Unido) que a su vez había recogido la notícia de otro diario belga, La Belgique, editado en Holanda, que había 'transcrito' una noticia del diario alemán Berliner Lokal-Anzeiger que hacía referencia al uso de cadáveres para la fabricación y manufactura de grasas de tipo animal.
La cuestión, y aquí radica parte del 'enigma' es que mientras que el breve del diario alemán contenia apenas cincuenta palabras, el suceso en el medio belga ocupaba más de quinientas. Y lo más importante: que mientras el breve alemán se refería a animales de carga (caballos, mulas u otros), los belgas lo convirtieron en 'carne humana'.
La historia se situaba en la localidad francesa de Evergnicourt donde un testigo informó de la descarga contínua de cadáveres de soldados alemanes que eran trasladados a una fábrica de transformación de grasas animales para su 'procesamiento'. El producto final, corroboraba el testigo, eran pastillas en forma de jabón que posteriormente servirían para la elaboración de explosivos. La crónica, además, cobraba sentido dada la creciente y acuciante escasez de estos materiales por el bloqueo británico contra los imperios centrales.
El 'cuento de terror' ya circulaba sin freno. La prensa internacional, concretamente el New York Times, se hizo eco de la macábra notícia. Era el 20 de abril. Curiosamente, los Estados Unidos de América habían declarado la guerra a Alemania el 6 de abril. Los aliados habían vuelto a ganar la guerra informativa, y el público norteamericano no podía dudar ante semejante atrocidad: cadáveres de soldados convertidos en sebo y glicerina.
El relato de Kadaververwertungsanstalt no se limitó solamente a las grandes cabeceras. Semanarios de actualidad, magacines ilustrados y publicaciones de tipus humorístico hicieron su 'agosto' particular con la historia de los 'soldados convertidos en jabón'. Una de las publicaciones en extraer mayor jugo fue la británica Punch que aprovechaba cualquier suceso de entidad para convertirlo en una tira cómica, siempre con grandes repercusiones mediáticas. Tal y como se ve en la ilustración que abre el post, la mayestática y omnipotente figura del Kaiser Wilhelm II señala el destino final del inocente soldado que se encuentra a su lado, y le indica que vivo o muerto cumplirá su deber con la patria.
El episodio de los cadáveres convertidos en sebo llegó a los círculos políticos, incluso llegó a debatirse su veracidad en la Casa de los comunes británica. Allí, bajo la estricta supervisión del Subsecretario del Foreign Office, Lord Robert Cecil, se declaró que el gobierno británico no tenía ningún argumento, a banda de los publicados en los medios, para dar por cierta semejante historia. Concluía, además, que había recibido una nota del gobierno alemán donde se negaban los hechos.
Aunque la cuestión fue diluyéndose a tenor de los acontecimientos militares sucedidos en 1917, no cabe duda de que la 'historia de los cadáveres alemanes' tuvo una gran repercusión mundial y consiguió los frutos esperados. La idea que subyacía bajo la escabrosa actividad de transformar cuerpos en sebo seguía la constante del WPB que buscaba ante todo, y costase lo que costase, describir y identificar Alemania como un pueblo incivilizado, bárbaro y carente de las normas más básicas de humanidad.
Pasada la guerra, en 1925, la historia volvió a salir a la luz. Aunque con informaciones controvertidas, y luego negadas por él mismo, parece que el que fuera Jefe de la Inteligencia militar británica, el general John Charteris asumió la 'paternidad' del bulo durante unas conferencias realizadas en los Estados Unidos. Durante una de ellas, parece ser que relató cómo manipuló dos imágenes en que en una se observaba como descargaban cadáveres de soldados alemanes, mientras en otras se veía como transportaban caballos muertos para su procesamiento en abonos o fertilizantes.
Charteris evidentemente lo negó todo, sin aclarar nada. El caso volvió otra vez al Parlamento británico y volvió a cerrarse de forma definitiva negando cualquier veracidad al asunto. Cuentan los testigos que oyeron a Charteris, que éste buscaba, ante todo, el apoyo chino contra Alemania, por su veneración por los muertos. Tampoco se sabrá si esto último era cierto.
Lo único contrastable fue que los aliados ganaron otra batalla propagandística y que aumentaron la nòmina de atrocidades que los alemanes jamás cometieron.

Fuentes:

Dilke, Charles. Imperial defence. Westminster : Constable & Co., 1897.
Knightley, Phillip. The First Casualty: The War Correspondent as Hero and Myth-Maker from the Crimea to Kosovo. Johns Hopkins University Press. 2002.
Taylor, Phillip. Munitions of the Mind. A history of propaganda from the ancient world to the present era. Manchester, 1995.

24 jul 2011

Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (III)

Viene de: Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (II)

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La división Šumadija, como el resto de divisiones del ejército serbio se organizaba a través de los distritos militares, como por ejemplo BDurante la primavera de 1915, Becić realizó una serie de acuarelas al natural de diversos oficiales y soldados de la llamada Division Šumadija (Choumadia en francés). elgrado, Niš, Valjevo, Novi Pazar o Pristina. De cada una de las regiones o distritos militares se formaban diversas unidades. De la Šumadija se incorporaron soldados que irían al 1º o 2º Ban, como al 3º. Los retratos de Becić de la división Šumadija ilustran a soldados de infantería, caballería u oficiales, suboficiales o incluso territoriales.
La serie completa de la Šumadija la forman diez acuarelas. Algunas de ellas fueron publicadas con el estudio a lápiz, superponiendo la acuarela para mostrar el trabajo del artista. De los diez, solo en dos se concentran el genuino estilo del artista croata y el mensaje subliminal. El mensaje que Becić intenta expresar a lo largo de su opus belica es mostrar al ejército serbio como el reflejo de un pueblo sufrido y sufriente en la adversidad, agravada aún más por los reveses militares de 1915. Su trabajo plástico sintetiza los trazos físicos de una nación (eslava) con el carácter resistente y estoico de un pueblo en lucha. No se sabe si Becić estuvo en contacto con la Illustration antes de 1915, su trabajo parece corroborar esa posibilidad. Sus dibujos tienen una clara intencionalidad, no solo de mostrar el sufrimiento de la guerra, sino de mostrar a Francia y al mundo entero el carácter de un pueblo ante sus horas más amargas. Sus dibujos y acuarelas tienen más de epitafio que de memoria visual. Las fotografías que tomó tienen un propósito testimonial, sus pinceles, por el contrario, reflejan el alma serbia.
Becić busca, describe y abusa de rasgos faciales relacionados con el mundo eslavo: miradas límpidas y fijas, aunque hundidas en cuencas abismales, cráneos robustos, pómulos y zigomáticos exagerados, así como bigotes prominentes. El uso de todos estos elementos se concentran - especialmente - en tres de los retratos realizados para la "serie Sumadija".

El veterano de las tres guerras balcánicas, el teniente y el soldado del 10º regimiento recogen todos estos elementos, pero reflejan sobretodo una de las ideas que Becić pretende mostrar al mundo: la determinación del pueblo serbio.


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En el caso del veterano, esa sensación de voluntad inquebrantable se localiza en la mirada. Una mirada fija, con el ceño fruncido, con la vista en el horizonte. Becić se explaya en las miradas y en los gestos faciales. Si bien el busto es una acuarela, la mínima construcción del uniforme deja en evidencia que lo que el artista quiere destacar es el rostro. La mirada y la gestualidad facial del veterano es absolutamente minuciosa y detallista. Dos detalles: la definición de las pupilas y las "patas de galo".

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Si la determinación del veterano se describe a través del rostro, Becić opta por el movimiento en los otros dos dibujos. En ambos casos, tanto el teniente como el soldados están en posición de combate. El primero dirigiendo una carga o ataque, el otro parece estar más a la defensiva. Nótese otra vez el grado de detallismo de los rostros en comparación con otras partes del cuerpo. En el caso del soldado se nota muy claramente. La acuarela del teniente parece un estudio de otra escena donde se ven al mismo personaje con otros dos soldados en plena carga. En ella, el rostro de perfil del teniente (en primer plano) es el ejemplo más claro de todo lo comentado anteriormente: el movimiento, la mirada fija en el horizonte y la gran expresividad facial como elementos que "dibujan" el espíritu batallador e irreductible de un pueblo y un ejército. La escena es un producto para el público internacional. El doméstico vive la dura realidad de la derrota.

Fuentes:

L'Illustration. Janvier-février 1916.
Šuvaković, Miško. Impossible histories: historical avant-gardes, neo-avant-gardes, and post-avant-gardes in Yugoslavia, 1918-1991.
Tonković, Zdenko. Vladimir Becić. Društvo povjesničara umjetnosti SR Hrvatske, 1988.

10 jul 2011

Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (II)

Viene de: Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (I)




"Transporte de heridos sobre un carro macedonio", otro dibujo al natural, es una mirada omnisciente a la tragedia. Desde una cuneta del camino, Becić y el espectador son testigos de la dureza de la derrota. No solo para los que pueden valerse por si solos, sino para aquellos los heridos que a su pesar anímico han de añadir la impotencia física y el dolor. En el "Transporte de heridos", como en los dos dibujos siguientes, se reflejan los dos valores más paradigmáticos del trabajo de Becić sobre la retirada y derrota serbia. La resistencia estoica y la dignidad de un pueblo ante la adversidad son ... que el artista quiere mostrar al mundo. El tono dramático del dibujo provocan, en cierta manera, una catarsis que puede llevar al espectador a sentir una gran admiración por el drama serbio. La misericordia no tiene lugar, solo la admiración por un pueblo que lleva con enorme dignidad el infortunio de saber derrotado, pero no vencido. Y esa es la idea que intenta Becić imprimir en sus dibujos y acuarelas.
Su principal interés reside en mostrar al mundo el impresionante porte del pueblo serbio a pesar de la derrota. Las testas cabizbajas, las espaldas encorvadas, los pies medio hundidos en la nieve de los soldados en retirada. Todo ello es una mezcla de resignación y dignidad. Parece como si el dibujante, augurio del destino serbio, supiese de antemano que Serbia volvería a levantarse de sus cenizas.




"Los supervivientes de la tercera línea serbia" fue realizado en 1916, a partir de algún croquis al natural. Los cinco supervivientes de la escena, ataviados todos ellos con vestimentas improvisadas para el invierno, formaban parte de las veteranas unidades de reserva. El ejército serbio en 1914 se organizó en tres líneas (Posivs en serbio, Bans en alemán). Mientras las unidades de las líneas 1ª y 2ª eran tropas preparadas y mínimamente pertrechadas, los hombres de 3ª línea (Ban) eran en su práctica totalidad reservistas y veteranos de más de cuarenta años de media. Su equipación, por norma general, eran más bien pobre (antiguos fusiles rusos) y con apenas munición. Su aspecto un tanto andrajoso y mísero no es pues una licencia de Becić.
De derecha a izquierda, se puede observar como cada uno de los veteranos supervivientes del batallón serbio representan un actitud o un estado concreto. El primero de la derecha sujeta con determinación su fusil mientras no pierde de vista el camino, en medio de lo que parece una ventisca de invierno. Su mano izquierda, claramente desproporcionada y superlativa respecto a la cabeza, expresa una indisimulada determinación de lucha. El siguiente en formación, cabizbajo y abatido, sujeta con los dos brazos el atillo que se ha hecho con el fusil y las pocas pertenencias que le quedan. Es la clara imagen del cansancio y del sufrimiento. Sus botas, medio hundidas en la nieve, dibujan un movimiento renqueante y vacilante como si, a pesar del esfuerzo, le fuese imposible seguir el ritmo. Por ello, parece como si el primer superviviente por la derecha vigile a su compañero manteniéndose como "escoba" en la formación. La misma misión parece tener el primer superviviente por la izquierda ya que mantiene su mirada hacia atrás, en actitud vigilante hacia el resto del grupo. De porte más airoso, a pesar de sostenerse en un improvisado bastón, mantiene su mirada en el superviviente que parece más agotado. Con su gesto parece inquirirle si es capaz de seguir. Los otros dos veteranos, espacio central de la escena, completan el patético cuadro. Becić es un maestro del claroscuro, y juega perfectamente con las sombras en las caras de los sufridos y veteranos supervivientes.
El ejemplo más claro es el segundo soldado por la izquierda, el que parece ocupa el primer plano. De su rostro, el hueso zigomático (malar) destaca gracias al impresionante trabajo con el claroscuro que logra Becić. La cara del soldado, curtida y de marcadas facciones, le proporcionan una aire de rudeza y resistencia que aportan al grupo ese ingrediente de dignificación que siempre busca el autor en sus trabajos. Un detalle: en "El interrogatorio del rey Pedro", el personaje real también es representado con esa aureola de dureza, gracias -en parte- al "sombra zigomática de Becić".

Continua en: Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (III)

2 jul 2011

Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (I)



Vladimir Becić, en ruta con el ejército serbio



Cuando Vladimir Becić se alistó en el ejército serbio en el agosto de 1914, poco podía imaginarse que sus pinceles y carboncillos ilustrarían al mundo entero la trágica derrota serbia durante el otoño y el invierno de 1915. De nacionalidad croata, se enroló voluntario para luchar contra los austrohúngaros, pero su experiencia militar fue breve. En 1915, su formación artística, y algún que otro contacto, lo convirtieron en corresponsal gráfico del ejército serbio.
Nacido en 1886 (Slavonski Brod, Croacia), decidió compaginar su pasión por el arte con los estudios de derecho. En 1905, su talento artístico se impuso y abandonó la toga por el lápiz y el pincel. El estudio en Zagreb de Menci Clement Crncić, uno de los fundadores del arte moderno croata, se le había quedado pequeño y decidió dar el salto hacia la bulliciosa Munich. Allí, acudió al famoso estudio de Heinrich Knirr, famoso por realizar treinta años más tarde algunos de los retratos de Hitler más destacados. Knirr alternó las clases en su estudio con la cátedra en la prestigiosa Münchener Akademie der bildenden Künste. Muy probablemente por esta razón, Becić decidió abandonar el estudio de Knirr por las clases en la Akademie con Hugo von Habermann.

Vladimir Becić fue uno de los numerosos croatas que estudiaron en la Akademie. La impronta de este círculo fue tan importante en el arte moderno croata que los propios historiadores del arte bautizaron esa generación como el Münchenski Krug o Círculo de Munich. El ‘estilo croata' de Munich presentaba una expresividad muy cercana al impresionismo, combinando la tradición de Velázquez o Goya con lo moderno de Manet o Leibl.
El período muniqués fue fructífero, en 1909 viajó a Paris. Allí entró en la heterodoxa La Grande Chaumiére, lo que le proporcionó un primer contacto con el periodismo gráfico como dibujante para la revista Le Rire. Parece ser que sus trabajos trascendieron. Al año siguiente le propusieron hacer una muestra en Zagreb. Establecido de nuevo en Croacia, los años previos a la guerra estuvo alternando pequeñas estancias artísticas en Osijek, Belgrado y Bitolij.
El estallido de la guerra lo sorprendió en Belgrado. Aunque las noticias sobre su periplo en el ejército serbio son poco fiables (por falta de documentación), se sabe gracias al corresponsal de l'Illustration Robert Vaucher, que Becić fue nombrado 'pintor oficial' del ejército serbio al poco de alistarse como voluntario. Pero no se limitó a pintar y dibujar. Gracias a un reducido equipo fotográfico logró tomar numerosas instantáneas del frente balcánico. Algunas de las fuentes consultadas desvelan que la relación con el ejército serbio venía de 1913 cuando Becić fue enviado a los territorios macedonios conquistados durante la Segunda Guerra Balcánica. Se desconoce, no obstante, si solo dibujó o también fotografió paisajes.
El hecho es que Vladimir Becić estaba al cargo de la representación visual del ejército serbio a inicios de 1915. A pesar de la notoria y excelente actuación de los serbios contra la invasión austrohúngara durante 1914 y principios de 1915, el final del año seria testigo del desastre serbio. Anulada parcialmente la amenaza rusa en el frente oriental, las Potencias Centrales con Alemania a la cabeza, decidieron asestar el golpe final a la 'incómoda' Serbia. Aunque la 'solución serbia' se centró exclusivamente en el factor estratégico, el ánimo de revancha jugaria un papel primordial. Bulgaria, recién incorporada a la Triple Alianza (finales de septiembre de 1915) buscaba resarcirse del Tratado de Bucarest de 1913 y ansiaba ajustar cuentas con Serbia, principalmente. Y la monarquía austrohúngara deseaba aniquilar a su vecino incómodo por encima de todo. La meritoria defensa serbia contra los avances austríacos había dejado en un pésimo lugar el papel del Kaiserlich und Königliche Armee (K.u.K.) durante los primeros meses de la guerra.
La campaña terrestre contra Serbia comenzó el 7 de octubre de 1915. Un mes antes, el 8 de septiembre, la aviación alemana y la artillería pesada austroalemana habían comenzado a martillear y hostigar Belgrado. A los pocos días, la situación en Belgrado se había convertido en insufrible, sobretodo para la población civil, que comenzó a huir hacia el interior del país. La invasión de Serbia se llevó a cabo en dos frentes, por el norte con el XIº ejército alemán, el IIIº austríaco y el Iº búlgaro, todos ellos al mando del mariscal de campo August von Mackensen. El segundo frente, al oeste, estaba formado por el IIº ejército búlgaro que entraría por la Macedonia serbia con el objeto de rodear los restos del ejército serbio con el fin de hacer una pinza entre el frente norte y el oeste. La situación del ejército serbio era desesperada, no solo por la derrota y la dura retirada, sino por verse obligado a abandonar su país, dejando a la población a merced de los invasores. La retirada fue penosa. La orografía serbia, dura para el invasor, resulto trágica para el ejército en desbandada, pero sobretodo para los civiles que seguían a sus tropas.
La derrota serbia quedó patente desde los primeros compases de la ofensiva austroalemana y búlgara. El impresionante despliegue artillero anorreó a las primeras de cambio unas defensas serbias, que habían soportado los intentos austrohúngaros durante 1914.
En la crítica decisión de retirada, pesó en el ánimo de los mandos serbios el componente estratégico: evitar ser rodeados y aniquilados. El éxodo serbio fue duro y penoso. Los aliados intentaron por todos los medios interponer en la Macedonia serbia un ejército que frenase a los búlgaros en su movimiento de tenaza, pero los intentos fueron infructuosos. Serbia estaba perdida. La única solución era replegarse y huir hacia el sureste, hacia Albania y el mar, ya que Montenegro había sido invadida por fuerzas austrohúngaras. Allí, en las costas albanesas les esperaban buques italianos, y algún que otro francés, que trasladarían el grueso de las tropas serbias a la isla de Corfú. El resto serían enviados a territorio griego, a Tesalónica.

Retratando la retirada
El pintor croata compartió parte de la dura travesía con los restos del ejército serbio, una parte del séquito real (el rey Petar Karageorgevic -Pedro- I y el príncipe Aleksandar) así como un gran número de ciudadanos serbios que vieron en el exilio su única salida. La obra pictórica y fotográfica de esas semanas está completamente amarada de abandono, desasosiego y desesperación. En su relato para la Illustration afirmava:

“despues de quinze días, el torrente de exiliados era imparable, los ancianos y los niños dormían sobre lechos de hojas y poco más a lo largo del camino. Observaban atónitos como el ejército avanzaba sin apenas haber combatido y no comprendían nada. Se acercaban a las columnas y les preguntaban: ‘Que debemos hacer?’ y regimiento por regimiento, los soldados les respondían: ‘Volved a casa, esperad al enemigo’”.

Aunque existen numerosas lagunas sobre la localización de Becić después de pasar la frontera serbia, se sabe que logró llegar hasta Roma y de allí finalmente a París. Allí contactó con el periodista suizo Robert Vaucher que hacía de freelance para la Illustration. Vaucher cubría los frente italiano, serbio, ruso y polaco. Fue así, como gracias a Vaucher, Becić testimonió los hechos acaecidos en Serbia durante el otoño y parte del invierno de 1915. El reportaje titulado "La Malheurese Serbie, récit d'un réfugié serbe" (La Serbia desgraciada, testimonio de un refugiado serbio) apareció publicado en el número 3800 (1 enero de 1916) de la Illustration. En una extensión de ocho páginas, alterna el testimonio de Becić con fotografías y dibujos a doble página. Aunque la narración de los hechos es vigorosa y de un extremo dramatismo, lo que llama realmente la atención son los dibujos y acuarelas que Becić realizó durante el duro periplo.
Becić alternó la fotografía con la pintura y el dibujo, siendo estos últimos los destacados. Sus fotografías son simples instantáneas, sin apenas implicación o sentimiento. Captan la fuga, la huida desesperada. En cambio, su obra plàstica narra lo inexpresable: las horas más amargas de un pueblo en el rostro de sus soldados.
Cronológicamente no está muy claro cuando se realizaron algunas de sus obras. Aunque todas sus piezas van firmadas, no todas llevan fecha, y aunque la Illustration las identificase como dessins d'après nature (dibujos al natural), se sospecha que algunas acuarelas a color, especialmente las de la Division Choumadia (Šumadija) fueron realizadas en el exilio y con toda la tranquilidad, con estudios o croquis que había tomado durante la campaña de 1915.

Los dibujos y acuarelas
De una docena y media de dibujos, se han seleccionado ocho. De éstos, tres están dentro de la llamada serie Division Šumadija, que es una pequeña colección de croquis y acuarelas que realizó durante la primavera y el verano de 1915, y que anticipan el ‘estilo Becić’.



"Pedro I con los prisioneros alemanes"
Datado el 8 de noviembre de 1915, la escena muestra al rey serbio manteniendo una breve conversación con un prisionero alemán en la carretera que lleva a Pristina, Kosovo. Becić describe una parte del periplo real:

“Ni es el primero, ni el último del ramado que va Krouchevats a Pristina. Ha abandonado su automóvil. Y se va solo con su aide de camp. No ha querido requisar un vehiculo en el que viajaban una mujer con su marido. Se ha subido a un cajón de artillería arrastrado por un par de bueyes. Se ha sentado sobre un nido de paja y se ha tapado hasta las rodillas con un abrigo. [...] Su porte es majestuoso, más aún que una lujosa carroza de paseo, él pasa entre medio de su pueblo, que lo admiran llorando y que guardarán para si esta visión heroica de entre las páginas más bellas de su historia.”

Ataviado con uniforme militar, Pedro I mantiene un porte especial, ‘elevándolo’ del duro momento que vive la nación serbia. La estampa del rey inquiriendo al prisionero alemán ofrece algunos de los conceptos más reiterados en las representaciones de Becić: la dignidad ante la adversidad y la irremediable tragedia. La sensación de firmeza ante la dêbácle proviene de la figura real, de su marcado perfil. Los pómulos sombreados, un espeso y poblado bigote, su mirada felina, la visera hasta la nariz y una actitud postural de carácter mayestático consiguen imprimir a la situación un impresionante aire de suficiencia, alejada totalmente de la realidad. Mientras las miradas de la comitiva es de claro desdén hacia los alemanes, la actitud del rey expresa una gran determinación dentro de la calma. A pesar de ser un croquis, algunos detalles están muy elaborados. Los soldados alemanes se encuentran en posición de firmes ante la presencia del rey, lo que le aporta un ingrediente más de respetabilidad y dignidad. El dibujo ilustra perfectamente la descripción inicial que hacia Becić sobre el monarca serbio, reafirma la imagen de una figura que a pesar de la adversidad mantiene el pulso de Serbia.

Continua en: Vladimir Becić, el pintor de la retirada serbia (II)

10 jun 2011

Blaise Cendrars en la Gran Guerra: La Main coupée


Considerada una de las figuras literarias más destacadas y peculiares de la letras francesas del siglo XX, la biografía de Blaise Cendrars, Fréderic Louis Sauser de nacimiento, es una mezcla de episodios grotescos e historias increíbles. Aprendiz de relojero en su Suiza natal, marchante de joyas en Rusia, copista de manuscritos en bibliotecas rusas, pseudoperiodista en Paris, figurante, actor fracasado en Estados Unidos y un largo etcétera forman un curioso currículo.A pesar de esta cómica amalgama de ocupaciones y labores, su opus literaria habla por si sola. Cualquier estudioso que quiera sumergirse en la dilatada y excéntrica vida del célebre escritor de Neuchâtel -nacionalizado francés en 1916- se encontrará con luces y sombras.
De entre las fases más 'brillantes' de Cendrars, figura su experiencia como soldado en el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial.Aunque se trató de un episodio traumático - perdió el brazo derecho - , el bautismo de fuego y las cenizas del mismo (su pseudónimo proviene del término 'cendres', cenizas) le proporcionaron una visión más pesimista y ácida de la existencia que quedaría patente en su obra. El Cendrars de 1914 difiere, y en mucho, al Cendrars de 1918. La Main coupée es su Rubicón.
La Main no es una obra realizada al abrigo o al reflujo de la guerra, al contrario. Aunque Cendrars realiza una primera versión en 1918, no será hasta la Segunda Guerra Mundial durante su 'exilio' en la Provenza cuando al conocer la muerte de su hijo en África decide reemprender el relato de sus experiencias y reflexiones sobre la Gran Guerra, en forma de una tetralogía. La Main coupée (La mano cortada, 1946), constituye el segundo de los libros de esa tetralogía que completan L'Homme foudroyé (El hombre fulminado, 1945), Bourlinguer (1948) y Le Lotissement du ciel (La urbanización del cielo 1949). Pseudoperiodista panfletario en la Paris de la segunda década del siglo, Cendrars vio en el estallido de la Gran Guerra la posibilidad de 'luchar' por su patria de adopción. Alistado en la Legión extranjera a finales de 1914, vivió en sus carnes la crudeza de la guerra en sí misma, pero aún más el desprecio que sentía y manifestaba gran parte de l'Armée hacia la Legión extranjera, de dudosa reputación -especialmente por sus miembros- aunque con un prestigio militar fuera de duda.
La Main coupée narra el periplo de Cendrars por la dura guerra de trincheras desde finales de 1914 hasta septiembre de 1915, cuando en una de las fases de la batalla de la Champagne pierde el brazo y es licenciado.
La Main ni oculta ni tamiza. Es guerra en estado puro, pero no en un estricto sentido jungeriano de la Res bellica. Adopta, queriendo o sin querer, un aire de Dorgelès y de Barbusse. Más francés, más desinhibido, más humano. Y menos castrense que Jünger, divaga en consideraciones morales que también supuran Chevalier o Duhamel. Cendrars nos 'confiesa' que la guerra es terrible, pero aún peor es la humanidad que la ha creado y la alimenta sin fin. Cendrars se amara del sinsentido. Algunos de los pasajes más duros y escabrosos los narra con una especial mezcla de cinismo e ironía.
La distancia temporal entre los hechos y la obra no es gratuita. Mientras la descripción del tedio de las trincheras, de las horas muertas o del resentimiento hacia los gendarmes y emboscados es vívido y fresco, en otros capítulos se nota el peso de la reflexión de más de dos décadas sobre lo sucedido. Las reflexiones más íntimas reposan sobre tres temas. El primero, su 'fidelidad' incondicional hacia los compañeros de pelotón. El segundo, su desprecio más absoluto hacia todo lo relacionado con el mundo castrense, empezando obviamente por sus superiores, con raras excepciones. El postrer aspecto, y quizá el más notorio, es su odio visceral hacia todo lo alemán, sea o no militar.
Ocupado más en temas logísticos que en ofensivas militares, su vida en el frente transita por las tres esferas enumeradas. Las dos primeras, el compañerismo de guerra y el odio hacia el stablishment castrense, son leitmotivs muy recurrentes en la literatura testimonial de guerra. El tercero es denominación de origen 'Cendrars', tal y como expone Audoin-Rouzeau en su análisis. La situación que vive Francia durante la Segunda Guerra Mundial, junto a la muerte de su hijo, radicalizan la visión del enemigo, a pesar de haber transcurrido más de veinticinco años.
Esta visión irracional del enemigo de Cendrars es una excepción al testimonio de guerra. No se limita a enumerar experiencias y refriegas, las 'aliña' con un poso de odio casi extremo y a momentos enfermizo. Sirva como ejemplo el pasaje de la captura y traslado de un prisionero alemán o el episodio del perro emisario. El ritmo narrativo es intenso, a instantes trepidante. En otros pasajes, sin embargo, consigue transmitir perfectamente el tedio de la guerra al lector. El lenguaje es muy creíble tanto por la terminología como por el argot. No evita ni un solo insulto o palabra malsonante que considere imprescindibles para recrear el clima. No hay que perder de vista que estava en la Legión extranjera.
Los diferentes episodios del libro narran desde la descripciones y hazañas de sus compañeros hasta las cuestiones más baladíes. Algunas están envueltas en una aureola un tanto misteriosa, como el cas del inspector que se traslada hasta el frente para interrogarlo, o la epopeya con la barcaza por un afluente del Somme.Curiosamente, el suceso menos descrito es el de su mutilación durante el combate. Solo una mención sui generis, más propia de Freud que de un veterano de guerra.
La Main coupée de Blaise Cendrars no entrará en los anales de la literatura universal. Sin embargo, y desde una visión más reducida del género 'testimonio de guerra', su obra aporta otra versión más de lo que fue y representó la Gran Guerra para una gran parte de los que participaron: un negocio sucio y evitable.

Muy recomendable.

Fuentes:

Audoin-Rouzeau, S. et J.J. Becker. "Blaise Cendrars et la "Main coupée". En Guerres et Conflits contemporains, n° 175, juin 1994, pp 21-35.
Cendrars, Blaise. La Main coupée. Paris : Denoël, 1993. [Original]
Cendrars, Blaise. La Mano cortada. Barcelona : Argos Vergara, DL 1980. [Traducción: Nuria Sales de Bohigas]

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