15 nov. 2010

In Flanders fields: apuntes de un periplo inconcluso (IV)

Tyne Cot cemetery

El día se había abierto y nos ofrecía un precioso cielo raso, que combinado con el verdor de los campos y los bosques daba una estampa preciosa de Flandes. Salimos a la carretera de Ypres a Menin, y volvimos unos cientos de metros hacia Ypres girando a la derecha, en el desvío que lleva a Tyne Cot cemetery. No lo contrasté, pero si no recuerdo mal es uno de los cementerios británicos más grande de los que hay en Flandes. Después de un camino sinuoso, llegamos a un pequeño aparcamiento que se encuentra situado en uno de los laterales del cementerio. Cuando llegamos, el nuestro era el único vehiculo. Media hora después ya habían 3 o 4 autocares. Es un lugar de peregrinación.

Laura decidió cuidar de Frasier y se quedó fuera del recinto. Planeé una visita relámpago al lugar. Adyacente al cementerio hay un pequeño memorial que recuerda lo que supuso Flandes para el ejército británico. Muy suave, muy nostálgico. Fragmentos de cartas, fotos gigantes de algunos soldados, así como algún que otro recuerdo material. Acabada la rápida visita al memorial, seguí la pasarela que lleva al recinto. Decidí no entrar, creí que no debía. Eso sí, tomé decenas de fotografías y 'admiré' la elegante disposición del espacio, que le otorga un doble sensación de respeto y recuerdo.
Me paré a reflexionar un momento y lancé una mirada al paisaje: había algo que sorprendía. Los campos cultivados, el ganado paciendo tranquilamente, pequeños grupos de árboles diseminados aquí y allá. Así debía ser el paisaje de Flandes cuando llegaron las primeras tropas británicas. Parecía como si el tiempo se hubiese parado y los monumentos a los caídos fuesen islas en el correr de los tiempos. Era una sensación extraña.

Volví al aparcamiento, allí estaba Laura con Frasier. Quería dar la vuelta por el otro lado. Fuimos los tres. Me adentré unos metros en el recinto con el objeto de tener otra perspectica del lugar. Tyne Cot es muy parecido al cementerio de Sanctuary wood en cuanto a su forma de abanico. Ingleses, canadienses y 'anzacs' comparten espacio sin distinciones y con un precioso roble al sur del complejo como guardían. En la parte norte, una especie de 'proscaenium' semicircular 'coronado' con una enorme cruz cierra el espacio. Conmovedor.

Subimos al coche y nos dirigimos a St Julien (St. Juliaan) donde se encuentra el memorial canadiense. Por el camino y a unos cientos de metros 'damos de bruces' con el memorial neozelandés de Broodseinde, escenario de la cruenta batalla que lleva el mismo nombre y que formó parte de la 3a batalla de Ypres, en el otoño de 1917 y que tendría como colofón la lucha por Passchendaele.

Broodseinde memorial

Al final llegamos a St. Julien (St. Juliaan), mejor dicho al cruce de caminos entre la carretera que viene de Tyne Cot, y la que lleva de Ypres a Passchendaele. A la derecha del cruce se encuentra el memorial canadiense con la escultura de un soldado pensante en el centro del recinto. La escultura es impresionante. En forma de monolito pétreo, se encuentra coronada con la figura de un soldado a medio cuerpo en una postura consternada o reflexiva. En la base del monolito se encuentran los 4 puntos cardinales y las posiciones que señalaban, entre ellas la famosa de Passchendaele. Recinto no muy grande pero de una enorme expresividad y recogimiento. Igualmente impresionante, aunque el tiempo soleado le mengue aspereza al lugar.

St. Julien/St. Juliaan memorial

Después de esta dura catarsis decidí volver a Ypres a visitar el museo 'In Flanders fields' en Ypres. Deseaba tener una aproximación más suave al universo de Flandes, y a su significación en el conjunto de la guerra. Desandamos el camino, llegamos a la Gross Markt y entramos en el Salón de telas. Allí nos esperaba el museo 'In Flanders fields' dedicado a la Gran Guerra en Flandes, tomando el título del célebre poema de John McCrae.
La visita mereció. Se trata de un museo bastante interactivo y eminentemente visual, a lo 'americano', digamos. El recorrido, todo en una extensa planta, se realiza de forma cronológica con especial atención a los momentos más trascendentales, como por ejemplo la famosa 'tregua de Navidad' de 1914, el ataque con gas de abril de 1915, la cosmovisión del saliente de Ypres, Passchendaele, etc.
Otorga un carácter preeminente a la intervención británica con todas sus acepciones, es decir con las naciones de los Dominions (canadienses, australianos, neozelandeses e indios), y aporta numerosa documentación, así como la 'puesta en escena' de numerosas reliquias, armas y algún que otro diorama. Destacaría sobretodo la fluidez en la exposición de los materiales y los contenidos, así como una lograda didáctica del conflicto, no sólo para especialistas.

En el plano inferior, es decir en la planta baja del 'edificio de las telas' se encuentra la tienda del museo con numerosos recuerdos y libros dedicados al conflicto en Flandes. Como siempre los precios son prohibitivos, sobretodo para los que procedemos de latitudes meridionales. Para las compras mejor pasarse por las tiendecillas de la Meensestraat, es decir la calle que une la Gross Markt con la Menin gate y que saliendo de la ciudad lleva, evidentemente, a Menin.

Recuerdo que visité tres o cuatro tiendas, todas ellas en el lado izquierdo de la calle. Los precios según, para qué, prohibitivos también. Los libros nuevos, de robo; los de segunda mano, precios muy dignos, incluso más económicos que en la Red. Insignias, badges u otros, precios normales tirando a caros (Es difícil luchar con según que sites de subastas virtuales).
Si no recuerdo mal, el mejor lugar para comprar libros está prácticamente delante del 'salón de telas', a mano derecha. Lo regenta un chico joven, unos treinta máximo. Es inconfundible ya que 'viste' una enorme barba decimonónica a lo 'Rasputín'. Muy amable. Lástima que su librería no tenga todavía un enlace en la web, porque es la librería dedicada a Gran Guerra más bestia que han visto, a día de hoy, mis ojos. Impresionante. A ojo de bibliotecario de buen cubero, diría que en el establecimiento si no había más de 5000 volúmenes no había ninguno. Tenía duplicados, pero bueno, menos de 4000 libros sobre la guerra no había. Un paraíso para un loco como yo. Precios subiditos, lo que pasa es que había que buscar y rebuscar. Salí con tres o cuatro libros, no más. Ya me resarciría en Bruselas.

Ypres desde la Menin Gate, atardecer

Hasta aquí lo que dió de si Flandes, en cuanto a Gran Guerra se refiere. Faltaba todavía mucho viaje y no era cuestión de agobiar a nadie con mis particulares historias.

Lo mejor: el ambiente y atmósfera de respeto y agradecimiento hacia todos los que dieron su vida por un pedazo de tierra como fue el 'famoso' saliente; la Menin gate y su simbolismo; los verdes y llanos prados de Flandes; el amanecer en el cementerio de Langemarck; la mejor comprensión de un escenario primordial en cuanto al Frente occidental se refiere y, sobretodo la profunda comunión con los que allí estuvieron aunque mediase casi un siglo.

Lo peor: demasiado en tan poco tiempo. La mente humana, al menos la mía, era incapaz de absorber y digerir todo lo que el lugar le estaba proporcionando. Pero no hay mal que por bien no venga. Volveré.

Gracias a todos por seguirme en 'nuestro' periplo por Flandes.

PS.: Os recomiendo que le deis un vistazo a esta selección de fotografías

2 comentarios:

Humberto dijo...

Solo puedo decirte que he disfrutado mucho con tu narración.

Las fotos, fantásticas.

Gracias por compartir tus experiencias

F. Xavier González Cuadra dijo...

Gracias a ti por seguirme, y por tus comentarios.

Un saludo

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