25 ene. 2008

La Vida de los mártires de Georges Duhamel (1)



Fragmentos de la obra de Georges Duhamel, La Vida de los mártires, basada en las experiencias de un sanitario en un hospital de campaña. La crueldad de los relatos más frapantes se entremezclan con historias de tierna humanidad y sacrificio. El estilo narrativo y la omnisciente ternura en el relato se asemeja mucho a la película El Pabellón de oficiales.

Fragmentos:

Cuando acerco la mano a su ojo vacío, Croin hace un pequeño movimiento hacia atrás.
- No tengas miedo-le digo.
- ¡Oh! ¡Si no tengo miedo!
Y añade con tranquila altivez:
- Cuando se ha estado en la cota 108 no se puede ya tener miedo de nada.
- Entonces ¿por qué haces ademán de retirar la cabeza?
- Es la cabeza que lo hace ella sola. Yo no me doy cuenta.

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A fuerza de lanzar granadas, Mathouillet ha acabado por recibir una, y buena de veras. En tan desgraciado trance ha perdido un riñón, ha tenido varias heridas, y se ha quedado sordo, o poco menos. Ese es el lote que ha correspondido al artillero granadero Mathouillet.
El artillero granadero tiene un dulce rostro imberbe que, durante varias semanas, ha tenido que expresar grandes sufrimientos, y que ahora aprende a expresar un poco de bienestar. Pero Mathouiller oye tan mal cuando se le habla, que, por respuesta se limita a sonreír.

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Gautreau parecía una bestia de carga. Era pesado, macizo, de miembros poderosos y majestuosa facha. Lo que el podía llevar a la espalda hubiera aplastado a un hombre ordinario; tenía espesos huesos, tan recios, que el casco de granada que tropezó con su cráneo sólo abrió una hendidura, y allí quedó, sin ir más. Gautreau llegó solo a la ambulancia, a pie, sentase en una silla, en un rincón, y dijo:

- No hay prisa, apenas es más que un arañazo. Se le dio una taza de te con ron. Y se puso a tararear:

En courant par les épeignes
J’métios fair un écourchon,

Et en courant par les épeignes

Et en courant après not’ couchon

Eres un hombre, todo un hombre- le dijo el doctor Boussin-Ven acá, que veamos eso.
Gautreau entro en la sala de operaciones, diciendo:
-¡Saliendo del barro, choca andar en seco!
Mírelo usted, si apenas es más que un arañazo. Por más que, a lo mejor, si se encona…
Boussin sondó la herida y notó el hueso hendido. Era un viejo cirujano que tenía sus ideas sobre el dolor y el valor, y dijo:
- Yo tengo prisa y tú eres un hombre. Tengo que hacerte una cosilla. Ponte ahí de rodillas y estate muy quieto.
Pocos minutos después, Gautreau estaba arrodillado y agarrado a la pata de la mesa. Tenía la cabeza llena de trapos ensangrentados, Boussin, con un escoplo en la mano, le daba en el cráneo pequeños golpes con un martillo, como un escultor.
- Señor Bassin, señor Bassin, que me hace daño.
- No es Bassin; es Boussin-contestaba muy calmoso el viejo médico.
- Sí que será Boussin…
Había un silencio, y Gautreau añadió de pronto:
- Señor Bassin, es que mata esa historia que anda usted haciendo.
- ¡No hay cuidado! ¡No hay cuidado!
- ¡Señor Bassin, le digo que mata eso!
- ¡Un momento aún! ¡Un segundo!
- Señor Bassin que me está clavando clavos en la cabeza, y eso no esta bien…
- Ya se acaba, ya casi está.
- Señor Bassin, no aguanto más!
- Ni hace falta; ya está-dijo el cirujano dejando los instrumentos.
Cuando Gautreau tuvo la cabeza empaquetada con algodón, salió de la sala.
- No es que sea malo el viejo-dijo riendo-; pero darle a uno así con el martillo … No es que haga daño…, porque, como hacer, hace poco daño. Pero eso mata; si lo sabré yo…; eso mata, y a mi que no me vengan con historias de ésas.

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Extraídas de: DUHAMEL, Georges. La Vida de los mártires. Madrid : Calleja, 1921.

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