16 nov 2013

El perfeccionista turco: Mustafa Kemal en la Gran Guerra (II)


Frente caucásico, 1916-1917
Tras un merecido descanso y en Istanbul, Kemal puso en orden sus experiencias de Gallipoli. De sus reflexiones surgiría Corps order: Counsel for Solving Tactical Problems and for Writing Orders (trad. inglesa), un manual de apenas siete páginas en la que resumía de forma sucinta su filosofía de mando y la resolución de problemas tácticos. Entre notas y publicaciones, Enver Paşa lo destinó como jefe del XVIº Cuerpo acantonado en Adrianópolis (Edirne) a finales de febrero de 1916. Poco le duró el descanso, Ahmet Izzet -al mando del recién creado IIº ejército - reclamó el XVIº Cuerpo para el frente caucásico. El sector europeo estaba tranquilo, en Mesopotamia los británicos fueron derrotados en Ctesifonte y sitiados en Kut-el-Amara y en Palestina el 4º Ejército de Cemal Pacha aguantaba en el Sinaí, la cruz, sin embargo, estaba en el Cáucaso.
Los rusos habían derrotado en febrero al IIIr Ejército en Erzurum y el marzo en Bitlis. Se imponía un cambio de estrategia y Kemal era un estrella en ascenso. Enver Paşa decidió frenar a los rusos con un movimiento de pinza. Mientras el rehecho IIIr Ejército contraatacaría desde el oeste, el IIº Ejercito -desplazado de la Tracia- atacaría el flanco izquierdo ruso, al sur del lago Van. Kemal llegó finalmente el 27 de marzo a Diyarbakir. A principios de abril lo promocionaron a general de brigada y le otorgaron el prestigioso título de Paşa. Cuenta la leyenda -y los biógrafos de Kemal- que cuando Enver accedió finalmente a promocionarlo, no puedo evitar decir que 'cuando Kemal fuese nombrado Paşa, al poco querría ser Sultán, y que una vez nombrado Sultán querría ser Dios...' Pero las mieles y parabienes no endulzaron la misión de Kemal. El XVIº Cuerpo debía cubrir un frente de unos cien kilómetros en terreno montañoso en la línia Bitlis-Muş, ambas poblaciones ocupadas ya por los rusos. La 5ª División al mando de Refet se situó en Bele, al sud de Bitlis. Y la 8ª División de Nuri se desplegó en Conker, frente a Muş. El total de fuerzas de Kemal eran unos 13.740 hombres, casi 10.000 fusiles, siete ametralladoras y 19 piezas de artillería.
La guerra en la Anatolia oriental, en el frente caucásico, era muy diferente a la de Gallipoli. No sólo por el clima, sino por el terreno que facilitaba la maniobrabilidad de las tropas aunque las montañas caucásicas, así como los valles y pequeños pasos no siempre facilitaban las movimientos. A banda del territorio, las poblaciones autóctonas - mayoritariamente kurdas después de la deportación y posterior genocidio de entre 600.000 y 1.800.000 armenios - suponían una dificultad más. Su ayuda en el reconocimiento del terreno y en el avituallamiento eran primordiales, por eso Kemal, como en Líbia, trató con numerosos jefes de tribu kurdos para el asegurarse el mantenimiento de sus tropas y su apoyo militar como fuerzas no regulares. 
El verano se preparaba caliente y los rusos apuntaban a Istanbul. El 2 de julio comenzaron una ofensiva sobre el oeste (IIIr Ejército turco) capturando los enclaves de Bayburt y Erzincan, causando enormes pérdidas a la 8ª Division de Nuri (Kemal) y obligándola a replegarse. Anatolia cedía, pero Mustafa Kemal no se arrugó. Desplazó un batallón de la 5ª a la 8ª División y reemprendió medidas de hostigamiento a los diez días del desastre. El 3 de agosto y acuciado por Enver, el IIº Ejército de Izzet Paşa lanzó una desastrosa ofensiva. Sólo el XVIº Cuerpo de Kemal obtuvo algunas victorias: recuperó Muş el 7 y Bitlis el 8 de agosto. El mérito de Kemal no fue reconquistar ambas posiciones sino imprimir su sello en unidades que habían sufrido graves pérdidas infundiéndoles un espíritu luchador basado en sus increíbles dotes de mando. Enver no pudo ocultar la hazaña y le concedió la medalla Imtiyaz de oro. Los laureles duraron poco, los rusos volvieron a presionar y recuperaron Muş a finales de mes. A principios de otoño la ofensiva rusa se frenó, aunque sus resultados eran óptimos: habían asegurado el frente caucásico, penetrado en Anatolia de la que dominaban vastas extensiones y, aunque lejos, amenazaban Istanbul. 
El parón otoñal no afectó a la agenda de Kemal. Vistos sus logros, Enver decidió enviarlo a Macedonia para hacerse cargo de una fuerza turca que lanzaría una ofensiva conjunta con los búlgaros. Izzet Paşa, sin embagro, frenó el cambio. Argumentó que en tal situación sus dotes de mando eran imprescindibles: y tenía razón. El invierno frenó toda operación bélica pero acució los problemas en el ejército turco, que malpertechado y peor avituallado sufrió la rigurosidad del invierno. La estabilización del frente era un espejismo. Los hospitales de campaña no daban abasto a tantas bajas y existía un enorme riesgo de desintegración. Los turcos aguantaron, pero ahora era el frente sur, Palestina, el que inquietaba a la Sublime Puerta. En octubre de 1916 estalló la revuelta árabe. El Jerife de La Meca, Husayn ibn Ali se levantó contra los turcos -apoyado por los británicos- y atacó Medina. Los turcos no tuvieron excesivo problema en defenderla a pesar del estado de sus tropas. Enver recurrió al de siempre -Kemal- y le nombró comandante en jefe de las tropas en Arabia en febrero de 1917 sustituyendo al General Fahreddin Türkkan. Kemal sabía, sin embargo, que quién mejor conocía sus tropas y el territorio era el comandante en jefe del IVº Ejército y gobernador de Síria Cemal Paşa. Por ello, y tras una reunión en Damasco con Cemal y Enver, se decidió mantenerlo en su puesto aunque replanteando ciertos aspectos estratégicos. La logística y la economía de guerra se impusieron: retirada general de las tropas en Arabia y reforzamiento del frente palestino. Decisión vetada por el nuevo Gran Visir Talat Paşa que exigió que los Santos Lugares del Islam fueran protegidos. 

Frente mesopotámico, 1917 
La despreocupación de Enver por Mesopotamia después de Kut-el-Amara mudó a obsesión cuando los británicos entraron en Bagdad el 11 de marzo de 1917. La caída de Bagdad supuso un duro golpe para el orgullo turco y especialmente para Enver Paşa. Error tras error, fracaso tras fracaso, el círculo sobre la Sublime Puerta se iba cerrando. Ya no había excusas. La preocupación no solo cundió en Istanbul sino que cruzó media Europa hasta instalarse en Berlin. Tal fue así, que a pesar de que las fuentes turcas hablan de apoyo alemán, los hechos sugieren una clara imposición en la dirección militar. A pesar de que los fantásticos planes enverianos para recuperar Bagdad consistían en un envío de tropas a través del desierto sírio, la pura realidad fue que el 7 de mayo llegó Istanbul el Feldmarschal Erich von Falkenhayn. Acompañado de su estado mayor, se hizo cargo del recién creado Yildirim Ordular Grubu (Grupo de Ejército Rayo), que los alemanes rebautizaron prosaicamente como Heeresgruppe F. En agosto de 1917 el Yildirim estaba compuesto por el VIIº Ejército al mando de Mustafa Kemal y el VIº de Halil Kut. El ejército de Kemal lo formaban dos cuerpos de ejército (IIIº y XVº) más las Asien Korps, y el ejército de Kut estaba compuesto por los cuerpos XIIIº y XVIIIº más la 46ª División. Aunque algunas fuentes hablan también del 4º Ejército, éste no participó activamente en la Yildirim hasta septiembre de 1918 con el mando supremo de Von Sanders. 
El 24 de julio de 1917 Kemal recibió el mando del 7º Ejército que fue completado con las tropas turcas que habían sido destinadas a Bulgaria, Macedonia y Galizia. Durante agosto siguieron los preparativos para la gran ofensiva sobre Bagdad. Se desconoce si Kemal y Falkenhayn discutieron sobre el asunto, lo que sí es seguro es que después de una inspección de oficiales alemanes sobre el terreno se concluyó que la ofensiva desde Síria entrañaba muchos peligros y pocas seguridades. Falkenhayn volvió a Berlin y expuso las dificultades. A su vuelta a Istanbul departió con Enver y Cemal exponiendo que era temerario atacar Bagdad sin cubrirse las espaldas con los británicos en el Sinaí. Enver accedió, pero Cemal expuso sus objecciones. Creía -y acertaba- que los ejércitos turcos no podrían llevar a cabo ambas operaciones ya que el plan alemán era despejar el Sinaí para luego girar hacia arriba y tomar Bagdad. Falkenhayn escuchó atentamente los contras de Cemal aunque a los pocos días fue invitado a visitar el Frente occidental en calidad de observador. El plan seguía adelante, pero Kemal estaba en medio. Poco después de llegar a Aleppo para hacerse cargo del 7º Ejército comenzaron los roces con Falkenhayn. Kemal opinaba como Cemal pero no cometería los mismos errores. Consciente de la pésima situación del ejército turco y del previsible destino de los restos del imperio, decidió escribir un memorándum dirigido al Gran Visir. En éste le advertía de la ceguera de Falkenhayn y Enver así como de las oscuras ambiciones alemanas sobre el Imperio. Seguro de sí mismo y sabedor de peso en el ejército presentó su dimisión del mando del 7º Ejército. 

Interludio, Palestina y Mudros 
En octubre de 1917 volvió a Istanbul pero Enver lo quería muy lejos. Enésimo error. Lo envió a Berlin junto al futuro sultán Mehmed VI para un viaje de cortesía que acabaría siendo trascendental para su futuro. Kemal, sin pelos en la lengua, le expuso todos los males y algunas soluciones para el desastre que se avecinaba. Impresionado por la sinceridad y aplomo del militar, una vez en el trono (julio de 1918), Mehmed VI no dudó en contar con Kemal para la defensa de lo quedaba del imperio. De vuelta de Viena y de Karlsbad, tras un tratamiento médico, Kemal fue destinado a Nablus (7º ejército) el 1 de setiembre de 1918 para comprobar que la guerra estaba perdida. Los británicos arrollaron los restos del ejército turco y las tribus árabes les dieron la puntilla. El 21 de setiembre y ya como aide-de-camp de Mehmed VI intentó evitar el desastre creando un frente defensivo en la línea de Aleppo. Demasiado tarde, Aleppo cayó el 26 de octubre. La retirada podía convertirse en desbandada, pero la figura de Kemal ya exhalaba divinidad. Baba Kemal (papa Kemal) como lo llamaban sus tropas en Gallipoli caminaba hacia el futuro Atatürk (padre de los turcos). Su nombre y fama ya tenían algo de reverencial pero la retirada siguió hacia el norte, hasta que el 30 de octubre se firmó el Armisticio en el puerto de Mudros (Lemnos). 

Epílogo 
Mustafa Kemal es de esas figuras que transitan entre el mito y la leyenda: de concienzudo y meticuloso militar al estadista que ve a su pueblo como a sus propios hijos. La hagiografía, sin embargo, tiende a ensalzar algunas virtudes y encubrir defectos. En el caso del hombre político existen algunas, en el militar, pocas o ninguna. Kemal fue siempre consciente de sus pros y contras. Hombre testarudo, audaz y franco, no siempre generó entre sus pares grandes simpatías. No le importaba, contaba con un gran activo, una impresionante confianza en si mismo y sus dotes de liderazgo. Su indisimulado desprecio hacia lo establecido le frenó más de una puerta, pero le abrió otras. Con los años supo cerrar la boca cuando debía y abrir su mente con según quién. Kemal supo imprimir en los suyos muchas de sus capacidad, pero las más importantes -y las que sellarían su futuro al de su país- fueron la dignidad y la defensa de lo propio como baluarte. 

Fuentes

Gawrich, George W. The Young Atatürk: From Ottoman Soldier to Statesman of Turkey. London : Tauris, 2013.
Mango, Andrew. Atatürk. London : Murray, 1999.

27 ago 2013

El perfeccionista turco: Mustafa Kemal en la Gran Guerra (I)


Cuenta la leyenda que un profesor de matemáticas lo 'rebautizó' como Kemal (perfeccionista) por sus dotes con el cálculo, pero especialmente por su carácter. Nacido en Salonik (Thessalonica) el 1881, la temprana muerte de su padre y la ausencia de una figura paternal lo decidieron por el mundo castrense siendo muy joven. La instrucción militar de Mustafa - su verdadero nombre - se inició en Tessalonica en 1894, prosiguió en Bitola (Monastir) durante 1896-1899 y terminó con la graduación en la Escuela de oficiales en 1905, previo paso por la Academia militar de Istanbul (1899-1902). Durante los años siguientes (1905-1911) alternó variopintos destinos (Damasco, Albania, Francia o Bulgaria) con una tímida adhesión política al lado de los Jóvenes Turcos. Mustafa Kemal, sin embargo, no era un intrigante de salón. Militar ambicioso y de gran visión, sus experiencias como observador militar en Francia (1910), junto a valiosas lecturas, le proporcionaron un enfoque más amplio de la táctica y una asombrosa capacidad para la motivación y conducción de tropas. Fruto de esa minuciosidad y observación publicó dos obras destinadas a oficiales de infantería entre 1910 y 1911 donde exploraba conceptos tácticos, nociones de mando y psicología de tropa que aplicaría posteriormente en las campañas de Gallipoli o Anatolia. 

Líbia
Kemal, sin embargo, era un hombre de acción. No dudó en enrolarse como voluntario cuando el gobierno pidió oficiales para ir a combatir a los italianos en Líbia. En noviembre de 1911 fue nombrado jefe de logística del general Endhem Paşa. Un mes más tarde fue ascendido a comandante y se le asignó el mando de una compañía regular y un contigente de casi 8.000 nativos con los que en octubre de 1912 lograría rechazar una ofensiva italiana en la zona de Derne. La guerra ítalo-líbia fue un campo de pruebas. 
Su experiencia líbia le proporcionó tres grandes lecciones. Cómo enfrentarse con un puñado de tropas a un ejército superior y mejor pertrechado aliándose con el terreno. La importancia de la coordinación, confianza y empatía con sus oficiales. A pesar de dirigir personalmente las operaciones, Kemal decidió otorgar a la oficialidad un margen de maniobra que les confiriese una mayor confianza y determinación en sus decisiones tácticas. Y por último cómo mantener una disciplina firme en la tropa evitando la ociosidad y la posible dejadez de la cotidianidad, a pesar de crear un clima de entendimiento y familiaridad con los oficiales. Comprobó que la disciplina y el orden favorecían el esprit de corps otorgando al oficial al mando un papel de verdadero líder. Kemal volvió a Istanbul en octubre de 1912 sin apenas una mención de reconocimiento. Causas? Posibles maniobras (y envídias) de Enver Paşa. 

Guerras balcánicas
En octubre de 1912 mudó de conflictó. Sin tiempo para sacudirse el polvo del desierto le estalló la Primera Guerra Balcánica. Montenegro invadió el norte de Albania el 8 de octubre. Grecia, Bulgaria y Serbia también querían parte del pastel otomano y la Puerta Sublime tenía demasiados enemigos: era vital cerrar frentes. El 15 de octubre cedía Líbia a Italia a través del Tratado de Ouchy. Centrados en el frente europeo, el ejército turco pudo defenderse a duras penas. En las primeras semanas perdió Macedonia y el sur de Albania. Acosado y en franca retirada, el gobierno turco decidió negociar. En balde. Grecia pedía Yanya. El 9 cayó Tessalonica y el ejército turco ya solo defendía Istanbul. Kemal fue destinado el 25 de noviembre a Gallipoli como director de operaciones del Cuerpo de ejército Bolayir al mando del general Fahri Paşa. 
Los hechos del 13 de enero de 1913 cambiaron totalmente la perspectiva. Un golpe militar conducido por el sector más reformista del Comité para la Unión y el Progreso (los Jóvenes Turcos) depuso al Ministro de la guerra e instaló de facto la dictadura de los tres paşas: Mehmet Talat (Ministro del Interior), Ismail Enver 'Enver Paşa' (Ministro de la Guerra) y Ahmed Djemal (Ministro de la Armada). Enver Paşa, alma mater del nuevo gobierno, decidió reanudar la guerra sin complejos. Primera medida: levantar el cerco sobre Edirne (Adrianópolis) y liberar a los ocupantes. Para la toma de Adrianópolis se contó con el Cuerpo de ejército de Bolayir y parte de las reservas del Xº Cuerpo. La ofensiva se preparó como una operación anfibia que situaria a parte de las tropas turcas tras las líneas búlgaras para intentar un ataque envolvente. El plan fue un fracaso. El 8 de febrero el grueso del Bolayir se enfrentó a la vanguardia del ejército búlgaro en campo abierto sin la ayuda del Xº Cuerpo (hubo un retraso de 12 horas) provocándole un gran número de bajas. La reconquista de Edirne se había planteado como una cuestión de orgullo nacional pero la realidad militar se impuso a la política. La fallida ofensiva afloró las rencillas entre los militares y los advenedizos como Enver al mando del desembarco fallido. 
El Xº Cuerpo fue enviado a Gallipoli a cubrir las bajas del Cuerpo de Ejército Bolayir. El general Hurchid se hizo cargo de los dos grupos pero situó a Enver Paşa como Jefe de Estado Mayor, hecho que enfureció a Fahri y, por descontado, a Kemal que presentaron sendas dimisiones. Descartadas por Ahmed Izzet, jefe supremo del ejército turco, decidió situar a Mustafa Kemal como jefe del estado mayor del Bolayir mientras, por consejo de Fahri y del mismo Kemal, el Xº Cuerpo era devuelto al frente europeo. Adrianópolis cayó finalmente del lado serbio-bulgaro y el 16 de abril se llegó a una tregua. El Tratado de Londres se firmó a finales de mayo pero la sombra de la guerra sería alargada. Los antiguos aliados de la Primera Guerra Balcánica se enfrentaron por el botín, siendo la más malparada Bulgaria. Unido a Montenegro y Rumanía, el imperio lograría que Bulgaria se retirase de la Tracia oriental y de Adrianópolis. Kemal también participó en la Segunda Guerra Balcánica y preveyendo el desenlace partió con una brigada pero fue Enver Paşa quién llegó, venció y reclamó como suyo el triunfo. Enver se proclamó el 'libertador de Adrianópolis' ante la opinión pública turca y Kemal comenzaba a entender el factor propaganda. 
A principios de 1914, el ascenso meteórico de Enver Paşa culminó con su autodesignación como Jefe Supremo del ejército turco. Ante los vientos de cambio y dadas sus malas relaciones, Kemal decidió acompañar al nuevo embajador de Bulgaria como agregado militar. Kemal y la historiografía apologética tienden a describir el breve periplo de retiro voluntario para el estudio. Otras fuentes menos indulgentes consideran que fue más bien un autoexilio. La posterior purga en el ejército otomano dio la razón a Kemal. Enver depuró a todo aquel que le pudiese hacer sombra: más de 1.000 oficiales entre los que se contaban 2 mariscales, 30 generales de división y casi 100 generales de brigada. Por su parte, Kemal aprovechó su estancia de medio año en Sofía para pulir su vertiente política y serenar los ánimos con Enver. 

Primera Guerra Mundial
La intervención turca en la guerra europea sorprendió a Kemal en Sofía. A las pocas horas de la declaración de guerra a la Entente (5 de noviembre 1914) pidió su reingreso a filas. El 20 de enero de 1915 se le dio el mando de la recién creada 19ª División (57º, 72º y 78º regimiento). Pasada revista el 5 de febrero, Kemal informó a sus superiores que los regimientos 72º y 77º estaban formados exclusivamente por soldados árabes con apenas experiencia y entre los que se contaban numerosos miembros de las minoria yazidí, contrarios a la guerra. El mando insistió en el destino y lo conminó a intensificar la instrucción del contingente en Gallipoli. Kemal apenas tuvo 15 días para entrenar e instruir a la nueva unidad. El 25 de febrero, y ante la inminencia de un desembarco anfibio de la Entente en Gallipoli, se le ordenó tener preparadas a sus fuerzas en la orilla asiática (Çannakale) del estrecho de los Dardanelos. 

Gallipoli
Ideada como solución a la parálisis del frente occidental, el plan original aliado era tomar Istanbul forzando los Dardanelos con una flotilla francobritánica. Tras controlar el Mar Negro, Rusia sería abastecida por la Entente (Alemania había cerrado el Mar Báltico) y el cerco terrestre sobre las Potenciales centrales se estrecharía accelerando así el final de la guerra. Obtenido el visto bueno por los gobiernos aliados, a mediados de febrero de 1915 el contingente naval se reunió en la isla de Imbros. La operación comenzó el 19 de febrero con el bombardeo sistemático de las defensas turcas situadas en el litoral oriental de la península. A pesar del duro castigo, los supervivientes turcos de las baterias - junto a las redes de minas - lograron contener el golpe y volver a sus puestos. Al mando de las tropas turcas se encontraba el general Liman von Sanders que hacía menos de una semana que había sido destinado a Gallipoli con el 5º Ejército turco incluidos Kemal y su 19ª División de reserva. El mal tiempo frenó los ataques navales que no se reanudaron hasta el 25 de febrero. A pesar de las astutas recomendaciones de Liman von Sanders para cambiar el emplazamiento de las baterías, los aliados lograron destruir gran parte. Igualmente, y a pesar de la limpieza, el peligro de minas seguía latente por lo que el paso de los navíos entrañaba un gran riesgo. El Almirantazgo presionaba, pero el Almirante Sackville Carden pedía cautela anunciando que Istanbul caería en dos semanas. Tras el empleo de dragaminas civiles, el grueso del ataque naval se reanudó el 18 de marzo. El ataque tuvo un éxito parcial. La práctica totalidad de las baterías fueron eliminadas pero el factor fortuna jugó del lado turco. Un campo de minas secreto hundió al acorazado francés Bouvet, al HMS Irresistible y HMS Ocean de la Armada británica y otros tantos sufrieron graves daños como los franceses Gaulois y Suffren y el británico HMS Inflexible. Los éxitos terrestres no consiguieron tranquilizar al Almirantazgo que ordenó el repliegue y el abandono de la operación naval. Los turcos estaban al límite de sus fuerzas, pero las pérdidas en buques decantaron la balanza. Churchill pasó al plan B: desembarco anfibio y operación terrestre en Gallipoli. 
La inteligencia alemana sabía de los planes francobritánicos pero desconocía el emplazamiento del desembarco principal. Por ello, el Alto Mando turco había enviado una fuerza suplementaria a Gallipoli de 84.000 efectivos (5º Ejército) al mando de Liman von Sanders. El general alemán, promotor de una defensa móvil, decidió situar en los puntos costeros a pequeños destacamentos y disponer el grueso de las tropas en el interior. Advirtió, sin embargo, de la importancia en las comunicaciones entre unidades. Kemal, contrario a las ideas de Liman von Sanders, consideró que era necesario tomar ventaja a los invasores disponiendo del grueso de las tropas en las playas. El alemán, sospechando que el desembarco principal sería en el norte dispuso el grueso de sus tropas (5ª División y la brigada de caballeria) en el istmo de Bolayir (Bulair). El resto de la península quedaría en manos de Echad Paşa que comandaba el III Cuerpo (7ª y 9ª División). La 7ª se situó al sur de Bulair, cerca también del istmo. La 9ª cubririá la parte meridional de la península y la 19º de Kemal se mantendría en reserva en el interior. En el lado asiático de los Dardanelos estaba el XVº Cuerpo al mando del general alemán Weber. 

Chunuk Bair (25 de abril): adagietto con moto
El 25 de abril de 1915 comenzó la campaña terrestre de Gallipoli. El general británico Sir Ian Hamilton al mando de la Mediterranean Expeditionary Force (MEF) contó para el ataque con 75.000 soldados. Su plan consistió en un triple desembarco y un señuelo. La 29ª División británica desembarcó en el extremo más meridional de la península, el cabo Helles; la 1ª División francesa en el lado asiático de los Dardanelos (Kumkale) y las dos divisiones ANZAC en la costa egea entre Ariburnu Cove y Gaba Tepe. Según lo planeado y después de asegurar las cabezas de puente, el grueso de las tropas australes tomaría la posición elevada de Mal Tepe y cortaría las comunicaciones entre la parte norte y sur de la península que quedaría aislada del continente. Junto a los movimientos planeados, una pequeña flotilla en el golfo de Saros simularía una operación anfibia confirmando los temores de Liman von Sanders y distrayendo su atención del ataque meridional, que realmente se consiguió. Liman von Sanders y Echad Paşa permanecieron todo el día 25 en el istmo de Bolayir (Bulair) mientras los ataques eran en el sur. 
Los británicos y los ANZAC desembarcaron en territorio defendido por la 9ª División turca. La 1ª Division australiana desembarcó en Ari Burnu (Anzac Cove) sobre las cuatro de la madrugada con la misión de penetrar y tomar las tres colinas en dirección a Chunuk Bair. A las cinco y media el coronel Sami (9ª División turca) fue informado de los desembarcos en Anzac Cove y el Cabo Helles (Cape Helles). Siguiendo lo establecido, Sami envió a Anzac Cove dos batallones y una compañía de ametralladoras del 27º regimiento y avisó a la 19ª División en reserva. A las nueve de la mañana y tras 3 horas de marcha, el 27º regimiento (Mehmed Chefik) llegó al sector donde las ANZAC ya habían ocupado dos de las colinas, logrando repeler los ataques en la toma de la tercera (Gun Ridge). Poco antes, sobre las 8.30 h. fue informado de que Kemal venía en su auxilio con el 57º regimiento y una batería de montaña. Antes de partir y durante dos horas, Kemal intentó contactar en vano con Liman von Sanders o Esad Paşa en el cuartel general en Gelibolu (Gallipoli). Desconocía la situación en la costa egea, pero optó por situarse en las alturas de Conk bayiri (Chunuk bair) y desde ahí resistir a los ataques enemigos que -como bien preveía- querrían cortar las líneas de norte a sur de la península. 
La apuesta era muy arriesgada, pero la ausencia de mandos y su intuición fueron determinantes. Mustafa Kemal llegó al sector a media mañana. Los Aussies (las tropas de las ANZAC) seguían dueños de las dos colinas a pie de costa, pero la tercera seguía en manos del coronel Sami. Pasado mediodía Esad Paşa fue informado del ataque anfibio y decidió que el 27º regimiento también pasase a manos de Kemal que poco pudo hacer antes que anocheciese, salvo recuperar dos pequeños promontorios. Hamilton había logrado desembarcar a 8.000 soldados en Anzac Cove, pero el caos, la inexperiencia de algunos mandos y el hostigamiento desde las alturas de las tropas de Kemal confinaron su cabeza de puente a poco más que una playa y sin apenas cobertura bajo el fuego enemigo. Permanecerían así durante meses. Kemal se licenció en Chunuk Bair. Con apenas 34 años y con tropas aún bisoñas en combate supo exprimir lo mejor de ellas. Suplió su inexperiencia con una fe ciega en su mando y ante la ausencia de proclamas invocó el orgullo patrio y la memoria de ridículos pretéritos. Kemal traspuaba determinación, arrojo, valentía y una fe inquebrantable en la victoria. Sus experiencias líbias y balcánicas, así como sus múltiples lecturas, habían forjado en él una virtud inusual para el mando. Sus tropas lo idolatraban y es por ello que su legendaria frase 'no os ordeno que ataquéis, os ordeno que muráis' cobra toda su dimensión y sentido. 

Chunuk Bair (8-10 agosto): larghetto con tempo giusto
La actuación de Kemal impresionó a Liman von Sanders. No obstante, y ante la posibilidad de que hubiese sido un golpe de fortuna, le envió un comandante alemán como jefe de estado mayor que envió de vuelta en mayo. Kemal reconocía -a regañadientes- la autoridad del alemán pero no permitiría que nadie dudase de él o de sus hombres. El mando británico por su parte buscaba romper el cerco. Las moscas, el calor, la sed y sobretodo la disentería estaban diezmando de forma alarmante las fuerzas de la MEF. Hamilton insistió en su idea inicial (capturar Gun Ridge), pero esta vez buscaría una alternativa: desembarcaría unas 20.000 tropas (IX Cuerpo británico) en la bahía de Suvla para distraer la atención hacia el norte y permitir el progreso desde Anzac Cove hacia el interior con un movimiento envolvente norte-sur. 
El desembarco fue la noche del 6 al 7 de agosto. Se tomaron posiciones en el sector, pero otra vez las fuerzas turcas contuvieron a los británicos que tuvieron que parapetarse en las playas. Liman von Sanders reaccionó presto y ante las dudas de un oficial al mando lo sustituyó por Kemal el día 8. Señuelo o no, el ataque desde Anzac Cove hacia Chunuk Bair fue casi un éxito. Tropas angloaustralianas lograron tomarla en la madrugada del 8 de agosto tras duros combates y un certero apoyo de la artillería naval. El ataque parecía triunfar, salvo en Suvla. El mando turco no desesperó. Demostradas sus dotes y magnetismo con las tropas, Liman von Sanders encomendó a Kemal la dirección del nuevo grupo de combate Anafartalar (XVIº Cuerpo, 9º Division y el grupo Willmer). Estabilizado el frente, el día 10 decidió reconquistar Chunuk Bair. Conocedor de la zona y de los puntos débiles defensivos, se puso al frente de seis batallones para el ataque que comenzó a las 4.30 h. de la mañana. Con la bayoneta calada, sin apoyo artillero y en absoluto silencio, la infantería turca cogió por sorpresa a los pocos supervivientes de Chunuk que a las 12.45 abandonaron sus posiciones ante la falta absoluta de refuerzos. 
La reconquista de Chunuk Bair fue el resultado de una meticulosa preparación ejecutada a la perfección. Incluso la Historia oficial británica describió la batalla de 'contraataque turco perfectamente planeado'. El perfeccionista tenía admiradores británicos ! La batalla, sin embargo, no fue gratuita. En cuatro días de combates los turcos perdieron 17.000 soldados, los aliados 25.000. Para setiembre de 1915 Kemal estaba deshecho física y mentalmente. A pesar de sus tensas relaciones, reclamó a Enver que lo reasignase a otro destino ya que parecía que británicos y australes se habían resignado sobre Gallipoli. Liman von Sanders lo frenó. Al describirlo 'de oficial competente y excepcionalmente talentoso' lo condenó tres meses más en Gallipoli. No recibiría su nuevo destino hasta el 5 de diciembre. La fortuna estaba otra vez del lado turco: el War Council británico había decidido abandonar Gallipoli el 4 de noviembre. Instalado en Istanbul, Kemal supo que la MEF se retiró de las playas de Suvla y Anzac el 19-20 de diciembre y de Cabo Helles el 8-9 de enero de 1916 sin apenas bajas, produciéndole un enorme enfado y estupefacción. La campaña de Gallipoli le proporcionó prestigio en los círculos militares, aunque la prensa -controlada por Enver- desconociese su fama de líder militar en ascenso. Hans Kannegiesser, coronel bajo el mando de Kemal durante la batalla de Anafartalar, definió perfectamente la campaña de Gallipoli y el peso de Kemal en su resultado afirmando que 'lo psicológico ha triunfado sobre lo físico, y lo espiritual sobre lo material'.

Continua en: El perfeccionista turco: Mustafa Kemal en la Gran Guerra (II)

5 ago 2013

Andrea Graziani, el justiciero que se apeó del tren


Viernes 27 de febrero de 1931. Estación de tren de Calenzano, una pequeña población a pocos kilómetros de Florencia. Varios operarios de la línea férrea, advertidos por unos pasajeros,  se acercan a una masa amorfa situada cerca de la vía en dirección a la capital toscana. Se trata del cadáver de un hombre mayor. Al poco acuden las autoridades. Examinan el cuerpo, y tras examinar algunos enseres, concluyen que es el cuerpo del General Andrea Graziani, actual Lugarteniente General de la Milizia Volontaria per la seguridad nacional italiana. Entre la documentación encontrada se halla el billete de tren con destino a Verona y la cartero de mano con más de cuatro mil liras, documentación personal a parte.
Desestimado el móvil del robo, y en ausencia aparente de otros indicios, la investigacion de la policia concluye que la muerte del General Graziani se produjo por un error fatal: equivocó la puerta de los servicios con una puerta de salida del vagón. La noticia apenas ocupó tres días en la prensa, apenas se hicieron eco tres diarios locales, Il Gazzettino, Il Veneto y La Provincia. Caso cerrado para la policía y los medios. Pero por que tanta prisa en un caso con tantos interrogantes.
En primer lugar, como era posible que un viajero tan asiduo a la línea Roma-Verona equivocase la puerta del lavabo con la de salida. Segundo,  como era posible que si el tren viajaba de Roma a Verona, el cuerpo se hallase en la vía del sentido contrario? Y tercero, por qué la prensa y los autoridades se dieron tanta prisa en cerrar el caso como si de un accidente se tratara? La clave a todos los interrogantes era la identidad del muerto y su papel durante la Gran Guerra.

Andrea Graziani (Bardolino, 1864) inicia muy joven su carrera militar. En 1882 ya es subteniente, participa en la expedición de Eritrea de 1887 y en 1904 ya es docente en la Scuola di Guerra. Por sus servicios en el rescate del terremoto de Messina y Reggio Calabria (1908) recibe una condecoración. Coronel en 1914, es ascendido a Mayor-General antes de la guerra y durante la misma comanda las brigadas Jonio y Venezia en la Val Sugana y la división 44ª en Pasubio durante la Strafexpedition austrohúngara. A partir de marzo de 1917 su fama aumentará con el mando de la 33º en el sector del Carso. Definido por sus propios compañeros de 'durísimo, inquieto, autoritario y poco propenso a dar importancia a las pérdidas humanas', Graziani hace honor a sus referencias. Del 23 al 26 de mayo todas las operaciones de la 33º consistieron en localizar en la tierra de nadie a los soldados que se habían rezagado en los ataques anteriores y dispararles con total impunidad. No era la primera vez que recurría a esta 'justicia' ni sería la última. Tras el desastre de Caporetto y a fin de 'conducir con orden' la retirada es nombrado Ispettore Generale del Movimento di Sgombero el 2 de noviembre de 1917. Será el encargado de coordinar el repliegue del ejército italiano tras el Tagliamento y más tarde tras el Piave. Graziani no ahorrará energías -ni ejecuciones- en pos de su objetivo. Cumplirá a la perfección su cometido. Nombrado el 2, al día siguiente fusila sumariamente al artillero Alessandro Ruffini por 'llevar un cigarrillo en la boca mientras marcha y mirarlo mal a su paso'. La atrocidad del caso Ruffini será tal que la prensa lo rescatará en 1919. Ruffini será el primero de los casi sesenta soldados y ciudadanos que Graziani ordenará fusilar en solo 13 días, del 3 al 16 de noviembre de 1917. El Generale fucilatore recibirá como premio a su lealtad y 'buen hacer' el mando de la división checoslovaca en mayo de 1918. Su casillero tampoco quedará a cero. Ocho serán los voluntarios checoslovacos del ejército imperial fusilados por la espalda. Acabada la guerra, en enero de 1919 se retira y 1927 es promovido a General de Cuerpo de Ejército. Con el advenimiento del fascismo, y su obvia adhesión, el régimen le concederá un cargo menor pero adecuado a sus méritos. Su consideración de patriota seguirá sin mácula hasta su muerte.

La muerte de Graziani fue sorpresiva, pero en ningún caso misteriosa. El mismo de día de autos la policía ya sabía las causas de la muerte y, por supuesto el móvil. No hacía falta mucha astucia para saber que a Graziani lo había matado la guerra, o mejor dicho, su sanguinaria y gratuita represión durante la guerra. La venganza guió al sujeto o sujetos que arrojaron a Graziani del tren. Parece que antes le propinaron una buena paliza, pero tampoco es seguro. La policía, pero sobretodo el regimen, taparon el asunto. No interesaba que la guerra y sus 'vendettas' tuvieran una publicidad que no fuera ciego patriotismo. Por que publicitar que a un general laureado le habían dado una paliza y luego lo habían tirado del tren? Como era posible que en la nueva Italia, renacida tras la Gran Guerra, se matasen a los héroes?

Atrás quedaba la campaña que inició el diario Avanti! en 1919 para reivindicar a los soldados que habían sido impunemente fusilados por una justicia militar basada en el abuso y en una estructura caduca y elitista de mando. En agosto de 1919 el diario socialista sacó a la luz el caso Ruffini. Rescató a testigos del caso y mostró la triste arbitrariedad de la guerra y de los mandos. Incluso el general al mando del regimiento envió una carta alabando la actuación de sus hombres durante el repliegue... !!! La conclusión era clara: Ruffini había sido ejecutado por capricho, por una arbitrariedad más de un general que regía sobre la vida y la muerte por el impulso del capricho y de su albedrío tornadizo. Graziani expuso sus cartas. Envió una carta al Avanti! que fue publicada donde exponía sus altas motivaciones siempre amparadas por el bien de la Patria. La campaña duró unas semanas. El caso Ruffini era uno de cientos. Y sería un familiar o amigo de esos cientos quién se cobraría la justicia apeando al general del tren.

Fuentes:

5 abr 2013

Ética protestante en la prensa ilustrada alemana de Gran Guerra: Schwormstädt y el Leipziger Illustrierte Zeitung


La biografía profesional de Felix Schwormstädt tiene tres etapas claramente definidas: una doble trayectoria en la Norddeutschen Lloyd como publicista gráfico, un breve periplo como profesor de arte en la Bauhaus de Weimar y una prolífica carrera como ilustrador y dibujante en la prensa gráfica de la época. Estilísticamente el periodo que dejó menos impronta en su obra fue su paso por la Bauhaus. En cambio, sus plakate o carteles de motivos náuticos para la compañía naviera así como las múltiples crónicas ilustradas que realizó para la prensa durante los años de 1914 a 1918 forjaron y pulieron su peculiar estilo. 
Académicamente Schwormstädt suele ser clasificado como Marinemaler o pintor de motivos náuticos y marítimos. Alternó la ilustración de libros juveniles con otros trabajos gráficos, pero el grueso de su producción, compromisos a banda con la Norddeutschen Lloyd y posteriormente con la Hapag (Hamburg-Amerikanische Packetfahrt-Actien-Gesellschaft), tuvieron casi siempre una temática marinera. Faceta que luego explotaría en la representación gráfica de la Gran Guerra para el Leipziger Illustrierte Zeitung, una de la publicaciones ilustradas más prestigiosas de la época. 
Es muy probable que su contacto artístico con el mar procediese de su ciudad natal (Hamburg). Su temprana vocación lo llevó primero a la Staatlichen Akademie der Bildenden Künste de Karlsruhe y luego a la Münchner Kunstakademie para completar sus estudios de la mano del profesor y artista Carl von Marr, de quién heredó el dominio magistral de la luz del retrato como expresión máxima del sentimiento humano. El estilo postimpresionista de Schwormstädt y su habilidad natural para el dibujo convencieron a Von Marr. Le proporcionó sus primeros contactos (y encargos) en la industria editorial que con el tiempo y su merecido caché le abrieron las puertas al selecto grupo de los ilustradores y dibujantes de prensa. Trabajar como ilustrador para un diario o publicación gráfica era uno de los sueños de la mayoría de artistas de la época. La prensa como medio de comunicación de masas en auge proporcionaba una remuneración fija y cuantiosa para una profesión no siempre bien remunerada, sino que – y lo más importante- aseguraba al artista una gran visualización de su obra, otra de las grandes carencias de su oficio. El creciente prestigio de Schwormstädt le permitió alternar encargos de prensa, del mundo editorial y del naciente arte de la publicidad. La Norddeutschen Lloyd contrató sus servicios para explotar comercialmente sus lujosos transatlánticos lo que le permitió unir su arte a su pasión por el mar. Schwormstädt jamás ‘abandonó’ el mar, aunque la mayoría de dibujos o ilustraciones no tuviesen como temática el mar océano o lo náutico. 
A principios del siglo veinte ya estaba considerado uno de los ilustradores de prensa más famosos de Alemania y, sin duda, el mejor de la Illustrierte Zeitung (Leipziger Illustrierten Zeitung), la decana de las publicaciones ilustradas alemanas y una de las más importantes. Al estallar la contienda, Schwormstädt se volcó de lleno en el esfuerzo gráfico de guerra. La periodicidad del Illustrierte y la incesante lista de sucesos y notícias le obligaron a establecer un protocolo en la cobertura informativa. Como el resto de dibujantes e ilustradores de prensa, Schwormstädt alternó el dibujo de salón a partir de fotografías, croquis y demás, con la toma de notas y cobertura de la noticia in situ. Schwormstädt no se prodigó en exceso con el trabajo de campo. Prefirió el calor de la redacción o de su propio estudio a la expuesta intemperie de la trinchera o de la retaguardia, aunque el propio Illustrierte realizó un reportaje de uno de sus viajes al frente con fotografías del artista junto con algunos de sus dibujos.


Dibujos y frentes
Schwormstädt retrató la guerra desde todos los frentes con resultados dispares. Ilustró todo tipo de episodios y sucesos, aunque las operaciones terrestres no fueron sus mejores obras. Los encargos los marcaba el diario, el interés del gran público y especialmente la actualidad. El de Hamburgo, sin embargo,intentó en todo momento que sus predilecciones coincidiesen con el encargo. Para ello aprovechó algunas de las operaciones submarinas y aéreas más destacadas para volver a su terreno preferido: el estudio. A diferencia de las 'terrestres', sus ilustraciones de temática naval o aeronáutica desprendren un estilo mucho más cuidado, sereno y con una gran carga ideológica. Ello no significa que algunas representaciones 'terrestres' no tengan una gran calidad artística y un contenido claramente propagandístico. Pero las navales y aéreas desprenden un aire mucho más estudiado. Se reflejan los detalles faciales, la gestualidad de los movimientos y se incluyen una serie de actores que delatan la intención del documento. Por contra, los cuadros de escaramuzas y batallas de infanteria (vs. Mulhouse, Frente oriental, etc.) tienen una función más folletinesca y complementaria. Todas las ilustraciones tienen un claro componente documental. Pero en los 'estudios' navales y 'zepelinescos', a banda de este inherente rasgo informativo, subyace un evidente espíritu propagandístico y moral. 
Dibujante meticuloso y perfeccionista, las escaramuzas y los ataques a la bayoneta no consiguieron la misma fuerza visual que sus misiones de observación y vigía en el Atlántico norte o bordo de un zepelín en los cielos de Flandes. Gran observador y mejor retratista, sobresalía en la descripción del momentum propio del estudio. La secuencia o la acción vertiginosa no eran su fuerte, no porque careciese de la técnica necesaria sino porque era un especialista en captar el espíritu de la escena. Para Schwormstädt, el instante previo al lanzamiento de un torpedo, la tensión en el puente de un destructor o el avistamiento de un caza desde la cabina de un zepelin representa la unidad en cuanto a acción y significado. 

Bayonetas feuilletonescas 
De las ilustraciones que hizo Schwormstädt para el Leipziger Illustrierte Zeitung las ilustraciones dedicadas a la infantería o a los escenarios de la guerra 'terrestre' son los más abundantes. La mayoría detalla escenas de refriegas y combates de una gran expresividad visual pero de una escasa factura artística. 
En este sentido es paradigmático el caso de Die erbitteten Kämpfe im Argonner Wald 1914 (Lucha feroz en el bosque de Argonne). 



El subtítulo de la ilustración detalla los combates que libraron los alemanes para avanzar 'paso a paso' por la espesura de bosques y matojos narrando la dura resistencia que plantaron los franceses ante tal avance. La breve descripción apenas complementa la ilustración que de por sí explicita la dureza y ferocidad de los combates que tuvieron lugar en el sector de Argonne a finales del verano 14. Con una innegable expresividad visual, Schwormstädt describe al lector/espectador la dureza de los combates bajo el socorrido -y siempre efectivo- recurso del ataque cuerpo a cuerpo con la bayoneta calada. Busca impresionar al público con una 'narración' épica basada en el heroismo y en la lucha sin cuartel expresada con los gestos de desesperación y de fuerza sobrehumana empleadas en la derrota o en la resistencia del enemigo. Destaca el hecho de que todos los combates mantenidos entre las 'parejas de baile' se libran o bien con la culata del fusil o con la bayoneta a modo de estilete. Documentalmente la escena no presenta más novedades que la de una carga de infantería contra las posiciones francesas en un sector del Argonne. Estilísticamente, la escena no presenta un gran derroche de recursos excepto la gestualidad facial de corte caricaturesco de algunos soldados, como los dos que aparecen en primer plano, juntamente con las dos parejas de soldados en plena lucha en la segunda línea compositiva. Más allá de estos dos polos de atracción, el resto de la escena se diluye en una lucha coral sin ningún tipo de valor más que el de servir de marco boscoso. Como en la mayoría de reproducciones de la época la ausencia cromática se solventa con un difuminado sobre fondo en verde para completar el contexto boscoso.  Pura función documental, con leves toques de heroica. Justo lo que buscaba el espectador de la época. 
Misión informativa y resolución técnica prácticamente idéntica a la anterior presenta Auffahrende Artillerie unter feindlichem Feuer (Marcha apresurada de una bateria artillera bajo el fuego enemigo). 





De gran expresividad visual con una secuencia bastante lograda y buen orden compositivo se desarrolla en marco paisajístico más bien pobre. La función, como en el caso del Argonne Wald, es totalmente informativa, sin apenas o nulos elementos de propaganda. Caso muy similar es el Nachgefecht im Mülhausen (Combates nocturno en Mülhausen).Gran expresividad, poca o nula definición artística y un carácte eminentemente de fouilleton. 

LZ 38





Schwormstädt alternó para el Illustrierte encargos informativos con otros claramente propagandísticos. Combinó a la perfección la función política de las ilustraciones con una concienzuda documentación y el resultado fueron piezas de exquisita ejecución técnica y de gran valor artístico. Para la serie del zepelín LZ 38, como en casos anteriores, trabajó a partir de notas, croquis y fotografías. Las dos acuarelas publicadas representan una de las seis misiones que realizó entre el 29 de abril y el 31 de mayo de 1915 antes de que fuese destruido el 7 de junio en su base de Evere, cerca de Bruselas. 



Ziel: England ! (Objetivo: Inglaterra) muestra dos conceptos clásicos del Schwormstädt propagandista: tensión ambiental y un estudiado sentido del deber. 
El activismo de sus ilustraciones bélicas (también las hay de retaguardia, confraternización y cotidianeidad) cumplen una doble misión. Demostrar al público alemán la dureza de la guerra y evidenciar un patriótico sentido del deber y la eficiencia. La propaganda de autoconsumo presenta al soldado o marino alemán desempeñando su labor con una devoción patriótica que liga perfecfamente con el ideario militar alemán de rigor, marcialidad y autosacrificio, conceptos muy presentes en la ética protestante de raíz luterana. Se podría pensar que los dibujantes y artistas del resto de naciones en lucha también abusaron de tales recursos, y en parte es cierto. La diferencia con Schwormstädt, no obstante, fue que alternó el sacrificio y el deber con la recompensa terrenal de inspiración luterano-calvinista firmemente arraigadas en la sociedad alemana de principios de siglo XX. 
Marco ideológico a banda, Ziel: England ! de 1917 presenta tres elementos formales que se repiten en la obra política de Schwormstädt: una atmósfera tensa y marcial; la figura impertérrita de un oficial con pose de mando y una tripulación diligente que simboliza el sacrificado sentido del deber. El artista congela el tiempo y disecciona el instante. Sitúa a los personajes a modo de epifanía bélica y les otorga una misión clara y definida. La escena no defrauda al espectador. Le proporcionan una estudiada (y deseada) representación del deber patriótico. La primera de las dos acuarelas, la de la cabina de mando con el capitán (Hauptmann) Erich Linnarz, presenta al piloto (segundo por la izquierda) en posición de extrema concentración, a los dos ojeadores (primero y tercero por la izquierda) en tensión por la  posible llegada de aviones de caza o por la cercanía del objetivo y un cuarto miembro de la tripulación que vuelve a la cabina después de alguna tarea de mantenimiento o de vigía en la escotilla superior del zepelín. El deber y la profesionalidad de la tripulación gira entorno al propio Linnarz que ofrece al espectador una imagen de control total, con la vista hacia el lugar que ha señalado uno de los ojeadores y la intención (con altavoz en la mano) de ordenar el lanzamiento de las bombas o alguna maniobra. El rigor y la seguridad que emanan de la escena proporcionan al espectador una evidente creencia en el éxito de la misión y por ende en el triunfo final en la guerra. 





La segunda acuarela sobre el LZ 38 ahonda en los contenidos e ideas que presenta la 'cabina de mando de Linnarz'. Aparecen otros cinco miembros de la tripulación, dos ametralladores en la parte derecha con sendas miradas de preocupación e inquietud por la posible llegada de cazas enemigos. Mientras que los otros tres componentes llevan a cabo tareas de mantenimiento en los motores del zepelin. Schwormstädt vuelve a plantear en esta escena la dualidad entre el rictus firme y severo de los ametralladores con su vigilancia y la cuidada y pausada hacendosidad de los operarios que engrasan la maquinaria. Otra vez confluyen el deber y la serenidad. Se persigue ofrecer al espectador una sensación de tranquilidad y firmeza en el cometido bélico. Mención especial merece, en ambas ilustraciones, el escrupoloso detallismo con el que Schwormstädt retrata los interiores del zepelín. A diferencia de los 'obras terrestres' de crónica, no tanto las de confraternización o cotidianeidad, el autor persigue de una descripción y detalle al milímetro. Conocedor del valor expositivo de las ilustraciones, del gran altavoz (el Leipziger Illustrierte) y el público al que se dirige se esmera con total dedicación e información a mostrar una escena única y real. Desde el propio semblante de Linnarz, pasando por el vestuario y la propia estructura y armazón del zepelín, el de Hamburgo no ahorra en un realismo que a momentos recuerda a Matania. Junto con la seguridad, el rigor y un sentido del deber fuera de duda, los protagonistas de los estudios bélicos de Schwormstädt poseen una enorme determinación. En este caso, la mirada decidida de Linnarz fija en el objetivo desprende un halo de creencia absoluta en la victoria final. Esta incuestionable convicción en el triunfo personificada en los mandos se repite a lo largo de toda la producción propagandística de Schwormstädt, especialmente en sus series navales.

Continúa en: Ética protestante en la prensa ilustrada alemana de Gran Guerra: Schwormstädt y el Leipziger Illustrierte Zeitung (II)

16 feb 2013

Sopwith Camel f. 1 deconstruido: luces y sombras de un mito


La guerra aérea durante la primera contienda mundial desprende un irrestible halo de romanticismo. Un aire de leyenda repleto de historias de duelos al alba, códigos caballerescos y maniobras imposibles. Ball, Richthofen o Nungesser ocupan un altar especial en la historia de la aviación como coparon en su época los medios que los encumbraron como los nuevos ícaros. La épica, sin embargo, fue más prosaica. Muchos despegaron en pos de la gloria aunque solo unos pocos entraron en el Olimpo. La mayoría se precipitó al abismo de una temprana muerte.
La atracción que todavía despiertan los ases de la Gran Guerra no responde únicamente a las muescas de sus carlingas o a su impresionante aunque suicida coraje. Los temerarios pilotos se enfrentaron contínuamente a los desafíos de la técnica y al dominio de unos aparatos que no siempre respondían a las expectativas bélicas. Muy a menudo, su pericia no solo los salvaba de una muerte segura sino que proporcionaba a los diseñadores una información vital para los futuros prototipos. De la fructífera relación entre ciencia y técnica y los impredecibles avatares de la guerra nació uno de los mejores cazas de la Primera Guerra Mundial: el Sopwith Camel F.1.

El atentado de Sarajevo cogió desprevenida a la aviación militar. Los tambores de guerra sonaron con las fuerzas aéreas por nacer. Los pocos escuadrones existentes eran unidades adjuntas a los ejércitos terrestres que apenas cubrían funciones de observación y fotografía. Las razones para tal situación eran un lento desarrollo de la ciencia aeronáutica pero muy especialmente la obtusa o nula visión de los Altos Mandos respecto a sus potencialidades. La ceguera, no obstante, duró poco. Los episodios de Mons y Le Cateau a finales de agosto de 1914 y la batalla de la Marne a inicios de septiembre evidenciaron la importancia de la aviación como herramienta primordial para la estrategia.
Alemanes, franceses, británicos y en menor medida, rusos y turcos se pusieron manos a la obra. Los italianos lo hicieron en 1915. Se crearon cuerpos específicos, sino los había, y comenzaron a reclutarse mecánicos, y sobretodo pilotos para las nuevas fuerzas aéreas. Proliferaron los campos de instrucción, y los pioneros del aire pasaron por las aulas, bien como alumnos o profesores. La guerra acceleraba la revolución aeronáutica.
La contienda proseguía voraz y los vuelos de observación se tornaron imprescindibles para cualquier tipo de decisión táctica. Los informes proporcionaban datos sobre las posiciones enemigas, trincheras, rutas de abastecimiento, depósitos de munición y lo más importante: sus posiciones artilleras. El conflicto mutaba y la lucha cuerpo a cuerpo se trasladó a las nubes.
Entre mediados y finales de 1915 hubo un cambio de paradigma. Ya no era suficiente con derribar balones de observación, situar movimientos de tropas enemigas o bombardear nudos ferroviarios. Era preciso dominar todo el espacio aéreo para cegar la observación enemiga obstaculizando movimientos de tropas y abastecimientos. De la lucha por mantener los cielos libres surgió la caza aérea que consistió en localizar y abatir el mayor número de aviones enemigos. A medida que avanzaba el conflicto, evolucionaba la aeronáutica y con ella surgieron nuevas máquinas y aviones.
Durante la contienda se crearon aviones de observación y bombarderos de mayor alcance y capacidad, pero donde se avanzó con mayor rapidez, ingenio y éxito fue en el ámbito de los aviones de caza. La mayoría de potencias diseñaron y fabricaron sus cazas, aunque algunas también optaron por importar modelos de éxito de sus aliados. Entre 1914 y 1918 surcaron los cielos europeos y asiáticos decenas de cazas de todos los tipos, formas y colores. Albatros, Fokkers, Aviatiks, Spads, Nieuports o Sopwiths fueron los más célebres. Cada modelo nuevo buscaba superar el anterior aunque no siempre se cubrían las expectativas.
El periodo más activo de la guerra aérea se inició en 1917 y no finalizó hasta noviembre de 1918, aunque 1915 y 1916 tuvieron momentums especialmente álgidos con las celebérrimas versiones de los Eindekker de Fokker. Durante veinte meses de 'caza mayor' algunos cazas se hicieron muy famosos. En el bando alemán destacaron los modelos D de Albatros, así como los Fokker tanto el model Dr. 1 como el D VII y en el bando de la Entente sobresalieron los Spad y Nieuport franceses así como los Sopwith Camel y los S.E.5 (Scout Experimental) de la Royal Aircraft Factory. De entre todos éstos, y aunque la competencia fue dura, el caza probablemente más famoso fue el Camel -con permiso del triplano Fokker Dr. 1- aunque no por ello fuese el avión más completo.

Roll of honour: letal y peligroso

En dieciocho meses 1.294 victorias oficiales y 3.000 oficiosas convirtieron al Camel en el caza aliado más laureado de la guerra y en uno de los más controvertidos. Pocos dudan de su condición de fuera de serie pero su fama no estuvo exenta de sombras. Mientras sus antecesores Pup y Triplane tenían reputación de dóciles, del Camel se decía que 'mataba más pilotos que el enemigo' y en parte era cierto. 413 muertes en combate por las 385 en tareas de entrenamiento demuestran que su pilotaje era ‘complicado’ debido sobretodo a su peculiar e innovador diseño.
La lograda concentración en el morro (solo en 2 metros) de la hélice, el motor, el depósito de combustible, el armamento y la carlinga con el piloto (incluido) le proporcionaba una impresionante maniobrabilidad pero lo convertían en un aparato muy inestable sobretodo en los despegues y aterrizajes. Esta paradójica combinación se debía a tres factores: un impresionante torque, una nula resistencia sobre el centro de gravedad del aparato y el efecto giroscópico propio de las hélices (el motor hace girar la hélice en un sentido, y todo el avión tiende a girar en el sentido contrario). En pleno vuelo, su impetuosidad motriz y un minúsculo timón le permitían realizar maniobras y giros extremadamente cerrados muy difíciles de emular para sus contrincantes. La cruz, sin embargo, surgía en las ascensiones y los descensos. El efecto giroscópico provocaba que en los giros a izquierda su morro se elevase considerablemente y que en los virajes a derecha se produjese el efecto contrario, descendiendo bruscamente. En este caso, sin un contratimón experto, el Camel entraba en barrena y su recuperación era muy difícil a cotas bajas. Especialmente contraindicado en novatos requería un sutil toque y una perícia al alcance de pocos. Pese a estos claroscuros, su increible maniobrabilidad y potencia de fuego contribuyeron claramente a decantar la balanza de la guerra aérea del lado de la Entente.

A banda de su exitoso periplo italiano y de algunas operaciones balcánicas, el Camel luchó exclusivamente en el frente occidental. Las primeras unidades (Clerguet de 110 CV) se destinaron para misiones de vigilancia costera y naval al 4ºescuadrón de la Royal Navy Air Service (RNAS) en junio de 1917 y, a finales de ese mes el 70º escuadrón de la Royal Flying Corps (Fienvilles) recibió sus Camel 'oficiales' con Clerguets de 130 CV. Al inicio de la ofensiva británica en Ypres (Passchendaele) su suministro se acrecentó llegando a completar totalmente los escuadrones 28, 43 y 45º de la RFC en setiembre de 1917. Tras un brevísimo período de adaptación participó activamente en Passchendaele y Cambrai, rubricando sus éxitos en 1918 con la merma del potencial aéreo alemán e interviniendo decisivamente en la ofensiva de los últimos cien días.
Gran fajador en los duelos de altura (dogfights), su innata maniobrabilidad también lo acreditaron como un especialista bajo las nubes. Bombardeo de instalaciones ferroviarias y nudos logísticos, eliminación de blockhaus y trincheras especialmente fortificadas, así como el hostigamiento de refuerzos fueron algunos de sus objetivos terrestres. El F.1 era duro de pelar a 6.000 pies, pero a trescientos metros y armado con dos Vickers o Lewis de 7.7 mm más cincuenta kilos en bombas era mortífero. Cambrai fue su bautismo de fuego y el crisol donde se forjaron sus posibilidades terrestres.
El vuelo a baja altura requería, no obstante, de una perícia excepcional. Las revoluciones no eran muy altas y cualquier giro brusco requería una mano diestra. Pocos se atrevían a bajar por debajo de los cien pies. Solo el objetivo de neutralizar una posición terrestre o zafarse de algún enemigo con giros y contragiros muy cerrados obligaban a ello. Precisamente en estos se registraron algunos de los episodios más increíbles del Camel como los duelos entre Brown y Von Richthoffen, Billy Barker y Frank Linke-Crawford o las hazañas de MacLaren o Collishaw entre otros.

Forjando una leyenda

Cuando las autoridades británicas contactaron con Thomas Sopwith para un nuevo prototipo de caza, le pidieron –o más bien le suplicaron- un avión capaz de hacer frente a los halcones alemanes. Durante la fase inicial, Sopwith como Fred Sigrist y Harry Hawker (piloto de pruebas) se percataron de que el nuevo modelo no podría ser una simple adaptación del Pup. Las mejoras del Triplane en cuestiones como el diseño de los planos (alas) y la distribución de peso y la resituación del centro de gravedad ofrecían grandes posibilidades para un nuevo biplano. Los diseñadores Smith y Ashfield descubrieron que la concentración en apenas dos metros (y coincidiendo con el centro de gravedad del aparato) del motor, el tanque de combustible, la carlinga y el propio piloto mejoraban increiblemente la maniobrabilidad del caza. Mucho se ha discutido sobre la semejanza en los modelos Pup y Camel, pero la verdad es que, a pesar de sus orígenes comunes, fueron aparatos con grandes diferencias, tanto en pilotaje como en rendimiento. Ambos eran soberbios, pero mientras el Pup era una ‘montura fiel’, el Camel era un ‘Mustang’ indomable con una potencia de fuego brutal.

Cuatro versiones, un solo espíritu

Sopwith desarrolló cuatro versiones del Camel diferenciadas por el motor, el diseño de los planos y el armamento instalado. Los prototipos fueron surgiendo con el desarrollo de las pruebas, pero las cuestiones relativas a la fabricación de los motores fueron decisivas. La imposibilidad de que un único fabricante abasteciese toda la producción de los motores implicó que se ensamblasen diferentes plantas motrices para cubrir la imperiosa demanda del nuevo aparato.
La primera versión (F.1) que voló a finales de 1916 lo hizo con un Clerget 9Z de 110 CV. Posteriormente lo hizo con otro Clerget de 130 CV; dos Le Rhône de 110 y 180 CV; dos Gnôme de 100 y 150 CV y finalmente dos Bentley, ambos de 150 CV aunque con diferencias en la comprensión.
La principal novedad del siguiente prototipo F.1/1, conocido por 'Taper Wing Camel', a parte de montar un Clerget de 130 CV, radicaba en el diseño de las alas. Ambas tenían las puntas romas y el montaje entre planos aportaba un mayor encordado para reforzar la estabilidad de un aparato de notable brío.
El tercer modelo, el F.1/2, es un absoluto misterio del que se desconocen sus especificaciones técnicas, así como las diferencias respecto a los otros modelos. El último prototipo fue el F.1/3 o 2F.1, dependiendo del autor. Probado con éxito en marzo de 1917, incorporó dos motores, un Clerget 9B de 130 CV que se destinó a la RFC (luego RAF) y un Bentley Rotary 1 que se ensambló en los modelos destinados para el Almirantazgo (RNAS) en mayo de 1917. Los modelos destinados a la Marina adaptaron su denominación a las series N517 y N518.
El desarrollo de cuatro Camels en seis meses se debió a las enormes posibilidades que ofrecía el aparato. La apuesta en firme por un caza más potente y más mortífero respondían a la necesidad del Alto mando de destronar a los alemanes del dominio aéreo y ofrecer una esperanza a sus pilotos después del ‘Bloody April’. Conscientes del ambicioso proyecto, las autoridades concedieron numerosas licencias de fabricación para poner los máximos aparatos lo antes posible en el aire. Las primeras 50 unidades fueron producidas por la Sopwith (B6330-B6379) y destinadas a la RNAS, mientras que la primera licencia se otorgó en mayo de 1917 a la Ruston Proctor & Co. que fabricó 250 unidades para la RFC. Ambas compañías fueron incapaces de cubrir la demanda por lo que el Gobierno británico cedió otras licencias a la Beardmore; Boulton and Paul, a la British Caudron; Hooper & Co e incluso a la Nieuport & General Aircraft. Se calcula que durante dieciocho meses de guerra se fabricaron cerca de 5.700 Camels, aunque hay fuentes que hablan de un número superior.

El rugido del motor

Siguiendo las recomendaciones de Sopwith sobre la potencia óptima, los primeros contratos especificaban que las plantas motrices (motores) fuesen Clergets o Le Rhône de 130 CV, aunque esto no fue siempre respetado. Sopwith se decidió por ensamblar motores rotativos (los cilindros giraban en torno a un cigüeñal inmóvil) porque se enfriaban con mayor facilidad y evitaban los temidos sobrecalentamientos. La decisión de ensamblar rotativos no evitó que los Camel tuviesen problemas motrices, sobretodo con los Bentley, considerados de peor factura que los franceses. Los Bentley adolecían de contínuas roturas en los resortes del motor y de bombas de aceite poco fiables. Pero los Clerget de 130 CV tampoco resultaron ser infalibles. El diseño de los pistones y su sobrecalentamiento produjeron numerosas averías que no tuvieron, sin embargo, los motores Le Rhône.
Los rotativos solían ser motores muy fiables, pero ello no impedía que la fuerza centrífuga producida por el giro de los cilindros y su peso dificultasen algunas maniobras del Camel. En los giros a contramotor, la brutal resistencia se intentó mitigar con una doble rotación cilíndrica que se abandonó por el excesivo aumento de peso. El Clerget como el Le Rhône era muy brioso lo que unido al poco peso del avión y a la concentración de carga en el morro le daban una inusitada pero difícil maniobrabilidad. Cecil Lewis hablaba maravillas del Camel pero reconocía que se necesitaban muchas horas de vuelo para dominarlo.
Por lo que respecta al motor, es sorprendente que el Camel aun estando a años luz de sus coetáneos Spad XIII y S.E. 5, equipados con el preciado Hispano-Suiza de 150 CV, presentase una hoja de servicios claramente superior a sus dos colegas.

De alas y gibas

El Camel era un caza muy compacto, no por la lograda concentración de peso en el morro, sino por un carenaje sólido que le proporcionaba a la parte delantera un aspecto muy recio y robusto. La morfología resultante de elevar las ametralladoras a una especie de repecho desde la carlinga le proporcionó su rasgo más distintivo y su curiosa nomenclatura, Camel, por un piloto de pruebas de Martlesham Heath. La pequeña giba donde se instalaron las dos ametralladoras proporcionaba al piloto mayor visibilidad y control de tiro sobre el objetivo, así como una excepcional comodidad de cara al duelo. El carenaje que cubría el motor era de aluminio, pasando a ser de contrachapado por la parte de la carlinga. El fuselaje, como la gran mayoría de aviones del momento, lo formaban secciones cuadrangulares de madera, recubiertas de lona, y unidas entre sí con alambre de acero.
El diseño de las alas también condicionó la evolución de los Camel. Diseñadas en principio con el mismo diedro (ángulo), cuestiones relacionadas con la producción hicieron que Fred Sigrist desaconsejara tal opción. Siendo el plano superior de una sola pieza se recomendó que fuese totalmente plano, mientras que el ala inferior se fabricó en dos secciones y ensambladas con un diedro de cinco grados lo que dio al Camel su peculiar diseño y una gran aerodinámica. A pesar que posteriormente el plano superior se fabricó en tres secciones, su diedro se mantuvo totalmente recto.
Otra de las modificaciones que sufrió el plano superior durante la evolución del caza fue la apertura de dos secciones longitudinales por encima del piloto. Mucho se ha especulado sobre el porqué de estos orificios, pero la mayoría de especialistas opinan que se idearon para proporcionar al piloto una mayor visibilidad en el plano superior durante un combate. Se arguyeron cuestiones aerodinámicas pero lo más plausible es que fuese para lo primero.

Carlinga

En el modelo F.1/3 o 2F.1 –el oficial-, las carlingas estaban aparejadas con un tacómetro, un altímetro, un compás, el indicador con la presión del aceite, un velocímetro y un cronógrafo. En los modelos que se destinaron para la patrulla costera y la vigilancia nocturna, a banda del equipo corriente, se introdujeron baterías para iluminar todos los indicadores asi como luces de posición. En algunos casos también se colocaron radios de corto alcance.

Armamento

Otra de las novedades del Camel fue su impresionante potencia de fuego. La mayoría de los modelos incorporó en su giba dos ametralladoras Vickers de 7.7 mm que disparaban a través de la hélice con sincronizadores Sopwith Kauper 3 al principio, y posteriormente con Constantinesco Clay CC. Gran parte de las miras telescópicas instaladas enfrente de la carlinga eran Aldis, aunque con el tiempo se incorporaron miras con círculos concéntricos. La munición de los primeros Camel era cargadores Vickers de 500 balas, pero solían congelarse a gran altitud produciendo encasquillamientos indeseados. El problema se resolvió con la disposición de munición en cinta en vez del tambor. Pero no todos los Camel iban armados en su giba, algunos incorporaron dos ametralladoras Lewis, también de 7.7 mm, en ala superior con mira telescópica Norman y sobre una estructura Foster. En misiones de bombardeo, el Camel también podía llevar bombas con un peso máximo de 50 kg.

Epílogo

El Camel fue un caza excepcional con un diseño muy novedoso – sobretodo por su estudiada carga aerodinámica -, una potencia de fuego impresionante y una versatilidad fuera de lo común. Poseía, sin embargo, otras características que mermaban enormemente su potencial como caza. Montaba un motor no siempre fiable ni excesivamente potente y tenía de graves problemas de estabilidad. Con estos datos resulta ciertamente extraño que un aparato con semejantes pros y contras acabase distinguiéndose como el mejor caza aliado de la Gran Guerra. La conclusión que resta en este análisis es que no siempre la máquina determinaba el éxito o no de sus misiones, sino que en este caso como en muchos otros, véase el ejemplo del Albatros D.V, la perícia de los pilotos sobresalía por encima de las capacidades del artefacto. Ello nos lleva a concluir que los pilotos, a banda o no de sus victorias, fueron verdaderos héroes del aire a lomos de monturas no siempre infalibles y eficaces.

Fuentes

Las fuentes son el Camel son múltiples en formato y en número.
Especialmente útil me ha sido el artículo de uno de los mayores y mejores especialistas en el Camel, John M. Bruce. Sopwith Camel, en Historic Military Aircraft n. 10, part. I-II, april 1955. pp. 527-532, 560-563.

También se han consultado las monografías especializadas:
Franks, Norman, Sopwith Camel aces of the World War I. Osprey, 2003.
Guttman, Jon. Sopwith Camel vs Fokker Dr. I. Osprey, 2008.
Kozent-Kielisnki, Edward. Sopwith Camel. Kagero, 2003. 

Para profundizar en las unidades o escuadrones de Camels y sus trayectorias:

Interesante documentación gráfica en la que se adjuntan numerosos croquis, planos y diseños sobre la fabricación y producción del Camel 2F.1

Recomiendo también muy especialmente la consulta de los vídeos relacionados con el Camel y sus peculiaridades con el torque y el efecto giroscópico. Ambos producidos por la Historical Aviation Film Unit.

Este con un Clerget:
El siguiente con un Gnome:

Metraje con secuencias de época y que resultan muy curiosas:

10 ene 2013

La intervención italiana en la Gran Guerra, 1914-1915: preludio y tragedia en cinco actos (VI)


Acto V y último: 'Il Maggio radioso'
La rúbrica del Tratado de Londres el 26 de abril desencadenó los hechos a velocidad endiablada. El 4 de mayo Sonnino comunicó a Viena su desvinculación de la Triplice y Cadorna recibió órdenes de acelerar la mobilización. Paralelamente, calles y las plazas seguían siendo un hervidero de manifestaciones interventistas y actos en favor de la guerra, a pesar de que la gran mayoría de la población se mantenía en una neutralidad silenciosa. Aunque el Parlamento permanecía cerrado -no había sesión hasta el 19 de mayo- el Consiglio no descansaba. Consciente de ello, Giolitti volvió a Roma el 9 para conversar con Salandra y otros miembros de su gobierno sobre la veracidad de determinados rumores sobre la entrada de Italia en la guerra.
La tensión política iba en aumento. Mientras la mayoría parlamentaria (liberales, católicos y socialistas) mantenía posturas claramente neutralistas, las demostraciones de la pequeña minoria interventista subían de tono. Roma cogió el testigo de los sucesos de Génova y los grupos interventistas, formado mayoritariamente por estudiantes, organizaron día tras día actos -no siempre pacíficos- en favor de la intervención.
En la arena política, y a pesar de que no consiguió conocer de primera mano la existencia de ningún tratado, Giolitti supo intuir cuáles podían ser los movimientos del gobierno Salandra. Se entrevistó con el ministro del Tesoro, con el rey y con el propio Salandra para hacerles saber que no era el momento de entrar en guerra y que, en caso de derrota austríaca, se 'conseguiría' igualmente parte de la lista giuliana negociando con los vencedores. En la misma línia y sabedores de las intervenciones de Giolitti en favor de la neutralidad, unos trescientos parlamentarios y un centenar de senadores le mostraron su total adhesión dejándole en su domicilio sus tarjetas de visita. Era un muestra expresa del apoyo parlamentario a la neutralidad y una muestra de palmaria desconfianza ante las tareas del gobierno Salandra respecto a la guerra.
El golpe de efecto del Parlamento neutralista desconcertó al gobierno y al sector interventista. La división era cada vez más visible y aunque Salandra no parecía inmutarse, el desconcierto dio paso a la ira y a la reacción de los sectores autoritarios, así como a todo el interventismo radical y democrático que empleó todas sus fuerzas para mantener a Italia en la senda belicosa. La prensa afecta sacó a relucir todo su 'arsenal' y los máximos exponentes del interventismo militante como d'Annunzio no escatimaron medios ni verbo para vilipendiar y violentar a los sectores neutralistas, parlamentarios y Giolitti incluidos.
Agazapado tras el ruido, Salandra ultimó su jugada maestra. Ante la ausencia de apoyos y la falta de confianza en su gobierno, el 13 de mayo presentó la dimisión irrevocable de su gabinete al rey Vittorio Emanuele III. El monarca, sabedor del pacto y activo interventista, no tuvo otra opción que ofrecerle la llave del Consiglio a Giolitti, que éste rechazó. El viejo estadista piamontés intuyó un posible acuerdo con la Entente y no quiso verse envuelto en semejante tesitura. La historiografía posterior ha señalado que un gobierno Giolitti podría haber dado marcha atrás en lo concerniente a Londres, pero las mismas fuentes señalan que no se sintió con fuerzas para luchar en dos frentes: plantar cara a la Entente y sofocar un incendio interno con tantos pirómanos sueltos. En este punto radicó la hábil maniobra de Salandra. Sabía que Giolitti no querría llevar a Italia a una guerra incierta, pero que tampoco querría extenuarse en apagar la creciente tensión de la calle. Él, en cambio, estaba en su salsa. Tiraría adelante con la intervención en la guerra y de paso acrecentaría en control policial interno con la excusa de la ampliación de poderes.
Los días posteriores a la dimisión del gabinete Salandra supusieron un rosario de manifestaciones y algaradas en las principales ciudades italianas. El cénit se decantó totalmente a Roma, donde el 15-16 de mayo se alcanzó el clímax interventista. Que la escalada de violencia verbal y física comenzaba a ser alarmante lo demuestra el hecho de que el propio Giolitti fuese increpado y zarandeado por un puñado de interventistas radicales que lograron entrar a la fuerza en el edificio del Campidoglio.
Ante la negativa de Giolitti de aceptar el encargo presidencial, Vittorio Emanuele volvió a ofrecerle el Consiglio a Salandra. La renuncia de Giolitti dejó huérfanos y desconcertados a los sectores neutralistas del Parlamento mientras la ruidosa minoría interventista incendiaba la calle por la guerra y los sectores silenciosos del neutralismo social se quedaron en sus casas. El 'partido de la guerra' -según terminología de M. Isnenghi- había triunfado.
El ruido callejero se acrecentó con la reanudación de las sesiones parlamentarias el 19 de mayo. El Parlamento, más que un órgano de soberanía popular, se había convertido en una caja de resonancia de la nueva política de la piazza. Los acordes de la política fatta entre adoquines resonó por todas las bancadas a modo de amenaza y coacción. De esta forma, y como colofón a meses de tensión, el 20 de mayo el Parlamento apoyó la decisión de intervenir en la guerra y votar a favor de los créditos de guerra presentados por Salandra. El 24 de mayo Italia entró en guerra con la Entente y muy especialmente contra Austria-Hungría.
Las 'giornate radiose di maggio' o il maggio radioso', tal y como las describió d'Annunzio,  significaron una de las grandes cesuras de la historia de la Italia del siglo XX. La teoría del 'golpe de estado' ha surgido en numerosas ocasiones como explicación para describir el proceso político e institucional que culminó en mayo de 1915 con la entrada de Italia en laQue las negociaciones con la Entente fuesen secretas, que hubiese incluso miembros del propio gabinete Salandra que no estuviesen informados o que -más grave aún- no se informase en ningún momento a la oposición de los tratos con los aliados denota una falta extrema de pulcritud democrática que acabaría lastrando el sistema político italiano en 1922. Sin embargo, lo que sí significó un cambio en la vida política italiana fue la aparición de una nueva forma de hacer política. Una política más gestual que teórica, que amparada bajo el nuevo rol de la sociedad de masas usó el espacio público de la plaza y la calle para edificar una alternativa a la política oficial. La piazza se convirtió en el ágora desordenada donde intelectuales y sindicalistas extremistas incitaron a una parte muy definida de la sociedad liberal, estudiantes universitarios sobretodo, para repetir y reiterar hasta la saciedad algunos de los 'mantras' que más tarde utilizaría el fascismo en plena década de los veinte.
Así pues, en la teoría del 'colpo di stato', a banda de figurar en el elenco de protagonistas un sector muy concreto de políticos con extensas e indisimuladas relaciones con elementos muy destacados del mundo de la banca, la industria y de los medios de comunicación, se añadió el nuevo coro de representantes de una cultura subversiva con el dogma, el sistema y las formas de la vieja política. Lo que ignoraban los que detentaban el poder en 1915 es que siete años más tarde su falta de visión y miopía junto a la perversión de las normas más elementales del juego liberal les pasarían factura. La nueva política della strada e la piazza aprovechó la crítica posguerra y las grietas del política oficial para fagocitar lo construido en 1861.
Fuentes:
Isnenghi, M. et al. La Grande Guerra 1914-1918. Il Mulino, 2008.
Melograni, Piero. Storia politica de la Grande Guerra, 1915-1918. Mondadori, 1997.
Pieri, Piero. L'Italia nella Prima Guerra Mondiale. Einaudi, 1968.

4 ene 2013

La intervención italiana en la Gran Guerra, 1914-1915: preludio y tragedia en cinco actos (V)




ACTO IV. 26 ABRIL 1915: ELPACTO DE LONDRES (Y CON EL DIABLO)

Desestimadas las negociaciones con Viena, Sonnino decidió liquidar lo que quedaba de la Triplice por la vía rápida. Dio carta blanca a Imperiali, embajador italiano en Londres, para que retomase y cerrase un tratado lo más ventajoso posible con la Entente. Aunque se gestó a rebufo de algunos triunfos militares rusos, fue precisamente Moscú quién intentó torpedear el acuerdo en más de una ocasión. No por considerar exigua la ayuda militar italiana, sino porque sus pretensiones chocaban de frente con parte de los acuerdos a los que habían llegado con Italia, como el de Racconigi. Rusia consideraba que las compensaciones territoriales de la Dalmacia, la península istriana y parte de la costa albanesa perjudicarían a sus aliadas eslavas de Serbia y Montenegro. Y acertó, la postura codiciosa de Italia afectó en gran medida a la confianza generada para un nuevo status quo balcánico, que solo se superó con acuerdos puntuales y concesiones como la de Rapallo en 1920.
A pesar de las advertencias rusas, Londres y París aceptaron el acuerdo. Sabían de la limitada potencialidad del ejército italiano pero eran conscientes de que algunos de los artículos del Tratado jamás se cumplirían. Por parte italiana, la ilusa satisfacción de haber suscrito un acuerdo beneficioso para los intereses territoriales (y coloniales) patrios cegó sus graves consecuencias. En primer lugar, la obligación de entrar en guerra al cabo de un mes de haber firmado el pacto, 25 de mayo de 1915, sin haber informado previamente al Parlamento y a miembros de la oposición liberal, como por ejemplo Giolitti. Al error de cálculo interno se unía el absoluto secretismo con el que se llevaron a cabo las negociaciones y la exagerada lista de peticiones que lastraron y pervirtieron la imagenItalia en el conflicto y por la que tanto había luchado di San Giuliano en evitar.
Curiosamente, los puntos del tratado no se conocieron hasta que la prensa bolchevique publicó en 1917 algunos de los documentos que comprometían parte de la política exterior rusa como medio para desprestigiar al anterior regimen zarista. El Pacto de Londres constaba de dieciséis artículos. Los tres primeros establecían las cláusulas que regían la participación militar italiana. Los artículos 4º al 13º detallaban las compensaciones territoriales, incluyendo el Trentino, el sector de la Venezia-Giulia, la Dalmacia, Albania, partes del imperio Otomano - en caso de desmembramiento - y otros reequilibrios coloniales. El 14º 'obligaba' al Reino Unido a conceder un préstamo de guerra de al menos 50 millones de libras esterlinas, el 15º respaldaba la opción italiana de negar la mediación papal en la consecución de acuerdos de paz y el 16º, y último, establecía el carácter secreto del pacto, el calendario de intervención y la negativa a que Italia firmase la paz por separado con algunos de sus enemigos, suscribiendo de paso el acuerdo de 5 de setiembre de 1915 que habían firmado Francia, Gran Bretaña y Rusia.
El conocimiento del Pacto de Londres por la opinión pública comprometió los intereses italianos y lanzó una seria duda sobre los presuntos valores defendidos en la guerra. La fórmula de Italia pediendo y la Entente concediendo dañó a la imagen civilizatoria de la guerra. Fue precisamente esta visión de 'mercadeo persa' la que acabó dando al traste con gran parte de la reclamaciones italianas en Versailles. En junio de 1919, Francia se desdijo de algunas de las peticiones 'exageradas' - atendiendo, claro, a intereses particulares; el Reino Unido se autoexcluyó y fueron los Estados Unidos, con Wilson a la cabeza, los que se negaron a ceder mucho de lo reclamado. Wilson arguyó que Versailles debía iniciar un nuevo período en política internacional y que, por tanto, no podía tolerarse que la diplomacia subterránea ni sus pactos secretos rigiesen el orden mundial.
La negativa aliada a ceder en gran parte de las peticiones italianas junto a las reacciones airadas - con abandono incluido de las negociaciones - de los representantes italianos, generó el inicio del mito de la Vittoria mutilata de inspiración fascista. El clima in crescendo de la victoria incompleta cimentó la creencia (y la propaganda) de que el sacrificio italiano en la Gran Guerra había sido en gran parte traicionado. Este fue solo uno de los efectos funestos del Pacto de Londres a nivel interno. El verdadero cataclismo político tuvo lugar en el mayo de 1915 con la obligación de aplicar el artículo 16º del tratado que consitía en proclamar el estado de guerra, movilizar al ejército e intervenir militarmente en el conflicto. Firmar un tratado fue sencillo, lo difícil sería aprobarlo por un Parlamento ignoto e ignorado y que además era claramente neutralista.
Los movimientos y maniobras que en mayo de 1915 lograron hacer entrar a Italia en la guerra fueron el punto y final de una etapa no solo política, sino histórica de Italia. La cronología política del Maggio radioso colocó al regimen liberal en el 'corredor de la muerte' y significó la entrada en escena de una nueva forma de política (y nación) completamente distinta.
Continúa en: La intervención italiana en la Gran Guerra, 1914-1915: preludio y tragedia en cinco actos (VI)

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