11 sept 2014
El Somme desmitificado: la batalla por Thiepval, 26-30 de septiembre 1916 (I)
Los inesperados éxitos británicos frente a Montauban y Mametz y el enérgico avance francés por el flanco derecho el 1 de julio de 1916 cambiaron la estrategia a seguir en el Somme. Los desastres al norte (Beaumont-Hamel y Serre) y en el centro del ataque (Ovillers y La Boiselle) convirtieron el sector de Thiepval en el punto sobre el que pivotaría el resto de la ofensiva.
Los peores pronósticos se cumplieron y el Big Push se convirtió en una guerra de desgaste sin cuartel que los políticos habían querido evitar a toda costa. Durante los meses y semanas que siguieron, los nombres de Trônes, Bazentin, Fricourt o Delville entraron a fuego en la historia militar de la Gran Guerra. En el sector al sureste de Thiepval, los avances británicos, australiano y canadiense se iban sucediendo con cuentagotas a un ritmo de bajas inasumible. Fricourt, Ovillers o La Boiselle -que habían resistido enconadamente los ataques del 1 de julio- fueron cayendo. Pozières pasaba a ser un objetivo de máxima prioridad: era imprescindible para asegurar el flanco izquierdo más allá de la cresta de Thiepval, al este.
La conquista y consolidación de Pozières (23 de julio - 7 agosto) supusieron el bautismo y el primer sacrificio australiano en Europa. No obstante, y a pesar de la caída de Pòzieres, Thiepval -firmemente defendida- seguía siendo el mayor obstáculo para cualquier avance en el sector del Somme. Desde Thiepval se controlaba la parte septentrional de la cresta del mismo nombre, así como el terreno al norte del Ancre (y su valle) que iba desde Beaucourt, pasaba por Beaumont-Hamel y Serre llegando hasta Gommecourt. A banda de su situación estratégica, los alemanes decidieron reforzar la posición durante los meses de julio y agosto al percartarse de su extrema importancia como eje del ataque británico. La inactividad británica permitió en parte que los alemanes fortificasen eficazmente sus posiciones con total tranquilidad. La línea de frente (la Joseph trench) junto a otras cuatro líneas de defensa (Schwaben, Zollern, Hessian y Stuff trench) fueron renovadas, reforzadas y conectadas con otros puestos fortificados como la granja Mouquet o los reductos Schwaben y Zollern.
Junto al dédalo de trincheras, los alemanes fortificaron y encastillaron los restos de Thiepval de tal forma que los mandos británicos tuvieron que modificar sus tácticas de guerra. Los combates en el Somme, como había sucedido en Verdun, cambiaron tanto el despliegue defensivo como las maniobras de ataque. El devastador bombardeo de las posiciones alemanas y el brutal coste en bajas provocó que el mando alemán optase por una defensa abierta, con pequeñas unidades distribuidas a través del terreno utilizando parapetos como cráteres, bodegas o ruinas. Durante el bombardeo y el ataque británico, los alemanes abandonaban los parapetos y refugios dispersándose a campo abierto tras las defensas que les proporcionaban los cráteres y otros montículos de cascotes o ruinas.
La defensa alemana ganó, sin duda, en elasticidad y eficiencia. Evitó la destrucción en masa de unidades parapetadas en trincheras semiderruidas e indefendibles y, sobre todo, confundió a los mandos británicos sobre el poder de sus bombardeos y el porqué de la increible resistencia alemana. El mando alemán logró que posiciones enteras resistiesen durante semanas con decenas de soldados dispersos de cráter en cráter al mando de una o dos ametralladoras y una bolsa de granadas.
Pozières, High y Delville Wood o Guillemont fueron anticipando el nuevo despliegue táctico, pero los combates por Thiepval y su sector fueron la consumación, el súmmum. Thiepval se convertió por méritos propios en el paradigma de la adaptación al terreno, de la elasticidad defensiva y de la improvisación en tácticas de ataque.
Previa
El 3 de septiembre, dos divisiones del IIº Cuerpo (39ª y 49ª) atacaron al norte de Thiepval. La 49ª llevó el grueso de la operación. Tras un breve bombardeo, atacó frontalmente el reducto Schwaben. No hubo sorpresa: 1.800 bajas y ni un solo metro cuadrado de terreno ganado. Gough y Jacob (comandante en jefe del IIº Cuerpo) culparon a las tropas de falta de compromiso y coraje. Curiosas apreciaciones si se tiene en cuenta que los batallones implicados perdieron entre un tercio y la mitad de sus efectivos atacando uno de los puntos mejor fortificados del Frente occidental.
Haig, tras los combates de Flers-Courcelette el 15 de septiembre, insistió a Gough en que debía aprovecharse el momentum y que era indispensable tomar el resto de la cresta de Thiepval fuese como fuese. Las tropas de Gough se unirían el 25 de septiembre a una operación conjunta con Rawlinson a su derecha y los franceses más al sur. El desgaste de sus divisiones le obligaron a plantearse un breve paréntesis pero las escaramuzas (y las bajas) se siguieron a lo largo de esas dos semanas en los alrededores de la granja Mouquet (Mouquet Farm). Por cuestiones que aún no están muy claras - quizá por la participación de los tanques - la batalla por Thiepval se planeó para un día después de lo programado, el 26 de septiembre pasando 35 minutos del mediodía.
Planes
Para el ataque sobre Thiepval y su cresta, Gough destinó cuatro divisiones dispuestas a lo largo de un frente de unos 5,5 kilómetros, que iban desde Thiepval y la granja Mouquet hasta las afueras de Courcelette en el sector canadiense. En el flanco derecho, la 1ª y 2ª canadienses (Byng) atacarían al norte y al este de Courcelette intentando capturar la trinchera Regina (Stuff para los ingleses y Staufen para los alemanes) situada un poco más allá de la cresta. Para ello tenían que sobrepasar y ocupar las trincheras Hessian, Zollern y Kenora, cerrando el frente a la derecha.
En el flanco izquierdo de los canadienses, la 11ª División británica -en su primera ofensiva después de Gallipoli- tenía como misión conquistar la granja Mouquet y los reductos Zollern y Stuff, para luego avanzar hasta la trinchera Stuff, continuación de la trinchera Regina en ese sector. En el flanco izquierdo del ataque, los objetivos más difíciles se dejaron a las tropas de la 18ª División de Maxse, quiénes habían demostrado una gran preparación y arrojo el 1 de julio.
Tras su 'descanso' en Flandes, Gough asignó a los hombres de Maxse la conquista de Thiepval y el reducto Schwaben, que tantas bajas había causado a las divisiones 36ª y 32ª el 1 de julio y el 3 de septiembre a la 49ª. La operación presentaba enormes dificultades. El objetivo final (las trincheras Regina y Stuff) se encontraban en una vertiente opuesta a la línea de ataque y fuera del alcance de la artillería británica. Por si fuera poco, antes de llegar a ambas líneas se encontraban cinco de las fortificaciones más inexpugnables de todo el frente: la granja Mouquet, los reductos Zollern y Stuff, Thiepval y el reducto Schwaben.
A nivel de superfície los restos de la granja Mouquet eran solo ruinas. El subsuelo, sin embargo, era un dédalo: un triple sistema de bodegas y refugios conectados a través de túneles. Las entradas a los sótanos estaban disimuladas por las ruinas, que dificultaban el avance de la infantería. En la teoría, una cortina de artillería en progresión (la famosa creeping barrage) permitía el avance sin excesivas bajas hasta la posición, pero una vez que la protección de fuego desaparecía la infantería estaba a merced de cualquier ataque procedente de las bodegas sin que la artillería pudiese evitarlo. La principal misión de la infantería británica era localizar las entradas al sistema de túneles, cegarlas y liquidar cualquier foco de resistencia.
La principal amenaza alemana era el fuego de ametralladora escondido entre las ruinas y los cráteres junto a los granaderos que permanecían ocultos. Reducir o neutralizar los reductos era aún más difícil. A diferencia de Mouquet farm, éstos se encontraban a gran distancia de las líneas británicas. La gran distancia entre las líneas obligaba a que la 'cortina de fuego' fuese perfecta, tanto en su precisión como en el ritmo que debía seguir el avance de las diferentes oleadas de la infantería (cien metros cada tres minutos). Cualquier retraso provocaría que la infantería perdiese su 'protección' y que fuese alcanzada por las ametralladoras alemanas situadas en los reductos. Por si fuera poco, los reductos también contaban con posiciones fortificadas internas, que albergaban a compañías enteras prestas para cualquier contraataque dentro de la posición. Como en el caso de la granja Mouquet, una vez la infantería se introducía en un espacio tan reducido la artillería amiga no podía ayudarles y los combates se tornaban en un verdadero cuerpo a cuerpo.
Thiepval también entrañaba sus propias dificultades. En su superfície apenas permanecía piedra sobre piedra pero bajo la posición del castillo existían cerca de 150 bodegas o sótanos, que podían alojar compañías de ametralladoras y granaderos. Como en Mouquet, la cortina de fuego podía facilitar el arribo de unidades pero una vez allí los alemanes podían emergir a la superfície y rechazar cualquier ataque con un potente fuego de ametralladora o con una lluvia de granadas. A nivel de artillería, los mandos británicos optaron por hacer un cálculo grosso modo y destinaron unas seiscientas piezas de artillería de campaña y unos 280 obuses de diferentes calibre para un ataque en un frente de casi seis kilómetros. En potencia de fuego, la cobertura artillera para la ofensiva contaría con el doble de munición por trinchera que el 1º de julio, pero en cambio representaría la mitad de lo lanzado en la ofensiva del 14 de julio aunque se trataba del mayor bombardeo llevado a cabo por los artilleros del ejército de Reserva.
Las baterías del ejército de Reserva (Vº Cuerpo) situadas al oeste del rio Ancre dispararían hacia Thiepval desde el oeste y cogerían al enemigo de enfilada permitiendo un ataque por tres flancos. De los casi 100.000 proyectiles que se iban a lanzar, un 40% pertenecían a piezas de gran calibre. Igualmente, des del mismo sector se llevaría a cabo un contrafuego de ametralladora que barrería la retaguardia alemana para evitar cualquier medida de apoyo.
El mando británico también ordenó bombardear con gas las posiciones alemanas de Thiepval para evitar que los alemanes permaneciesen en ellas hasta el momento del ataque. El bombardeo previo comenzó el 23 de septiembre. El mal tiempo de ese día impidió, sin embargo, que los vuelos de observación comprobasen los efectos en las posiciones alemanas. Las nieblas del otoño en el Somme no daban mucha tregua, aunque los días siguientes los informes confirmaron un nivel de destrucción óptimo en todo el sector de Thiepval.
Over the top
Sector canadiense (Courcelette)
El ataque comenzó a las 12.35 del mediodía del 26 de septiembre. En el flanco más oriental del ataque, la 2ª y 1ª canadiense atacaron con sus 6ª y 3ª brigadas respectivamente. El 5º y 8º batallón de la 6ª brigada atacaron por la derecha, el 14º de los Royal Montreal y el 15º de los Highlanders (48º) por la izquierda.
Objectivos: sobrepasar la trinchera Zollern, luego la Hessian y prolongar el avance hasta la Regina.
No lo tuvieron fácil. Los informes previos hablaban de una primera línea desocupada, pero la noche previa ataque los alemanes volvieron a ocuparla en el sector frente a los Highlanders. El avance canadiense por su izquierda (5º y 8º batallón) fue bastante limpio y sin excesivas bajas, aunque el fuego en enfilada procedente del oeste (frente la 11ª división) les advirtió que los británicos no había logrado sobrepasar el reducto Zollern. Neutralizada la trinchera Zollern y con un centenar de prisioneros, los hombres de la 6º brigada prosiguieron hacia la trinchera Hessian donde se encontraron con que el 5º batallón a su derecha ya había ocupado su parte de la Hessian.
A las dos de la tarde los informes procedentes del 8º confirmaban que era imprescindible que los británicos neutralizasen el reducto Zollern ya que el fuego procedente de esa posición los estaba aniquilando. La distancia entre líneas no era muy amplia, pero los alemanes resistieron duramente hasta media tarde. Informado el mando de la toma de la Zollern/Fabeck, se hicieron los preparativos para asaltar la Regina.
La posterior cortina de fuego fue impresionante pero la resistencia alemana fue durísima. Los canadienses tuvieron que improvisar una nueva línea entre la que habían abandonado y la Regina. Los Highlanders resistieron en la nueva línea de frente hasta el alba del 28 cuando el 27ª de la 2ª división los relevó.
Las pérdidas habían sido muy duras para tanto poco terreno.
La trinchera Regina no caería hasta octubre durante la llamada batalla por los altos del Ancre (Ancre Heights).
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2 may 2014
Byng & Currie, o el triunfo de la táctica: Vimy Ridge, 1917
Mucho se ha escrito sobre las lecciones que proporcionó la 1a batalla del Somme (julio-noviembre 1916) en cuanto a táctica militar y lo mucho que sirvieron para conseguir la victoria final. La historiografía británica de entreguerras se encargó de elevar dichas enseñanzas a la categoría de mito a través de la teoría del aprendizaje progresivo. 'The learning curve', como así se bautizó el nuevo paradigma, explicaba la adopción de una serie de procedimientos y operaciones militares que permitieron la derrota de las potencias centrales en otoño de 1918. Discutir sobre la credibilidad de esa teoría o enzarzarse a defender las líneas revisionistas no es objeto de este humilde trabajo. Desearía matizar, sin embargo, la afirmación de que existe una línea ascendente de mejoría -sin solución de continuidad- desde la 1a batalla del Somme hasta la 2a segunda en agosto del 1918. No considero esta tesis del todo exacta.
Byng & Currie
Vimy Ridge proporcionó al 'fontanero' Byng un vizcondado y la estimación del pueblo canadiense, a Currie lo elevó a héroe nacional y a Canadá le proporcionó el orgullo y la dignidad patriótica necesaria para olvidar su estatuto de dominion y ganarse la categoría de nación. La batalla de la Colina 70, por su parte, elevó los métodos de Currie y su 'bite & hold' a dogma militar y, lo más importante, descubrió en él a un gran estratega.
Vimy ridge, 9-12 abril de 1917
En noviembre de 1916 el general Julian Byng recibió órdenes de preparar un ataque para la primavera siguiente en el sector norte de Arras como parte de un ataque global británico en todo el sector como cobertura a una ofensiva francesa de principios de mayo. La cobertura británica se conocería como la batalla de Arras (1917) y la ofensiva francesa sería la tristemente famosa batalla de Chemin de Dames u 'ofensiva Nivelle'. La parte reservada al contingente canadiense se denominaría la batalla de Vimy Ridge.
Preparación
Estudiados el terreno y la proyección del ataque, Byng & Currie decidieron aplicar gran parte de las conclusiones a las que habían llegado oficiales canadienses y británicos durante las clases recibidas de sus colegas en Verdun. Las reconquistas francesas en otoño y diciembre de 1916, así como las precedentes victorias alemanas en febrero-mayo del mismo año, habían puesto de relieve que cualquier avance debía ser muy veloz, realizado por pequeñas unidades de infantería cubiertas (antes y durante el ataque) de un certero y contundente fuego de artillería y con un alto grado de precisión para lo cual era imprescindible un conocimiento previo del terreno, de las líneas enemigas y de sus posiciones fortificadas en caso de haberlas.
Ejecución
El 9 de abril al romper el alba comenzó el ataque en toda la línea. El tiempo como los días precedentes no era muy halagüeño: ráfagas de viento helado y una nevada ligera pero contínua. Poco antes de las 5.00 de la mañana los cañones que habían estado aún martillenado las líneas enemigas callaron y recalibraron el tiro para la cortina de fuego que acompañaría las tropas de asalto, que se habían desplazado por los túneles hasta sus posiciones de salida por la tarde-noche del día anterior. Cada uno de los soldados llevaba un rifle con su bayoneta, munición (120 balas), dos granadas Mills, cinco sacos terreros, ración para dos días, una cantimplora de agua, una máscara de gas, unas gafas y una bengala. Todo fue calculado al milímetro: unos 20.000 solados saltaron a la Tierra de nadie a las 5.28 h., mientras segundos antes los ingenieros hicieron volar tres minas para asegurar el avance y descolocar a los alemanes. Al iniciar la cortina de fuego hicieron detonar otra media docena de cargas situadas estratégicamente bajo posiciones fortificadas. El recalibrado de la artillería pesada británica permitió castigar las defensas alemanas y lanzar numerosos proyectiles de gas en la línea defensiva alemana (la Zw¡schen Stellung) mientras la artillería canadiense ofreció una efectiva cobertura en cortina de fuego. A pesar del castigo, la defensa alemana aguantó el tipo y el fuego de ametralladora castigó mucho a los atacantes causando enormes bajas. Los partes canadienses hablan de que sobre las 6.30 h. la mayoría de los objetivos, unos 3/5 dicen, se habían logrado. Cierto, en parte.
Al día siguiente, 10, se retomaron los ataques con más fiereza. Se movilizaron algunas brigadas británicas como soporte, junto a alguna sección de tanques, y se prosiguió el avance en el sector de la 1a y 2a División canadiense.
Epílogo
Vimy Ridge permite hacer dos lecturas, una militar y otra política. Des de un punto de vista exclusivamente militar, la batalla fue un rotundo éxito con pocos precedentes en la historia bélica de la Primera Guerra Mundial. La cresta había estado en el punto de mira aliado desde 1914 y se había intentado reconquistarla infructuosamente en 1915 y 1916 con miles de pérdidas, primero francesas y luego británicas. Los canadienses tuvieron casi 11.000 bajas, muriendo finalmente unos 3.700 soldados. El precio fue alto, muy alto, como en toda la guerra a pesar de que la sensación de triunfo maquilló las pérdidas. Los mandos comenzaron a intuir en Vimy la luz al final del túnel. Los alemanes habían sido desalojados y vencidos en apenas cuatro días de una posición prácticamente inexpugnable e inconquistable que había costado decenas de miles de muertos durante los 3 o 4 años previos. La prensa y los mandos británicos y francés miraron hacia la magnífica sociedad de Byng & Currie y se preguntaron -por supuesto- cuál había sido la clave de un éxito tan rotundo en Vimy y un fracaso tan sangriento como el de Chemin des Dames. Poco tardaron las mentes pensantes y los jefes militares más clarividentes en darse cuenta que el factor más determinante había sido la mezcla de una preparación táctica impoluta y el empleo de la artillería en todo su potencial. Haig tomó nota, Pétain se reafirmó en lo que ya intuía y Foch pondría a la práctica las lecciones en el verano de 1918.
Lo de Vimy Ridge no fue una casualidad. Currie repitió éxito el agosto siguiente en la Colina 70. Con menos potencial artillero, pero con la misma minuciosidad y preparación, Currie -esta vez solo- aplicó los principios que habían guiado el triunfo de Vimy: preparación, minuciosidad, exquisita ejecución artillera y absoluto secretismo. Vimy abrió las puertas a Byng hacia su futuro vizcondado y el mando del IIIr ejército británico. Currie subió a los altares de la Patria canadiense, no sin antes limpiar cierto expediente por desfalco y superar numerosas zancadillas del premier canadiense Sam Hughes, el cual lo odiaría hasta el final de su vida por haber relegado a su hijo Garnet como mando militar de la CEF. La sociedad Byng & Currie puso en práctica algo ignoto en los campos de batalla de Francia o Flandes: sentido común, paciencia y una fe ciega en la victoria.
Fuentes
Morton, Desmond and J.L. Granatstein. Marching to Armageddon: Canadians and the Great War 1914-1919. Toronto: Lester & Orpen Dennys Ltd., 1989, pp. 138-143.
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23 nov 2010
Las tropas indígenas canadienses en la Gran Guerra

La primera guerra mundial fue un episodio traumático y demoledor para todas las naciones participantes. La 'edad de oro' europea, la civilización de las luces y de los descubrimientos científicos y técnicos se convirtió en un lejano recuerdo. Nada volvió a ser igual. La fragua del Dios de la guerra fue la tumba de tres imperios y el crisol de varias naciones. Para algunos de estos países fue algo más que un cesura histórica, resultó ser su 'puesta de largo' como protagonistas de un nuevo mundo global.
Australia, Nueva Zelanda o Canadá, antiguos dominions -colonias- pertenecientes al Imperio británico surgieron de las cenizas de la guerra con una identidad nacional reafirmada, propia de aquellos países madurados y bregados en los nuevos tiempos. Su 'costosa' participación les granjeó el respeto del mundo más allá del ancho paraguas de la Commonwealth. Incluso desde Londres, la visión paternalista hacia los dominios ultramarinos mutó hacia un reverencial respeto, cargado -obviamente- de orgullo
Canadá y la Canadian Expeditionary Force (CEF)
El caso canadiense fue paradigmático. Cuando estalló la guerra, Canadá decidió entrar en el conflicto sin dudarlo, igual que Australia y Nueva Zelanda. La 'raza británica' estaba en peligro y los indisolubles lazos de hermandad entre la metrópolis y las antiguas colonias eran más fuertes que nunca.
En 1914, los canadienses no estaban preparados para una guerra como la que se avecinaba. La milicia canadiense movilizada apenas llegaban a 60.000 hombres, y la mayoría de armamentos y pertrechos militares procedentes del Reino Unido no habían llegado todavía. Los mandos optaron por equipar a los nuevos soldados del preciso, aunque no siempre fiable, fusil Ross fabricado en Canadá. De entre los primeros 30.000 voluntarios establecidos en el campamento de Valcartier, a las afueras de Ottawa, algunos eran miembros de las tribus indígenas canadienses. Su admisión, sin embargo, en el recién creado Cuerpo Expedicionario Canadiense (Canadian Expeditionary Force, CEF) no fue nada sencilla.
Los recelos, un disfrazado 'paternalismo' y un arraigado sentimiento racista y de desprecio hacia las poblaciones autóctonas de algunos de los mandos del ejército canadiense, así como de la mayoría de políticos entorpecieron su entrada en la CEF. El pretexto oficial era que temían que los alemanes tratasen a los indígenes canadienses como a salvajes, como a hombres no civilizados.
La realidad de la nueva guerra industrial cambió el panorama. Para finales de setiembre ya había partido hacia Inglaterra la primera división canadiense, otra se estaba movilizando. Al poco se habían movilizado dos más, siendo cuatro las que se desplazaron a Francia. Juntamente con ellas cientos de artilleros, ingenieros o zapadores, y otras tropas auxiliares fueron al frente europeo.
La guerra seguía engullendo tropas y el ministro canadiense de defensa, el coronel Sam Hughes se comprometió con los aliados a formar a 16 divisiones en total. Para ello, Hughes decidió emplazar a un centenar de personajes ilustres e influyentes de la sociedad canadiense para que se encargasen de formar batallones en sus comunidades, regiones o grupos ètnicos. La CEF abría las puertas a la tropas indígenas canadienses. Al poco ya se habían constituido dos batallones compuestos exclusivamente de soldados indígenas. Los iroqueses y la tribu de las Seis naciones fueron dos de las comunidades indígenas más activas en la mobilización de sus miembros. En el caso de la nación iroquesa, una fuerte filiación histórica la ligaba a la corona británica, hasta el punto que apenas reconocía la realidad nacional canadiense, y aún menos su gobierno. Los iroqueses habían luchado junto a los ingleses contra los franceses hasta la Paz de Montreal en 1701 y se habían introducido en territorio canadiense para librar zonas de influencia francesa. Los iroqueses también lucharon contra las nuevas tropas estadounidenses durante la invasión en 1812. Otro caso fue el de los Inuits de la zona ártica, los mal denominados esquimales, con una nula adhesión a la causa británica o francesa. La corona británica vendió sus tierras en 1881 al gobierno del Canadá. El resto de comunidades padecieron también las políticas aislacionistas del Canadá, heredadas del imperio británico: enclaustramientos de las poblaciones indígenas en reservas, instaladas en tierras baldías o sin interés para la comunidades blancas. Junto a la institucionalización de sociedades nómadas con sus propios modelos de explotación natural (pesca, caza,...), las políticas canadienses hacia los indígenas consistieron en una asimilación total y una proactiva alienación cultural. Misioneros, maestros y otros elementos procedentes de la cultura europea fueron los instrumentos de la nueva política. A banda de las cuestiones de aniquilación cultural y social, las epidemias y enfermedades importadas por las poblaciones europeas diezmaron enormemente las sociedades indígenas. Por todo ello, la respuesta indígena hacia una guerra 'blanca' no fue masiva.
Batallones indígenas canadienses
Sólo los miembros de las tribus más asimiladas, principalmente iroqueses, respondieron a la llamada de las armas. También participaron los miembros de la tribu de las Seis naciones, que pidieron a las autoridades militares organizar el famoso batallón 114º, que llevaría el nombre de los Brock Ranger's. Finalmente, dos de las cuatro compañías del 114º estarían formadas exclusivamente por miembros de las Seis naciones, procedentes en su mayoría de las comunidades de Mohawk y Kanewahke en el Quebec. El emblema del 114º eran dos tomahawks cruzados.
La guerra, sin embargo, marcaba sus reglas y como la mayoría de batallones canadienses al llegar a Francia, las tropas indígenas del 114º fueron repartidas y esparcidas por los diferentes batallones de la CEF que requerían refuerzos. Otro emblemático batallón fue el 107º, al mando del teniente coronel Campbell. De sangre índigena, Campbell tenía la intención de reclutar 'cowboys e indios'. Cosa que realizó con éxito ya que fueron 962 voluntarios indígenas los que fueron a Inglaterra, superando incluso a los del 114º. El 107º consiguió, por otra parte, mantenerse más cohesionado ya que debido a la ausencia de zapadores o ingenieros, fue designado como el batallón de zapadores e ingenieros para la 3ª división canadiense en 1917, viviendo las cruentas experiencias de Vimy ridge y Passchendaele. De los territorios del norte de Ontario y de la Columbia surgieron otros dos renombrados batallones, el 52º llamado 'Bull moose batallion' o batallón del Arce y el 54º, el Kootenay
Los mandos canadienses mostraban un especial respeto por los soldados indígenas en el campo de batalla. Los solían describir como tropas fieras y valientes, aunque a la par desordenadas y poco atentas a la disciplina cuartelaria y militar.
Las cualidades de las tropas indígenas canadienses estaban determinadas por su 'modus vivendi' y su relación con el medio hostil. Destacaban sobretodo por ser excelentes exploradores y reputados tiradores de élite. Por ello, la mayoría se encontraban o bien en las compañías de reconocimiento o eran tiradores de élite. Ambas funciones permitían a los soldados una disciplina militar más relajada acorde con la costumbre de independencia de dichas tropas. Su perfecto cometido en este tipo de acciones levantaba la admiración de sus compañeros de unidad.
Héroes indígenas
Francis Pegahmagabow, quizás el soldado indígena canadiense más célebre, no sólo por sus hazañas bélicas sinó también por su propio talante como Ojibwa de la Primera nación, se alistó voluntario al inicio de la guerra. En el campo de entrenamiento de Valcartier se instaló con una tienda la cual decoró con todo tipo de simbología tribal y la piel de ciervo a modo de estandarte de su clan. Junto a la parafernalia clánica, cuenta que llevó un pequeño saco de hierbas medicinales preparado por una vieja anciana, que según él, le salvó la vida en más de una ocasión. Al finalizar la guerra, Pegahmamow 'Peg', había sido condecorado tres veces por haber matado más de 370 enemigos. Otro caso fue el de Henry Nor'west. Nor'west era un indígena de la tribu de los Cree. Sus compañeros, sin embargo, le pusieron el curioso mote de 'Ducky' al sumergir a una prostituta en una fuente de Londres. Nor'west mató a 115 enemigos confirmados. El 18 de agosto de 1918 una bala alemana lo mató
Las hazañas de los soldados indígenas tuvieron cierto reconocimiento, aunque muy pocos fueron ascendidos a grado de oficial, los pocos eran Mohawks
La dura posguerra
Las suspicacias entre los elementos europeos canadienses siguieron durante y después de la guerra. Los responsables del departamento canadiense para los asuntos 'indios' vieron en la guerra un medio para enrolar al mayor número de voluntarios indígenas con la ulterior esperanza de que éstos y sus tribus se asimilasen a los roles 'blancos' y dejasen un modo de vida que chocaba totalmente con los designios del gobierno canadiense que deseaba una total asimilación del elemento indígena. Los informes del departamento para asuntos indígenas concluyeron que de una población de más de 100.000 indígenas, apenas se enrolaron unos 3500.
La Gran guerra, sin embargo, no reportó beneficio alguno a las comunidades indígenas canadienses. Bien al contrario. Uno de los actos más execrables que cometió el departamento para asuntos indígenas fue la confiscación y compra ilegal de tierras propiedad de las comunidades indígenas con la excusa de repartirlas a los veteranos de guerra.
La ignominia fue doble. Según la Indian act de 1906, el gobierno canadiense prohibía a los indígenas ser poseedores de tierras allende de sus reservas, con lo que el soldado desmobilizado indígena no tenía derecho a ningún tipo de compensación en especie en forma de tierras.
El balance de la guerra fue absolutamente negativo para todos los soldados que participaron en la Primera Guerra Mundial. Para los indígenas candienses fue otra constatación más de la traición del hombre blanco.
Fuentes
- Gaffen, Fred. Forgotten soldiers. Ottawa : Thyetus books, 1985.
- Morton, Desmond. 'Les canadiens indigènes engagés dans la Prèmiere Guerre mondiale'. En Guerres mondiales et conflits contemporains, 2002, n. 230, pp. 37-49.
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11 abr 2008
Batalla de Passchendaele, julio-noviembre 1917
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22 mar 2008
Passchendaele (II): la batalla
Viene de: Passchendaele (I): Génesis
La Batalla
El nombre oficial de la batalla es la 3ª Batalla de Ypres, pero es universalmente conocida como la Batalla de Passchendaele porque la toma del pueblo de Passchendaele y su cresta (Passchendaele ridge) se convirtieron finalmente en los objetivos primordiales de la operación. La batalla comenzó el 31 de julio de 1917 con un ataque al nordeste en Pilckem y a la derecha sobre Gheluvelt ridge. Las tropas atacantes en el sector de Pilckem contaron con el apoyo masivo de tanques. Inicialmente el avance fue satisfactorio, pero desgraciadamente el flanco derecho fracasó en su intento de tomar Gheluvelt ridge.
Más tarde, a las cuatro de la tarde comenzó a llover. La lluvia se alargó varios días y por supuesto la tierra se inundó e hizo imposible el avance de los tanques.
Aunque Haig tenía el propósito original de una breve batalla para romper las líneas alemanas quedó de manifiesto que era imposible. A pesar de ello, Haig insistió en continuar las operaciones más al norte en la zona de Langemarck. El general Gough, seleccionado por su agresividad para llevar a cabo el principal ataque, advirtió a Haig sobre la imposibilidad de continuar y lo exhortó a suspender el ataque. Pero Haig inflexible como siempre ordenó continuar el ataque, a pesar de las terribles pérdidas. El ataque totalmente estéril se alargó tres semanas más hasta que decidió suspenderlo. Luego decidió canviar el eje del ataque, de norte a este, y para cuando el tiempo mejoró ordenó otra vez atacar la cresta. Haig decidió también sustituir a Gough por el general Plumer que se encargaría del siguiente ataque. Plumer, uno de los más astutos e inteligentes generales del estado mayor británico, era partidario de realizar ataques a pequeña escala bajo la cobertura de una intensa barrera de fuego que también desalentaría los contraataques alemanes. Esta estrategia conducía a acumular grandes cantidades de tropas en un frente muy estrecho, lo que facilitaba el relevo de las tropas exhaustas y el aprovisionamiento en víveres y munición. Las tropas avanzarían tras una cortina de fuego y quedarían ocultos y camuflados bajos el humo y el polvo de las explosiones. No obstante, estas previsiones quedarían en nada si la lluvia hacia acto de presencia y el terreno se convertía en un elemento viscoso e impracticable.
La Batalla de Menin Road del 20 de septiembre fue la primera de las tres famosas victorias que se consiguieron mediante el uso de las nuevas tácticas programadas por Plumer. Al alba del quinto día, después de cinco días de bombardeos ininterrumpidos, los ANZACS lanzaron un victorioso ataque con dos divisiones australianas en ambos flancos y una división escocesa a la izquierda para reforzar el flanco. Uno de los episodios más notorios de este ataque fue el que protagonizó el subteniente australiano Fred Birks. Birks lideró la heroica toma de una compañía de ametralladoras situada en una de las fortificaciones alemanas, eliminando el enemigo y capturando las armas. Después de esta acción organizó una partida para tomar otra de las fortificaciones que acabaron tomando 16 soldados enemigos, uno de ellos el oficial al mando. Birks murió al poco de una explosión de obus mientras cavaba unas trincheras para el refugio de su pelotón. Fue condecorado póstumamente con la Victoria Cross. Su cuerpo yace en el Perth Cemetery en Zillebeke (Tumba I.G.45).
Los australianos alcanzaron la parte baja de Polygon Wood y Black Watch Corner con un coste de 5.000 bajas. Fueron relevados, y el sector capturado consolidado a base de instalar una pequeña línea férrea que asegurase el envio de suministros a la nueva línea del frente. El 26 de septiembre continuó el buen tiempo y las condiciones del terreno aún eran óptimas para que la cortina de fuego de Plumer continuase y los Anzacs pudiesen continuar. La 4ª División australiana capturó el resto de la posición de Polygon y el Butte. Habían logrado alcanzar una posición desde la cual era posible atacar el grueso de la cresta de Broodseinde (Broodseinde ridge). La batalla de Broodseinde tuvo lugar al alba del 3 de octubre. Las tropas australianas que estaban a la espera de atacar fueron bombardeadas en sus propias trincheras por fuego de mortero enemigo, y cuando saltaron las trincheras para atacar se encontraron con la sorpresa de ver como las tropas alemanas utilizaban su propia barrera de fuego para avanzar hacia las posiciones australianas, curiosamente se encontraron frente a frente en medio de la Tierra de nadie. No obstante, los alemanes fueron finalmente rechazados por una carga australiana a bayoneta calada. En este punto, una ametralladora alemana comenzó a barrer las primeras filas australianas frenando parte del ataque. Entonces, el sargento Lewis McGee, armado sólo con un revólver, recorrió unos ochenta metros bajo las balas tomando al fin la ametralladora y reorganizando otra vez el ataque. McGee fue condecorado con la Victoria Cross por su destacado liderazgo. Desgraciadamente murió el 12 de octubre sin conocer su mención. Su cuerpo yace en el Tyne Cot Cemetery Grave No. XX.D.1.
Después de la carga australiana a la bayoneta, las tropas alemanas se retiraron a sus trincheras. Allí juntamente con otras tropas de reserva fueron machacadas por la artillería británica. Los australianos continuaron el avance bajo la barrera de fuego y consiguieron finalmente tomar la cresta de Broodseinde el 4 de octubre. Cuando las tropas australianas alcanzaron la cresta, vieron con meridiana claridad el dibujo de las líneas alemanas. El único obstaculo para la victoria era la localidad de Passchendaele situada al norte y que estaba fuertemente ocupada por los alemanes. Estas tres fantásticas victorias vindicaron la estrategia de Plumer de ir paso a paso, aunque fueron posibles porque el tiempo les concedió una tregua y el terreno estaba lo suficientemente seco como para permitir un avance. Al día siguiente, el 5 de octubre, comenzó a llover. No se trató de lluvias torrenciales, pero una lluvia constante que acababa calando hasta los huesos. Haig, animado por los tres éxitos, hizo caso omiso de la lluvia y decidió lanzar otro ataque contra los alemanes en la cresta de Passchendaele. Incluso advirtió a la caballería que estuviesen preparados para el ataque. Ordenó a los Anzacs tomar Passchendaele el 9 de octubre incluso cuando el viento y la lluvia habían levantado una tormenta terrible. La decisión de Haig fue una temeridad ya que las condiciones eran absolutamente adversas: los cinturones de alambradas no habían sido cortados y los alemanes habían reemplazado sus tropas exhaustas con unidades frescas de refuerzo resguardadas de las inclemencias del tiempo en sus fortificaciones de hormigón. La principal razón de la insistencia de Haig en proseguir el ataque fue el de evitar que sus tropas tuviesen que permanecer todo el invierno en un escenario dantesco, con condiciones climatológicas extremas, y sobretodo con la amenaza constante de estar a tiro de las posiciones alemanas sin cobertura.
Los australianos atacaron y en Augustus Wood, cerca de Tyne Cot, el capitán Clarence Jeffries, con un pelotón de asalto, en el ataque a una fortificación alemana, capturó cuatro ametralladoras e hizo 35 prisioneros. Asegurada la posición Jeffries condujo el ataque a la siguiente posición alemana pero cayó bajo las balas de una ametralladora alemana. Fue condecorado póstumamente con la VC y su tumba está en el cementerio de Tyne Cot, no muy lejos de la del sargento McGee. Según John Laffin, todos los oficiales del batallón murieron o cayeron heridos ese día.
De forma increíble, y mayormente a causa del valor del capitán Jeffries, veinte soldados australianos alcanzaron las ruinas de lo que en un tiempo fue la iglesia de Passchendaele. Desgraciadamente, las tropas británicas, desde el flanco derecho, fueron incapaces de sostener y apoyar a los australianos, que se vieron forzados a retirarse hacia los cráteres inundados de agua y barro que los obuses y las lluvias torrenciales crearon y que era su línea de frente original. La artillería británica no disponía de reservas de munición, y los pocos proyectiles que caían lo hacían hundiéndose en el fango viscoso convirtiéndose en inofensivas columnas de barro y agua. A pesar de todo ello, Haig decidió continuar el ataque, incluso cuando la lluvia y el gélido frío hicieron acto de presencia el 12 de octubre. El ataque estaba irremisiblemente condenado al fracaso. El mar viscoso de barro lo invadió todo e hizo que el sacrificio de las tropas fuese tan absurdo como inhumano.
Fue en este ataque cuando el sargento McGee murió. Los únicos objetos sólidos existentes en medio de este mar de barro salpicado de cráteres eran las fortificaciones de hormigón alemanas que con sus ametralladoras bajo la protección camuflada del fango causaban muchísimas bajas. El ataque costó 7.000 bajas. 3.200 soldados de la 3ª División australiana murieron sólo en 24 horas. Al final, las exhaustas tropas australianas fueron retiradas, pero Haig, patológicamente obsesionado con tomar Passchendaele, ordenó a los canadienses poner fin a la batalla. No obstante, el general canadiense Arthur Currie, uno de los pocos generales de Haig que conservaba el sentido común, rechazó rotundamente el avanzar hasta que las condiciones meteorológicas no mejorasen y que el aprovisionamiento de las tropas fuese el adecuado.
Finalmente, el 12 de noviembre los canadienses tomaron Passchendaele, o lo que quedaba de ella.
La batalla había acabado, y después de la misma se tomaron fotografías aéreas. Se estima que había más de medio millón de cráteres en la zona donde antes había estado el pueblo de Passchendaele. Esto era lo que Haig esperaba, que sus tropas pasasen ahí el invierno. Los resultados de la ofensiva fueron pírricos: no se cumplieron las previsiones de romper las líneas enemigas, y las pocas ganancias fueron a un precio altísimo en pérdidas humanas. Los británicos habían logrado su objetivo, aunque fue totalmente inútil en términos de planificación estratégica ya que el ataque anfibio contra Nieuport había sido abandonado y ya no había ningún tipo de esperanza de capturar los puertos alemanes, que fueron finalmente bloqueados con el hundimiento de viejos navíos en Zeebrugge.
La batalla de Passchendaele se cobró más de medio millón de muertos en tres meses. Los alemanes perdieron alrededor de 250.000 hombres y los británicos cerca de 300.000, de los cuales más de 36.000 eran australianos. Más de 90.000 cuerpos de soldados australianos o británicos no pudieron ser identificados, y alrededor de 40.000 jamás se recuperaron, morando para siempre en el espantoso cenagal. Muchos de los que se ahogaron eran heridos o soldados exhaustos que habían resbalado o caído de las pasarelas de madera que cruzaban los enormes cráteres o charcos creados por los obuses y que fueron incapaces de escapar del asqueroso y nauseabundo fango viscoso en que se había convertido el campo de batalla.
Passchendaele significó la última guerra de desgaste de la Gran Guerra, y todavía se mantiene en el recuerdo como una batalla inútil, igual que la del Somme un año antes. Las críticas radican, sobretodo, en el hecho de que pasado un año de la batalla del Somme, Passchendaele fuese una calca en cuanto a estrategia y tácticas, no tanto en armamento.
Las principales batallas u operaciones que forman parte de la gran batalla de Passchendaele son:
31 de julio. Batalla de Pilckem ridge
16-18 de agosto. Batalla de Langemarck
20-25 de septiembre. Batalla de Menin Road
26 de septiembre a 3 de octubre. Batalla de Polygon Wood.
4 de octubre. Batalla de Broodseinde
9 de octubre. Batalla de Poelcapelle
12 de octubre. 1ª Batalla de Passchendaele
26 de octubre a 10 de noviembre. 2ª Batalla de Passchendaele
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F. Xavier González Cuadra
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21 mar 2008
Passchendaele (I): Génesis
La batalla de Passchendaele, oficialmente 3ª batalla de Ypres, fue el nombre que recibieron las operaciones militares que tuvieron lugar de julio a noviembre de 1917 en el sector de Flandes y en las que se enfrentaron fuerzas aliadas (británicas, australianas, neozelandesas y sudafricanas) contra el ejército alemán.
Desde el principio de la Primera Guerra Mundial, el sector de Flandes fue una zona de contínuos enfrentamientos entre las fuerzas de la British Expeditionary Force y el ejército alemán. En 1915, durante la 2ª batalla de Ypres los alemanes lograron hacer retroceder al ejército británico hasta la ciudad de Ypres. Esta retirada británica hacia Ypres creó el llamado Saliente de Ypres que dejaba la ciudad y sus aledaños expuesta al fuego enemigo por tres flancos, dos laterales y uno frontal. La delicada situación del Saliente hizo que Ypres fuese gradualmente destruida por la artillería alemana. Ésta en parte situada en una cresta – Gheluvelt Plateau - al sureste del Saliente contaba con un privilegiadopunto de observación causaba gran número de bajas en el bando británico. A pesar de ello, Ypres continuó teniendo un papel vital como enclave o centro neurálgico para la logística y el avituallamiento del ejército británico, así como de amenaza contínua para las bases submarinas alemanas de Zeebrugge y Ostende en caso de ataque. El Estado mayor alemán también temía que una rotura del frente rompiese el cordón umbilical existente entre su línea de frente y el centro neurálgico del Rhur desde el cual se abastecían militarmente. Si los británicos lograban romper el Saliente y tomar Gheluvelt Plateau podrían girar al norte y hacer retroceder a los alemanes hasta la costa belga y capturar los puertos/base de Ostende y Zeebrugge al enemigo. Las posiciones alemanes serían flanqueadas y su complejo industrial en la zona del Ruhr estaría amenazado. Uno de los factores que más influyó en la decisión de planear un ataque fue la gran presión que ejerció el Almirantazgo británico. Jellicoe, Primer Lord del Almirantazgo, observaba con verdadero estupor e inquietud lo que sucedía en el Canal de la Mancha. Para el Almirantazgo, el principal objetivo del ataque era tomar los puertos belgas que servían de base a los submarinos alemanes. Los U-Boats alemanes operaban desde Zeebrugge con gran éxito. Haig, consciente de la gravedad de la situación, decidió organizar una ofensiva que rompiese el frente alemán, que creía estaba al borde del colapso - creencia errónea, al igual que un año antes con la sangrienta ofensiva del Somme. El primer ministro británico David Lloyd George se opuso desde un principio a la ofensiva en Flandes, aunque debido a la ausencia de alternativas creibles se vio obligado a acceder a los planes del mariscal Haig. Más tarde, en sus Memorias, criticaría muy duramente la estrategia y tácticas militares de Haig. En las últimas decisiones sobre la ofensiva, Haig se vio alentado por uno de los éxitos más rotundos de la guerra ese mismo verano, el 7 de junio, en Messines ridge, durante la batalla de Mesines se capturó la cresta de Messines-Wytschaete bajo el mando del general Plumer. El plan original de Haig contemplaba arremeter contra el norte y el este del Saliente (Gheluvelt Plateau), y en conjunción con un ataque anfibio en Nieuport capturar las posiciones elevadas de Passchendaele que eran la clave de todo el sector.
Como esperpéntico colofón, Haig había ideado lanzar un ataque de la caballería a campo abierto para barrer las fuerzas alemanas hacia la costa. Haig tenía la firme y "curiosa" creencia de que la caballería como tal tenía reservada un lugar en la guerra moderna, desgraciadamente era un hombre terriblemente tozudo con una falta total de imaginación que desconocía por completo el efecto del alambre de espinos, las ametralladoras, los obuses y los bombardeos aéreos en los indefensos y vulnerables caballos. Otra de las consecuencias previstas que tendría la ofensiva en Flandes sería atraer al frente divisiones de reserva alemanas y aliviar así la presión al ejército francés, que necesitaba tiempo para recuperarse de Verdun y de Chemin des dames y que lo habían llevado a episodios de amotinamiento y casi al colapso. En el desarrollo y desenlace de la batalla de Passchendaele tres factores tuvieron una importancia capital: el campo de batalla, las condiciones climatológicas y las defensas alemanas.
1. El campo de batalla
Para entender la naturaleza y las consecuencias de las batallas de Passchendaele de 1917 (12 y 26 de octubre, 6 de noviembre) es necesario e imprescindible estudiar y considerar el terreno sobre el cual se luchó. Éste aparece claramente en la British Army's Ordenance Survey Map, General Classification of Ground, datado en noviembre de 1917, referencia Zonnebeke, número de serie 28NE1. El mapa muestra claramente como la tierra y el terreno están divididos por un elemento topográfico como es la cresta de Passchendaele (Passchendaele ridge). A cada uno de los lados de la cresta había grandes áreas de tierras de pasto anegadas e interconectadas, recuperadas, ya que anteriormente era un cenagal. Las áreas anegadas se drenaron con canales. Este sistema de drenaje podía con todo menos con las lluvias torrenciales de las épocas lluviosas. Es obvio que este sistema de drenaje era muy susceptible a los daños por el fuego de artillería. Passchendaele ridge era el arco que sostenía unidas las defensas alemanas al nordeste de Flandes. Destruirlo significaba poner en peligro toda la estructura defensiva alemana en el norte, y sobretodo las rutas de aprovisionamiento alemanas tanto de armamento como de provisiones y pertrechos. El Saliente de Ypres estaba situado en una zona de pastos de cotas bajas y onduladas que habían sido recuperados a lo largo de los años de tierras pantanosas por un elaborado sistema de drenaje. Las pasarelas estaban prácticamente a nivel del agua, incluso en verano, y estas tierras ganadas al mar eran extremadamente vulnerables al fuego de artillería que destruiría irremisiblemente el sistema de drenaje.
2. Condiciones meteorológicas
En la planificación de la captura de Passchendaele ridge, el comandante en jefe de la British Expeditionary Force (BEF), el mariscal de campo Sir Douglas Haig y su cuartel general cometieron dos graves errores de juicio. Primero, su excesivo optimismo sobre las condiciones meteorólogicas en otoño de 1917 ya que fueron reiteradamente advertidos de las posibles lluvias torrenciales de otoño, así como de las de verano, pero imperó en todo momento un claro exceso de optimismo. Segundo error de cálculo, el bombardeo previo a la ofensiva, de diez días de duración, fue totalmente inapropiado si se tiene en cuenta la naturaleza del terreno, y por tanto los inevitables daños que producirían en el sistema de drenaje de los campos. Flandes era famosa y conocida por su clima húmedo y lluvioso que acostumbraba a comenzar a finales de otoño. El inicio de la ofensiva se planeó para julio, aprovechando la exitosa batalla de Messines en junio. Julio y agosto eran meses en los que la meteorología era extremadamente caprichosa, alternando jornadas absolutamente caniculares con lluvias intensas y torrenciales. Las medias de precipitaciones en agosto los últimos años eran de 8 mm., en agosto de 1917 se registraron 76 mm. en solo cuatro días. Haig no era precisamente un general afortunado. En este caso, se unieron diversos factores, las lluvias de otoño se anticiparon y fueron excepcionalmente abundantes y sobretodo el desastroso e impracticable estado en el que quedó el terreno después de la destrucción del sistema de drenaje por efecto del fuego artillero. La falta de gravilla, piedra o cualquier otro tipo de sustrato unido a los altos niveles de agua acumulada hicieron que el terreno se convirtiese en una inmensa esponja. Fue cuestión de poco tiempo que la zona se convirtiese en un inmenso barrizal de lodo y fango junto con enormes e infinitos cráteres llenos de agua y lodo, que en múltiples ocasiones fueron trampas mortales para aquellos que se introducían bien para cubrirse del fuego enemigo o por qué cayeron heridos. Passchendaele fue una batalla que se luchó desde los cráteres lodosos y traicioneros como trincheras en las que las lineas de comunicaciones eran pasarelas de madera muy peligrosas, desviarse o resbalarse podía significar el caer en una especie de arenas movedizas.
3. Defensas y fortificaciones alemanas
Los alemanes sabían de la importancia estratégica de Flandes y de allí la impresionante fortificación a lo largo de su línea de frente. La inteligencia militar británica tuvo fugas y los alemanes conocían de antemano el ataque inminente y habían tomado contramedidas con el mismo. No es coincidencia que cuatro días antes del ataque, los alemanes se retirasen de su línea hasta la cresta de Passchendaele (Passchendaele ridge). Luddendorf, ante las continuas advertencias, envió al sector de Flandes a su estratega el coronel von Lossberg. Lossberg ordenó mover a las tropas de las trincheras a la línea fortificada, diseñada para resistir fuego de artillería pesada. Este movimiento dejó una amplia zona de tierras enchardas entre la nueva linea de frente alemana y los británicos. Las nuevas posiciones alemanas, la línea Hindenburg, era un sistema defensivo con una profundidad de tres líneas. La última de estas tres estaba fuera del alcance de la artillería británica. Entre las tres líneas había amplios cordones de alambradas de espina, fortificaciones de hormigón o blocaos y nidos de ametralladoras. El diseño de los cinturos de alambradas de espino creaban un recorrido que conducía a los atacantes a zonas mortales sin salida que eran barridas por las ametralladoras alemanas y que la artillería castigaba incesantemente. (Aún hoy se pueden observar estas fortificaciones de hormigón alemanas en el cementerio de Tyne Cot. La gran cruz está construida encima de esta estructuras, y otro blocao situado a la izquierda de la entrada fue usada por los camilleros como su pequeño cuartel general durante el ataque a Passchendaele ridge. Tyne Cot fue llamado así por los soldados británicos procedentes de Tyne que veían en los establos y granjas al oeste de la carretera Broodseinde-Passchendaele una similitud con los cottages de su tierra natal.) Los alemanes habían desarrollado un efectivo sistema de contraataque tan pronto como fuesen desalojados de sus posiciones originales. Tenían tropas de reserva listas para este tipo de operaciones de contraataque, prestas para arrollar al exhausto enemigo una vez ocupase las desconocidas trincheras alemanas. La artillería alemana también estaba mejor preparada que la británica, tenía mayor alcance, mejor puntería y los proyectiles eran de mejor calidad. Disponían también del gas mostaza como arma secreta que lanzarían mediante proyectiles. Se trataba de un líquido que abrasaba la piel en caso de contacto y en la zona de evaporación del mismo el efecto en los ojos era desastroso, en el caso de inhalación sus efectos en el sistema respiratorio eran irreversibles. No se encontró ningún antidoto, y después de usarlo por primera vez en una cortina de fuego el 26 de julio de 1917, uno de cada seis hombres del Vº ejército británico causó baja!! Las tropas británicas preparadas para el ataque su artillería estaban bajo observación directa de los alemanes desde lo alto de la cresta. Este detalle permitió a la artillería germana afinar la puntería y causar un gran caos en los planes de Sir Douglas Haig que le hicieron retrasar dos días el ataque de la fecha original que era el 19 de julio.
Los factores orográficos y meteorológicos empeoraron debido a la insistencia de Haig por iniciar un bombardeo sobre las posiciones alemanas previo al ataque. Haig había sido advertido de las consecuencias de este bombardeo. Muchos proyectiles quedaron cortos lo que convirtió el campo de batalla en un cenagal impracticable. No obstante, el bombardeo preliminar de dos semanas fue tan duro e intenso que una prácticamente una división entera alemana abandonó el frente. Desgraciadamente, la artillería alemana quedó totalmente indemne y la artillería australiana sufrió graves pérdidas ya que estaba situada a campo abierto. En la batalla de Passchendaele (17 - 30 julio de 1917) el ejército británico lanzó aproximadamente 4.300.000 proyectiles.Los alemanes usaban variedad de proyectiles: explosivos, de gas mostaza y gases asfixiantes.
Continua en: Passchendaele(II): la batalla
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