27 ago 2008

A Footnote on the war (On Being Asked to Contribute to a Regimental History)

A Footnote on the war (On Being Asked to Contribute to a Regimental History)

A Lenten blackbird singing in the square
Has called me to my window, Thence one sees
Sunshine-pale shadows cast by leafless trees-
And houses washed with light. One hears out there
A Sunday-morning patter of pacing feet,
And Time, in drone of Traffic, drifting down the street.
When I was out in France, nine years ago,
The Front was doubly-damned with frost and snow:
Troops in the trenches cowered on the defensive,

While the smug Staff discussed the Spring Offensive.
Rest-camps, though regions where one wasn’t killed,
Were otherwise disgusting: how we hated
Those huts behind Chipilly! Drafts we drilled
Were under-sized arrivals from belated
Chunks of the population wrongly graded
As fit for active service. No one cursed
The weight of an equipment more than they did,
Poor souls! I almost think they were the worst
Soldiers who ever gulped battalion stew;
And how they fired their rifles no one knew.

We’d got a Doctor with a D.S.O.
And much unmedalled merit. In the line
Or out of it, he’d taught the troops to know
That shells, bombs, bullets, gas, or even a mine
Heaving green Earth Howard heaven, were things he took
For granted, and dismissed with one shrewd look.
No missile, as it seemed, could cause him harm.
So on he went past endless sick-parades;
Jabbed his inoculation in an arm;
Gave “medicine and duty” to all shades
Of uninfectious ailment. Thus his name
Acquired a most intense, though local fame.

Now here’s his letter lying on my table,
Reminding me that, by some freak of chance,
He sauntered through three years of gory France
Unshot. And now, as samply as he’s able,
He’s quietly undertaken to compile
His late battalion’s history. Every mile
They marched is safely store inside his head …
I visualize the philosophic smile
That mask his wounding memories of the dead.
He asked me to contribuye my small quota
Of reminiscente, What can I unbury? ….
Seven years have crowded past me since I wrote a
Word a war that left me far from merry.
And in those seven odd years I have erected
A barrier, that my soul might be protected
Against the invading ghosts of what I saw
In years when Murder wore the mask of Law.

Well-what’s the contribution I can send?
Turn back and read what I’ve already penned
So jauntily. There’s little left to say …
I’m not the man I was. Nine years have passed;
And though the legs that marched survive today,
My Fusiliering self has died away;
His active service came and went too fast.

He kept a diary. Reading what he wrote
Like some discreet ejecutor I find
The scribbled entries moribund-remote
From the once-living context of his mind.
He wrote as one who craved to leave behind
A vivid picture of his personality
Foredoomed to swift extinction. He’d no craft
To snare the authentic moments of reality;
His mind was posing to be photographed:
“If I should die”…. His notebook seldom laughed.

The distant Doctor asks me to report
That morning “when the Bosche attacked the Block”
When my detachment functioned to support
Some Cameronians who had “got the knock”...
Our own artillery fire was dropping short;
A sniper shot me through the neck; the shock
Is easy to remember. All the rest
Of what occurred that morning has gone west.
“The battle and the sunlight and the breeze;
Clouds blowing proud like banners;” lines like these
Were written in the way by many a poet
Whose words range false, although he didn’t know it.
The battle and the breeze were up that morning
For my detachment, staff and chilled and yawning,
When out from underground they swore and stumbled;
The sun shore bright; intense bombardments grumbled,
And from their concrete-nests machine-guns rattled-
In fact the whole Brigade war properly embattled.

But how can I co-ordinate this room-
Music on piano, pictures, shelves of books,
And Sunday morning peace-with him for whom
Nine years ago the World wore such wild looks?
How can my brain join up with the plutonian
Cartoon? … The trench, and a fair-haired Cameronian
Propped in his pool of blood while we were throwing
Bombs at invisible Saxons … War’s a mystery
Beyond my retrospection. And I’m going
Onward, away from that Battalion history
With all its expurgated dumps of dead:
And whats remains to say I leave unsaid.


Siegfried Sassoon, 1926


A finales de febrero de 1926, el poeta y escritor Siegfried Sassoon recibió una curiosa petición del Dr. James C. Dunn. El Dr. Dunn y Sassoon habían coincido durante la guerra, la Gran Guerra, en el 2º regimiento de los Royal Welch Fusiliers y debido a la relación que habían mantenido le pidió que como escritor y antiguo miembro del 2º regimiento le enviase algún fragmento, nota o trabajo sobre sus impresiones durante la Gran Guerra ya que estaba trabajando en una historia sobre el regimiento y compilaba testimonios y experiencias de oficiales y soldados que habían formado parte de la unidad durante la guerra.
Sassoon no le defraudó. Al cabo de unos meses le envió al Dr. Dunn una carta. En ella estaba el poema A Footnote on the war (On Being Asked to Contribute to a Regimental History.En un primer momento, Dunn se quedó sorprendido pero después de una atenta lectura entendió el sentido de aquello. El poema de Sassoon captaba en toda su intensidad, en su peculiar universo, todo o casi todo lo que había significado la guerra y su paso por el 2º regimiento de los RWF. Consciente de la labor de Dunn, acabó enviándole un pliegue de páginas en el que narraba sus impresiones y experiencias de forma que éstas pudiesen entrar a formar parte de la obra del capitán James C. Dunn como un capítulo aparte, como así fue.
A Footnote on the war no pasará a los anales de la literatura como una de las composiciones más logradas de Sassoon. Sin embargo, tiene la virtud de ser una declaración en toda regla de aquello que pensaba sobre lo que había significado la guerra. Excepto una de las estrofas dedicada a la figura del Dr. Dunn, el resto destila un explícito y arraigado desprecio sobre el porqué del conflicto y los que lo gestionaron, es decir la casta militar, en este caso la británica; a la que define como smug Staff. Sassoon se mostró abiertamente contrario a proseguir una guerra que creía que se prolongaba por motivos no bélicos o legalmente justos. Esta creencia y su exposición pública estuvo a punto de costarle un tribunal de guerra por derrotismo, pero las argucias de su compañero de letras y amigo Robert Graves y su posterior internamiento en el sanatorio escocés de Craiglockhart lo apartaron del ojo del huracán de la opinión pública.
El resto de su poemario de guerra se caracteriza por una fina ironía aderezada con una afilada acidez hacia el sentido final de la guerra. Sassoon no es pacifista, sólo que no comulga con el mantenimiento de un estado de guerra y barbarie injustificado y que sacrifica a inocentes por el bien de no sabe qué. Y A Footnote on the war es quizás un punto de partida para entender su anterior obra sobre la guerra. El lector de Sassoon encontrará en este poema sus temas más recurrentes: desprecio por una casta militar arrogante y pagada de si misma, la inocencia ciega de los nuevos reclutas, el sacrificio inútil por una causa vacía, el detalle morboso de la muerte, la comunión entre barbarie y naturaleza, la fría descripción del combate y sobretodo una marcada amargura por el hecho de haber sido testigo de unos hechos que no ha podido evitar. La poesía de guerra de Siegfried Sassoon está considerada sino la mejor, de las más realistas y quizás la que mejor funde el hecho bélico con la condición humana.
A Footnote on the war es un divertimento, y como tal no tiene o no busca ni la refinada métrica ni el precioso estilismo, es solo un ejercicio literario y un guiño al Dr. Dunn. La complicidad entre ambos no evita que Sassoon le transmita en el poema que prefiere no recordar algunos hechos, y que el olvido de estos es pura prevención sentimental hacia su alma torturada por la guerra. Sassoon le confiesa que en un momento determinado ha decidido comenzar a olvidar y que el mero ejercicio de recordar su paso por la guerra le atrae fantasmas medio enterrados. A pesar de la mundanidad de algunos de los versos, A Footnote ... es también una confesión de lo que acabó pensando de la guerra: War's a mistery beyond my retrospection.

23 ago 2008

The First World War de John Keegan (II)

Viene de: The First World War de John Keegan

Sorprende también la descripción que hace John Keegan de Philippe Pétain. En primer lugar, lo acusa reiteradas veces de ser uno de los militares franceses que menos se conmovía por las bajas. Extraño ya que es de sobras conocida la gran preocupación que embargaba a Pétain por el escalofríante número de bajas francesas, sobretodo durante la batalla de Verdun y el posterior desastre de Chemin de Dames. Es difícil entender esta afirmación ya que es legendaria la admiración que despertaba entre la tropa, y tal admiración no hubiese sido posible de ser un carnicero como otros mandos de l’Armée. Segundamente, acusa –creo injustificadamente- a Pétain de derrotista y de poco proclive a ayudar a la BEF en el episodio de la batalla de Passchendaele, cuando de sobras es conocida la situación por la que pasaba l'Armée en la primavera-verano de 1917. Respecto a otras cuestiones de fondo, es significativa la forma en la que el prestigioso historiador pasa por el tema de la responsabilidad de los mandos británicos en la conducción de la guerra. Keegan reconoce que, en muchos aspectos, ésta fue un desastre y que el número de bajas aliadas fue escalofríante. Sin embargo, niega rotundamente la tesis de los leones conducidos por asnos y acusa duramente a los defensores de la misma. Les recrimina el hecho de querer negar la implicación de la oficialidad y los mandos en el campo de batalla. Para refutar esta opinión aporta datos y estadísticas de oficiales muertos en el campo de batalla y los confronta con datos de la Segunda Guerra Mundial. De igual forma, y con el mismo objetivo, exime casi totalmente a la alta oficialidad de la desastrosa conducción de las batallas y lo argumenta en base a diversos factores: la pésima condición de las comunicaciones una vez iniciadas las operaciones militares, el caos generado por el desorden de regimientos, y sobretodo por la ausencia absoluta de delegación de toma de decisiones una vez iniciada la batalla. Resulta sorprendente que siga sin reconocer, al menos de forma abierta, que la organización, gestión y estrategia de las operaciones militares del ejército alemán eran mejores que en el bando aliado, y por extensión que en el ejército británico. En este punto, hay que reconocer que el libro de John Mosier The Myth of the Great War acerca o expone de forma muy clara cúales eran los déficits de la maquinaria bélica aliada.
El libro de Keegan, a pesar de su enorme calidad, tiene otras dos grandes lagunas: el análisis de la guerra aérea y el escenario naval. En el primero de ellos, las referencias son casi nulas. Esta faceta de la guerra apenas ocupa una página y media. Quizás con esta breve referencia el autor quiera revelar que la guerra aérea no tuvo una gran trascendencia para el desarrollo de la guerra. De hecho, al final del libro, el historiador británico confiesa que el papel de la aviación es más que marginal en el desarrollo del conflicto. Es probable que Keegan haya decidido obviar este capítulo por el carácter elitista de la aviación durante la Primera Guerra Mundial.
Su análisis de la cuestión naval no es mucho más amplio. Se centra en los primeros actos de la guerra naval con la batalla de Coronel, la posterior eliminación de la flotilla de Von Spee, el corso del Emden y algún que otro episodio esporádico. Keegan, como buen historiador británico y fiel a su tradición historiográfica, emplea algunas páginas para esclarecer la dicotomía Jutlandia, o lo que es lo mismo: quién la ganó? Los británicos o alemanes? Él lo tiene clarísimo, la victoria fue para Gran Bretaña. Aún así, considera que la excesiva prudencia de Jellicoe privó a los británicos de una victoria más contundente y definitiva. Además, para subestimar, presumiblemente, el papel de la Hoch See Flotte, no se olvida de mencionar la fortuna que acompañó a Scheer en alguna de sus maniobras. Para Keegan, el apartado estadístico sobre las bajas, los buques y toneladas hundidas son cuestión secundaria. Mención aparte merece el capítulo o espacio que se dedica a la batalla de Passchendaele. Es una sinfonía, desde los primeros acordes hasta el final. La descripción de la misma, no tanto todos los contenidos –en los que difiero en algún punto-, son el modelo de lo que debería ser la explicación de una ofensiva de estas características: preparativos militares y políticos, situación del escenario y de los contendientes, breve detalle de las unidades y algunas de sus posiciones, cronología de los hechos, fases y desarrollo de la batalla, resultados de la misma por horas o días, número de bajas, testimonios de algunos de los implicados, etc. y todo ello aderezado con un estilo narrativo sencillo pero que atrapa el lector y lo traslada al campo de batalla o a los gabinetes, así como a los puestos de enlace. En resumen, extraordinario, un placer.
La parte final de la obra es, sin duda, la más lograda. Keegan consigue introducir perfectamente al lector en algunos de los capítulos más densos de las últimas fases de la guerra, como por ejemplo los prolegómenos y posterior desarrollo de la revolución rusa, la guerra civil finlandesa, los últimos momentos de la dinastía Hohenzollern en el poder, el papel del ejército en los acontecimientos en Alemania a finales de la guerra y a inicios de 1919, etc. Las últimas setenta y cinco páginas del libro son las que, sin duda, revestían más dificultad a la hora de sintetizar, pero Keegan lo resuelve de forma soberbia. La opinión del lector puede, o no, ser convergente con la del autor pero el excelente ejercicio de Keegan lo sitúa entre los mejores divulgadores de la Gran Guerra a nivel Mundial.
La First World War de Keegan es una síntesis histórica sensu stricto, es el paradigma de lo que debe ser monografía sobre un acontecimiento histórico concreto. Como tal, cumple perfectamente las expectativas e incluso raya la excelencia. Pero siempre hay algo que aleja a las grandes obras del Olimpo. Aunque ese Olimpo sea el mío. Y es que Keegan, a mi humilde entender, adolece de algunos de los tics que acompañan de forma casi unánime al historiador militar británico o lo que lo mismo: desprecio casi absoluto por el ejército francés y sus mandos; nula o casi inexistente mención a la superioridad militar alemana en técnicas, armamento, estrategia, organización y ejecución de las ofensivas y operaciones terrestres. Y cuando lo hace, es contraponiendo esta superioridad alemana a los ejércitos de menor valor militar como el italiano o rumano, o en el caso del ruso después del desmoronamiento del mismo en 1917. Keegan es el fiel reflejo – al menos en este libro - de esa escuela historiográfica británica que niega por encima de todo la incapacidad, incompetencia e inoperancia de la mayoría de miembros del Alto mando británico en la conducción militar de la Gran Guerra. Para el autor, la desastrosa gestión militar es debida casi siempre a cuestiones técnicas, organizativas, etc. pero prácticamente nunca por la incapacidad de los mandos. Curioso. Sin embargo, y a pesar de estos detalles, la obra de John Keegan es excepcional, tanto por concepción como por resultado. Y merece por méritos propios un lugar de honor en el panteón de las obras generales dedicadas a la Primera Guerra Mundial.
Imprescindible.

18 ago 2008

The famous 4 days retreat from Mons de Fortunino Matania


La famosa retirada de los cuatro días de Mons o de cómo los heridos ayudaron a los heridos entre Le Cateau y Landrecies. Dibujo de Fortunino Matania publicado en 1916 para The Sphere.
El dramatismo, la épica, el valor, la camaradería y el coraje son los ingredientes con los que Matania describe perfectamente al público inglés la batalla de Le Cateau, que permanecerá como uno de los episodios más honrosos de la historia militar británica, muy a pesar de los resultados reales. La composición del cuadro muestra a un pequeño grupo de soldados británicos y escoceses, algunos de ellos gravemente heridos, que se retiran de forma trágica debido al empuje alemán. Las caras y gestos de sufrimiento se alternan con muestras de serenidad y camaradería donde los ilesos o menos heridos ayudan a los que están gravemente heridos. El pathos de la escena se combina perfectamente con una enorme y profusión de detalles. Se cree que Matania no estuvo en ningún momento en este trance del ejército británico y parece que el cuadro y la situación real está muy teatralizada, pero el nivel de realismo que emana le otorga un alto grado de épica que es lo acababa llegando a la población civil.
No cabe duda de que Fortunino Matania es un de los artistas que mejor dibujaron la guerra y lo que representó.

17 ago 2008

Chasseur alpin de Georges Scott

Dibujo de Georges Scott de un chasseur alpin francés para la Illustration de 1915.

16 ago 2008

Fortunino Matania (1881-1963)

Entrada de Fortunio Matania en la Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa-Calpe


Dibujante y ilustrador italiano.
De vocación precoz, su principal e único maestro fue su propio padre, Eduardo, que le enseñó las principales técnicas, siendo el estudio de su padre su única escuela de dibujo y pintura. La creencia popular le adjudica su primer trabajo a los 9 años cuando colaboró con su padre en la elaboración de un anuncio de jabones. En 1892 expuso algunos de sus trabajos en la Academia napolitana. Su primer trabajo de ilustración constrastado se situa en 1895, cuando con 14 años realiza, juntamente con su padre unos dibujos para un libro de temática histórica. A partir de ese año 1895 y hasta 1902 formó parte de la publicación milanesa Illustrazione italiana, en la que publicaba semanalmente sus ilustraciones y dibujos.
Su trabajo comenzaba a traspasar fronteras y en 1902, la publicación Illustration Française lo llamó para entrar a formar parte de su equipo. Esta misma publicación le encarga cubrir en Londres la coronación de Edward II para la revista británica The Graphic. Una vez allí decidió establecerse, pero al cabo de tres años en Inglaterra tuvo que volver a su país para realizar el servicio de militar. Una vez finalizado, y de vuelta a las Islas Británicas, la publicación The Sphere decide contratarlo. Sus trabajos le van proporcionando admiradores, uno de ellos el rey George V, que decide contar con sus servicios como dibujante e ilustrador para su visita por la India en 1911.
1914. Estalla la guerra. The Sphere le encarga que cubra el conflicto casi de forma exclusiva. Matania no decepcionó. Publicó semanalmente, sus dibujos aparecían muy a menudo en la portada de la publicación, o ocupaban doble página en el cuerpo central de la revista. Su fama se acrecentó de forma exponencial ya que millones de personas se formaron una imagen de la guerra y de lo que allí acontecía gracias a las ilustraciones de Matania. El realismo con el que detallaba los principales acontecimientos o episodios de la guerra le valieron un meritorio lugar entre los dibujantes de la época. Pero no sólo publicó en The Sphere, sus ilustraciones fueron vendidas al Illustrated London News y a l’Illustration entre otras.
El principal mérito de Matania reside en trasladar la crudeza y la miseria de la guerra, pero también transmitirá una imagen humana y cercana de aquellos que están en el frente al público general. Éste verá la guerra a través de las ilustraciones de los dibujantes, y en este caso, el extremo realismo de Matania es uno de los intermediarios más autorizados, ya que a parte de su papel como ilustrador para una de la publicaciones más prestigiadas de la Gran Bretaña, el Ministerio de propaganda británico lo contrata para que realice periódicamente visitas al frente occidental e informe a través de sus ilustraciones. Incluso algunos de los regimientos del ejército británico le encomendarán algunos trabajos. Fortunino Matania recibirá la consideración de artista de guerra en toda la acepción de la palabra ya que visitó numerosas veces el frente, lo que le permitió observar de primera mano la situación vivida por los soldados y sobretodo charlar con ellos, lo que le permitiría tener una visión más completa del drama que allí se vivía. Ninguno de los ingredientes que fue recogiendo se quedó en el tintero, los acabaría plasmando de alguna manera en sus dibujos: la agonía, la tensión, la crueldad, e incluso lo humano de la guerra. Matania, sin embargo, no era omnipresente y cuando tenía que dibujar algún acontecimiento en el que no había estado presente, las fotografías, los testimonios y los datos de primera mano de los protagonistas le proporcionaban la información suficiente. Sus ilustraciones son ante todo conmovedoras. En su tiempo reflejaron una heroicidad y unos valores que hoy día son observados como escenas de una de una épica casi imposible. A pesar de la crueldad de la Gran Guerra, las ilustraciones de Matania nos la presentan como la última guerra romántica.
Es muy frecuente describir a Fortunino Matania de fotógrafo plástico ya que sus ilustraciones muestran tal realidad y profusión de detalles que una cámara fotográfica no podía captar.
Después de la Gran Guerra, colaboró durante casi veinte años para la publicación Britannia and Eve, de 1929 a 1948. Trabajó asiduamente para proyectos publicitarios y editoriales en los que sus dibujos de temas bíblicos y de la Antigüedad clásica alcanzaron gran renombre. Su fama llegó a oídos del cineasta Cecil B. DeMille. Éste lo contrató para que realizara algunas de las ilustraciones de los paisajes que acabaron apareciendo en alguna de sus películas, como por ejemplo Los Diez Mandamientos de 1959. Entre otros proyectos de Fortunino Matania figuran su trabajo para la publicación Look and Learn o algunos dibujos publicitarios para Burberry.
Sin embargo, Matania pasará a la posteridad por sus trabajos para la revista The Sphere y su cobertura ilustrada de la Gran Guerra.

12 ago 2008

The First World War de John Keegan


Keegan, John. The First World War. London : Hutchinson, 1998


Que John Keegan es un reputado y prestigioso historiador militar británico no lo niega nadie, que su obra en conjunto supone una importante contribución al mundo de la historiografía militar tampoco y que algunas de sus opiniones sobre diferentes aspectos de la historia militar han generado encendidas y polémicas discusiones no pasan a nadie inadvertidas. Por todo ello y más, el análisis de su obra "The First World War" cobra un especial interés. Los especialistas en el campo de la historia militar de la Gran Guerra afirman sin tapujos que las tres mejores síntesis sobre la Primera Guerra Mundial son británicas: The First World War de Hew Strachan, The First World War de David Stevenson y la reseñada The First World War de John Keegan.
La obra de Keegan parte y está estructurada como un análisis general del conflicto. A pesar de ello, el autor se sumerge a menudo en especificidades o análisis profundos que aportan ese plus que otras obras más generalistas dejan en el tintero. Estas huidas hacia adelante son numerosas, como por ejemplo, el estado del ejército ruso antes de la Gran Guerra, la idiosincrasia del ejército italiano, el análisis del frente occidental a través de la topografía y la orografía de los casi ochocientos kilómetros de línea de frente e incluso se atreve a expresar su opinión sobre el polémico tema de los altos mandos durante el conflicto. La exposición de los contenidos sigue un hilo cronológico en ocho capítulos, ya que el primero y el último son prólogo y epílogo. La estructura o sumario del libro de Keegan es el siguiente:

0. Prólogo. Una tragedia europea
1. La crisis de 1914
2. La batalla de las fronteras
3. Victoria y derrota en el este
4. Callejón sin salida
5. Más allá del Frente occidental
6. El año de la batallas (1916)
7. La descomposición de los ejércitos (1917)
8. América y el Armageddon (1918)
9. Epílogo

Keegan disecciona perfectamente la Gran Guerra y no deja apenas escenario bélico sin comentar. De entre los frentes minoritarios, tienen especial consideración la guerra en África, el frente caucásico y el frente mesopotámico. Detalla con especial maestría, en cuanto a síntesis, la cuestión del Cáucaso y los factores que llevaron al fracaso turco en la misma. De igual forma, la disección del régimen otomano en la antesala de la guerra está muy bien trenada. Aunque la intencionalidad, confesada, del autor es acercar este conflicto al gran público, no deja de lanzar guiños al público no profano. Uno de esos guiños es el claro alineamiento de Keegan a favor de los Altos mandos aliados en general. Aunque no se centra en la figura de Haig, como ha hecho en otros textos o libros, sí carga las tintas contra un Lloyd George al que le dedica algunas flores como desleal o egocéntrico. En pocas palabras, expone sus tesis mediante la técnica al negativo.
El estilo narrativo de Keegan es sencillo, su visión lúcida y su expresión clara. No se prodiga en florituras estilísticas, aunque se le agradecen las numerosas inclusiones de testimonios, declaraciones y fragmentos de diarios que ilustran a la perfección la narración histórica. La bibliografía es extensa, comentada y especializada. Sin embargo, este apartado me ha planteado algún inconveniente. La consulta de las notas bibliográficas no es cómoda ya que éstas se encuentran ordenadas por capítulos al final del libro, por lo que si se quieren consultar hay que ir desplazándose en todo momento a las últimas páginas del libro. Considero que en una obra de estas características es más cómodo para el lector que las notas consten a pie de página. El apartado gráfico tampoco no es otro de los fuertes del libro, aunque los pocos mapas que aparecen son muy correctos y claros.
Desde el punto de vista no formal, la obra de Keegan adolece de algunas, a mi parecer, derivas innecesarias o no del todo afinadas. El historiador británico incurre inevitablemente en una anglofília no exagerada, pero que en momentos le permiten expresar una posición ponderada sobre alguno de los frentes. La batalla del Somme es un ejemplo, Keegan expone el desastre sin paliativos, sin máscaras, pero aún así lo envuelve de una trágica épica de lo inevitable. Aún así, en ningún momento ninguna de sus afirmaciones salpica los más mínimo hacia los responsables últimos de la planificación de la batalla. El desastre lo justifica por la sólidas fortificaciones alemanas, por la no destrucción de los cinturones de alambradas, etc. Sorprende.

Continúa en: The First World War de John Keegan (II)

6 ago 2008

La Gran Guerra. Foro sobre todo lo relacionado con la Primera Guerra Mundial.

http://www.granguerra.crearforo.com/index.php
(revisado 7 de agosto de 2008)



El Foro de la Gran Guerra es de los pocos oasis que existen en el desierto insondable de conocimientos sobre la Primera Guerra Mundial en lengua castellana. Este recurso es lo que se considera hoy en día un rara avis en toda la acepción positiva del concepto. El Foro de La Gran Guerra - en adelante FGG - es un raro espécimen dentro de la fauna cibernética en lengua castellana. El porqué de su carácter único se debe a tres motivos. En primer lugar porque es un portal especializado exclusivamente en la Primera Guerra Mundial cuando éste es un acontecimiento histórico considerado de segunda división y que además está proscrito por las nuevas olas de la historiografía de lo contemporáneo. La segunda de las particularidades o rarezas del FGG no es tanto su lengua vehicular, la castellana, sino su procedencia intelectual. Este foro no surge de ninguno de los países o ámbitos geográficos que se vieron, en su momento, envueltos en el conflicto. La comunidad hispánica y los miembros de la llamada Ibero o Hispanoamérica no se vieron involucrados bélicamente en la Gran Guerra, aunque sí de forma colateral. Sin embargo, la principal característica que identifica y singulariza el FGG es, por encima de todo, su excelente calidad. El Foro La Gran Guerra es un espacio de intercambio intelectual sobre la Primera Guerra Mundial en el que las discusiones vienen precedidas de elaborados artículos que sitúan al lector y al miembro en condiciones óptimas para participar en la discusión de una forma amena pero con una base previa de alta calidad. La gran mayoría de las contribuciones y comentarios de los miembros del Foro muestran un gran dominio del tema o de la especialidad sobre la que hablan. Otro de los logros del FGG es el de aglutinar y dar respuesta a la enorme complejidad temática y sectorial que supuso un fenómeno histórico como la Primera Guerra Mundial. Las personas que idearon y fundaron el Foro tuvieron el enorme acierto de estructurar el conocimiento en pequeños subforos que estuviesen dedicados a las diferentes parcelas que afectan a la Gran Guerra,desde todos sus puntos y perspectivas. Éstas abarcan desde el análisis de la bibliografía existente, la relación de la Gran Guerra con las diferentes facetas del arte (pintura, literatura, música), los artistas y su relación con el conflicto, los principales escenarios bélicos (frente occidental, oriental, mesopotámico en su ámbito terrestre), la guerra naval y aérea, el análisis minucioso de los diferentes ejércitos contendientes, el mundo del armamento y las nuevas tecnologías aplicadas a la guerra, el mundo de la falerística y la condecoración, los uniformes, los principales personajes, militares y civiles, los vehículos, y un largo etcétera que no deja apenas ningún resquicio para no haya tema sobre la Gran Guerra que no sea tratado.


Una de las principales señas que indican que un Foro goza de buena salud es la renovación y evolución hacia nuevos horizontes. En este punto el FGG goza de una salud inmejorable. Los miembros y la propia administración del Foro rivalizan en proponer nuevas propuestas y nuevos retos. De forma periódica se crean nuevos subforos y se convocan concursos de artículos que contribuyen a la participación de sus miembros. Una de las características que otorga la categoría de excelencia al Foro es su apartado gráfico. El esmero, el dominio de la técnica, el detalle y sobretodo la fidelidad histórica con la que se realizan las tareas de grafismo en el Foro son de una de calidad sobresaliente rayando el trabajo de orfebre artesano. Por todo ello, el Foro de La Gran Guerra es un lugar de visita y estancia obligada. No en vano, el Foro de La Gran Guerra con sus más de dos años de vida se ha convertido en un lugar de referencia y peregrinación para toda aquella persona, profana o no, que desee ampliar sus conocimientos sobre la Primera Guerra Mundial.

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