2 ago 2008

August von Mackensen (1869-1945)(II): la Gran Guerra


Al inicio de la Primera Guerra Mundial y al mando del XVIIº cuerpo como parte integrante del VIIIº ejército comandado por el general von Prittwitz y luego por el general von Hindenburg estuvo en las batallas de Gumbinnen y Tannenberg en el frente oriental. Von Mackensen estableció su cuartel general el 7 de agosto en Deutsch-Eylau y más tarde lo trasladó a Darkehnem. El 19 de agosto tuvo una entrevista con von Prittwitz. Éste le informó que las tropas rusas comandadas por Rennenkampf se aproximaban por el nordeste. Al día siguiente, se ordenó el ataque. El día 20 de agosto, von François y von Below, situados en los flancos, lograron batir a los rusos. Pero von Mackensen, en el centro, se encontró con una fiera resistencia que no pudo superar. En Gumbinnen, la insuficiente preparación artillera dejó intactas las defensas rusas lo que permitió que los alemanes tuviesen graves pérdidas bajo el fuego de fusilería rusa. Las pérdidas fueron de aproximadamente 200 oficiales, 9.000 soldados y unos 1.000 prisioneros. Aún así, una acción temeraria de la artillería permitió que la retirada de la infantería fuese menos sangrienta. La artillería rusa por su parte dio cuenta de las posiciones del estado mayor del XVIIº lo que obligó a evacuarlo a todo prisa, von Mackensen incluido. Al final de la jornada el balance era muy negativo. Las tropas de von Mackensen habían tenido más de un tercio de bajas entre heridos y prisioneros. Gumbinnen fue desastre para Alemania y para von Mackensen. Pero éste no se dejó amedrentar y pronunció esta pequeña arenga:
"Con ardoroso y valiente empeño habéis llevado a luchar al XVIIº. El heroico ataque de las tropas y especialmente de la infantería se ha visto frenado por las imponentes y bien defendidas posiciones rusas. No obstante, todo soldado que fue a la lucha llevó consigo el orgullo del deber y de luchar hasta el final. Daré cuenta de esto a su Majestad el Emperador. Agradezco infinitamente a todos los oficiales y tropas el haber mostrado lo mejor de la mentalidad prusiana. Los numerosos compañeros muertos en el campo de batalla como héroes por el Rey y por la Patria nos sobrevivirán como modelos de la mentalidad militar prusiana. Por lo que nos depare el futuro, por su Majestad el Emperador y Rey. Hurra !"
Aparte de este contratiempo, llegaron al Cuartel general del VIIIº ejército notícias de los movimientos de las tropas rusas mandadas por Samsonov. Éstas estaban girando hacia el norte por detrás de las tropas alemanas que estaban frente a las de Rennenkampf, por lo que von Prittwitz temió un movimiento de tenaza entre ambos ejércitos. Ante esta situación, von Prittwitz decidió informar al OHL de su decisión de retirarse detrás del Vístula dejando atrás Dantzig. Los rusos, y especialmente el Gran Duque Nicolai, a petición de los franceses habían acelerado al máximo su mobilización, concentración de tropas e inicio de las operaciones bélicas. Las notícias de la derrota provocaron preocupación en el Alto mando y presagiaron cambios en la dirección de la guerra en el frente oriental. El día 23 de agosto llegaban a la Prusia oriental Hindenburg y Ludendorff para reemplazar a von Prittwitz y al general Groener, su jefe de estado mayor. Después del relevo de mandos, el 22 de agosto por la tarde el coronel Hoffmann presentó las maniobras que aprobaron los nuevos jefes y que acabó en la impresionante victoria de Tannenberg con el posterior hundimiento y destrucción del ejército de Samsonov y la retirada del ejército de Rennenkampf más allá de tierras prusianas. Las tropas de von Mackensen jugaron un papel decisivo en la batalla de Tannenberg.
A pesar de la contundente derrota, los rusos se recuperaron y atrincheraron en las posiciones de repliegue, lo que dió inicio a la guerra de trincheras en el frente oriental. Para romper el frente ruso, el Alto mando creó el IXº ejército que se asignó a von Mackensen. Von Mackensen decidió empujar en dirección a Varsovia, y durante los meses de octubre y noviembre de 1914 estuvo luchando en la denominada batalla de Varsovia. Por su papel en la defensa de la ciudad de Lodz le fue concedida la Pour le Mérite el 27 de noviembre de 1914. Después de las Batallas de los Lagos Mazurianos el noveno ejército de von Mackensen fue transferido al frente de Galitzia, al sector de Dunajec.
1915 sería el año de la consagración militar del general prusiano. En abril y al mando del XIº ejército y del grupo de ejércitos de Kiev (Heeresgruppe Kiew), las fuerzas de Mackensen iniciaron la ofensiva Gorlice-Tarnow contra Rusia bombardeando la posiciones rusas en Tarnow. Su ataque abrió un importante brecha en el frente ruso, lo que provocó que von Mackensen ordenase el avance, pero la dificultad del terreno junto con el repliegue combativo del ejército ruso frenaron mucho el avance. Las tropas de von Mackesen alcanzaron Przemysl a primeros de junio de 1915 y ayudaron a los austríacos a recapturar Lemberg a finales del mismo mes. El 3 de junio recibió las hojas de roble para la condecoración Pour le Mérite. Después de la captura de Lemberg, el 22 de junio de 1915, von Mackensen recibió una misiva del propio Wilhelm II: "para mostrarle mi especial gratitud y mi reconocimiento a usted y a las tropas que tiene bajo su mando, le nombro Generalfeldmarschall (mariscal de campo). Que Dios, rector de todas las batallas nos conduzca por el sendero de la victoria." La campaña de Lemberg también le proporcionaría ser premiado con la mayor condecoración caballeresca prusiana, die Orden vom Schwarzen Adler.
En verano de 1915 avanzó hacia el norte por el rio Bug como parte de la triple ofensiva donde logró capturar las posiciones rusas de Brest-Litovsk el 26 de agosto. Esta victoria significaría el inicio de la retirada general de las tropas del Zar y la caída en desgracia del Gran Duque Nicolai. Sus éxitos en las campañas de 1915 le proporcionaron una excelente reputación como estratega. En septiembre, le fue asignado el mando del grupo de ejércitos austro-húngaros - que contenían 9 divisiones alemanas - que con la ayuda de tropas búlgaras tomarían parte en la campaña para conquistar Serbia. Para este cometido, von Mackensen tuvo la suerte de poder contar con el general-major von Seeckt como jefe de su estado mayor.
En octubre de 1915, el recién formado grupo de ejércitos Mackensen (Heeresgruppe Mackensen), formado por el XIº ejército alemán, el IIIº austro-húngaro y el Iº búlgaro, iniciaron la campaña contra Serbia. Su misión fue prácticamente un paseo, sin embargo "fracasó" al no poder destruir completamente el ejército serbio que pudo retirarse hacia los puertos que tenía la Entente en Albania. Estas tropas serían embarcadas hacia la isla de Corfú, para ser recuperadas y rearmadas por el ejército francés y reenviadas al frente macedónico en 1916.
El nombre de von Mackensen también se asocia con los proyectos de ataque a los campos de entrenamiento que tenían los Aliados en Salonika así como algunas acciones de tipo político para convencer al rey de Grecia de entrar en la guerra por la causa de la Triple alianza.
Cuando en agosto de 1916 Rumanía declaró la guerra al imperio Austro-húngaro, los alemanes temerosos del posible hundimiento de su aliado austríaco, decidieron enviar tropas. Von Mackensen fue destinado a Bulgaria a organizar el que se denominaría como ejército del Danubio compuesto por tropas búlgaras, turcas, alemanas y austríacas. Este ejército - bajo el mando supremo del defenestrado von Falkenhayn - entró en acción el 1 de septiembre. Invadió Dobruja y alcanzó la desembocadura del Danubio donde batió también a los rusos que intentaban frenar su avance. Vadeó el Danubio y cortó la retirada a las tropas rumanas que huían a las montañas. El frente quedó estabilizado en el Danubio en enero de 1917. Ese mismo enero fue condecorado con la Gran Cruz de la cruz de hierro, un gran honor ya que sólo la recibieron cinco militares durante la Gran Guerra. Desde ese mismo mes hasta el final de la guerra, von Mackensen ejerció de gobernador militar de Rumania. Durante ese periodo intentó gestionar los recursos naturales que ofrecía Rumanía para la causa de la Potencias centrales e intentó en vano destruir los restos del ejército rumano que había sido reorganizado después de la ofensiva Kerensky. Rumanía terminó firmando la paz de Bucarest en mayo de 1918.
Al finalizar la guerra, fue capturado por el general francés Franchet d'Esperey y retenido como prisionero de guerra hasta noviembre de 1919.

Continua en: August von Mackensen (1869-1945)(III): el ocaso

1 ago 2008

August von Mackensen (1869-1945) (I): el ascenso


Anton Ludwig Friedrich August Mackensen (August von Mackensen) (1849-1945)

Mariscal de campo alemán.

Aunque algunas de las fuentes usadas para esbozar una biografía de von Mackensen afirman que su familia apenas tenía tradición castrense, la verdad es que algunos de sus antepasados por línea paterna formaron parte de la caballería voluntaria por el reino de Hanover durante las guerras por la independencia a principios del siglo XIX. Su padre, después de una larga carrera comercial y laboral consiguió adquirir una propiedad en Geglenfeld, en el distrito prusiano de Schlochau. Bien pronto, la decisión de entrar en el cuerpo de los Leib-Husaren - comunmente conocidos como Húsares de la muerte - inquietó a sus padres tanto por el coste como por el posible rechazo a sus orígenes modestos. Aún así, Mackensen, en octubre de 1869 y con 19 años, se unió al 2º regimiento de los Leib-Husaren, el prestigioso regimiento de élite prusiano que incorporaba como emblema la calavera con las dos tibias cruzadas, die Totenköpfe. Este símbolo apareció por primera vez durante los conflictos bélicos de la guerra de los siete años por la sucesión al trono austríaco y se mantuvo con posterioridad. Dos años después, en 1871, su unidad participó en la guerra Franco-prusiana. Von mackensen sirvió con honores por lo que poco después fue promovido a Leutnant y se le recomendó para la cruz de hierro de segunda clase. Una vez acabada la guerra y desmobilizado, entró en la Halle Universität para -por orden paterna- iniciar sus estudios en agronomía. Sin embargo, y después de numerosas súplicas a sus padres, en 1873 se incorporó definitivamente al ejército con su antigua unidad. En mayo de 1873, Mackensen es nombrado leutnant (segundo teniente) con efectos retroactivos de diciembre de 1870. En 1875, durante unas maniobras el comandante en jefe del Vº ejército prusiano decidió darle la oportunidad de profundizar en sus estudios de la ciencia militar. Von Mackensen decide hacer un estudio en detalle del 2º de húsares durante la guerra Franco-prusiana. Moltke el viejo tras su lectura decidió publicarlo, lo que permitió que su trabajo fuese valorado y apreciado. De esta forma, en 1876 fue ascendido a oberleutnant (primer teniente). Von Mackensen, a pesar de sus modestos orígenes conseguía medrar en el escalafón social. En ello influían sus destacadas dotes y aptitudes para la ciencia militar así como por el matrimonio que contrajo en 1879 con la hija de un alto magistrado prusiano, Dorothée von Horn. Esta mágica combinación, talento y contactos, le proporcionó un excelente trampolín para sus ambiciones. En 1880, y sin tener que estudiar previamente en la prestigiosa Kriegesakademie entra a formar parte del Estado mayor del ejército prusiano. Allí fue asignado a la sección encargada del estudio de los ejércitos rusos y de sus operaciones, así como de la situación militar en los Balcanes y en el Extremo Oriente. En 1884 y con el apoyo de Moltke fue asignado al estado mayor del VIIº ejército en Münster. Su estancia fue corta, se le encomienda el mando del 9º de dragones en Metz. En octubre de 1888 y ya como major fue destinado al estado mayor de la 4ª division en Bromberg. En Bromberg coincidió con un general con valiosos contactos con la corona. Este contacto acabaría siéndole de gran utilidad. Febrero de 1891, von Mackensen recibe el honor de ser nombrado primer ayuda de campo del jefe supremo del estado mayor del ejército alemán, el Conde von Schlieffen. Durante dos años y medio, estuvo codo con codo con el incansable estratega. Von Mackensen estuvo en contacto directo con los esbozos y proyectos que se realizaron para preparar el famoso Plan Schlieffen. Después de su etapa como ayuda de campo de Alfred Graf von Schlieffen, von Mackensen fue premiado. En 1893 y con 45 años se convirtió en comandante en jefe del 1º Husaren-Regiment, su antigua unidad. Un año más tarde, en enero de 1894 fue ascendido a lieutenant-colonel y tres años más tarde es nombrado colonel. A inicios de 1898, el Kaiser lo reclama a su lado como Dienstuender Flüegel Adjutant (ayuda de campo) por lo cual se ve obligado, con pesar, a dejar el mando de su unidad, el 2º regimiento de los Leib-Husaren. Von Mackensen cambió la vida de regimiento en Danztig por la corte palaciega en Berlín. En 1899 el Kaiser Wilhelm II decidió ennoblecerlo. Desde su nuevo cometido tuvo la oportunidad de ser testigo de los cambios que se operaban en la escena internacional. Estos casi tres años al servicio directo del emperador le proporcionaron una gran fidelidad tanto a su persona como a la institución que representaba. Esta devoción tuvo su colofón al asistir von Mackensen a los funerales por Wilhelm II en 1941. En septiembre de 1901 es nombrado comandante en jefe del regimiento que unía al 1º y al 2º de los Leib-Husaren, volvía otra vez a Dantzig. Allí dos años después se le confirió el mando de la 36ª división, y se le nombró General-adjutant del emperador. En enero de 1908 fue nombrado general de caballería y en mayo de ese mismo año fue incluido en la lista de honor del 1º de los Husaren, lo que le permitía llevar de por vida el uniforme de los húsares, así como las distinciones. Al poco se le ordenó hacerse cargo del mando del XVIIº cuerpo de ejército. Como otro gesto de confianza de Wilhelm II hacia von Mackensen, decidió confiarle la educación militar del Kronprinz. El Kronprinz Wilhelm se puso al mando del 1º de los Leib-Husaren en Langfür bajo la estricta mirada de von Mackensen. Cuentan, sin embargo, que el Kronprinz vió esta nueva responsabilidad más como un castigo que como un premio, ya que se rumoreaba que sus andanzas por Berlín no eran del agrado del egregio padre. Al poco, en 1911, el emperador asistiría al nombramiento de su hijo como colonel de los Husaren. Una instantánea captó a los tres personajes ataviados con el uniforme de los húsares: el emperador, el príncipe heredero y von Mackensen.
Von Mackensen lleva seis años y medio al mando del XVIIº cuerpo cuando estalla la Gran Guerra. Su cuerpo, el XVIIº, está compuesto, en esos momentos, de dos divisiones que cuentan con ocho regimientos de infantería, un batallón de Jägers, tres regimientos de húsares, el 4º de los Jäger zu Pferde, dos brigadas de artillería, la artillería pesada del cuerpo de ejército y un destacamento de ingenieros. Este cuerpo formaba parte del VIIIº ejército al mando del general von Pritwitz und Gaffron concentrado en la Prusia oriental.

Continúa en: August von Mackensen (1869-1945) (II): la Gran Guerra

28 jul 2008

King and country (1964)


Viernes noche tuve la oportunidad de ver la película King and country. Hacía ya tiempo que iba precisamente en busca de eso, de tiempo para verla. Algunas personas ya me habían advertido de su valor más como drama que de documento histórico, pero el hecho de que algunos críticos la comparasen con Paths of glory me llamó la atención. Incluso la llegaron a identificar como la "Senderos de gloria británica".
A la temática de la película se le sumaba el interés de disfrutar de la participación en ella de actores como Tom Courtenay (Strelnikov en Dr. Zhivago); Dick Bogarde (Gustav von Aschenbach en Morte a Venezia) o incluso a Leo McKern (el Cardenal Leone en Las Sandalias del pescador).
El argumento de la película gira entorno al tribunal de guerra al que es sometido un soldado acusado de deserción. El soldado Hamp (Tom Courtenay) fue detenido en Cambrai después de comprobar que había abandonado a su unidad en el frente. El capitán Hargreaves (Dirk Bogarde) es el encargado de llevar la defensa del acusado. Tras un primer contacto con su defendido, Hargreaves constata de forma clara que el soldado Hamp padece stress de guerra. El soldado Hamp al conocer algunos detalles de su vida familiar y después de soportar casi cuatro años de guerra colapsa y en un intento de abstraerse abandona de forma casi inconsciente su puesto. Hamp declara que quería "huir del ruido de los cañones". Así, Hargreaves, ante la claridad del diagnóstico médico de Hamp, basa su defensa en el trauma de guerra. Ya en pleno proceso y ante la evidencia de algunos de los testigos de la defensa que constatan la delicada situación mental del acusado, el tribunal intenta subestimar alguno de los testimonios de la defensa. Especialmente interesante es el duelo que mantienen el abogado defensor y el médico del regimiento, el capitán O'Sullivan (Leo McKern). Éste, en contra de lo parece una evidencia, acusa al soldado Hamp de ser un miedoso. A lo que replica Hargreaves acusándole de que es muy extraño de que una persona con miedo pueda ser tratada con un purgante, tal y como hizo O'Sullivan. El proceso es más un simple trámite que una verdadera corte.
La película filmada sólo en estudios crea, sin embargo, un buen ambiente, donde la lluvia es omnipresente y el barro es el compañero inseparable del soldado, así como las ratas y la inmundicia. El tiempo histórico del film puede datarse poco después de la batalla de Passchendaele, sobre el verano-otoño de 1917.
La película mantiene un ritmo certero y nada soporífero. En momentos, la puesta en escena es absolutamente teatral, y la reacción de los dramatis personae absolutamente británica.
Uno de los aspectos que no me ha agradado demasiado del film ha sido la sobreactuación mística de Courtenay encarnando al soldado Hamp. Éste en momentos parece revestido de una aureóla mística que parece que lo eleve, como si fuese en cordero de Dios. En momentos, me recuerda a la Jeanne d'Arc de Carl T. Dreyer.
Los momentos más significativos de King and country (Rey y patria) son diversos. Por ejemplo, el duelo dialéctico entre abogado de la defensa y el oficial médico. Esta secuencia plasma la intencionalidad de Losey: la dicotomía entre la barbarie absurda del sacrificio versus el sentido humano de la redención y el perdón. Otra secuencia que justifica ver la película es la escena en la que el capitán Hargreaves pide explicaciones al superior del tribunal y éste le responde que el veredicto final forma parte de los métodos del alto mando para mantener alta la moral. La reacción de Bogarde ante las explicaciones es muy comedida y de gran intensidad.
El colofón es lo mejor de la película.
Aunque no al nivel de Paths of glory, la obra de Losey es un claro alegato en contra de la estupidez humana y una muy buena reflexión sobre lo vano de la vida.
Recomendable 100%.

18 jul 2008

Mosier vs. Black, The Myth of the Great War

Buscando por la Red me encontré con esta curiosa crítica de la obra de Mosier (The Myth of the Great War) de Jeremy Black, un reputado historiador militar. Black no deja títere con cabeza. Arremete de forma despiadada contra la obra desde diferentes flancos. En la ilustración que acompaña a este artículo aparece el fragmento que he considerado más destacado en cuanto a argumentos de crítica sólida, ya que entre otras lindezas, Black tilda a Mosier de una especie de aficionado dominical. Lo acusa de no trabajar con las fuentes que para él y otros historiadores de la res militaria son imprescindibles, como por ejemplo diarios de militares, informes militares, etc. Cierto que en algún momento del libro Mosier se jacta de no usar una metodología ortodoxa con las fuentes, pero en cambio trabaja muy bien con fuentes archivísticas que demasiado a menudo no aparecen en trabajos de reputados historiadores. En el fragmento que adjunto aparecen dos argumentos muy críticos contra Mosier. En el primero, Black lo basa en la participación norteamericana durante la Gran Guerra. El británico aparte de minimizar el impacto de la American Expeditionary Force durante los últimos meses de la guerra, dice que Mosier exagera enormemente el papel jugado por las tropas norteamericanas. En este punto, no tengo ni la información ni los datos suficientes para poder corroborar o desmentir a Black. Igualmente, reconozco y no escondo mi nulo interés -hasta ahora- por el papel de la fuerzas norteamericanas en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, y entonado el mea culpa, coincido con Black en que Mosier no resuelve nada bien el último tramo del libro. Éste lo reservaba para el papel estelar de la AEF, pero ni él ni su narrativa están a la altura de las expectativas generadas en el prólogo del libro. Mosier sólo destaca de forma única el episodio de Belleau Wood, en el que el cuerpo de marines de los Estados Unidos tuvo un papel primordial con la toma de las posiciones alemanas. Sin embargo, y aquí coincido con Black, la retórica de Mosier al narrar la batalla de Belleau Wood raya lo estrambóticamente épico cuando expone que donde no llegaron las mejores tropas de élite de los ejércitos aliados (Chasseurs alpins o los Old Contemptibles británicos) los Marines norteamericanos arrasaron a las formidables tropas alemanas. Aquí Mosier tiene un pequeño lapsus, y cae en uno de los peores pecados del historiador-periodista-crítico: que la verdad no te estropea una buena notícia o en su caso una buena historia. Mosier no tiene en cuenta el estado de las tropas alemanas, la nula o casi inexistente capacidad de contraataque alemana, la extenuación de los soldados debido a la ausencia de tropas de reserva, problemas de logística y abastecimiento del ejército alemán, y un largo etcétera en contra de la presunción de tener un formidable enemigo delante. Era el cante del cisne del ejército alemán en el Frente occidental. Estos datos imprescindibles para un análisis ponderado no aparecen en ningún momento en la exposición de los hechos que realiza Mosier sobre la ofensiva americana en junio de 1918. Yo lo considero sospechoso, Black lo utiliza para denostar la obra de Mosier casi de forma total. Creo que la actitud de Black es un error. Otra incógnita que surje en el lector es: donde está toda la retórica de invencibilidad norteamericana? Mosier después del episodio de Belleau Wood apenas menciona operaciones realizadas por tropas norteamericanas, incluso diría que cierra en falso su participación. Extraño y un punto decepcionante el tramo final del libro.
Volviendo al análisis-crítica-reseña que realiza Black, estimo que una de las razones que lo pueden haber influido en la valoración negativa del libro es que el propio Mosier va dejando varias perlas sobre la historiografía aliadófila, concretamente sobre las fuentes usadas y su posible manipulación hacia un extremo u otro, como por ejemplo el aspecto de las bajas. Mosier no se muerde la lengua al acusar a grupos o lobbies de historiadores, mayormente británicos, de camuflar, simular e incluso tapar datos y cifras estadísticas relacionadas con las bajas y su repercusión en la conducción de la guerra por parte de los gobiernos aliados. Quizás a Black no le gustó la sinceridad de Mosier, pero el disgusto debía ser colectivo ya que pocos autores británicos salvan algo de Mosier y su Myth.
Otra de las perlas que le lanza Black a Mosier es acusarlo de caer en el típico-tópico sobre la Primera Guerra Mundial de que los leones fueron guiados por burros o asnos, en referencia a la incompetencia constratada de los altos mandos de los ejércitos aliados. Por mi parte, entiendo que pueda resultar tópico lo de los leones y los asnos pero con los datos en la mano rebatir los errores y camuflar carnicerías sin sentido es muy difícil.

7 jul 2008

The Myth of the Great War, John Mosier


The Myth of the Great War de John Mosier es una caleidoscópica visión de la Gran Guerra desde el punto de vista militar. Se trata de una obra muy buena. Sin embargo, en su poligonal desarrollo, una de las caras o aristas no acaba de encajar. Qué quiero decir? El prólogo a la obra del mismo autor es toda una declaración de intenciones. En él, el autor propone desmontar el gran mito de la Gran Guerra. Pero, cuál es el mito? El mito, según Mosier, es la idea universalmente aceptada de que los ejércitos aliados en su totalidad derrotaron a las fuerzas de las potencias centrales y más especialmente al ejército alemán. La misión/visión de Mosier es puntualizar y matizar esa cuestión. Simple y claro, para Mosier no fueron ni los franceses, ni los británicos, ni por supuesto los rusos los que vencieron a los alemanes. Fueron tropas norteamericanas. Mosier lo suelta sin tapujos y el lector animado por la contundencia de la afirmación recoge el guante del autor. Sin embargo, el lector tendrá que esperar con el guante en la mano hasta trescientas páginas más adelante para averiguar si el desafío valía la pena. En mi caso considero que no. Por que no? Pues porque los argumentos expuestos para defender la teoría de que las tropas de la American Expeditionary Force ganaron la guerra para la causa aliada no están ni mucho menos a la altura de las expectativas del prólogo.

Excepto esta cuestión no bien resuelta, Mosier cimenta y basa sus interesantes teorías en tres o cuatro ideas básicas. Éstas se basan en argumentos sencillos, claros y muy bien explicados y argumentados, tanto por lenguaje y dotes didácticas como por el manejo de la información en general y los datos con los que cuenta, amén de una tarea documental de gran valor. Las líneas maestras en las que se basa el libro de Mosier son:

1. El ejército alemán es superior al resto de los ejércitos aliados hasta mediados de 1918, sin contar con las fuerzas de la AEF. Superior en cuanto a formación militar, armamento, equipamiento en general, logística, una mejor preparación de la oficialidad y un largo etcétera.
2. El ejército alemán es superior al resto de los ejércitos aliados en cuanto a estrategia militar, evolución de las técnicas y operaciones de ataque.
3. Los mandos militares de los principales ejércitos de la Entente estuvieron marcados por una inoperancia e incompetencia supinas. Pocas son las excepciones (Pétain, Fayolle, Plummer).
4. Las bajas. Este línea de investigación es básica para demostrar el punto anterior, así como para argumentar y sustentar la mejor preparación del ejército alemán a todos los niveles.

El autor realiza un profesional y concienzudo análisis con los datos de posguerra de los diferentes contendientes (Francia, Alemania, Reino Unido, Australia, Canadá, Rusia), y concluye que las bajas fueron el fiel reflejo de una pésima planificación militar aliada, así como de una oficialidad con graves enormes carencias organizativas, estratégicas y de mando. A lo largo del libro, Mosier sólo lograr salvar de la quema de la alta oficialidad aliada a tres o cuatro generales, la mayoría de los cuales eran franceses. En contraposición con la nulidad generalizada en los estados mayores aliados, se ensalza con gran detalle la capacidad de combate, innovación y evolución en las nuevas técnicas de combate del ejército alemán a lo largo de toda la guerra. Uno de las ideas que permanece en la retina del lector es la sensación de homenaje que realiza el autor al ejército alemán en todas sus facetas: preparación, coraje, entrenamiento, armamentos, estrategia, etc. Por contra y con los datos en la mano, la imagen que ofrece de los ejércitos aliados es desoladora.

Continuará en: The Myth of the Great War, John Mosier (II)

22 jun 2008

La Batalla de Mons (III)

Viene de: La Batalla de Mons (II)


La lucha continuó por la tarde. Los alemanes decidieron atacar el punto más vulnerable del frente británico, el flanco del Saliente. A las dos de la tarde, baterías alemanas emplazadas en la loma de Haulchin, a unos cuatro kilómetros al este de Mons, entre Binche y Bray comenzaron a castigar a la 3ª brigada. Al poco se advirtió la presencia de tropas de caballería alemana por el sector de Bray a St. Symphorien. Aunque baterías británicas se encargaron de dispersarlas el contrafuego alemán localizó la artillería británica castigándola duramente. La 3ª division británica de Hamilton estaba recibiendo un duro castigo artillero. Haig decidió enviar tropas en ayuda de la 3ª de Hamilton, a la loma 93, para aliviarles la presión. A pesar de los preocupantes informes del flanco este, el mayor peligro estaba en el saliente de Mons.
Ya en retirada, cerca de Frameries, la falta de explosivos evitó que fuesen volados dos de los tres puentes que cruzaban el canal. Los alemanes los cruzaron poniendo en serios apuros a los Scots fusiliers en franca retirada.
En la zona del "saliente del canal", unidades alemanas - en formación abierta - consiguieron cruzar el canal al oeste de Obourg alcanzando la estación de ferrocarril. Esto complicó la situación de los Middlesex y los Royal Irish. La retirada de ambas unidades se hizo imprescindible ya que la artillería situada en las cotas elevadas al norte del canal y las patrullas de hostigamiento desde el sector de Mons les estaban ocasionando muchos problemas y cuantiosas bajas. Sobre las tres de la tarde iniciaron la retirada. Un poco antes, sobre las dos y media, los Royal Fusiliers –según órdenes del general de brigada Shaw- se retiraron de Nimy a Ciply, con apenas un centenar de bajas. Durante esta retirada tuvo lugar la heroica hazaña del teniente Dease y el soldado Godley al resistir el ataque de tropas alemanas con sólo una ametralladora y cubriendo la retirada de sus compañeros. Por este acto recibieron la Victoria Cross. Dease murió y Godley fue hecho prisionero. En su retirada los Lincolnshire colocaron barricadas en las tres vías que conducían a Mons. Los Royal Fusiliers no fueron perseguidos por los alemanes muy de cerca. Cuando los alemanes decidieron dirigirse a Mons fueron rechazados por la resistencia de los Lincolnshire y por la batería 109ª.
La proximidad del enemigo obligó a los británicos a volar los puentes al oeste del saliente. Pero de los tres puentes sólo uno fue volado. Al caer prisionero un oficial del regimiento de ingenieros en el puente de Nimy, las tareas de instalación de las cargas explosivos se hizo con la ayuda de francotiradores. La descoordinación y la proximidad del enemigo provocaron que o bien no se recibiesen las órdenes de retirada o bien se recibiesen órdenes de resistir hasta el último hombre.
El caos imperante en el movimiento de las tropas británicas provocó que una gran mayoría de éstas fuesen rodeadas por las tropas alemanas en el llamado saliente del canal, entre Nimy y a lo largo de la carretera que llevaba a la ciudad. A pesar de los esfuerzos que se realizaron para coordinar una retirada ordenada hacia una línea de defensa planificada, no hubo un movimiento uniforme desde las posiciones del canal, y las unidades del ejército británico comenzaron a mezclarse entre ellas, y lo peor: el mando tuvieron que asumirlo en algunos casos los suboficiales. En este punto, la historia oficial reconoce que el movimiento de repliegue o retirada no fue en absoluto ni ordenado, ni eficaz.
Los alemanes, por su parte, no acabaron de aprovechar la situación de caos en las filas británicas al anochecer. Incluso llegaron órdenes de alto el fuego.
El total de bajas de este primer enfrentamiento entre tropas británicas y alemanas en Mons fue de unas 1.600 en las filas británicas entre muertos, heridos y desaparecidos. Prácticamente la mitad de éstas fueron de dos batallones, unas 400 del 4º de los Middlesex y 300 del 2º de los Royal Irish ambas de la 8ª brigada que estaba en el saliente del canal. Pero lo peor estaba aún por venir. Llegaron noticias alarmantes: se verificó la retirada del Vº ejército francés de Lanzerac, sin que éste advirtiese a French de que le descubría totalmente su flanco izquierdo y dejaba a las tropas británicas en una situación muy comprometida, pues los pasos del Sambre quedaban sin defensa alguna. Finalmente, Joffre advirtió a French de los movimientos de Lanzerac.
Sir John French decidió que la única posibilidad de recuperar la línea y cerrar el vació existente entre las tropas de la BEF y las francesas era una retirada en dirección a Cambrai para reestablecer el contacto con los franceses en su flanco derecho. Cuatro cuerpos de ejército alemanes se aproximaban a marchas forzadas hacia las posiciones británicas.
Mons es un episodio histórico pero como la mayoría prismático por las conclusiones que ofrece. Algunas fuentes, siempre británicas, hablan de 5.000 bajas alemanas. Sin embargo, según la perspectiva del analista o especialista, la batalla de Mons ofrece diferentes versiones. Otras lecturas que ofrece Mons exponen que los alemanes comprobaron el potencial británico y las posibilidades de que éstos pudiesen retrasar y entorpecer su avance hacia territorio francés. Otros opinan que el Ir Ejército alemán no supo aprovechar su clara ventaja frente a un enemigo inferior en número y en potencia artillera.
Sir John French consideró que era preciso escapar para salvar el resto de su ejército. Ordenó retirada hacia la posición de Valenciennes-Maubege, sus órdenes eran que el Ir Cuerpo de Haig cubriese la retirada de IIº de Smith-Dorrien que se atrincheraría en el sector de Dour.
La Batalla de Mons mostró cuan efectivo podía ser un ejército bien entrenado, cuan mortífero podía ser el fuego de fusilería británico contra un ejército superior en número y en piezas de artillería. Pero las fuerzas expedicionarias británicas y su mando se percataron pronto de que sus flancos estaban al aire y que antes de caer en un embolsamiento era preciso retirarse. La retirada continuó hasta el sur del rio Marne en la que sería denominada The Great Retreat o la Retirada de Mons.

Continua: The Great Retreat o la Retirada de Mons

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