23 may 2008

Los Alemanes del Kameroon (I)


Ya antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, las tropas coloniales alemanas situadas en la colonia del Camerún estaban en una situación precaria, ya que habían sido diezmadas por numerosas revueltas y rebeliones indígenas. Asimismo, la situación estratégica del Camerún ofrecía a un ejército atacante la posibilidad de atacar desde 4 frentes distintos. De esta manera, al estallar la Gran Guerra, unos ocho mil efectivos del ejército imperial alemán entre tropas regulares y nativos hicieron frente a más de 30.000 soldados de los ejércitos aliados (británicos y franceses). A pesar de la considerable desventaja en cuanto a tropas, los alemanes pudieron aguantar el empuje aliado y rechazar las ofensivas de franceses y británicos. El 27 de setiembre de 1914, los alemanes tuvieron que retirarse de port Duala y retroceder hacia el interior del territorio. Los alemanes iniciaron una guerra de guerrillas en territorio selvático. A lo largo de 1915, el transcurso de la guerra en el Camerún proporcionaba cambios contínuos.
A pesar de la resistencia de los defensores alemanes, una victoria de la Entente permitió a las tropas aliadas ocupar la línea Wumbiaga-Eseka manteniendo así los sectores clave. En enero de 1916, la mayoría de tropas alemanas tuvo que retirarse de la capital Yaoundé y adentrarse en territorio colonial español, en Guinea ecuatorial por la zona de Muni. En total, más de 900 tropas regulares alemanas y más de 14.000 efectivos de indígenas se adentraron en territorio neutral. Poco después, le siguió el éxodo de 50.000 civiles.
Las últimas tropas regulares situadas en el Camerún continuaron luchando hasta ser evacuadas. El 18 de febrero las pocas tropas que quedaban en el Camerún depusieron las armas.
La mayor parte de las tropas alemanas que se adentraron en Guinea ecuatorial fueron enviadas a España.

Continúa en: Los Alemanes del Kameroon (II)

12 may 2008

El U-38 y el misterioso rescate en Orme's Head



El 4 de agosto de 1915 el submarino alemán U-38 al mando de su comandante Max Valentiner zarpó de su base en Heligoland. En su sexta travesía de guerra le acompañaba el U-27 para realizar una misión especial. Su destino eran las Islas británicas, más concretamente al norte de la costa de Gales donde tres prisioneros alemanes se habían escapado del campo de internamiento de Denbigh, a unos 65 kilómetros de la costa. Informaciones secretas de última hora habían hecho cambiar algunos de los planes que el Fregattenkapitän Hermann Bauer había concebido para la misión, pero aún así siguió adelante.
La noche del 14 al 15 de agosto de 1915, un submarino debía recoger al oficial Hennig (comandante del U-18), Tholens (primer oficial del SMS Mainz) y otro oficial de la Deutsches Heer. Finalmente se decidió que en el rescate sólo participaría el U-38 de Valentiner. Previamente, en la noche del 13 de agosto, el U-38 y el U-27 se encontraron en bahía de Liverpool, para después separarse. El U-27 del Kapitänleutnant Bernhard Wegener viró rumbo al sur, hacia el canal de Saint George, a la caza de buques mercantes. Pero seis días después, al sudoeste de las Scilly island cayó víctima del Q-Ship HMS Baralong, dando lugar al controvertido y polémico Incidente Baralong. El U-38, siguiendo el plan, esperó delante de los acantilados del cabo de Ormes (Ormes head) al norte de la costa galesa. A pesar de que el submarino estuvo toda la noche en la superfície, los oficiales alemanes no aparecieron. Cuenta el comandante del U-38, Max Valentiner, en su libro ... el estar toda la noche en la superfície supuso un gran peligro para el submarino de ser avistado. Relata que la primera noche, pasaron numerosos cargueros muy cerca de su posición con el peligro que eso supuso. Valentiner cuenta que envió un grupo de hombres a la costa para buscar a los oficiales alemanes, pero no hubo éxtito. El empleo de luces estaba prohibido por el peligro de que fuesen avistados por alguna patrulla en la costa. Valentiner decidió esperar otra día. Así a la noche siguiente, el comandante del U-38 volvió a la cita pero tampoco hubo encuentro. Valentiner cuenta en su libro que pasada la guerra, doce años después se supo el motivo del desencuentro. Los tres oficiales alemanes estuvieron en el lugar correcto a la hora exacta, pero una gran roca que se alzaba en la orilla dividía la playa formando dos bahías distintas. Así pues, el U-38 y los oficiales estuvieron en playas diferentes esperando a la misma hora. Valentiner confiesa en sus memorias que el error, si lo hubo, fue que los oficiales alemanes se quedaron en la parte alta de los acantilados. Según él, desde esa posición, en noches cerradas es imposible distinguir cualquier cosa en el mar ya que se camufla con la oscuridad. En cambio, si hubiesen bajado a la altura de la playa, al menos podrían haber visto la silueta del submarino recortada en la oscuridad. Después del encuentro fallido, los tres oficiales fueron apresados esa misma noche y el U-38 continuó su periplo. Durante éste hundió 22 buques mercantes, 5 pesqueros, así como tres veleros.

Fuentes:
Valentiner, Max. Le terreur des mers: mes aventures en sous-marin, 1914-1918. Paris : Payot, 1931.

Temeridad francesa



"Un cirujano militar francés realizando acrobáticas hazañas en el parapeto de una trinchera a la vista de las armas enemigas. El cirujano apostó que iba a realizar algunos ejercicios gimnásticos en lo alto de una parapeto, a pesar de que la trinchera estaba sólo a trescientos metros de las líneas alemanas. El osado oficial ganó su apuesta, pero ganó también una pena de diez días de arresto menor, una pena leve al haberse expuesto innecesariamente al fuego enemigo."

Literary digest, enero de 1917

9 may 2008

Trincheras (II)

Viene de: Trinchera (I)

Vida cotidiana en la trinchera
La muerte se convirtió en el fiel compañero de trinchera, incluso cuando no se lanzaba o recibía ataque alguno. En sectores especialmente calientes, el intermitente fuego de artillería constituía un verdadero peligro, cobrándose numerosas victimas, bien porque quedaban sepultados bajo sus abrigos, bien porque eran alcanzados en alguno de los momentos en que se encontraban descansando desprevenidamente. Por este motivo, el despiste, se advertía a los novatos de no intentar echar un vistazo por encima del parapeto hacia la Tierra de nadie. A pesar de las continuas advertencias, muchos soldados murieron en su primer día de trinchera, a consecuencia de la mortífera puntería de los francotiradores enemigos. Se estima que más de un tercio de las bajas de los aliados en el frente occidental tuvo lugar en el interior de las trincheras. Pero el fuego enemigo no fue el único causante, las enfermedades también provocaron un gran número de bajas.

Ratas
Millones de ratas infestaron las trincheras. Había dos tipos de ratas, las de pelaje marrón y las negras. Éstas últimas eran especialmente temidas. Los cadáveres en putrefacción eran su principal alimento. Se cuenta que algunos ejemplares llegaron a alcanzar el tamaño de un gato. Los soldados, recelosos de las ratas en la oscuridad, temían que éstas se paseasen libremente por encima de sus caras o cuerpos, de ahí a que recurriesen a cualquier método para eliminarlas, bien por arma de fuego, a la bayoneta o golpeándolas hasta la muerte. No obstante, todo intento por erradicarlas fue inútil ya que una pareja de ratas podía producir hasta mil ejemplares en un año, con la consiguiente infección y contaminación que acarreaban. Curiosamente, algunos veteranos solían explicar que las ratas tenían un agudizado sentido del peligro, ya que cuando solían avecinarse violentos bombardeos las ratas desaparecían.

Piojos
Las ratas no fueron las únicas fuentes de infección e insalubridad en las trincheras. Los piojos, por ejemplo, fueron un problema inacabable, ya que encontraban un perfecto cobijo en los sucios uniformes de los soldados provocando en estos un interminable suplicio de picores y otras molestias. A pesar de que los uniformes se lavaban periódicamente, las larvas o huevos de los piojos permanecían a salvo en las costuras de las guerreras, y así, en pocas horas el suplicio volvía a comenzar para el soldado. El piojo provocaba lo que se dio en llamar la fiebre de trinchera, una enfermedad especialmente dolorosa que se iniciaba con grandes dolores seguidos de una alta fiebre. La recuperación acostumbraba a prolongarse más allá de los tres meses. Paradójicamente, no se descubrió que el piojo era el causante de la fiebre de trinchera hasta 1918.
Por otro lado, la humedad y la acumulación de agua en los cráteres y trincheras favorecían la proliferación de ranas, babosas y cucarachas. El llamado Pie de trinchera fue otras de las peculiares enfermedades de la vida de trinchera. Se trataba de una enfermedad fúngica localizada en los pies que era causada por el frio y por la endémica y omnipresente humedad de las trincheras. En casos extremos podía llegar a la gangrena y a la amputación.

El ciclo de trinchera
Generalmente, la rutina de trinchera consistía en cuatro días en la trinchera de fuego – la del frente -, luego cuatro días más en las trincheras de reserva y finalmente cuatro de descanso, aunque este modelo variaba enormemente, dependiendo sobretodo de las condiciones, tanto meteorológicas como de disponibilidad de relevos para la rotación de las unidades. No obstante, las tropas en reserva tenían que estar prestas para cualquier orden de incorporación inmediata a la línea de fuego. Solían emplazarse en las trincheras de reserva, que habían sido creadas para poder acudir al frente rápidamente en caso de ataque o de cualquier otra eventualidad. Las tropas de reserva también se situaban en refugios, pueblos o villorrios en ruinas o en los bosques cercanos al frente. Incluso cuando las tropas estaban de descanso podían ser enviadas a la línea del frente para realizar algunas corveas o tareas de acondicionamiento. Algunas unidades podían pasarse en las trincheras de primera línea más tiempo del habitual, sobretodo si estaban en los llamados sectores calientes. Según cálculos, siempre aproximados, un soldado podía esperar prácticamente un año antes de pasar más de 70 días en las trincheras del frente, con 30 días en las trincheras de soporte o auxiliares. El cómputo seguía con 120 días en un estado de reserva. Los días de permiso al año podían llegar a unas dos semanas.

Continua en: Trinchera (III)

3 may 2008

Kapitän zur See Max Valentiner (1883-1949)




Christian August Max Ahlmann Valentiner, "Max Valentiner" (15 de diciembre de 1883 – 19 de julio de 1949)

Oficial de marina alemán y comandante de submarinos durante la Primera Guerra Mundial.
Está considerado como uno de los mejores comandantes de la Armada alemana durante la Gran Guerra. Posee el tercer puesto en cuanto a volumen de toneladas hundidas durante el conflicto. Como premio a su exitosa carrera recibió la más alta condecoración militar prusiana, la orden Pour le Mérite. No obstante, su carrera tuvo algún claroscuro, ya que hay razones para creer que el submarino U-38 –bajo su mando- hundió sin previo aviso al SS Persia el 30 de diciembre de 1915, contraviniendo las leyes internacionales que establecían que a los pasajeros de los buques comerciales se les debía dar la oportunidad de desembarcar antes de que comenzase el combate. Con el hundimiento del SS Persia perecieron 340 de los 520 pasajeros.
Max Valentiner se alistó a la edad de dieciocho años (1902) en la Kaiserliche Marine e inició sus andaduras como cadete en el buque-escuela SMS Moltke, que en 1911 sería rebautizado como Acheron. Pronto destacaría como compañero y marino ya que ese mismo año salvó de morir ahogado a un compañero en el puerto de Swinmünde recibiendo por ello la primera de una larga lista de condecoraciones, la Rettungsmedaille. Al año siguiente, 1903, continuó sus estudios en la escuela naval, interesándose especialmente por aquellos relacionados con la inmersión submarina. Finalizó su entrenamiento en el SMS Hansa y ese mismo año, en mayo, volvió a salvar la vida de un marino en el puerto de Helgoland. Por ello volvió a ser condecorado con la Kronenorden o Orden de la Corona.
Dos años después, en 1905 fue promovido al grado de teniente de marina y en 1907 se convirtió en oficial abordo del SMS Braunschweig. Al año siguiente, 1908, fue elevado al grado de Oberleutnant zur See. Durante los años 1908-1910 fue el oficial al mando del servicio de inspección de la artillería costera (Matrosen-artillerie-abteilung) en Kiel. En 1911, Valentiner fue oficial del SMS Vulkan, un buque de rescate de submarinos. Durante su periodo en el Vulkan, Valentiner volvió a salvar a más de 30 marinos del U-3 que se habían quedado atrapados en una de las secciones. Curiosamente, uno de los 30 marinos que salvó Valentiner fue Otto Weddingen, posteriormente comandante del U-9 y as alemán de la guerra submarina durante la Gran Guerra. Valentiner volvió a ser condecorado por esta acción con la Orden de la Corona de 4a clase. En julio de 1911, Valentiner fue nombrado comandante del nuevo submarino U-10. A bordo del cual daría muestras de una pericia increíble, hundiendo numerosos buques en las maniobras de entrenamiento sin apenas ser visto. En este sentido, su forma de navegar así como las operaciones y su forma de ejecutarlas cambiaron por completo la visión que tenía la marina alemana sobre la guerra submarina.

Primera Guerra Mundial

El mismo año del inicio de la Gran Guerra, en marzo, consiguió el grado de Kapitänleutnant y poco después se convirtió en profesor de la escuela de submarinos de Kiel, plaza que abandonaría al comenzar el conflicto en agosto de 1914. Cuando comenzó la guerra, a Valentiner le fue asignado el mando del submarino U-3, el submarino del cual había salvado treinta marinos hacía ya tres años.
Valentiner recibió órdenes de operar en el Mar Báltico con la misión de hundir navíos de la Armada rusa. Sorprendentemente falló en su misión y culpó de ello a los antiguos y vetustos submarinos, los cuales dijo no tenían el mismo equipamiento y versatilidad de los nuevos. Así, Valentiner volvió a la base sin ningún éxito, siendo relevado del mando en octubre de 1914. Al poco fue enviado a Berlin para hablar con el príncipe heredero Heinrich, comandante en jefe de la Flota del Báltico, y discutir de los problemas de los viejos submarinos. La discusión no acabó del todo bien y cuentan que el príncipe lo despidió airado. De vuelta a Kiel, Valentiner tuvo la grata sorpresa de ser nombrado comandante del U-38. De igual forma, le fue permitido elegir su propia tripulación, escogiendo para ello a algunos de los oficiales que tuvo como alumnos en la escuela naval. De diciembre de 1914 a septiembre de 1917 su zona de operaciones fue el Mediterráneo oriental utilizando para ello la base austríaca de Cattaro, en Montenegro. Todas las operaciones realizadas en el Mediterráneo oriental tuvieron como base Cattaro.
El U-38 tuvo numerosos problemas mecánicos hasta marzo de 1915, de forma que el entrenamiento de la tripulación del U-38 tuvo lugar mientras se realizaban las reparaciones en la costa este británica, considerada una zona muy segura y tranquila para este tipo de maniobras. En agosto de 1915 salió de Heligoland rumbo a una misión secreta en la costa de Gales. En octubre de 1915 inició sus travesías en el Meditarréano y a finales de año, el 30 de diciembre de 1915, el U-38 hundió sin previo aviso el buque de pasajeros SS Persia. El SS Persia, con destino a la Índia, había partido de Londres y realizó una escala en Marsella. Después del hundimiento del SS Persia, el nombre del comandante Valentiner se sumó a la lista de criminales de guerra que confeccionaban los Aliados. De vuelta a Alemania, Valentiner, en mayo de 1916 fue condecorado con la Hohenzollernscher Hausorden o Cruz de la casa Hohenzollern. En diciembre de 1916, Valentiner y su U-38 entraron en la rada del puerto de Funchal en la isla de Madeira y echaron a pique tres buques enemigos. Por esta hazaña fue condecorado con la más alta distinción militar, la Pour la Mérite, el 26 de diciembre de 1916. En septiembre de 1917 Valentiner dejó el U-38 en Cattaro y volvió a Kiel a tomar el mando del nuevo U-157. El U-157 tenía que ser comandado por el Kapitänleutnant Rabe von Pappenhein pero por razones desconocidas no lo hizo. El U-157 con el Valentiner al mando realizó la travesía más larga de toda la guerra, de noviembre de 1917 a abril de 1918. Esta larga travesía iba a ser la última de Valentiner en la guerra. En 139 días de travesía hundió 150 navíos, con un volumen de 300.000 toneladas. De vuelta, en abril de 1918, Valentiner volvió a la escuela naval para enseñar a los futuros oficiales toda su maestría en guerra submarina. El prototipo del nuevo submarino U-143 se diseñó en base a los conocimientos que aportó Valentiner en aspectos como la dinámica y la velocidad de inmersión. El U-143 nunca se acabó de construir.

Periodo de entreguerras

Después de la guerra, Valentiner fue acusado de criminal de guerra. Los Aliados exigieron que todos los criminales de guerra que figurasen en sus registros fuesen extraditados y juzgados. Para evitar la persecución y captura, la gran mayoría de acusados desparecieron por un tiempo a la espera de que el cerco fuese disminuyendo. Max Valentiner fue a Berlín para eliminar cualquier rastro de su identidad del registro de oficiales de la Armada alemana, adquirió un nuevo pasaporte y una nueva identidad bajo el nombre de Carl Schmidt. Con su nueva identidad se instaló en una finca rural de la Prusia oriental (Kadinen) donde su padre ejercía de capataz. Allí esperó que las peticiones de extradición pasasen hasta que se le agotó la paciencia y regresó a Kiel. La Paz de Versailles ya se había firmado y por ésta todos los submarinos alemanes tuvieron que desmantelarse. En Kiel, Max valentiner fue relevado del servicio con honores a pesar de que había sido promovido al grado de Korvettenkapitän. Valentiner, al poco, montó una empresa dedicada al comercio de motores y componentes, siendo más tarde armador y trabajando en equipos de inmersión en las ciudades de Lübeck y en Eberswalde.

Segunda Guerra Mundial

En enero de 1940 fue asignado al grupo de seguimiento de la U-Boots-Abnahmekommision en Kiel-Danzig, puesto que conservaría hasta marzo de 1945. Anteriormente, en 1941, había ascendido a Kapitän zur See. Finalmente, en marzo de 1945, fue licenciado de la Kriegsmarine.

Max Valentiner murió en junio de 1949 en un hospital de Sønderborg (Dinamarca)a causa de una enfermedad pulmonar.


Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Max_Valentiner

1 may 2008

Uboat.net

http://www.uboat.net/wwi/
(revisada el 1 de mayo de 2008)



Completo recurso web sobre el submarino alemán durante las dos guerras mundiales. En especial, destacan las informaciones y secciones dedicadas a la Primera Guerra Mundial. El tratamiento que recibe este conflicto y el papel que jugó el submarino y por extensión la guerra submarina es muy exhaustivo.
Entre las categorías que destacan están la de: U-boats of the WWI y la de The Officers. Los entusiastas y especialistas tienen una cita en la subcategoría U-boat types. En ésta se analizan al mínimo detalle la tipología de submarinos alemanes que surcaron los mares durante 1914-1918.
Aunque prácticamente dedicada al submarino alemán, la web dispone de una importante sección llamada Allies - Fighting the U-Boats en la que se hace un repaso a las armadas aliadas que lucharon contra la Armada alemana durante la Primera y Segunda Guerra Mundial. Podemos encontrar hasta un listado completo de buques de guerra aliados, la tecnología utilizada en ambas guerras, etc.
Otras de las secciones que completan el portal son un concurrido foro, en inglés y alemán, sobre la guerra submarina ; dos interesantes secciones sobre libros y películas alrededor del tema, Books y Movies y una trabajada biblioteca de artículos, Articles. Como curiosidad señalar que contiene un completísimo glosario alemán-inglés, muy útil para aquellos lectores faltos de vocabulario especializado en alemán. Ésta sección que puede pasar desapercibida, se encuentra al final de la página principal.
A modo de conclusión, decir que se trata de un portal especializado y exclusivamente dirigido a los amantes, estudiosos e investigadores del submarino alemán. A pesar de ello, los neófitos - como un servidor - pueden hallarlo de gran utilidad para un primer contacto con la guerra submarina de la Primera Guerra Mundial.

30 abr 2008

Trincheras (I)


Translatium
En algunas etimologías, el vocablo en castellano Trinchera proviene, como lengua románica, del latín. En este caso, los especialistas creen que se formó por la unión en vernácula de las palabras latinas, castra aggere cingere. Su significado nos aclara que se trataba de rodear mediante una zanja labrada en la tierra un espacio previamente fortificado, los llamados castrum. Así, trinchera como adaptación del latín vulgar venía a significar una zanja hecha en la tierra que tenía como objetivo defender una posición o un campamento militar.
Véase la traducción en otras lenguas: (Trench) inglés, (Tranchée) francés, (Schützengraben) alemán, (траншея) ruso, (Trincea) italiano, (Trinxera) catalán, (Trincheira) portugués, (Sleuf) holandés, (海沟) chino, (トレンチ) japonés y (الخندق) árabe.
En el caso de la lengua alemana, el vocablo que designa lo que entendemos por trinchera se forma por la unión de dos términos, por una parte Schütz que significa protección, refugio y de la otra la palabra Graben, que significa zanja, o incluso tumba. Así se comprueba que Schützgraben designa aquellas zanjas en la tierra que tienen como misión la protección y el refugio.

Definición
A) Excavación larga y más o menos estrecha, donde la tierra extraída se utiliza para levantar un parapeto, que sirve para proteger a los soldados contra el fuego enemigo.
B) Zanja defensiva que permite disparar a cubierto del enemigo.
C) Zanja cavada por los soldados con la finalidad de protegerse del fuego enemigo, formando parte, a menudo, de un sistema conectado a otras, formando una línea de frente. Trincheras es el término usado para los campos de batalla del norte de Francia y Bélgica durante la Primera Guerra Mundial.

Antecedentes
Aunque la guerra de trincheras es tan antigua como la guerra misma, éste tipo de estrategia tuvo mayor importancia cuando irrumpieron las revolucionarias armas de fuego. La idea de cavar zanjas en el suelo para ofrecer cierta protección de la potente y mortífera artillería enemiga y de las armas de fuego de la infantería no fue una idea nueva de la Primera Guerra Mundial. Uno de los primeros momentos de la historia militar en que la guerra de trincheras tuvo mayor importancia fue durante las llamadas guerras napoleónicas de principios de siglo XIX. Antes de este momento, las batallas –por norma general- las llevaban a cabo ejércitos limitados en número, hecho que permitía una mayor movilidad de tropas y de movimientos envolventes en la estrategia militar. Pero a medida, que la guerra implicaba a mayor número de efectivos, la maniobrabilidad de éstos se complicaba así como la comunicación de movimientos o estrategias. Así por ejemplo, una de las primeras y significativas construcciones atrincheradas de la historia son las de la Línea de Torres Vedras (1810) llevada cabo por las tropas portuguesas bajo la supervisión de los ingenieros del ejército británico durante las guerras napoleónicas en la Península ibérica. Después de las guerras napoleónicas y antes de la Primera Guerra Mundial, los siguientes enfrentamientos bélicos en los que se optó por este tipo de sistema defensivo fue la Guerra de Secesión norteamericana y la Guerra rusojaponesa.

La guerra de trincheras en la Primera Guerra Mundial
Método de lucha consistente en largas y estrechas zanjas en las cuales las tropas permanecían acantonadas refugiándose de la potencia del fuego enemigo. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, la creencia que la victoria se produciría mediante cargas masivas de la infantería dominaba el pensamiento militar del momento a pesar de la aparición y introducción de armas de fuego más ligeras y rápidas y sobretodo de una artillería más potente y móvil. Pero la cruda realidad superó las previsiones de los más optimistas y después de la primera batalla del Marne, septiembre de 1914, el estancamiento del frente obligó a cavar miles de kilómetros de trincheras paralelas a la línea del frente occidental, conectadas por laberínticos sistemas de trincheras de comunicaciones y protegidas por densas alambradas de espino. Con este sistema de fortificaciones en forma de trincheras, del Mar del Norte a Suiza, apareció un nuevo escenario bélico. Para romper esta nueva situación y determinar el giro de la guerra se introdujeron nuevos ingenios militares, incluyendo las granadas de mano, el gas venenoso, morteros de trinchera, cortinas y barreras de fuego artillero y lanzallamas entre otros. Como consecuencia, las bajas fueron enormes después de cada intento de la infantería por tomarlas. No fue hasta 1918 que una primigenia versión de lo que sería el tanque (inventado en 1915) logró hacer posible avance a través de las trincheras. Así, el periodo comprendido entre septiembre de 1914 y agosto de 1918 fue una guerra de atrincheramiento. El primer pensamiento que acude a la mente de aquellas personas que piensan en la Primera Guerra Mundial es la vida y la muerte en las trincheras y sobretodo las condiciones infrahumanas en las que vivieron y murieron millones soldados. Sin embargo, la realidad es que la proporción de soldados que acabó sirviendo en ellas es menor de la que cabríamos esperar. Aún así, los relatos, testimonios o diarios de los que vivieron en ellas es suficientemente terrible como para hacernos una idea de lo que significó la Primera Guerra Mundial.
Las trincheras, como puestos avanzados, eran las líneas del frente, el lugar más peligroso. Pero tras ellas existía un enorme tejido de líneas de aprovisionamiento, campos de entrenamiento, almacenes, depósitos de municiones y víveres, cuarteles generales y el resto de elementos que formaban la estructura militar de los ejércitos en la Primera Guerra Mundial, a la que la mayoría de los soldados dedicaban sus quehaceres.
Las trincheras eran el dominio de la infantería. Ésta contaba con el apoyo de los morteros de trinchera, las ametralladoras, los cuerpos de ingenieros y las avanzadillas de los observadores artilleros.

Sistema de trincheras en el Frente occidental
Los ejércitos en contienda de 1914 inicialmente plantearon una guerra de movimiento, y las trincheras realizadas fueron concebidas como una cobertura temporal. Pero de la batalla del Aisne en adelante, ambos ejércitos tuvieron que excavar trincheras, defenderse y mantener las posiciones sobre el terreno en el que estaban. Los sucesivos intentos de flanquear o rodear el sistema de trincheras enemigo acabaron a finales de noviembre de 1914. En ese momento, en un frente de unos 750 kilómetros, del Mar del Norte a Suiza y sin solución de continuidad había un complejo sistema de trincheras que formaba la línea del frente.
La finalidad de las trincheras era proteger a los soldados de los tiros horizontales y de la visión enemiga. Se trataba de zanjas cavadas en la tierra, en forma de zig-zag o almenada para evitar el tiro de enfilada. Entre los elementos que conformaban las trincheras estaban unos pequeños refugios denominados abrigos, puestos de guardia y de primeros auxilios y también nidos de ametralladoras excavadas también en la tierra.
La protección que ofrecían las trincheras era relativa debido sobretodo al uso e invención de balones y aviones de observaciones juntamente con obuses de shrapnels y el empleo de armas químicas producidas industrialmente a gran escala durante el periodo 1914-1918.
Del lado enemigo, una inextricable red de alambradas de espino y otros obstáculos convertían la toma de las trincheras en una odisea casi imposible, por eso las compañías de zapadores de ambos ejércitos se dedicaban a cavar túneles bajo las trincheras con el objeto de volarlas con enormes cantidades de explosivos. Si la distancia existente entre trincheras era mínima podía suceder que se cruzasen túneles en sentidos contrarios, y que la compañía más diligente y rápida ganase la partida convirtiéndose en un juego macabro, como fue el caso de la batalla de Messines de 1917.
Los enormes cráteres resultantes todavía se pueden contemplar en algunos puntos de lo que fue el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial.
Por todas estas razones, y sobretodo a causa del omnipresente barro, las ratas, los piojos, la proximidad y a veces la convivencia con cadáveres en putrefacción, la vida en las trincheras en la Primera Guerra Mundial fue una experiencia terrible, siendo el origen, en muchos casos, de profundas secuelas psicológicas en los combatientes de la Gran Guerra.

Continua en: Trincheras (II)

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