20 feb 2011

La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (III)

Viene de: La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (II)


A todo esto, la ‘inminente’ rotura del frente belga (Yser) no se había producido. Para ayudar a sus camaradas en la zona de la costa belga, y sobretodo para ‘camuflar’ la llegada de refuerzos hasta la línea de frente con los británicos, el XXIII, XXVI y XXVIIº llevaron a cabo ataques diversorios en todo el frente. A pesar de la persistencia y coraje de los ataques alemanes, éstos no solo no avanzaron sus líneas sino que, en algunos casos, se vieron obligados a retirarse en algunas posiciones. El único éxito de los ataques alemanes del 28 de octubre fue la captura de la población flamenca de Kruiseik, que fue arrebatada a la ‘seventh’ (7a) division británica. También en el sur, los alemanes lograron poner en aprietos a las tropas británicas del IIº y IIIr cuerpo británico, que desde el 23 de octubre estaban asistidos por la division Lahore que había reemplazado a la caballería francesa de Conneau.

Episodios críticos en la batalla de Ypres, 29 de octubre – 8 de noviembre

El 29 de octubre, los cuerpos XIXº y VIIº alemanes lograron ‘empujar’ la línea británica hacia el sector de Givenchy-oeste de Neuve Chapelle, al sudeste de Armentières-Messines, donde el cuerpo de caballería británico, situado a la derecha, aguantó. Los combates fueron muy crudos y sangrientos, sobretodo el 28. El IIº cuerpo muy reducido, tuvo que ser relevado por el cuerpo indio, bajo las órdenes de Willcocks. A su vez, el XVIº cuerpo francés fue enviado el 26 de octubre para reforzar al IXº francés, ya exhausto. Las órdenes consistían en reforzar el IXº en la zona al sur del bosque de Houthulst con la idea de proseguir el avance hacia Roulers. A pesar del ataque del 28 de octubre -sin mucho éxito-, las órdenes que tenía D’Urbal (VIIIº ejército) eran proseguir el ataque. La línea de frente que mantenía el VIIIº francés eran el 4º de caballería, las divisiones territoriales 87ª y 89ª, las divisiones de caballería 5ª y 7ª, la división 31ª, perteneciente al XVIº cuerpo, el IXº cuerpo y la 6ª division de caballería. La línea iba desde el Yser, justo por encima de Diksmuide, hacia las vertientes meridionales y occidentales del bosque d’Houthulst pasando por el oeste de Poelkapelle y Passchendaele hasta llegar a Becelaere. El flanco izquierdo de la línea estaba cubierto por la brigada francesa de los ‘fusiliers marins’ que aún aguantaba en Diksmuide, y en el flanco más oriental estaba el Ir cuerpo británico. Los alemanes estaban dispuestos a echar el resto por romper la línea francobritánica. Junto a una serie de ataques en el norte del frente, en la línea del Yser, el IVº ejército alemán estaba preparando una ofensiva total en el frente de Ypres. La nueva ofensiva, sin embargo, la llevaría a cabo el nuevo ejército de von Fabeck. El nuevo ejército lo formaban el IIº cuerpo bávaro, el XVº cuerpo, la 6ª división bávara de reserva, la división 26ª y parte de la artillería pesada que pertenecía al IVº ejército. El 28 de octubre, el ejército ‘Von Fabeck’ se situó entre los ejércitos IVº y VIº en el sector Wervicq-Deulemont con órdenes de atacar el 30. No iba a atacar solo, el IVº y el VIº le harían la cobertura. El objetivo era atacar el punto más vulnerable del frente: el sector comprendido entre Ploegsteert wood y Gheluvelt que defendían los británicos.

Batalla de Gheluvelt, 29-31 de octubre

La mañana del 29 de octubre, unidades de la 6ª de reserva bávara, bajo la omnipresente niebla matutina, llevaron a cabo crudos ataques preparatorios contra unidades de la 1ª y 7ª divisiones británicas, justo donde se unían, al este de Gheluvelt. Las reservas de la 7ª británica consiguieron rechazarlos, salvo un grupo de trincheras que los ingleses no consiguieron desalojar. Los británicos perdieron Gheluvelt. Los combates fueron muy duros. La lucha fue casa por casa. Pero el contraataque británico triunfó. Al anochecer del 29, los británicos lograron recuperar parte de las posiciones perdidas durante la mañana. Los alemanes, como los ingleses, sufrieron gran número de bajas. Lo peor estaba por venir. Durante la noche del 29 al 30, unidades del ‘grupo von Fabeck’ relevaron parte de la caballería del IVº ejército. La batalla se reanudó a las nueve de la mañana. El XVº del grupo Fabeck, situado a la derecha, ‘lanzó’ sus alas contra las posiciones de la ‘seventh’ inglesa, a la derecha (Menin road) y la izquierda (Zandvoorde), de donde fueron expulsados. El empuje alemán en la zona de Zandvoorde pudo contenerse a duras penas gracias a la intervención de las reservas del Ir cuerpo de Haig. A la izquierda del ataque, el IIº cuerpo bávaro avanzó. A pesar del empuje alemán y de algunas pérdidas, el XVIª cuerpo francés y las divisiones de caballería 2ª y de 3ª pudieron contener el ataque y frenaron el enemigo al este de S. Eloi y Wytschaete. La 26ª bávara falló en Messines contra la 1a división de caballería. Por su parte, unidades alemanas de las divisiones de caballería 1ª y 2ª consiguieron romper las líneas británicas al este de Ploegsteert. Sólo la intervención de la 4ª division británica consiguió frenar los avances alemanes en ese sector. El XIXº alemán, frente la 6ª división británica, tampoco consiguió consolidar sus conquistas en el Bois Grenier. La delicada situación británica, a pesar de la férrea resistencia en todos sus frentes, provocaba cierta ansiedad entre los mandos franceses. Durante una visita al cuartel general de French esa misma madrugada, Foch prometió el envío urgente de algunas unidades francesas con el objetivo de ayudar a los ingleses y apuntalar las maltrechas defensas. Francia también prometió a French cinco batallones y tres baterías artilleras al mando de Moussy, que se situaron cerca de Hollebeke, y otras en el área de Becelaere. Junto a este movimiento de tropas francesas, se decidió que la 32ª división se enviase para apoyar a la caballería situada a lo largo del canal de Ypres-Comines. Antes de que todos los movimientos de tropas se llevasen a cabo, los alemanes volvieron a atacar. Al alba del sábado 31 de octubre la 4ª división británica fue atacada. Los combates se extendieron pronto hacia el norte, donde la 26ª alemana atacó con especial vigor al cuerpo de caballería británico que defendía Messines. Los alemanes capturaron Messines a las nueve de la mañana del 31.Fieros contraataques británicos la recuperaron a la una de la tarde, extendiendo los combates por esta posición hasta bien entrada la noche. Más al norte, la 6ª de reserva alemana atacó en vano las posiciones de las divisiones de caballería 2ª y 3ª, apoyadas por tropas francesas del XVIº cuerpo. Al norte de la Menin road, el IIº cuerpo bávaro y unidades del XVº cuerpo ‘desalojaron’ de sus posiciones a la 1ª division británica. El punto clave seguía siendo Gheluvelt. A las once y media de la mañana, los alemanes habían tomado el control del pueblo y habían roto la línea británica. El camino a Ypres, a tan solo 6 kilómetros, quedaba expedito. La situación para los ingleses era de extrema gravedad. El flanco izquierdo de la 7ª division estava prácticamente rodeado, y la derecha de la 1ª estaba en plena desbandada siguiendo la carretera de Menin. Por si fuera poco, un proyectil alcanzó el cuartel general de la 1ª y 2ª division británica y mató a la mayoría de sus ocupantes. El panorama se estaba complicando y Haig decidió establecer una línea frente a Ypres para aguantar la posición costase lo que costase. El general de brigada Charles FitzClarence, comandante del 1º de los Guards, ordenó a sus última reservas, el 2º batallón del regimento de los Worcestershire que reconquistase Gheluvelt costase lo que costase y que cerrase la brecha en la línea. Dicho y hecho. Los Worcester’s lanzaron un brillante ataque por sorpresa pasadas las dos de la tarde, consiguieron frenar el ataque enemigo en Gheluvelt château y aseguraron sus posiciones para poder atacar de flanco cualquier avance alemán hacia Gheluvelt. La 7ª division británica con unidades de reserva consiguió frenar el flanco izquierdo del XVº cuerpo alemán. El IIº bávaro también logró, por un momento, superar a las unidades de la 7ª división y de la 3ª division de caballería, pero al poco, su avance colapsó. La brecha que había conseguido abrir en el ala derecha de la 7ª fue cerrada ‘in extremis’ por elementos de la 7ª brigada de caballería que logró rechazarlos.

Continua en: La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (IV)

12 feb 2011

La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (II)

Viene de: La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (I)



La batalla de Langemarck, 21-24 de octubre
La mañana del 21 de octubre, Haig -en marcha desde Ypres hacia el nordeste para tomar Brugge (Brujas)- vio frenada su marcha. Las interpretaciones sobre la decisión de permanecer en Langemarck han sido diversas. Se habla de batalla de encuentro, de que Haig estaba advertido de que los alemanes habían tomado Ennetières y La Vallée, que la 6ª división tuvo que retirarse forzadamente o de que la aviación le confirmó el movimiento de un importante contingente alemán desplazándose hacia la zona. Otros más tendenciosos argumentan que la retirada ‘estratégica’ de los franceses en su flanco izquierdo (el de Haig) por la presión del XXIIIº alemán le obligó frenar ‘in extremis’ y a establecer una línea defensiva en el frente Bikschote-Langemarck-Zonnebeke. El hecho final fue que Haig decidió permanecer en Langemarck para frenar el avance alemán, pero sobretodo para defenderse.
A las tres de la tarde del 21, dio órdenes de cavar trincheras y resistir ante el más que probable ataque alemán. La línea de frente se estableció a unos ochocientos o novecientos metros a las afueras de Langemarck. Al caer la noche un precario frente de trincheras se prolongaba desde las posiciones al nordeste de Ypres (Langemarck) hasta el extremo más meridional de las posiciones británicas en Armentières, donde se unían con las que habían cavado las tropas del IVº de Rawlinson.
Al día siguiente, 22 de octubre, las tropas alemanas lanzaron dos importantes ataques contra la línea británica. Uno al sureste contra las tropas de la 7ª división de Rawlinson, y el otro al norte contra las tropas de Haig, divisiones 1ª y 2ª, en la línea de Bixschoote a Langemarck.
El efectivo tiro de fusilería británico repelió en varias ocasiones los ataques en masa alemanes causando enormes bajas entre sus compactas filas. Los alemanes insistieron, y en un sector cercano a Bixschoote (Kortekeer) lograron abrir una brecha entre las filas del 1r regimiento de los Cameron Highlanders (1ª división de Lomax). Por temor a ser rodeados se retiraron, dejando Kortekeer en manos enemigas.
En este punto de la batalla de Langemarck, corre la leyenda –acrecentada por el imaginario popular- de que algunas de las unidades alemanas se lanzaron al ataque entonando canciones patrióticas, como el famoso ‘Deutschland über alles’, como muestra de su ardor y su valentía. El estudio minucioso de la batalla ha puntualizado los hechos. Farrar-Hockley en The Death of an army puntualiza que sí es cierto que algunos batallones alemanes cantaban canciones patrióticas, concretamente la "Wacht Am Der Rheine”, pero que lo hicieron para agruparse y reorganizarse en los momentos posteriores a la batalla para localizar a sus miembros. Otro especialista, Ian Beckett niega casi taxativamente esa posibilidad, acusando a algunos autores alemanes de elaborar semejante historia, para emparentarla finalmente con la mitología nazi.
Un apunte. El episodio de Langemarck por la significación épica y carga ideológica que conlleva – se calcula que murieron miles de jóvenes voluntarios alemanes, la mayoría estudiantes – se convirtió al poco en un hito de la mitología que generó el conflicto en Alemania. El hito de Langemarck, conocido como la ‘Kindermord’, matanza de los inocentes, fue doblemente aprovechada. Durante la guerra sirvió de ejemplo de la valentía y del sacrificio del pueblo alemán y posteriormente, durante el régimen nacionalsocialista, se utilizó para recordar la ignominiosa ‘herida abierta’ que aún suponía la Gran Guerra.

Ese día, y a pesar del impresionante empuje alemán, los británicos lograron cerrar la brecha y sostener el frente con cuantiosas y terribles pérdidas. Para ello, Haig contó con la inesperada ayuda del IXº Cuerpo francés, que el 23 relevaron a la 2ª división de Monro.
Al alba del 23 de octubre, los británicos lanzaron un contraataque que logró retomar Kortekeer. La posición, sin embargo, no quedó totalmente restablecida hasta el anochecer debido a los duros enfrentamientos por los flancos.
El 24 se retomaron los enfrentamientos en el sector de Langemarck, aunque con menor intensidad. Ese día, el grueso de los enfrentamientos se desplazó al sector sur.

La 7ª division de Capper, casi recién llegada a Flandes, también había mantenido duros combates en el frente Zandvoorde-Zonnebeke. Las tropas alemanas de los cuerpos XXVIº y XVIIº, a pesar de algunos golpes de manos exitosos contra el flanco izquierdo de Rawlinson -cubierto por los franceses- fueron incapaces de cualquier avance significativo hasta que el día 24 y tras un potente ataque del XXVIIº, los alemanes estuvieron a las ‘puertas’ de Polygon wood donde fueron desalojados, de forma desesperada, por las fuerzas de reserva de la 7ª división junto con tropas de la 2ª división de Monro.

A pesar de los contratiempos, los franceses consideraron que había llegado el momento de una ofensiva general en toda regla. El IXº francés -ya en línea- y el XVIº en ruta serían los elegidos. La 2ª division británica estava disponible, así como la caballería de De Mitry’s procedente de Bixschoote y la 42ª division francesa desde Nieuwpoort.
El momento del ataque aliado no podía haberse iniciado en mejor momento, aunque los mandos aliados no supiesen: los alemanes estaban sufriendo escasez de municiones y las nuevas tropas habían sufrido muchisimo debido a su intemperado entusiasmo y falta de entreno.
El resultado de la ofensiva aliada no fue, sin embargo, el esperado. A pesar de los enconados esfuerzos que hicieron por romper la línea, el IXº francés, y a su derecha la 2ª division británica apenas avanzaron en el ataque del 24 de octubre aunque consiguieron inflingir serias bajas en los alemanes, especialmente en la línea al norte-este de Langemarck, al oeste de la zona Poelkapelle-Passchendaele y Moorslede.

La 7ª division británica, debilitada por casi tres semanas de intensos ataques alemanes, apenas fue capaz de sostener su línea de frente. El 27 de octubre fue puesta bajo el mando del Ir cuerpo junto con la 3ª division de caballería. Ese mismo día, las otras 2 divisiones de Haig (la 1ª y 2ª) subieron a la línea de frente. El flanco derecho de la 7ª division estaba en Zandvoorde, con la 1ª en la Menin road y la 2ª en Polygon wood.
La línea de frente de Hollebeke a Messines, al sur de Haig, defendida por la 2ª división de caballería, desde el 20 de octubre, y la 3ª division de caballería junto con los tres batallones indios permaneció intacta hasta el 30 de octubre aún a pesar de los repetidos ataques del XIXº alemán,. A la derecha de la caballería, los cuerpos IIº y IIIº también lograron mantener intacta la línea.
Al anochecer del 27 de octubre, el IVº ejército alemán decidió suspender indefinidamente ‘su’ ofensiva. Según la historia oficial alemana, “los cuerpos de reserva XXVI y XXVII sostenían la línea frente a posiciones fuertemente atrincheradas en el sector Langemarck-Zonnebeke-Gheluvelt ... Por el momento, cualquier pensamiento o intento de rotura del frente estaba descartado”.

Continua en: La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (III)

5 feb 2011

La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (I)


La historiografia de la Gran Guerra suele definir la 1ª Batalla de Ypres como el último y definitivo intento alemán de evitar lo inevitable: el punto muerto y el final de la guerra de movimientos. Fracasaron. Ypres fue sólo el inicio de la pesadilla. A millones de soldados les esperaban cuatro largos años de trincheras, lodo, piojos, miseria y, sobretodo, carnicerías inútiles.
Del lado alemán, la angustiosa perspectiva de un doble frente (occidental y oriental), impelió al Alto mando alemán (Oberstee Heeresleitung, OHL) comandado -de facto- por Erich von Falkenhayn a proyectar una serie de agresivos y resueltos ataques contra la línea de frente defendida –mayormente- por las Fuerzas Expedicionarias Británicas (BEF) en Flandes. Es justo reconocer, sin embargo, que sin la ayuda francesa la resistencia británica hubiese sido inútil.
Desde mediados de octubre hasta la última semana de noviembre de 1914, las tropas alemanas intentaron por todos los medios posibles romper el frente francobritánico en la zona de Ypres. Langemarck, Poelcapelle, Polygon wood o Gheluvelt se hicieron tristemente famosos en los partes de guerra y en el imaginario colectivo británico. The Ypres salient, el saliente de Ypres se convertiría en un mito, en un símbolo de la resistencia y el pundonor británicos. El saliente de Ypres y los hechos de armas durante ese otoño de 1914 en Flandes forman parte de las páginas más heroicas – y trágicas- de la participación británica durante la Gran Guerra.
Para Alemania, Ypres fue igualmente traumático.
Gran parte de los estudiosos de la Primera Guerra Mundial ven en el desenlace de los combates de Ypres durante ese otoño de 1914 el principio del fin de la Alemania guillermina. Los peores temores se habían cumplido: los dos frentes eran una realidad, el principio del fin.
La complejidad de la 1ª batalla de Ypres fue tal que se establecieron tres fases o episodios para comprender mejor su desarrollo y evolución. La primera fase denominada batalla de Langemarck tuvo lugar del 21 al 24 de octubre; la segunda, batalla de Gheluvelt transcurrió del 29 al 31 de octubre y el tercer ‘momentum’ fue la batalla de Nonne Bosschen, el 11 de noviembre de 1914. Entre estos tres capitales episodios se producieron escaramuzas, pequeños enfrentamientos, y sobretodo prolongadas pausas exigidas mayormente por la dureza de los combates y el cansancio de las tropas.
La batalla de Ypres de otoño de 1914 está estrechamente ligada a los combates que se produjeron un poco más al norte, entre la zona de Diksmuide (Dixmude) y Nieuwpoort (Nieuport) durante octubre y noviembre. Los resultados de la batalla del Yser no progresaban como esperaban los alemanes, así que decidieron prolongar los ataques más hacia el sur. Era la zona ‘británica’ del frente occidental y esperaban mejorar los resultados del ‘Yser’.
Yser e Ypres coincidieron en el tiempo, provocando un enorme desgaste en ambos contendientes que temieron, por momentos, agotar sus reservas de tropas y munición. Finalmente, fueron las pésimas condiciones meteorológicas y el invierno en ciernes los que bajaron el telón en el frente flamenco de noviembre de 1914.
Los alemanes pasaron turno y 1915 sería el ‘año’ aliado en el frente occidental.

Primeros compases
Sir John French, comandante en jefe de las fuerzas británicas, ‘desconocía’ la cercanía del recién creado IVº ejército alemán, al mando del Duque Albrecht de Württemberg, y en particular, la proximidad de tropas de reserva alemanas dirigiéndose hacia la parte más débil de su frente: el punto donde la BEF se unía a los belgas.
Su desinformación era tal que seguía inmerso en los quiméricos planes de ofensiva contra el frente alemán Courtrai-Menin.
La BEF prosiguió el avance a lo largo del frente los días posteriores. El IIº Cuerpo de Smith-Dorrien continuó hacia el este, el IIIº - en contacto con el IIº- debía cruzar el Lys por el sector de Sailly y Armentières, y la caballería debía proseguir hacia Menin, mientras Rawlinson con su IVº ejército en el extremo izquierdo de la BEF iría hacia el norte de Courtrai.
La suerte estuvo del lado británico. Rawlinson fue informado de que su flanco izquierdo peligraba: se aproximaban unidades enemigas desde la línia Brugge-Roulers. Ante las angustiosas noticias, el avance del 15-16 de octubre se frenó. La tenaz resistencia alemana que se encontró Rawlinson en el sector Houthem-Gheluvelt-Sint Juliaan-Westrozebeke acabó por ‘convencer’ a French. Cualquier ofensiva hacia el este requería ‘limpiar’ la zona al norte del flanco izquierdo de la BEF. French notificó a Haig (Ir Ejército) que se aproximase desde St. Omer a Poperinghe. El objetivo era consolidar el frente que unía la BEF con los aliados y de paso reforzar al IVº de Rawlinson.
El 16 de octubre, French ya había abandonado cualquier idea de una ofensiva aliada conjunta ante la alud de informaciones que le confirmaban la fuerza del enemigo en ese sector y que le hacían temer por su flanco izquierdo. Aunque el IIº y IIIr cuerpos británicos estaban luchando contra fuerzas superiores, los franceses creían que la peor parte se la podía llevar el IVº de Rawlinson, sobretodo porque éste cubría un frente mucho más extenso, lo que en caso de rotura podía provocar un desastre, dividiendo el frente aliado en dos.
Con estas perspectivas, Haig fue enviado al norte con órdenes de avanzar hasta Thourout, con la ‘ilusa’ perspectiva de capturar Brugge (Brujas), antes de que los refuerzos alemanes llegasen a la línea. En este punto de la historia la leyenda entra en juego.
La versión más acceptada cuenta que French, ante la delicada situación de Rawlinson, pero sobretodo ante las ínfimas posibilidades de llegar a Brugge, ordenó a Haig que cubriese le cubriese el flanco. Más al sur, el IIº, IIIº y la caballería estaban ya a la defensiva ante la abrumadora superioridad del enemigo.
Haig consiguió situarse al sur del flanco izquierdo de Rawlinson el 21 de octubre. Los franceses (divisiones de caballería IIª y IIIª) a las afueras de Thourout tuvieron que recular hacia el sur. La IIIª división británica de caballería hizo lo propio reculando hasta la línea Wijtschate-Mesen (Messines). En el sector sur, la caballería francesa de Conneau) se situó en línea con el IIº y IIIr británicos. El 21 de octubre French se percató definitivamente de la superioridad del enemigo en todos los flancos, y de la seria amenaza que esto suponía para el conjunto de la fuerza expedicionaria británica, amén de desistir de cualquier ofensiva parcial o local en territorio belga.
La situación de las fuerzas británicas era delicada. No llegarían más tropas antes de una semana y los refuerzos previstos eran la Indian corps, una división bisoña que acababa de llegar a Hazebrouck, juntamente con dos batallones de territoriales, otro de caballería y dos regimientos de la Yeomanry.

Continua en: La batalla de Ypres, octubre-noviembre de 1914 (II)

22 ene 2011

La batalla del Yser, 12 octubre-10 de noviembre de 1914 (III)

Viene de: La batalla del Yser, 12 octubre-10 de noviembre de 1914 (II)



Fase final de la batalla del Yser, 26 octubre – 4 noviembre
Las tareas de refuerzo y reposicionamiento de las líneas francobelgas llevó prácticamente una semana, hasta el 31 de octubre. Los alemanes, ante la crecida del Yser y posterior inundación tuvieron que trasladar el grueso de la artillería hacia posiciones más elevadas, junto con el caótico traslado de sus unidades de infantería (IIIr y XXII cuerpos de reserva) hacia posiciones más alejadas de la nueva línea de frente marcada por la línea férrea, Nieuwpoort-Diksmuide. Los alemanes, sin embargo, estaban resueltos a reiniciar los ataques el 29 de octubre. El objetivo fijado para este nuevo ataque era, sin duda, la posición aliada más endeble, el centro del frente donde se encontraban las unidades belgas. El Alto mando alemán buscaba una rotura total. Para ello destinó la práctica totalidad de sus tropas al ataque, incluyendo la 4. Ersatz division –excepto la Marine division, que se mantuvo como retén enfrente de Nieuwpoort. El resto de tropas se destinó al ataque del 30 de octubre. A las seis y media de la mañana del 30 de octubre, y bajo el ‘manto’ de un espectacular bombardeo, se inició el ataque. La primera embestida alemana contra la línea belga consiguió su objetivo. La rompió y creó un amplio hueco entre las poblaciones de Ramscapelle y Pervyse, cayendo al poco del lado alemán. La 2ª división belga estaba deshecha. Su situación crítica. Sólo el contraataque de cuatro batallones belgas y franceses al mando del general Grosetti, comandante de la 42ª división francesa, logró taponar a duras penas la brecha abierta por la infantería alemana. A media tarde del 30, otro contraataque francobelga llegó a la puertas de Ramscapelle, donde hasta últimas horas de la noche hubo intensos combates.
Esa fue la situación en el centro de la línea. Los flancos aliados habían logrado contener los ataques alemanes de la Ersazt division y del XXIIº cuerpo de reserva. Lo peor había pasado. La intención alemana era continuar los ataques a la mañana siguiente, 31 de octubre, pero los informes que llegaron al cuartel general del IIIr cuerpo de reserva desaconsejaban proseguir los combates debido a la paulatina y amenazadora crecida del Yser. La situación también era crítica para los alemanes: la crecida contínua del Yser amenzaba con aislar las tropas de vanguardia con las posiciones más alejadas, allende el este del Yser. El mando alemán decidió ordenar la retirada de todas las tropas a las zonas altas situadas en la orilla este del Yser. A la mañana del 31, las fuerzas francobelgas volvían a estar en posesión de Ramscapelle, Pervyse y la zona del ferrocarril. Lo mismo sucedió con las tropas del XXIIº situadas en la orilla oeste del Yser, al norte de Diksmuide. La noche del 1º de noviembre se vieron obligadas a retirarse a posiciones más elevadas. El 2 de noviembre, los alemanes solo conservaban al oeste del Yser, Schoorbake y dos granjas al norte de Diksmuide. Los flancos aliados, donde aún se conservaban los puentes sobre el Yser, los primeros días de noviembre, especialmente el 3 y el 4, vivieron pequeñas escaramuzas en el sector de Nieuwpoort, cuando Lombardsijde fue ocupada pero recuperada al poco. Los franceses atacaron el 3 y 4 de noviembre la posición de Schoorbakke que los alemanes consiguieron retener.

Batalla final y la estabilización del frente de Flandes, 8-20 noviembre de 1914
El ‘definitivo’ ataque alemán contra Diksmuide comenzó el 10 de noviembre. Lo llevarían a cabo la 4ª división Ersatz y el XXIIº cuerpo. La guarnición que defendía Diksmuide (unidades de infantería belga y los ‘fusiliers marins’ franceses) fue reforzada con tropas coloniales francesas. El bombardeo de Diksmuide, previo al ataque, comenzó al alba. A las siete y media de la mañana comenzó el ataque de la infantería alemana. El primer embite fracasó. El mando alemán tomó medidas extremas: a las nueve y media se reanudó el ataque artillero. El brutal bombardeo obligó a la guarnición francobelga a ‘desalojar’ el suburbio este de Diksmuide. Eran la una del mediodía. Después de un breve intervalo, los alemanes atacaron de norte a sur por la zona este. Durante la tarde se registraron durísimos enfrentamientos por toda la localidad, casa por casa. Cuando cayó la noche lo que restaba de Diksmuide, sus ruinas, estaban en manos alemanas. Las tropas francobelgas se retiraron al oeste de la localidad y cruzaron el Yser, volando los puentes después de cruzarlo. Los alemanes apenas persiguieron la retirada francobelga hacia el Yser. El botín era cuantioso: los alemanes habían 1.400 prisioneros aliados y mucho material. Más hacia el sur, en la línea Bixschoote-Langemarck, los ataques fueron esporádicos y de pocas ganancias. Fueron los últimos coletazos de la campaña del Yser. Los planes del Alto mando alemán para alcanzar los puertos del Canal y rodear el flanco izquierdo francobelga habían fracasado gracias a la meritoria y épica defensa de la fuerza combinada aliada. No les fue mejor en el sector de Ypres. Los combates en el Yser fueron sangrientos. Los belgas tuvieron 18.000 bajas, los franceses 5.000, contando con la acción en Diksmuide del 10 de noviembre, y los alemanes perdieron unos 28.000 hombres, entre heridos, muertos y desaparecidos.

Fuentes:
- Essen, Léon van der. L'invasion allemande en Belgique : de Liège á l'Yser. Paris : Payot, 1917.
- Le Goffic, Charles. Dixmude: un chapitre de l'histoire des Fusiliers Marins (7 Octobre - 10 Novembre 1914). Paris : Plon-Nourrit, 1915.
- Pirenne, Jacques. Les Vainqueurs de l'Yser. Paris : Payot, 1917.
- Yser and the belgian coast. Clermont Ferrand : Michelin, 1920

12 ene 2011

La batalla del Yser, 12 octubre-10 de noviembre de 1914 (II)


Los primeros estadios de la guerra del Yser
El traslado del IVº ejército alemán por vía férrea finalizó el 13 de octubre. El 17, y tras largas marchas, alcanzaron el sector de Bruges-Thielt, al este de Courtrai. El IIIº de reserva alemán se movía en dirección este desde el eje del avance alemán, mientras su flanco mantenía el avance a lo largo de la costa, y flanco izquierdo estava a tocar de Roulers, lo que ocultó el avance del grueso del recién creado IVº ejército. Con objeto de equilibrar el avance, se ordenó una corrección este-oeste en dirección al mar del Norte. El 15 los alemanes ya habían tomado Ostende. Al día siguiente, 16 de octubre, la vanguardia alemana ‘contactó’ con la caballería belga y con los puestos avanzados que tenían los belgas al este del Yser. Después de dos días de combates y refriegas, los alemanes obligaron a los belgas a retirarse hasta la orilla este del Yser. 
El 18 de octubre, los combates ya revistieron una mayor dureza. Los belgas, divisiones 1ª, 2ª y 4ª, que defendían la línea de frente desde la línea costa hasta Diksmuide (Dixmude) intentaron contener los embistes de las vanguardias del IIIr cuerpo de alemán, que tenía órdenes de tomar como fuese la población de Veurne (Furnes), unas millas al interior de la línea defensiva belga. Los alemanes consiguieron llegar a las posiciones de la orilla izquierda del Yser, aproximadamente hasta la línea de frente Lombardsijde-Mannekensvere-Schore-Keiem. La línea aguantó hasta la caída de la noche, pero horas después los alemanes capturaban la zona interior de la línea, Schore y Keiem. Keiem fue recuperada esa misma madrugada. Los ataques se retomaron a la mañana siguiente: tropas del XXIIº de reserva alemán se desplazaron al sur de la línea, en ayuda del IIIº de reserva, y se enfrentaron a contingentes franceses y belgas en el sector de Diksmuide. Keiem y Beerts cayeron a primera hora en manos alemanas, pero esta última fue recuperada al mediodía por la 5ª división belga y tropas de los ‘fusiliers marins’ franceses que se vieron, sin embargo, obligadas a recular a posiciones más arreseradas ante la fuerza del ataque enemigo, el XXIIIº cuerpo alemán. En este flanco de la línea, todas las tropas aliadas, excepto los ‘defensores’ de Diksmuide, se retiraron a la orilla oeste del Yser. 
El 20 continuaron los enfrentamientos en toda la línea, aunque con especial dureza en el sector de Diksmuide, donde tropas de los cuerpos XXIIº y XXIIIº fueron rechazados con grandes pérdidas por la guarnición de ‘fusiliers marins’ franceses que se habían hecho cargo de la defensa de Diksmuide. Al norte del sector, en Lombardsijde, unidades del IIIº cuerpo reforzadas con tropas de la 4º división Ersatz atacaron con dureza, pero sin resultados concretos. El IVº ejército alemán estaba completamente desplegado a lo largo del Yser. La 4ª Ersatz division frente a Nieuwpoort, el IIIr cuerpo de reserva en Keiem, el XXIIº de reserva en el sector de Beerst y el XXIIIª al este y sudeste de la posición de Diksmuide. En total siete divisiones con una potencia de fuego de 700 piezas de artillería frente a cinco divisiones belgas con prácticamente la mitad de artillería, 300 cañones. 
El 21 de octubre, y después de un potente bombardeo nocturno, tropas alemanes avanzaron a lo largo de toda la línea. Belgas y franceses lograron, sin embargo, contener el ataque a fuerza de graves pérdidas. No obstante, esa misma noche unidades del IIIr cuerpo alemán lograron cruzar el Yser al norte de Tervaete, gracias en parte al fuego de cobertura de su artillería que se había aproximado – hábilmente - a la zona de combate, junto con compañías de ametralladoras que sostuvieron el franqueo del río. La 1a división belga lanzó un infructuoso contraataque que permitió a los alemanes no sólo defender las posiciones recién adquiridas sino capturar el 23 de octubre la población de Tervaete, más al sur. Para contener el avance alemán se dispuso de la 3a división belga, en reserva, pero apenas logró ningún éxito defensivo. La 42ª división francesa, que había logrado un exitoso contraataque al este de Nieuwpoort ese mismo día, fue trasladada al sector de Tervaete por el Alto mando belga con el fin de atacar sin cuartel el flanco izquierdo de las unidades alemanas que habían cruzado el Yser para lograr un posible repliegue. La contraofensiva francesa, respaldada por fuerzas belgas de la 4ª división, aunque no logró la retirada alemana a la orilla este del Yser, consiguió pequeños avances. Los combates eran de una gran violencia, y el 24 de octubre al atardecer ambos bandos rebajaron el nivel de intensidad. El cansancio era generalizado. La 4. Ersazt division en Nieuwpoort y las unidades del XXIIº de reserva alemán no habían conseguido ningún avance significativo. Especialmente cruenta fue la lucha por Diksmuide, que los franceses defendieron de una forma cuasi épica, rechazando 15 ataques alemanes solo el 24 de octubre. 
Durante los duros combates por Diksmuide, la artillería alemana había reducido la población a cascotes. El ejército belga también había sufrido sobremanera. En varios días de combate había perdido una cuarta parte de sus tropas y la artillería había quedado reducida a la mitad, con apenas reservas para 160-170 proyectiles por pieza. La situación era francamente desperada, lo que llevó al Alto mando belga a tomar medidas extraordinarias, sobretodo ante la dudosa perspectiva de poder sostener el nivel de combates mantenidos hasta el momento. 
El 25 de octubre se tomó la decisión, atribuida –según la leyenda- al general Foch, de abrir las esclusas del Yser con el objeto de anegar e inundar el sector al este del ferrocarril de la línea Nieuwpoort-Diksmuide y provocar la retirada de los puestos avanzados alemanes. El territorio adyancente al rio Yser, así como la zona que mediaba entre la población de Diksmuide y la costa belga formaba un espesa ‘tela de araña’ de canales, esclusas y terraplenes que hacían del terreno una verdadera pesadilla para cualquier ejército que quisiese avanzar de forma ordenada rápida. Los terrenos de esta zona eran ‘polders’, es decir tierras bajas ganadas a expensas del mar. El nivel de los canales estaba regulado a través de esclusas y bombas que garantizaban el correcto funcionamiento del sistema, que se controlaba esencialmente desde Niuewpoort, donde se encontraban el Yser con el mar. El sector, pues, suponía un verdadero obstáculo para el ejército alemán que ansiaba ocupar definitivamente todo el territorio belga y poner en jaque a las fuerzas aliadas con la conquista y captura del territorio costero francobelga que hubiese amenazado la participación británica en el conflicto. En este sentido, la última y más determinante medida para contener cualquier avance era anegar la zona para convertirla en una inmensa marisma. 
La tarde del 25 de octubre de 1914 se abrieron las esclusas y comenzó a inundarse el terreno entre Diksmuide y el mar. La línea de frente aliada, francobelga, se retiró a las posiciones elevadas de la línea férrea que corría por detrás, con explícitas e imperantes órdenes de sostener la línea como fuese hasta que todo el territorio estuviese inundado.

Continua en: La batalla del Yser, 12 octubre-10 de noviembre de 1914 (III)

4 ene 2011

La batalla del Yser, 12 octubre-10 de noviembre de 1914 (I)


La serie de combates que tuvieron lugar en la zona más septentrional del frente occidental, la zona sudoeste de Bélgica (Flandes), durante el otoño de 1914 recibieron el nombre de batalla del Yser. Los combates de octubre y noviembre en la zona del Yser supusieron el último episodio de las maniobras que recibieron el nombre de ‘Carrera hacia el mar’. Estas operaciones perseguían el adelantarse al enemigo, para así poder rodearlo y derrotarlo, mientras se iba asentando el frente en toda su longitud: desde las fronteras francosuizas hasta el Mar del Norte.
Los fracasos aliados com del ejército alemán durante los tres o cuatro primeros meses del conflicto provocarían una larga, penosa e infernal guerra de trincheras en el frente occidental. La batalla del Yser fue sino el último, de los últimos intentos –inútiles- por evitarla.
El Yser se convirtió en el protagonista pasivo de la penúltima ofensiva alemana por evitar lo que se preveía ya inevitable: el estancamiento operativo y táctico del conflicto con las funestas consecuencias que ello supondría para los contendientes.
En el caso alemán se quería evitar a todo costa el enquistamiento en una dura guerra de trincheras, pero sobretodo una guerra en dos frentes, que ya era una realidad a finales de septiembre de 1914. El objetivo principal del Alto mando alemán (OHL) consistía en arrollar a los restos del maltrecho ejército belga, expulsarlo de su territorio y sobretodo conquistar los puertos del Canal de la Mancha que le darían una ventaja táctica vital sobre británicos, aislando a su contingente en tierras continentales y con apenas posibilidades de avituallamiento desde las islas británicas. La captura de la costa francobelga significaría también la amenaza latente de un posible enbolsamiento de las tropas francobritánicas en el norte de Francia.
Del lado aliado, y después de la ‘balsámica’ batalla del Marne se buscó minimizar y frenar la apisonadora alemana. No existía una estrategia conjunta en cuanto a las operaciones a desarrollar. Tan solo había una clara intención de evitar que el desastre fuese mayor y que los alemanes pudiesen retomar con fuerza su avance hacia lo que quedaba de Bélgica y el resto del norte de Francia.

Después del Marne y el Aisne, los franceses pudieron rehacerse gracias a su red ferroviaria con movimientos de tropas de Alsacia y Lorena hacia el nordeste, los británicos -apenas rehechos de los lances del Marne- carecían de una plan estratégico de acción, y los belgas a duras penas podían mantener en pie un ejército de 50.000 hombres. Con tal situación Joffre y French esperaban tener un respiro para poder establecer puntos en común hasta que amainase la tormenta alemán, que amenazaba con estallar en breve.
Las predicciones fueron correctas, los alemanes estaban otra vez ‘en ruta’.

Génesis
Después de la fallida defensa de Antwerp (Amberes), el ejército belga se vió impelido -dadas las circunstancias- a retirarse, vía Brugge (Brujas) y Ghent (Gante) hacia posiciones allende el río Yser, donde llegó el 12 de octubre. Muy maltrechas, apenas 50.000 hombres y 300 cañones, las divisiones 2a, 1a y 4a cubrían la línea de frente desde el Mar del Norte hasta Diksmuide (Dixmude), con dos brigadas de la 3a división y la 2a división de la caballería como reserva.
Una brigada francesa de los ‘fusiliers marins’ cubría, juntamente, con la 5a división belga, la línea de frente que mediaba entre Diksmuide y Boesinghe, mientras la 1a división de caballería estaba desplegada en toda la línea de frente al noroeste de Ypres. Más al sur (al este de Ypres) se encontraban los territoriales franceses de la 87ª y 89ª división que se habían incorporado a la izquierda del IVº Cuerpo inglés (7ª división y 3ª división de caballería) que venía en retirada desde Ghent, cubriendo el movimiento de ‘repliegue’ belga.
A la derecha del IVº inglés de Rawlinson se encontraba el IIº Cuerpo de Smith-Dorrien. El mismo día 12 de octubre, sus unidades estaban intentando avanzar en la línea Givenchy-Merville, a lo cual tuvieron que desistir debido a la fuerte resistencia que opuso el XIIIº Cuerpo alemán (VIº ejército) al mando de Von Fabeck. A la izquierda del IIº Cuerpo británico, los cuerpos de caballería Iº y IIº llegaron hasta el área de Vermelles y Estaires, al sur de Lys y Merville presionando al IVº de caballería alemán. En la retaguardia quedaba el IIIr cuerpo de caballería británico, que partiendo de St. Omer había alcanzado la zona de Hazebrouck. De hecho, el Ir cuerpo británico todavía no habia alcanzado el punto del rio Aisne. Su transporte se había demorado y no llegó a Flandes hasta el 19 de octubre.
Las tropas anglofrancesas y el resto de ejército belga hacían frente al VIº ejército alemán, al mando del príncipe Rupprecht de Baviera. Compuesto por los cuerpos XIIIº y XIXº, contaba con los cuerpos de caballería Iº, IIº y IVº como tropas de soporte a lo largo del frente. Al norte de este contingente alemán se estaba desplegando el IVº ejército, al mando del duque Albrecht de Württemberg, compuesto por los recién formados XXII, XXIII, XXVI y XVIIº cuerpos de reserva juntamente con el IIIº de reserva procedente de Amberes y la 4º división Ersatz.

El plan aliado
Cuando quedó claro que cualquier operación contra el ejército alemán en el sector de l’Artois y de Flandes requería de la coordinación y apoyo conjunto de las fuerzas francesas, británicas y belgas, Joffre nombró al general Foch como ‘coordinador’ de las fuerzas aliadas y enlace con sus propias tropas y las británicas. El Xº ejército francés al mando de Maud’Huy, situado en las cercanías de Arras, pasó a manos de Foch formando el flanco derecho del ataque, mientras las fuerzas británicas formaban el núcleo central y el pequeño contingente belga en el sector más septentrional, el izquierdo.

El 15 de octubre los franceses crearon el Détachament d’Armée en Bélgique, al mando del general d’Urbal, para aglutinar todas las unidades francesas que luchaban en territorio belga y pronto sería conocido como el VIIIº ejército francés. D’Urbal abriría el camino. Recibió órdenes de iniciar la ofensiva en el eje Roulers-Thorout-Ghistelles tan pronto le fuese posible, mientras los británicos la iniciarían en la línea Courtrai-Menin. Los belgas intentarían, según lo planeado, abrir hueco siguiendo la línea de la costa.

El plan aliado suponía, y contaba, que una gran parte de las fuerzas alemanas perseguirían a los restos del ejército belga después de su retirada desde Antwerp, lo que permitiría a las fuerzas británicas y francesas avanzar hacia el norte para luego, aproximadamente desde Lille, rodear las fuerzas del VIº ejército alemán por su retaguardia como por su flanco izquierdo.

Los hechos posteriores demostraron que semejante plan implicaba una falta total de realismo por parte de los mandos aliados. Ni el ejército belga estaba lo suficientemente preparado, y descansado, como para presentar batalla, ni las fuerzas francesas del recién creado VIIIº ejército estuvieron disponibles en el sector hasta el 23 de octubre. Para ese día, la situación había dado un giro radical. Era evidente que las fuerzas alemanas superaban en número y en capacidad de fuego a las aliadas, lo que decidió al mando francobritánico a ‘demorar’ la planificada ofensiva y a fijar posiciones defensivas en toda la línea de frente con las nuevas unidades que iba llegando.

Continúa en: La batalla del Yser, 12 octubre-10 de noviembre de 1914 (II)

23 nov 2010

Las tropas indígenas canadienses en la Gran Guerra


La primera guerra mundial fue un episodio traumático y demoledor para todas las naciones participantes. La 'edad de oro' europea, la civilización de las luces y de los descubrimientos científicos y técnicos se convirtió en un lejano recuerdo. Nada volvió a ser igual. La fragua del Dios de la guerra fue la tumba de tres imperios y el crisol de varias naciones. Para algunos de estos países fue algo más que un cesura histórica, resultó ser su 'puesta de largo' como protagonistas de un nuevo mundo global.
Australia, Nueva Zelanda o Canadá, antiguos dominions -colonias- pertenecientes al Imperio británico surgieron de las cenizas de la guerra con una identidad nacional reafirmada, propia de aquellos países madurados y bregados en los nuevos tiempos. Su 'costosa' participación les granjeó el respeto del mundo más allá del ancho paraguas de la Commonwealth. Incluso desde Londres, la visión paternalista hacia los dominios ultramarinos mutó hacia un reverencial respeto, cargado -obviamente- de orgullo

Canadá y la Canadian Expeditionary Force (CEF)
El caso canadiense fue paradigmático. Cuando estalló la guerra, Canadá decidió entrar en el conflicto sin dudarlo, igual que Australia y Nueva Zelanda. La 'raza británica' estaba en peligro y los indisolubles lazos de hermandad entre la metrópolis y las antiguas colonias eran más fuertes que nunca.
En 1914, los canadienses no estaban preparados para una guerra como la que se avecinaba. La milicia canadiense movilizada apenas llegaban a 60.000 hombres, y la mayoría de armamentos y pertrechos militares procedentes del Reino Unido no habían llegado todavía. Los mandos optaron por equipar a los nuevos soldados del preciso, aunque no siempre fiable, fusil Ross fabricado en Canadá. De entre los primeros 30.000 voluntarios establecidos en el campamento de Valcartier, a las afueras de Ottawa, algunos eran miembros de las tribus indígenas canadienses. Su admisión, sin embargo, en el recién creado Cuerpo Expedicionario Canadiense (Canadian Expeditionary Force, CEF) no fue nada sencilla.
Los recelos, un disfrazado 'paternalismo' y un arraigado sentimiento racista y de desprecio hacia las poblaciones autóctonas de algunos de los mandos del ejército canadiense, así como de la mayoría de políticos entorpecieron su entrada en la CEF. El pretexto oficial era que temían que los alemanes tratasen a los indígenes canadienses como a salvajes, como a hombres no civilizados.
La realidad de la nueva guerra industrial cambió el panorama. Para finales de setiembre ya había partido hacia Inglaterra la primera división canadiense, otra se estaba movilizando. Al poco se habían movilizado dos más, siendo cuatro las que se desplazaron a Francia. Juntamente con ellas cientos de artilleros, ingenieros o zapadores, y otras tropas auxiliares fueron al frente europeo.
La guerra seguía engullendo tropas y el ministro canadiense de defensa, el coronel Sam Hughes se comprometió con los aliados a formar a 16 divisiones en total. Para ello, Hughes decidió emplazar a un centenar de personajes ilustres e influyentes de la sociedad canadiense para que se encargasen de formar batallones en sus comunidades, regiones o grupos ètnicos. La CEF abría las puertas a la tropas indígenas canadienses. Al poco ya se habían constituido dos batallones compuestos exclusivamente de soldados indígenas. Los iroqueses y la tribu de las Seis naciones fueron dos de las comunidades indígenas más activas en la mobilización de sus miembros. En el caso de la nación iroquesa, una fuerte filiación histórica la ligaba a la corona británica, hasta el punto que apenas reconocía la realidad nacional canadiense, y aún menos su gobierno. Los iroqueses habían luchado junto a los ingleses contra los franceses hasta la Paz de Montreal en 1701 y se habían introducido en territorio canadiense para librar zonas de influencia francesa. Los iroqueses también lucharon contra las nuevas tropas estadounidenses durante la invasión en 1812. Otro caso fue el de los Inuits de la zona ártica, los mal denominados esquimales, con una nula adhesión a la causa británica o francesa. La corona británica vendió sus tierras en 1881 al gobierno del Canadá. El resto de comunidades padecieron también las políticas aislacionistas del Canadá, heredadas del imperio británico: enclaustramientos de las poblaciones indígenas en reservas, instaladas en tierras baldías o sin interés para la comunidades blancas. Junto a la institucionalización de sociedades nómadas con sus propios modelos de explotación natural (pesca, caza,...), las políticas canadienses hacia los indígenas consistieron en una asimilación total y una proactiva alienación cultural. Misioneros, maestros y otros elementos procedentes de la cultura europea fueron los instrumentos de la nueva política. A banda de las cuestiones de aniquilación cultural y social, las epidemias y enfermedades importadas por las poblaciones europeas diezmaron enormemente las sociedades indígenas. Por todo ello, la respuesta indígena hacia una guerra 'blanca' no fue masiva.

Batallones indígenas canadienses
Sólo los miembros de las tribus más asimiladas, principalmente iroqueses, respondieron a la llamada de las armas. También participaron los miembros de la tribu de las Seis naciones, que pidieron a las autoridades militares organizar el famoso batallón 114º, que llevaría el nombre de los Brock Ranger's. Finalmente, dos de las cuatro compañías del 114º estarían formadas exclusivamente por miembros de las Seis naciones, procedentes en su mayoría de las comunidades de Mohawk y Kanewahke en el Quebec. El emblema del 114º eran dos tomahawks cruzados.
La guerra, sin embargo, marcaba sus reglas y como la mayoría de batallones canadienses al llegar a Francia, las tropas indígenas del 114º fueron repartidas y esparcidas por los diferentes batallones de la CEF que requerían refuerzos. Otro emblemático batallón fue el 107º, al mando del teniente coronel Campbell. De sangre índigena, Campbell tenía la intención de reclutar 'cowboys e indios'. Cosa que realizó con éxito ya que fueron 962 voluntarios indígenas los que fueron a Inglaterra, superando incluso a los del 114º. El 107º consiguió, por otra parte, mantenerse más cohesionado ya que debido a la ausencia de zapadores o ingenieros, fue designado como el batallón de zapadores e ingenieros para la 3ª división canadiense en 1917, viviendo las cruentas experiencias de Vimy ridge y Passchendaele. De los territorios del norte de Ontario y de la Columbia surgieron otros dos renombrados batallones, el 52º llamado 'Bull moose batallion' o batallón del Arce y el 54º, el Kootenay
Los mandos canadienses mostraban un especial respeto por los soldados indígenas en el campo de batalla. Los solían describir como tropas fieras y valientes, aunque a la par desordenadas y poco atentas a la disciplina cuartelaria y militar.
Las cualidades de las tropas indígenas canadienses estaban determinadas por su 'modus vivendi' y su relación con el medio hostil. Destacaban sobretodo por ser excelentes exploradores y reputados tiradores de élite. Por ello, la mayoría se encontraban o bien en las compañías de reconocimiento o eran tiradores de élite. Ambas funciones permitían a los soldados una disciplina militar más relajada acorde con la costumbre de independencia de dichas tropas. Su perfecto cometido en este tipo de acciones levantaba la admiración de sus compañeros de unidad.

Héroes indígenas
Francis Pegahmagabow, quizás el soldado indígena canadiense más célebre, no sólo por sus hazañas bélicas sinó también por su propio talante como Ojibwa de la Primera nación, se alistó voluntario al inicio de la guerra. En el campo de entrenamiento de Valcartier se instaló con una tienda la cual decoró con todo tipo de simbología tribal y la piel de ciervo a modo de estandarte de su clan. Junto a la parafernalia clánica, cuenta que llevó un pequeño saco de hierbas medicinales preparado por una vieja anciana, que según él, le salvó la vida en más de una ocasión. Al finalizar la guerra, Pegahmamow 'Peg', había sido condecorado tres veces por haber matado más de 370 enemigos. Otro caso fue el de Henry Nor'west. Nor'west era un indígena de la tribu de los Cree. Sus compañeros, sin embargo, le pusieron el curioso mote de 'Ducky' al sumergir a una prostituta en una fuente de Londres. Nor'west mató a 115 enemigos confirmados. El 18 de agosto de 1918 una bala alemana lo mató
Las hazañas de los soldados indígenas tuvieron cierto reconocimiento, aunque muy pocos fueron ascendidos a grado de oficial, los pocos eran Mohawks

La dura posguerra
Las suspicacias entre los elementos europeos canadienses siguieron durante y después de la guerra. Los responsables del departamento canadiense para los asuntos 'indios' vieron en la guerra un medio para enrolar al mayor número de voluntarios indígenas con la ulterior esperanza de que éstos y sus tribus se asimilasen a los roles 'blancos' y dejasen un modo de vida que chocaba totalmente con los designios del gobierno canadiense que deseaba una total asimilación del elemento indígena. Los informes del departamento para asuntos indígenas concluyeron que de una población de más de 100.000 indígenas, apenas se enrolaron unos 3500.
La Gran guerra, sin embargo, no reportó beneficio alguno a las comunidades indígenas canadienses. Bien al contrario. Uno de los actos más execrables que cometió el departamento para asuntos indígenas fue la confiscación y compra ilegal de tierras propiedad de las comunidades indígenas con la excusa de repartirlas a los veteranos de guerra.
La ignominia fue doble. Según la Indian act de 1906, el gobierno canadiense prohibía a los indígenas ser poseedores de tierras allende de sus reservas, con lo que el soldado desmobilizado indígena no tenía derecho a ningún tipo de compensación en especie en forma de tierras.
El balance de la guerra fue absolutamente negativo para todos los soldados que participaron en la Primera Guerra Mundial. Para los indígenas candienses fue otra constatación más de la traición del hombre blanco.

Fuentes

- Gaffen, Fred. Forgotten soldiers. Ottawa : Thyetus books, 1985.
- Morton, Desmond. 'Les canadiens indigènes engagés dans la Prèmiere Guerre mondiale'. En Guerres mondiales et conflits contemporains, 2002, n. 230, pp. 37-49.

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