14 ago 2010

La movilización rusa de 1914



No siempre es fácil discernir que causas o que agentes son los responsables de los acontecimientos históricos. Tampoco es tarea mía el explicar la mecánica de la historia, ni cómo se producen ciertos fenómenos.
Los datos e informaciones presentes en este artículo, así como las conclusiones que de él se desprenden, intentan -humildemente- aportar una ínfima contribución esclarecedora a uno de los episodios históricos más controvertidos, sobretodo por su casuística: los orígenes de la Gran guerra en 1914.
La búsqueda del 'chivo expiatorio' o culpable fue frenética incluso antes de que estallara el conflicto en agosto de 1914. Los pasos y maniobras de la mayoría de cancillerías involucradas en la guerra diplomática de julio de 1914 siguió esos derroteros: intentar achacar al enemigo la culpa última de una guerra que parecían querer todos [me refiero a los agentes políticos] pero que todos temían, y luego maldijeron finalizado 1914.
En la serie de artículos Die Sektion IIIb, la inteligencia militar alemana en 1914 me sumergí en mostrar cuáles habían sido los movimientos de la inteligencia militar alemana durante las semanas y días previos al estallido de la guerra, con la firme creencia -por mi parte- de que no tuvieron un papel ni activo ni decisivo en los orígenes de la guerra. Tampoco su papel como mediadores o puentes entre el poder civil y militar en Alemania no fue para nada decisivo.
'Exculpados' los servicios de inteligencia alemanes y ante las contínuas evidencias que señalaban a Rusia [y su movilización] como factor más que determinante en el inicio de la guerra, decidí seguir esa nueva 'línea de investigación'.
Decidí recabar información sobre las semanas previas al estallido de la guerra en Rusia, así como en Austria, Francia y Alemania. No cabe decir que la información encontrada fue ingente: desde de recopilaciones de documentación diplomática de las diferentes cancillerías, pasando por los libros de memorias y diarios de los principales protagonistas hasta las más renombradas síntesis sobre el inicio de la guerra. A parte de esta documentación, dí con otro tipo de información mucho más útil para intentar discernir o 'separar el grano de la paja': los diferentes artículos y obras que surgieron de las diversas controversias historiográficas alrededor del factor alemán en el desencadenamiento de la guerra.
Las fuentes utilizadas para elaborar unas mínimas conclusiones sobre el tema fueron, principalmente, cuatro. La primera y más docta de todas fue la que elaboró Luigi Albertini, propietario del 'Corriere della sera' e historiador amateur que durante largos años aglutinó una impresionante recopilación de documentación diplomática junto con un análisis bastante ponderado de las causas del conflicto. La obra se titula Le origini della guerra de 1914, traducida al inglés en 1965 bajo el título de The origins of the war of 1914 y del cual interesa especialmente el 3r volumen.
El segundo documento es el artículo de Alfred Wegerer, 'The russian mobilization of 1914' publicad0 en la revista Political science quaterly en 1928. Wegerer, ex-combatiente alemán de la Gran Guerra e historiador también 'amateur', trabajó durante años para el Zentralstelle zur Erforschung der Kriegschuldfrage, el Centro para el estudio de las causas de la guerra.
La Zentralstelle fue un organismo alemán creado por la República de Weimar con el cometido de estudiar la implicación alemana durante la guerra con el firme propósito de exonerar a dicha nación de ser la única culpable de la guerra. Objetivo, que por cierto, no consiguieron. Precisamente por su implicación en dicho proyecto, las generaciones posteriores de historiadores han tildado su estilo de revisionista y negacionista, aunque tales acusaciones no fuesen del todo fundamentadas, como ya veremos.
El tercer documento utilizado para la elaboración del presente artículo pertenece a un exponente de la generación de historiadores alemanes que en la década de los años sesenta revolucionaron el panorama historiográfico alemán. Immanuel Geiss a través de su artículo The Outbreak of the First World War and German War Aims publicado en 1966, intenta -segun él- desenmascar a la historiografía alemana que hasta la fecha había mantenido ocultas las causas reales por las que Alemania alentó y provocó la guerra.
Cabe decir que Geiss fue discípulo y seguidor de la nueva escuela alemana que lideró Fritz Fischer y su famosa obra Griff nach der Weltmacht: die Kriegszielpolitik des Kaiserlichen Deutschland, 1914–18 (Germany's Aims in the First World War) en la que se establecían las bases para argumentar que Alemania había instigado deliberadamente la Primera Guerra Mundial en un intento para convertirse en una potencia mundial.
El cuarto y último documento, para mi, el más completo es de L.C.F. Hunter. Hunter, historiador australiano, trabajó durante décadas sobre el desencadenamiento de la Gran guerra y sus consecuencias, así como sobre la Prusia contemporánea. Su análisis, insisto impoluto, tiene la ventaja de ser el más moderno y por tanto el que ha podido contrastar las fuentes y contenidos de los otros tres. En un alarde senzillo pero lúcido, Hunter examina los diferentes documentos diplomáticos, los tempos y las actitudes de los principales protagonistas para lanzar posteriormente un serie de conclusiones de alto y firme calado que permiten trazar un perfecta radiografía de lo que sucedió en julio-agosto de 1914.
Las conclusiones y datos que aporto sobre la mobilización rusa y posterior estallido de la guerra beben de estos cuatro documentos, y por ende, de los documentos que han sido estudiados para la elaboración de éstos.

L'Alliance franco-russe

La alianza franco rusa de 1892, ratificada y modificada anualmente hasta 1914 es una excelente y clarividente forma de acercarse a los sucesos de agosto de 1914. Por el tratado de 4 de enero de 1894, tanto Francia como Rusia debían movilizar al 'primer indicio' de un ataque alemán o austríaco. En 1894 también se estableció que la movilización fuese general y no parcial, sobretodo teniendo en cuenta la posibilidad de que Rusia se viese enfrentada a una movilización austríaca y alemana a la vez. Esta decisión -controvertida- fue revocada en 1912. Finalmente, en 1913, y según el artículo II de la convención francorusa, ante una movilización parcial o general de Austria o Italia tanto Francia como Rusia debían consultarse antes de movilizar. Sin embargo, si Alemania movilizaba, Francia o Rusia podían movilizar sin previo aviso al aliado.
En este punto, y según el tratado, cabe convenir que cuando las autoridades rusas declararon la movilización parcial el 26 de julio y el 30 de julio la movilización general lo hicieron con el beneplácito de las autoridades francesas. En caso de no haber recibido el consentimiento francés, Rusia hubiese transgredido lo establecido en el tratado, y en consecuencia Francia quedaba libre de cumplir o no lo establecido en la alianza.
Por su parte, el artículo III del tratado establecía que, en caso de atacar a Alemania, Francia y Rusia debían hacerlo al unísono ya que, conocedores del Plan Schlieffen, sabían que Alemania atacaría con todas sus fuerzas a Francia y dejaría muy desguarnecidas las fronteras orientales.

S. Petersburg

Del 'dramatis personae' de la crisis de julio destaca sobretodo la figura del ministro de exteriores ruso, Sergei Dmitrievich Sazonov. Cuenta la leyenda que cuando Sazonov recibió la noticia del ultimátum austríaco a Serbia (24 de julio), éste exclamó de júbilo ante la imparable guerra europea. Más tarde y reunido con otro de los tenores del drama, Nikolai Yanushkevich, jefe supremo del Alto mando ruso, acordaron tomar las medidas provisionales para una declaración de mobilización parcial de los ejércitos rusos con el objetivo de 'presionar' a las autoridades austro-húngaras.
Albertini calificó este tipo de maniobras de insensatez. Aunque exonera parcialmente a Sazonov, al calificarlo de inoperante en cuestiones militares así como de espíritu tempestuoso e impulsivo, advierte que algunas decisiones fueron conducidas desde la semipenumbra cortesana y apunta al ministro de la guerra, Vladimir Aleksandrovich Sukhomlinov, como uno de los 'padres' instigadores de la movilización rusa de 1914.
Albertini concluye que es posible que, incluso, Sazonov pensase en la movilización antes del día 23. Según George Buchanan, embajador británico en Rusia, Sazonov le dijo que 'ante el cariz que estaba tomando el asunto austro-serbio, Rusia no podía quedar indiferente'.
Así pues, es más que probable que Sazonov junto con Yanushkevich y Sukhomlikov discutiesen sobre la más que probable movilización antes del 23 de julio, con el fin de convencer al Zar de la conveniencia de una maniobra 'diplomática' de este tipo.
Profundizando en los movimientos previos a la declaración de movilización general rusa del 30-31 de julio parece casi imposible que los altos representantes y responsables de la política rusa fuesen incapaces de prever lo que significaba la declaración de movilización parcial, previa a la general. La parcialidad significaba, sin embargo, movilizar 13 cuerpos de ejército de los distritos de Kiev, Odessa, Moscú y Kazan. Y aunque Sazonov, dentro de su 'estúpida ignorancia' creyese que Alemania no podía sentirse amenzada, era claro y cristalino que movimientos de este tipo alarmarían, sin duda, a Austria-Hungría que declararía la movilización general, y por consecuencia activaría la movilización alemana según el tratado que mediaba entre ambos países. Sazonov, sin embargo, no era el único 'ignorante'.
El secretario de exteriores alemán también desconocía el alcance de las movilizaciones rusas, aunque se situasen en el sur.
Al 'vodevil' se añadió el responsable encargado de la movilización de los ejércitos rusos, el general Dobrorolsky. Dobrorolsky insistió a Sazonov en que una movilización parcial era del todo insuficiente, aún más si se tenía en cuenta lo que significaba a nivel logístico. Consideraba que una movilización parcial podía frenar o ralentizar el movimiento de tropas a nivel ferroviario. Albertini apunta a que Dobrorolsky exageró las dificultades de una movilización parcial en connivencia con Yanushkevich.
De esta forma, si a los entresijos e intrigas palatinas le sumamos el propio capital humano de los dirigentes rusos nos encontramos ante el peor de los escenarios.
Un paréntesis.
El cuadro ruso no difiere en demasía con el resto de cancillerías y cúpulas militares donde se cocieron situaciones muy parejas.
Los espectadores de platea (embajadores, agregados, periodistas, etc.) definían a Goremykin, primer ministro ruso, de figura inútil e inoperante: De Sazonov destacaron su excesiva vehemencia e impetuosidad con los asuntos de mayor calado. A pesar de la proverbial y exagerada incompetencia de Sukhomlikov, su papel en la crisis de abastecimiento de municiones durante 1914-1915 lo delató de gestor pésimo. Yanushkevich no queda mejor parado. Su ascensión al mando supremo se debió exclusivamente al favoritismo del Zar, considerándosele más un cortesano que un militar. Este era pues el cuadro ruso: incompetencia, favoritismo, inoperancia, ... algunos de los adjetivos que resumirían la posterior participación bélica de los ejércitos rusos durante la guerra.

Continúa en: La movilización rusa de 1914 (II)

20 jul 2010

Die Sektion IIIb: los servicios secretos alemanes y el inicio de la Gran Guerra (III)


Orden de movilización general firmada por el Kaiser Wilhelm II el 1 de agosto de 1914

Curiosamente, y pesar de lo grave de la situación, durante la noche del 30 de julio sólo permaneció un miembro de la Sektion IIIb en alerta ante cualquier mensaje o telegrama. Se trataba del leutnant Hermann Hoth - posteriormente general de cuatro estrellas en la Wehrmacht de Hitler. Al día siguiente - 31 de julio - notificó por teléfono a Nicolai y a von Falkenhayn los numerosos avisos procedentes de los puestos fronterizos. Éstos, sin embargo, no eran concluyentes.
Al poco, desde el puesto de vigilancia de Allenstein se recibió un mensaje en el que se advertía de carteles rusos llamando a la movilización general. Hoth pasó el aviso a Nicolai, que a su vez autorizó informar al departamento de operaciones. Antes de realizar la llamada, Hoth recibió otros dos mensajes desde de Danzig y Breslau confirmando la aparición de carteles de movilización general en los respectivos sectores rusos.
Hoth se desplazó en persona al departamento de operaciones. Allí, ante la gravedad de las noticias, un Moltke cabizbajo y apesadumbrado musitó entre susurros: 'Ya no podemos hacer nada, debemos movilizar también'.
Moltke dudaba. Al poco de recibir el informe de la movilización rusa de boca del teniente Hoth, habló personalmente con algunos de los puntos de vigilancia. En su conversación con el jefe al mando del puesto de Allenstein (coronel Hell), le pidió expresamente que consiguiese una muestra fehaciente de esos carteles 'movilizadores'. Necesitaba más pruebas. Al poco, el Käpitan Volksmann, nachrichtenoffiziere de Allenstein, llamó a la Sektion IIIb confirmando los carteles y su contenido.
Las pesquisas fueron inútiles. La cancillería alemana recibía poco antes del mediodía del 31 de julio un telegrama de Rusia en el que se anunciaba la movilización general de sus ejércitos. A la una de la tarde, Alemania proclamaba el 'peligro inminente de guerra'. Lo demás es de sobras conocido.

A modo de conclusión
De todos los movimientos previos al desencadenamiento de la guerra en agosto de 1914 pueden sacarse muchas conclusiones. Sobretodo si se estudia detenidamente el 'processum' de julio. Dejando de banda las elucubraciones sobre la posible guerra preventiva que Moltke y el OHL pretendían llevar a cabo 'como muy tarde en 1915' contra Francia y Rusia, los datos e informaciones extraídas de la Sektion IIIb, la Nachrichtenabteilung IV K y el informe Gempp son bastante concluyentes respecto a la ausencia de premeditación en la participación alemana sobre el inicio de lo que sería la Primera Guerra Mundial.

En un primer lugar, y como argumento exculpatorio se puede señalar que durante los meses previos a julio de 1914, el OHL había pedido al mundo civil -esencialmente empresarios y magnates- fondos extraordinarios para rehabilitar y construir nuevos enlaces así como para ampliar la red ferroviaria de cara a una posible conflagración mundial, que se veía cercana. Los planes para la construcción de semejante proyecto ferroviario hubiesen, sin embargo, llevado muchos años de trabajo.
Igualmente, el propio Kaiser y elementos influyentes de la cancillería alemana insistieron a las autoridades austríacas en más de una ocasión para que mantuviesen reuniones 'vis à vis' con miembros de la diplomacia serbia para limar asperezas y enfríar el conflicto.
A todo ello, hay que sumarle el espíritu de la reconducción que flotaba en los centros de poder durante esas semanas. Se esperaba, y deseaba, una reconducción por la vía diplomática.
Al menos en el caso alemán, las informaciones proporcionadas por sus servicios de inteligencia nos ayudan a concluir que los elementos más influyentes del medio rector alemán: el Kaiser, el canciller Bethmann Hollweg, e incluso el propio jefe de Estado mayor, von Moltke estuvieron por una solución diplomática y pacífica del conflicto hasta un cierto punto.
Tampoco hay que perder de vista lo que nos proporcionan los datos, y es que fue el gobierno ruso encabezado por el Zar y su corte los que decidieron movilizar completamente su ejército el 30-31 de julio de 1914 con todo lo que ello significaba: la inevitable movilización alemana.

Y un último apunte. Si nos centramos en una cuestión tan prosaica como los períodos de descanso vacacional se observará que los máximos representantes políticos y militares del Reich alemán estuvieron alejados de los centros de mando, al menos, hasta el 23-25 de julio de 1914, es decir, menos de una semana antes del estallido de una guerra que, según buena parte de la historiografía, llevaban planeando desde décadas. Resulta, pues, extraño que una guerra que se lleva planificando desde años se aplace durante unas semanas por unos días de descanso canicular.
Curioso.

Fuentes:

TRUMPENER, Ulrich. 'War premeditated? German Intelligence operations in July 1914' en Central European History, 1976, n. 9, p. 58-85

14 jul 2010

Die Sektion IIIb: los servicios secretos alemanes y el inicio de la Gran Guerra (II)


El movimiento más notorio de la Sektion IIIb durante las primeras semanas de julio de 1914 fue el de notificar a los diferentes 'puntos' de vigilancia que se extremasen las medidas de 'observación' sobre posibles movimientos de tropas, sobretodo en territorio ruso. Neuhof, resalta, que sólo se aconsejó intensificar la vigilancia debido a la 'tensión austro-serbia'. Igualmente, y a pesar del ultimátum austríaco del 23 de julio, la actividad en la Sektion fue la acostumbrada, al menos hasta el 25. Asimismo, y a pesar de que se afirmó que von Waldersee estuvo siempre en contacto con Berlin durante sus vacaciones ese julio de 1914, recientes documentos muestran que cuando se reincorporó a su puesto el 23 tuvo que ser puesto al día de todo lo sucedido hasta el momento. Fue precisamente en ese momento, después de haber recibido el informe de Neuhoff que Waldersee ordenó que se tomasen medidas más serias. Estas medidas consistieron, principalmente, en intensificar por todos los medios posibles la vigilancia de lo que sucedía en la frontera oriental con Rusia. Al día siguiente, el 24 se ordenó la misma medida para las fronteras con Francia.
El 25 de julio el mayor Nicolai se incorporó de nuevo al mando de la Sektion IIIb. Aunque recibió mensajes de tranquilidad de los superiores del OHL, Nicolai ordenó la reincorporación inmediata de todo su personal, y lo más importante: ordenó a sus once agentes de información (Nachrichtenoffiziere) que se pusiesen manos a la obra y enviasen a sus agentes en el terreno a recabar información de primera mano sobre las intenciones de franceses y rusos. Los agentes de campos o spannungsreisende (viajeros de la tensión) eran, habitualmente, voluntarios que disfrazados bajo una apariencia de viajantes o delegados comerciales recogían todo tipo de información sobre los movimientos de tropas, traslados de material, etc. de los países a los que estaban destinados. Sus estancias eran breves, sobretodo si se trataba de recoger información sobre el traslado de tropas a las fronteras. Y ésta era el tipo de información que requería el mayor Nicolai y la OHL. Desean conocer los planes enemigos sobre movimientos de tropas y abastos, para así poder planear y establecer una planificación de cara a una movilización general. Datos que, en cierta manera, negarían la evidencia de que Alemania pensaba movilizar sí o sí, sin contar con la reacción general de las otras potencias.
Ante la urgencia de noticias, el mismo día 25 de julio, el NO en Königsberg, el capitán Gempp informó a la sede central de la Sektion IIIb que durante la noches previas, el intercambio telegráfico entre la torre Eiffel y la estación inalámbrica rusa de Brobuysk había sido más largo de lo habitual. Igualmente, el agregado y plenipotenciario militar alemán en la corte del Zar, el Generalleutnant Oskar von Chelius, informó de que tropas acantonadas cerca de S. Petersburgo habían sido enviadas de inmediato a sus guarniciones de origen y de que observaba una gran excitación el cuartel general ruso a causa de la actitud austríaca contra Serbia. Ante las alarmantes notícias procedentes de Rusia, la Sektion IIIb decidió pasar estas informaciones a sus NOs en la frontera con Rusia para que cada una de ellas siguiese los movimientos del enemigo con mayor precisión y exactitud. Por su parte, Nicolai contaba con su propio equipo de viajeros. Envió a cuatro de ellos a S. Petersburgo, Varsovia, Moscú y el último a Vilna y Minsk. Los informes de todos ellos concluían que Rusia estaba en claro estado de alerta ante un inminente conflicto, sobretodo en el caso austríaco. En el caso francés, las medidas que se tomaron fueron más cautas, las razones pueden deberse - sobretodo - al hecho de que el informante que tenía la Sektion IIIb informaba de forma periódica y puntual sobre cualquier alteración o cambio en el ejército francés. De hecho, el OHL - de manos de la Sektion IIIb - conocía perfectamente los detalles del plan ofensivo francés, el famoso plan XVII, en caso de un estallido bélico.
Las medidas de vigilancia propuestas por la Sektion IIIb no tardaron en dar sus frutos. El 27 de julio, la oficina de Königsberg informaba de que las guarniciones rusas situadas en la frontera con la Prusia oriental habían sido puestas en alerta, de que se había observado transporte de tropas desde Kovno hasta la frontera y que se habían puesto en circulación numerosos convoyes de trenes hacia el interior en busca de más tropas. Al día siguiente, tales informaciones fueron confirmadas desde otras oficinas de la Sektion IIIb en la Prusia oriental. Por su parte, la nueva oficina de inteligencia, la Nachrichtenabteilung IV K, del Grosse Generalstab confirmó que los movimientos que se operaban en territorio ruso coincidían con el programa de preparación para la guerra del ejército ruso.
Sin embargo, y muy a pesar del jefe del OHL, Helmuth von Moltke y del ministro de la guerra Erich von Falkenhayn, el canciller alemán Bethmann Hollweg no ordenó la declaración oficial del 'Drohende Kriegsgefahr', el programa de 'peligro inminente de guerra' que permitía una movilización general del ejército de cara a una intervención defensiva u ofensiva.
Bethmann Hollweg consideraba que la diplomacia aún tenía lugar en el escenario internacional, aún a pesar de las inquietantes noticias recibidas de la frontera con Rusia. Sólo el 29 de julio se ordenaron de forma limitada medidas de agrupación y traslado de unidades para reforzar los pasos fronterizos y los puentes que unían Prusia con Rusia, especialmente. Asímismo, y como medida diplomática, la cancillería alemana envió sendos mensajes a sus respectivos colegas francés y ruso, advirtiéndoles que los movimientos preparatorios que estaban llevando a cabo acabarían por provocar la proclamación de la movilización general alemana. La decisión de Bethman Hollweg de posponer la declaración de 'peligro inminente de guerra' se puede observar desde un doble prisma: por un lado, desde la postura de querer encontrar una solución diplomática a la tensión internacional, o bien con la intención de atrasar la movilización general alemana con el fin de que fuesen los rusos los que diesen el primer paso y librarse de esta manera de una posible culpabilidad en el desencadenamiento del conflicto.
Moltke, por su parte, también era reacio al hecho de proclamar el estado de guerra general. Al menos así lo mostró en su reunión con el Kaiser Wilhelm II y Falkenhayn. Se cree que Moltke actuó así porque el Kaiser mantenía todavía una visión pacífica del conflicto, y porque había recibido informes directos de la Sektion IIIb donde se mostraba que algunos de los preparativos rusos no eran tan sistemáticos como se había pensado en un primer momento. Igualmente, el coronel von Grieshiem, jefe de la nueva unidad de inteligencia (Nachrichtenabteilung IV K), poseía unos informes en los que se corroboraba lo datos ofrecidos por la Sektion IIIb sobre los tímidos preparativos rusos. Por ello, en el llamado 'Tercer informe' que pasó von Greisheim al OHL a las cuatro de la tarde del 29 de julio sólo se recomendaba un absoluta y estricta vigilancia de los puntos fronterizos, incluidos los puentes, con Rusia.
El 30 de julio, poco antes del mediodía, la cancillería alemana en Wilhelmstrasse recibía la notificación de parte de su embajador en Rusia, el conde von Pourtalès y posteriormente del embajador ruso en Berlín de que el Zar había ordenado la movilización general con Austria-Hungría. La noticia de la movilización rusa la habían recibido algunos agentes de la Sektion IIIb casi un día antes, la tarde del 29 de julio.
Fueron especialmente los informes de la Sektion IIIb los que empujaron a Moltke a pedir insistentemente a Bethmann Hollweg la declaración de movilización general. Pero tampoco hay que dejar pasar por alto que von Greisheim le facilitó también al jefe del Alto estado mayor alemán un informe en que se mostraban los claros preparativos belgas dentro de sus fronteras. El Plan Schlieffen comenzaba a inquietar a Moltke. Le asustaba, sin duda, una perspectiva de dos frentes de guerra.
Por su parte, la Sektion IIIb recibió diversas informaciones que indicaban que el ejército ruso había pasado de movilización parcial a general el 30 de julio por la tarde. Informaciones que pasó al OHL, pero que fueron consideradas poco 'concluyentes'. Seguía la calma tensa.

Acaba en: Die Sektion IIIb: los servicios secretos alemanes y el inicio de la Gran Guerra (III)

9 jun 2010

Die Sektion IIIb: los servicios secretos alemanes y el inicio de la Gran Guerra


Quizá los orígenes de la Primera Guerra Mundial han sido uno de los temas históricos más estudiados.
La historiografía ha trabajado, principalmente, los miles y miles de documentos diplomáticos que produjeron las embajadas y los gabinetes de los principales países implicados en la conflagración mundial de 1914. Junto a la copiosa documentación diplomática, los estudiosos diseccionaron las decenas de biografías y memorias de los personajes más sobresalientes del momento, así como las publicaciones preexistentes que permitiesen elaborar un marco o un punto de partida en las investigaciones. De esta manera, y junto a las inevitables derivas, la historiografía, demasiado a menudo, dejó de banda, no siempre de forma voluntaria, una documentación imprescindible para la comprensión de la llamada "crisis de julio de 1914" y el posterior desencadenamiento del conflicto. Se trata de la documentación procedente de los servicios secretos o de las inteligencia militares de los países contendientes. Un caso paradigmático es el alemán.
Siempre se creyó que los archivos del servicio de inteligencia del ejército alemán, la Geheime Nachrichtendienst des Heeres, fueron destruidos por los bombardeos aliados durante 1945 en Potsdam. La realidad, sin embargo, no fue tan terrible. Cierto que el Heeresarchiv del ejército prusiano fue totalmente destruido, pero los archivos militares correspondientes a otros reinos del Reich alemán se conservaron. Fue el caso de los archivos bávaros y del reino de Baden-Württemberg, que a pesar de las diferentes vicisitudes, pudieron conservarse en los archivos militares de sus respectivos lands, concretamente en Munich y Stuttgart. Junto a esta preciosa documentación, los investigadores pueden contar con las memorias que escribió el Generalmajor Fritz Gempp, mano derecha del jefe de los servicios secretos militares del ejército alemán, Walter Nicolai. El documento elaborado por Gempp permite a los investigadores tener, de primera mano, una visión global de lo que fue la actuación de la Geheime Nachrichtendienst des Heeres, comunmente conocida como ND, durante no sólo 1914 y la posterior guerra, sino, incluso desde antes. Los informes de Gempp son, de hecho, consultables en la actualidad.
Según Ulrich Trumpener, uno de los investigadores que mejor ha estudiado el informe Gempp y los archivos militares secretos bávaros y de Baden-Württemberg, las conclusiones que se extraen respecto a la participación alemana en la conflagración de la Gran Guerra durante julio-agosto de 1914, son sorprendentes.
En 1914, todos los cuarteles generales de los principales ejércitos del mundo poseían algún departamento o sección que les permitiese estar informados de los movimientos, avances en armamento y otras informaciones valiosas tanto de sus actuales aliados, como de sus potenciales enemigos. El Reichesheeres no era una excepción. A banda de los consabidos y observados agregados militares, personal diplomático e incluso periodistas, el ejército alemán tenía un pequeño servicio que realizaba las tareas propias de espionaje militar, así como los programas de contrainteligencia militar. Este negociado de espionaje militar creado en la década posterior a la guerra francoprusiana, recibía el críptico nombre de Sektion IIIb.
La Sektion IIIb se encargaba, solamente, de recavar, obtener y conseguir informaciones militares y de inteligencia de todo tipo, susceptibles de poder utilizarse ulteriormente para valoraciones de tipo militar. Las informaciones o la documentación conseguida era enviada a la sección o departamento oportuno para ser evaluadas y trabajadas. De esta manera, los datos pertenecientes al ejército ruso eran transmitidas al Erster Abteilung que se encargaba del ámbito geográfico ruso y de los países nórdicos. En caso de informaciones sobre Francia, los datos se enviaban al Dreiter o 3r abteilung o departamento, y así sucesivamente.
El personal perteneciente a la Sektion IIIb era de diversa índole. El personal burocrático dirigido directamente desde Berlin se encargaba de tareas de gestión, mantenimiento y difusión de la información, mientras que existía otro tipo de personal, llamado de campo, que era el que realizaba las tareas de espionaje sobre el terreno. Conocidos como Nachrichtenoffiziere o simplemente NOs, se trataba habitualmente de tenientes o capitanes, con un duro entrenamiento de academia militar, destinados a los cuarteles militares situados en los diversos puntos fronterizos del Reich. En 1914 había exactamente 11 NOs. Seis de ellos en los cuarteles de Münster, Coblenza, Metz, Saarbrücken, Karlsruhe y Estrasburgo, en las fronteras occidentales. Y cinco en las fronteras orientales, Königsberg, Allenstein, Danzig, Posen y Breslau.
Los NOs no contaban con un staff propio por evidentes motivos de seguridad, lo que les proporcionaba una absoluta libertad de movimientos y un hermético secretismo en sus operaciones.
Cuando el príncipe heredero al trono austríaco fue asesinado, la gran mayoría de miembros del gobierno y de altos cargos del ejército alemán estaban de vacaciones (los almirantes von Tirpitz y von Pohl, Moltke, Groener y también el jefe de los servicios secretos, Walter Nicolai). Que las consecuencias que pudiese tener el asunto no eran de una extrema importancia en los centros de mando y en el gobierno alemán lo demuestra el hecho de que durante la reunión de Potsdam del 5 de julio, la del famoso "cheque en blanco" a los austríacos, el Kaiser se encontraba prácticamente solo.
El protocolo en la Sektion IIIb estipulaba que cuando el jefe Nicolai estaba ausente o de permiso, la máxima responsabilidad recaía en el oficial de operaciones, capitán Kurt Neuhof, y que el grado de segundo lo detentaba el capitán Stotten, encargado del área occidental. El hecho de que esta situación de interinidad se mantuviese hasta el 25 de julio, cuando se reintegraron en sus respectivos puestos Moltke y el resto de altos cargos, incluido el jefe de los servicios secretos Nicolai, demuestra la tranquilidad que se vivía en el cuartel general del ejército alemán así como la clara voluntad de no iniciar movimientos militares.

Continua en: Die Sektion IIIb: los servicios secretos alemanes y el inicio de la Gran Guerra (II)

11 may 2010

La muerte de Oswald Boelcke


La muerte de Oswald Boelcke supuso un duro golpe para la aviación alemana y para las aspiraciones de Alemania de mantener el dominio de los cielos bajo su bandera.
El 28 de octubre de 1916, a Boelcke en su última salida - la sexta del día - le acompañaron como de costumbre dos de sus mejores pilotos y pupilos, Manfred von Richthofen - futuro Barón rojo - y Erwin Böhme. Juntamente con ellos iban otros tres pilotos.
Durante la patrulla se encontraron un De Havilland. 2 (DH.2) de la escuadrón n. 24 de la Royal Flying Corps pilotado por el capitán Arthur Knight. Dió comienzo la caza, pero ajenos el uno del otro, Boelcke y Böhme se precipitaron sobre la misma presa. Por su parte, von Richthofen se lanzó en picado a la persecución de otro avión enemigo. Se trataba de otro DH.2 pilotado por el teniente A.E. McKay. Durante la maniobra, el británico se interpuso en la trayectoria de Boelcke, lo que obligó a este a virar bruscamente. En ese momento sobrevino la tragedia. El giro repentino de Boelcke y la extrema cercanía entre los dos aviones provocaron que una de las ruedas del avión de Böhme rozara la ala superior del Albatros D.II de Boelcke.
El golpe hizo que la tela del ala de Boelcke se rasgase y se fuese desprendiendo. Finalmente, Boelcke perdió el control absoluto del avión.
Los testigos del suceso narran que lo siguiente que vieron fue el avión de Boelcke entre nubes y que al salir de una de ellas le faltaba el ala. A pesar del estado del avión, Boelcke logró controlar mínimamente el avión evitando que el impacto contra el suelo fuese excesivamente violento. Pero el golpe fue mortal, ja que era proverbial la costumbre de Boelcke de no ponerse jamás ni casco ni asirse con la correa de seguridad mientras pilotaba.
Boelcke murió a los 25 años con 40 derribos. en su haber.
Alemania perdió un héroe, la aviación a un caballero del aire.

Este es el relato de la muerte de Boelcke, según las memorias de M. von Richthofen:

"Aquel día, como siempre, volábamos guiados por Boelcke. Nos daba una gran seguridad volar con él. Después de todo él era el único, el más grande. Hacía un día ventoso y nublado. Sólo estábamos nosotros. De repente, en la lejanía avistamos a dos ingleses impertinentes que parecían disfrutar del mal tiempo. Nosotros éramos seis, ellos dos. Si hubiesen sido veinte y Boelcke nos hubiese dado la orden de atacar no nos hubiese sorprendido. La lucha comenzó como siempre. Boelcke le entró a uno y yo a otro. Lo dejé ir porque uno de los nuestros se interpuso en mi camino. Luego miré a mi alrededor y ví a Boelcke tras su víctima a unos ciento cincuentra metros de mi. Boelcke iba a derribarlo y no quería perdérmelo. Cerca de Boelcke volaba un buen amigo suyo. Fue una lucha interesante. Ambos pilotos disparaban. El inglés iba a caer en cualquier momento. Pero de repente me percaté de un movimiento inesperado entre ambos. Pensé en una colisión. Pero no había visto ninguna colisión en el aire!! Debía haber sido algo distinto. En realidad, no hubo colisión. Sólo se rozaron. Si dos aviones se rozan en el aire, el efecto es tremendo!! Boelcke dejó a su víctima, y picó haciendo grandes giros. No parecía que estuviese cayendo libremente. Sin embargo, cuando lo ví descendiendo, me percaté de que una parte de su avión había desaparecido. No pude ver bien lo que le ocurría, pero justo después de salir de entre las nubes había perdido un ala. Su avión era ingobernable. Cuando llegamos a la base leímos en el informe que Boelcke había muerto. Apenas podíamos creerlo. El más afectado de todos era el compañero envuelto en el accidente [Böhme]"

Aún más interesante es el relato que hizo Böhme a su prometida de la muerte de Boelcke:

"Boelcke ya no está entre nosotros. Nada nos podía golpear con tanta dureza. El sábado por la tarde estábamos juntos en la base del aeródromo. Acababa de comenzar una partida de ajedrez con Boelcke cuando poco después de las cuatro de la tarde nos avisaron de que había un ataque y que debíamos salir. Como siempre, Boelcke lideró el grupo. Al poco ya sobrevolábamos Flers. Unos instantes después inicíamos un ataque sobre varios aviones ingleses, monoplazas rápidos. Al inicio de la lucha disparamos algunas ráfagas cortas. Intentamos con éxito hacerlos descender cortándoles la trayectoria. Boelcke y yo compartíamos la misma presa cuando un monoplaza inglés perseguido por von Richthofen nos cortó el paso. De repente, Boelcke y yo hicimos una maniobra evasiva al unísono. Nuestras alas me obstruyeron la visión por un instante, fue en ese momento cuando ocurrió.
Me es imposible describir el cúmulo de sentimientos, al ver por un instante que Boelcke emergía a mi derecha, pero que su avión volvía a cabecear. Me aferré a los mandos, pero aún estábamos enganchados y caíamos libremente!! Fue un leve contacto, pero a estas velocidades significaba un impacto enorme. El destino es tan aleatorio!! Por mi parte sólo tenía enganchado una de mis ruedas, pero él, la parte más extrema de su ala superior. Después de unos cientos de metros, logré controlar mi avión. No seguí a Boelcke, al cual puede ver como descendía con un movimiento suave hacia nuestras líneas. Pero al salir de una nube, parece que una ráfaga le desestabilizó y su aparato descendió bruscamente. Después ví que Boelcke no pudo enderezar lo suficiente y comprobé que había impactado cerca de una batería. Al poco la gente corrió a auxiliarle. Quise aterrizar cerca de Boelcke, pero el estado del terreno me lo impidió. Los cráteres de obuses y las trincheras estaban por doquier. Conseguí volver a la base. Tenía esperanzas. Pero llegó un coche, y trajeron su cuerpo. Había muerto en el acto. Boelcke nunca llevaba casco, ni tampoco se ataba con la correa de seguridad. Si lo hubiese hecho, estaría vivo a pesar del impacto [...]"

9 may 2010

Los principios de la guerra naval durante la Primera Guerra Mundial, según Mateo Mille


La guerra naval durante durante la Primera Guerra Mundial siempre ha suscitado numerosos comentarios sobre su caracter transicional. La aparición del submarino como arma novedosa, el bloqueo naval al que fue sometida Alemania y los Poderes centrales y la ausencia de grandes batallas navales de encuentro definieron el devenir de la lucha naval durante la Gran Guerra.
Uno de los historiadores navales más clarividentes, Mateo Mille, escribió poco antes de la Guerra civil española un interesante libro en el que analizaba de forma cronológica los principales acontecimientos de la Gran Guerra en el mar.
Quizá una de las partes más logradas de su Historia es su prólogo. En él, y con un peculiar y directo estilo, el marino reconvertido en historiador naval expone su principal teoría sobre la guerra. Aunque no esté de acuerdo con algunas de sus afirmaciones, estimé interesante transcribir unas pocas páginas donde aparecen sus particulares y claras ideas:


"La guerra de 1914-1918 tiene características especiales; no es posible, en verdad, hacer una historia completa de ella; sino una serie de historias con arreglo a los escenarios en que tuvieron lugar las campañas parciales en que puede dividirse; esta guerra no puede proporcionar enseñanzas nuevas porque fué una guerra de casos particulares. En general, las anteriores tenían una premisa inicial determinada y dos fuerzas contrapuestas para llenar misiones perfectamente definidas. La pasada puede calificarse de universal, no tanto por el gran número de naciones que se considerasen beligerantes, si bien muchas de ellas no lo fuesen más que en el terreno diplomático, sino porque fué el planeta entero el teatro de la lucha.
Los primeros tiempos son los que vieron reminiscencias del clasicismo en la guerra; el intento de bloqueo de Alemania con la presencia de barcos en la zona, el bloqueo real del Adriático por la escuadra francesa, el sitio de la colonia alemana de Tsing Tao, la batalla del Coronel... recuerdan las campañas anteriores. A partir del 22 de septiembre de 1914 -fecha de la hazaña del U9- las cosas tomaron un rumbo diferente. Una nueva modalidad se adentraba por los dominios de la guerra naval y sin variar las esencias de ella en sus postulados, cambiaba indudablemente sus modalidades; en el plano de la lucha surgía la tercera dimensión.
Inglaterra y sus aliados declararon el bloqueo de Alemania para privarla de víveres y materias primas, para asfixiarla biológica y económicamente. Alemania intentó abrirse paso, por mar y tierra, y cuando se vió acosada, recurrió a la guerra submarina para contrarrestar la iniciativa contraria. Pese a algunos "retrasados", todos los técnicos reconocen actualmente que la guerra submarina al tráfico es perfectamente normal.
Alemania no había contado con el submarino antes de la guerra; era una arma experimental a la que nadie concedía toda la importancia que poseía. Es posible que la potencia que más estudió el empleo fuera Inglaterra, por obra del entonces capitán de navío y jefe del servicio de submarinos sir Roger Keyes. Cierto que era en maniobras y con uso exclusivamente guerrero, pero los frutos que revela el almirante Keyes en sus recientes Memorias fueron muy alentadores, pese a la enemiga de Lord Fisher. Y así debió de ser, sin duda alguna, porque la Gran Bretaña arreció en su campaña contra la existencia de submarinos, táctica típicamente británica cuando le estorba algo a su prosperidad.
La guerra puede dividirse en tres períodos, subordinados a la acción submarina, a saber: el primero, clásico, indeciso, forcejeo previo de dos adversarios que, por conocerse, se respetan mutuamente; viene después el repliegue por la acción submarina y la guerra al comercio, con escrúpulos diplomáticos y cierta inocencia por parte de Alemania -que no se distinguió por la clarividencia de sus diplomáticos- con el que los aliados pudieron prepararse para la fase aguda de la guerra a ultranza. Y finalmente la guerra submarina sin restricciones, que da comienzo a principios de 1917 y termina con el armisticio. Sobre todos estos tres períodos se refleja la marcha general de la guerra, dirigida por la situación económica de todos los beligerantes y las influencias subterráneas, como la propaganda disolvente, que hábilmente explotada por sus enemigos, dió al traste con la cohesión y la disciplina alemanas.
El submarino se consagró como un arma formidable, sobre todo cuando como todo nuevo medio de guerra pudo gozar del desconcierto producido por su aparición en la liza. Nadie puede disimular que su acción disminuyó a medidad que progresaban los medios ideados para combatirlo y que, como sucede en el cuerpo humano, se inspiraban en substituir el sentido que faltaba por otro. Al fin de la guerra, todos los antídotos descubiertos, así como la falta materiales -hubo submarinos construidos con material procedente de acorazados viejos-, la falta de dotaciones entusiastas y bien adiestradas, consecuencia de las enormes bajas causadas en este servicio, el único en cualquier campaña que ha alcanzado el 50 por ciento, y el desaliento ante la situación interior del país, hicieron decaer el valor combatiente del submarino. La disciplina se mantuvo perfecta en las tripulaciones de estos barcos hasta en la revolución, demostración tan elocuente como innecesaria de que la ociosidad es la que produce los fermentos revolucionarios.
[...]
Las batallas habidas en la guerra pueden dividirse en batallas "de encuentro" y "de persecución"; en realidad, todas pertenecen a estas última clasificación, pues en ninguna hubo manifiesto afán de llegar a una solución por parte de ninguno de los combatientes. Jutlandia misma fué una pugna por dar fin al encuentro o por evitar las minas del contrario. El combate de Coronel es acaso el único en que ambos almirantes iban dispuestos a luchar a ultranza; el del banco Dogger, el de las Malvinas, los del Adriático entre austro-húngaros e italianos, entran de lleno en el segundo apartado. Helgoland, los encuentros ruso-turcos en el mar Negro y los franco-austríacos ante la intervención italiana, no pasaron de escaramuzas.
Algunas enseñanzas, que no difieren de las deducidas de guerras anteriores, pueden considerarse inconcusas sin miedo a errar; son la necesidad de poseer acorazados, protegidos concienzudamente y fuertemente armados y que no prostituyan su nombre. Coronel, las Malvinas, fueron victorias para el más fuerte; en ambos casos la superioridad del vencedor era abrumadora, especialmente en el segundo.
Dogger bank y Jutlandia, demostraron hasta la saciedad el error de ceder un sólo milímetro de espesor de coraza en beneficio de la velocidad y que ésta, dentro de ciertos límites, es arma más estratégica que táctica."


Mille, Mateo. Historia naval de la Gran Guerra 1914-1918. pp. 15-18

25 abr 2010

Albatros D.V, ó la oveja negra de la familia


Entre el Olimpo de los pilotos de la Gran Guerra corría un gráfico axioma, "si un avion es bonito, seguro que es bueno para volar".
Curiosamente, el Albatros D. V y su variante Va fueron una lastimosa excepción.
La primera serie de modelos Albatros, los famosos D. I, se batieron por primera vez en septiembre de 1916, demostrando muy pronto su valía. Los FE.2b británicos eran una presa fácil para los nuevos halcones alemanes, y los nuevos Albatros se convirtieron en la espina dorsal de la fuerza aérea alemana, Luftstreitkräfte.
Los Albatros D. I, D. II e incluso el D. III eran veloces, duros y muy peligrosos comparados con sus oponentes aliados. Fueron un verdadero azote. Sin embargo, el nuevo biplano de caza Albatros D. V fue la oveja negra de la saga. No sólo por el inevitable avance aliado en el dominio de los cielos, sino por graves problemas estructurales en su concepción: el diseño de la ala inferior dificultaba la maniobrabilidad.
El último modelo de la Ostdeutsche Albatros Werke había perdido mucho terreno respecto a los más potentes SPAD y S.E.5a y a los maniobrables Sopwith Pup y Sopwith Camel, éste último especialmente. Incluso el Barón que estaba en los cielos, Manfred von Richthofen se atrevía a afirmar sin tapujos que "el D. V es tan obsoleto, que no merece la pena arriesgarse para intentar nada".
El Albatros D. V contaba con un potente motor en línea Mercedes de 180-200 hp que le permitía alcanzar una velocidad máxima horizontal de unos 190 km/h y una progresión ascensional de 1000 metros en 4 minutos con una altitud máxima de 18.000 pies, unos 6.000 metros. Su nuevo fuselaje de sección transversal mejoraba -en cierta manera- su aerodinámica debido -sobretodo- a una forma más elíptica. Mantenía la cola del D. III, pero tanto su timón como la aleta vetral eran más grandes.
El modelo D. V de la Ostdeutsche Albatros Werke pesaba ligeramente más que su antecesor el D. III, unos 690 kg en vacío. Las dimensiones eran prácticamente las mismas entre ambdos modelos, 9 m. de envergadura, una longitud de 7,5 metros y una superfície alar de 21 metros. Y la capacidad ofensiva del Albatros D.V eran dos ametralladoras LMG (Spandau) 08/15.
La aparición de una versión mejorada del D.III se debía, principalmente, al creciente dominio aliado del aire. La presencia de los Spad, Sopwith Pup y los S.E.5 ya amenazaba el trono de la aeronáutica alemana.
Las modificaciones respecto al D. III fueron la revisión de los mandos de los alerones, una leve reforma del timón de dirección y la adopción de una mayor ojiva para carenar el buje de la hélice.
Pero al poco de entrar en combate el nuevo modelo D. V en mayo de 1917, en octubre surgió otro modelo: el D. Va.
Los motivos que llevaron a la pronta aparición de un modelo modificado fueron su gran inestabilidad en determinadas maniobras y también algunos desagradables accidentes mortales por causas técnicas.
La inestabilidad aerodinámica, denunciada por la mayoría de pilotos, se debía al nuevo control de los alerones desde la ala inferior deficientemente reforzada para soportar la fuerza del cableado, como también al hecho de que el ala inferior no hubiese sido adjuntada al fuselaje sin soportes aerodinámicos adicionales.
Por ello, la variante V.a volvió a incorporar el antiguo sistema de control alar del D. III. que le permitía una mejor maniobrabilidad. A banda de la sustitución del control de los alerones, en la ala inferior se instalaron nuevos puntales reforzados para evitar las zozobras excesivas en maniobras delicadas.
A pesar de las rectificaciones del D. Va, la mayoría de unidades del D. V que seguían en las Jastas no fueron modificadas, tan sólo se advirtió a los pilotos que no maniobrasen en picados excesivamente pronunciados. A las pocas unidades modificadas del D. V se le incorporó un cableado que permitía controlar los alerones des de la ala superior.
La incorporación a la arena aérea de los modelos D. V y D. Va no decantaron la balanza del lado de las Potencias centrales, pero su papel en los escenarios italiano y del Oriente Próximo (Palestina) durante 1918 fue decisiva en los escenarios bélicos secundarios.
Aún siendo un modelo de caza no muy estimado por la mayoría de pilotos, los que lograron domarlo admiraban de él la gran visibilidad que ofrecía, la velocidad punta y de ascenso, así como un cómodo manejo, excepto en determinadas maniobras.
A pesar de las críticas, la Ostdeutsche Albatros Werke acabó fabricando unas 1.500 unidades del Albatros D. Va y unas 600 del D. V.

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